FMI y el proteccionismo económico
18 de julio de 2024 - 17:14
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No dejan de sorprender las
piruetas ideológicas que está ensayando el FMI. Acostumbrada a pontificar
durante décadas sobre unas leyes de mercado escritas incorruptiblemente en
roca, hoy, con una dosis de cinismo y asombrosa flexibilidad teórica, coquetea
con planteamientos anteriormente excomulgados del léxico económico mainstream.
Déficit fiscal cero,
contracción del gasto público, reducción del endeudamiento, supresión de
subvenciones, apertura comercial, privatizaciones de empresas públicas y
desregulación del mercado laboral eran unos preceptos “universales”
distribuidos bajo el formato copy-page a cuanto país del mundo solicite crédito
externo. Podía ser Bolivia, Ecuador, Rusia, Polonia, Nigeria, Chile, Grecia o
cualquier otra nación en apuros, había un único camino para abrazar la
prosperidad occidental. Para problemas e historias distintas, se tenía el mismo
inevitable y sagrado destino: el libre mercado que premiaría a los
triunfadores y entregaría a la caridad a los perdedores.
Hoy, en tanto haya algunas elites políticas y empresariales sobreviviente de esos jurásicos tiempos liberales, el recetario será el mismo. Pero los del FMI no son tontos. Saben que ese anacronismo solo es apetecible para algunos fósiles extraviados en África o Latinoamérica. Comprenden que en el resto del mundo, especialmente en los países que son miembros de las “economías avanzadas”, el viejo vademécum de mercado ni funciona ni seduce a millones y millones de votantes enojados con la desigualdad y la humillación de ser los perdedores. Ante la guerra comercial iniciada por EEUU contra China desde 2018 y que tiro al basurero de la historia la muletilla de la “eficiente asignación de recursos por del mercado global”, el FMI acuñó el atractivo concepto de “fragmentación geoeconómica”, un eufemismo para aceptar que los tiempos del libre comercio mundial habían terminado para dar paso al “comercio de amigos”. La “seguridad nacional” de las grandes economías occidentales, se ponía por encima de su ineficiencia productiva respecto al gran taller mundial de la China.
Ahora, el 2024, acaba de
publicar varios textos de antología equilibrista. El proteccionismo que hasta
hace una década era considerado un desvarío pre-económico, ahora luce el
reconocimiento fondomonetarista y es presentado como la nueva tendencia
económica mundial que “ha regresado con fuerza”.
En un documento
titulado “The return of industrial policy in data” (enero/
2024) e “Industrial policy coverage in IMF surveillance”
(feb/2024), el FMI intenta mezclar las viejas machaconerías de mercado con el
nuevo léxico de intervencionismo y subvenciones estatales que ya se han
convertido en irreversibles.
Por prurito verbal, el FMI
no se aferra al concepto de proteccionismo, lo que sería ya casi una abdicación
moral, y prefiere referirse a las “industrial policy” o “políticas
industriales”. Lo interesante del último documento es que establece lo que el
FMI tiene que hacer frente a esta indeseable realidad ascendente.
Inicialmente el FMI define
a las “políticas industriales” como “intervenciones gubernamentales especificas
destinadas a apoyar empresas, industrias o actividades económicas nacionales
para lograr ciertos objetivos nacionales (económicos o no económicos)”. Y Se
aplican mediante múltiples mecanismos a favor de empresas públicas y privadas:
los subsidio, por ejemplo a los carburantes y la energía eléctrica; las
donaciones económicas directas; prestamos estatales concesionales, reducción de
impuestos, inyección de capital gubernamental, impuestos a las exportaciones,
subsidios a la exportación, alivios a las cargas sociales, restricciones a la
transferencia tecnológica, restricciones de contratación en obras públicas,
requisitos de contenido local a productos comercializados, etc.
A estas alturas los liberales jurásicos se estarán revolcando en el piso al ver juntas tantas “ofensas” a la libertad económica. Pero si, ese es el nuevo lenguaje del FMI. Y no se trata de un exceso verbal sino de una realidad. Como se ve en la gráfica, este tipo de intervenciones estatales que ya comenzaron a aflorar tras la crisis del 2008, se han disparado los últimos años. De cerca de 200 a inicios del año 2000, a 3500 el año 2022 y cerca de 2800 en 2023. Según el Global Trade Alert, desde el 2008, se han implementado más de 32.000 acciones proteccionistas en todo el mundo, 5 veces más que las acciones en favor del libre comercio. Lo más llamativo de todo ello es que quienes encabezan este neoproteccionismo no son países en “vías de desarrollo” sino las llamadas “economías avanzadas”.
Las áreas donde más se está
sustituyendo el “libre comercio” son en los sectores de semiconductores,
minerales críticos necesarios para el cambio de la matriz energética; ramas
industriales de acero y aluminio; tecnologías de uso civil-militar; tecnologías
bajas en carbono; especialmente automóviles eléctricos y paneles solares;
insumos médicos y, en general, cualquier sector de empleo de “tecnologías
avanzadas”, que incluye las actividades de mayor rentabilidad. En otras palabras,
proteccionismo en cualquier parte. Un ejemplo claro y reciente de ello son los
6.600 millones de dólares de subvención, y 5.500 de crédito concesional del
gobierno norteametricano para la instalación de una planta de microprocesadores
de la empresa taiwanesa TSMC en Arizona; o la elevación de los impuestos a la
importación de autos eléctricos chinos, del 100 % al ingresar a EEUU; del 47 %
el hacerlo a la Unión Europea.
Sin embargo, el FMI no
pierde sus raíces y añoranza por los “dorados años” del hiperglobalismo, hoy en
retirada. Resignado al curso del viento de los nuevos tiempos de revival
nacionalista o regionalista de la economía mundial, considera que el
neoproteccionismo no solo tiene el “listón bien alto” para intentar abordar las
“fallas del mercado” sino que, además, puede generar numerosas “ineficiencias”,
como las distorsiones en la asignación local de recursos, en los flujos
comerciales, en la inversión y, además, alentar “políticas de ojo por ojo” del
lado de los socios comerciales, como lo que viene sucediendo entre EEUU y
China.
De ahí que, para adelante,
el FMI elabora un catálogo de “recomendaciones” para la ejecución de nuevas
“políticas industriales”, además de establecer un conjunto de requisitos para
involucrar al propio FMI en su aplicación. ¿Significa esto que el FMI se ha
vuelto proteccionista? No, para nada. Solo se trata de una dosis de sobrio
realismo y una enorme voluntad de atemperar, lo más que se pueda, un
proteccionismo que parece querer desbocarse.
Entre las recomendaciones
para políticas proteccionistas está el de pedir a sus ejecutores que
previamente estudien si en verdad existe alguna falla en el mercado; el de
mantener la neutralidad competitiva que no discrimine demasiado a privados
locales o extranjeros; el de implementar una gobernanza sólida y evaluar los
costos y beneficios de esas medidas. El propio FMI se da cuenta de la
ingenuidad de estos pedidos frente a la impronta de la “seguridad nacional” y
la competencia geopolítica, pero confía en que algún gobernante pequeño de
algún país empequeñecido tenga oídos receptivos. Que se sepa hasta hoy, ninguna
medida proteccionista ha sido implementada consultándole al FMI.
Y en lo que respecta a las
condiciones para “supervisar” o “acompañar” políticas industriales, señala que
esto podrá suceder si “son consistentes con la promoción de la estabilidad
macro económica”, es decir, no se incrementen déficits fiscales; no se ponga en
riesgo la balanza de pagos, es decir, se pague puntualmente a los acreedores
extranjeros; ser rentables, es decir, nada de desvaríos para subvencionar
bienestar social. Y, en el caso de tratarse de temas de “seguridad nacional”,
el FMI mirara a otro costado, preocupándose únicamente en el impacto económico
interno y sus “efectos transfronterizos”. Con estos requisitos, tengo
curiosidad de saber cuándo se producirá el primer “memorándum de asistencia
proteccionista” del FMI. Claramente nunca sucederá con las grandes potencias
que están implementando su proteccionismo como les da la gana y les importa un
comino si este incumple “sus obligaciones con la Organización mundial del
Comercio”, tal como reclama lastimeramente el FMI. Estas condiciones, son para
la nueva realidad que se avecina en los países en “vías de desarrollo”.
No cabe duda que las reglas
de la economía mundial están cambiando, aunque no necesariamente el bienestar
de la gente. Mientras ahora, en “occidente” comienza a ser bien vistas las
políticas proteccionistas para contener el avance industrial chino, en las
relaciones laborales sigue campeando las reglas de liberalización de los
contratos que aseguran bajos salarios y precariedad ocupacional. En ello se
devela la hipocresía empresarial, denunciada hace más de 150 años por Marx en
su manuscrito sobre el paladín del proteccionismo decimonónico, Friedrich List,
que pretendía “desconocer para afuera de las fronteras” aquellas reglas del
libre comercio que se aplican implacablemente contra los trabajadores al
interior de cada país. El resultado, una economía anfibia que combinara
proteccionismo y libre comercio en gradaciones que dependerán de que sector
social es el que conduce esta transición de época.
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