Un atentado perturbador
Atentado a Trump: se abre
en Estados Unidos un abismo de violencia descontrolada
Por La Jornada
14 de julio de 2024 - 15:54
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El atentado sufrido ayer en
Butler, Pensilvania, por el ex presidente y candidato presidencial republicano
Donald Trump, es mucho más que una repudiable expresión de violencia que pudo
acabar con la vida del controvertido magnate –quien sufrió sólo una herida
menor en la oreja– y que se cobró dos más: la del propio atacante más la de un
asistente al mitin en el que ocurrió la agresión. Por el contexto en el que
sucedió, el hecho tendrá de manera inevitable una importante repercusión en el
enrarecido panorama polÃtico de la nación vecina.
El acto en el que fue
perpetrado el ataque fue uno de los últimos de precampaña de Trump, previos a
la convención republicana que habrá de realizarse mañana en Milwaukee,
Wisconsin, y en la que se da por segura su postulación a la presidencia. Otro
elemento de contexto insoslayable es la extremada polarización en la que ha
desembocado el proceso electoral y la del propio Trump ha sido catalizador y
beneficiario. Con ese telón de fondo, desde los primeros minutos posteriores al
atentado los partidarios del republicano señalaron a la izquierda y al
comunismo como puntos de origen de la agresión, en lo que constituye un reflejo
del discurso trumpiano, que en forma machacona y sin fundamento acusa al
presidente Joe Biden y al campo demócrata en general de ser marxistas y
ultraizquierdistas.
Con estos antecedentes, es
de temer que el ataque de ayer exacerbe los ánimos de muchos seguidores del ex
presidente, de por sà exaltados y fanáticos. Este efecto podrÃa, por desgracia,
debilitar aun más el de por sà precario dique de contención que les ha impedido
recurrir a una violencia como la que ya se manifestó en el asalto al Capitolio
el 6 de enero de 2021, cuando una turba de trumpistas armados intentó evitar
que Biden asumiera el cargo presidencial.
Más allá de la coyuntura
polÃtica y electoral presente, no debe dejarse de lado la epidemia de violencia
armada que afecta a Estados Unidos desde hace décadas y que tiene uno de sus
motores principales en la industria armamentista y en la descontrolada e
ilimitada venta de artefactos de muerte en armerÃas, ferias y hasta
supermercados. Una de las más recientes expresiones de este fenómeno fue la
instalación en algunos centros comerciales de máquinas expendedoras de
municiones de todos los calibres, tan fáciles de utilizar como un cajero
automático, según reza la publicidad de la empresa propietaria de tales
expendios automatizados.
Pese a los esfuerzos de
sectores polÃticos y sociales por introducir una mÃnima sensatez en ese
libertinaje armamentista, en el paÃs vecino se expande el culto a las armas de
fuego y, lo más grave, se afianza la creencia de que éstas tienen una utilidad
real para resolver conflictos sociales o personales, que son un medio eficaz
para defenderse de cualquier peligro y que debe generalizarse –como ha venido
ocurriendo– su posesión y portación. En suma, que matar es una manera
razonable, o cuando menos inevitable, para hacer frente a diversas
circunstancias de la vida.
El universo de los
partidarios de ese armamentismo ciudadano se intersecta con el de los
seguidores más exaltados de Donald Trump, quienes son también los más
convencidos creyentes de la teorÃa conspiratoria que atribuye la derrota de su
lÃder en los comicios de 2020 a un supuesto fraude electoral en su contra.
A lo que puede verse, pues,
el condenable atentado de Butler puede acelerar el curso de la sociedad
estadunidense hacia un abismo de violencia descontrolada y generalizada. Ojalá
que no sea el caso.
*Editorial de La
Jornada de México, especial para Página/12.
Fuente: Página/12

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