Diario La Bastilla

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25/06/2026

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El fantasma de Milton Friedman

Para bendecir el ajuste, el hijo del Dios liberal

Milton Friedman Imagen Web

El espíritu patronal de los acuerdos de Bretton Woods en 1944 consolidó el relato del Milton Friedman que, dos años después, comenzaría a ser el gurú del colonialismo económico moderno desde la Universidad de Chicago. Cuando la Segunda Guerra Mundial comenzaba a imaginar ganadores y perdedores, Estados Unidos bajó el manual de estilo del nuevo orden a todo Occidente y comenzó a estructurar las bases del neoliberalismo. La Casa Blanca determinó el fin del patrón oro y la adopción del dólar como moneda de cambio internacional. Diseñó el futuro global y estableció como custodios de esa planificación a fuerzas de choque como el FMI y el Banco Mundial.


Los liberales del golpe de 1955, en aquella Argentina que primero derrotó a Braden y después no entró al Fondo durante nueve años, intentaron convertirse en un compactador del Estado de bienestar que había generado el peronismo. Congelaron el desarrollo industrial, durmieron el crecimiento científico y despojaron de protagonismo al movimiento obrero. Con esas prioridades en su agenda, la derecha criolla buscó instalar lentamente la idea de la dependencia eterna. Siempre muy cómodos en la patria del pastoreo, los profetas del subdesarrollo atentaron contra una matriz manufacturera nacional, que amenazaba con ser competitiva con la oferta de los más fuertes.


La primera fase del plan la aplicaron durante casi 18 años de proscripción de la mayoría, mixturando dictaduras con gobiernos elegidos en las urnas tutelados por las Fuerzas Armadas. Cuando regresó Perón a la Rosada con el 62 por ciento de los votos, aplicaron vía Videla la doctrina francesa y a través de Martínez de Hoz el plan de los “Chicago Boys”.


Friedman se convirtió en protagonista central de la película, cuando tres décadas después, amanecía la derrota en Vietnam y Washington, por necesidad, volvió a poner todo el acento en América Latina, para no tener que lamentar otro triunfo del enemigo. El planeta convivía desde 1959 con la Revolución cubana, el Concilio Vaticano II, la encíclica “El progreso de los pueblos”, la independencia de las colonias europeas en África, el Mayo francés y el Cordobazo. La muerte y destrucción padecida entre 1939 y 1945 ensambló en tiempos de paz a la generación que nació entre las bombas, con los viejos sobrevivientes de eternos sueños. De esa mixtura resultó un protagonista colectivo que ya no entendería a la paz divorciada de la justicia. En el territorio bananero de la Cumbre de Yalta se mezclaron la resistencia veterana con los nuevos revolucionarios y en 1970 el socialismo chileno encendió la primera alarma roja en la Casa Blanca.


Kissinger entendió que el dominio político de la Patria Grande sublevada llegaría con la multiplicación de dictaduras y terrorismo de Estado. El silencio de los pueblos se consolidó a sangre y fuego a través del Plan Cóndor. Un tiempo latinoamericano sin democracia; una década con oposición secuestrada, torturada, asesinada, desaparecida, presa, condenada al exilio o acorralada en su territorio.


La siembra de liberales en Sudamérica formados en Estados Unidos se consumó a partir del derrocamiento de Salvador Allende. Friedman visitó Chile en marzo de 1975, cuando el economista austriaco Gerhard Tintner lo acusaba de nazi por servir a una dictadura antisemita. El New York Times decía que “después de aplicar la teoría monetaria y los duros programas de austeridad del profesor Milton Friedman, el desempleo ronda el 20 por ciento, la producción industrial cayó fuertemente durante la primera mitad del año y la inversión extranjera gotea”.


Orlando Letelier, excanciller y ministro de Defensa del gobierno de Allende, asesinado por servicios chilenos en Washington en 1976, había dicho que Friedman era “el arquitecto intelectual y el consejero no oficial de Pinochet”. El economista volvió a ser huésped de honor en Santiago en noviembre de 1981 y en ninguna de las dos oportunidades se pronunció en contra de las violaciones a los derechos humanos del régimen. Efectos colaterales a los que contempló como parte de la “terapia de choque” (shock treatment) que recomendaba su plan económico, para bajar drásticamente el déficit fiscal. Un modelo imposible de aplicar en una “sociedad libre”, decían irónicamente sus enemigos académicos.


Friedman hablaba del “milagro chileno” cuando mostraba un sentido de justicia blindado ante los números que consagraron la mayor desigualdad de la historia trasandina.


En la década del 70, el control económico del imperio se basó en la industria del norte, la tecnología de “los tigres asiáticos”, la especulación financiera y el endeudamiento externo. Los proveedores de los productos elaborados tenían una gran plaza para colocar stock y vender mercadería vieja como nueva, mientras los países obligados a ser exclusivamente agropecuarios les daban de comer a los dueños de las máquinas.


En el reino del neoliberalismo, el sueño de consolidar una nación independiente históricamente se convierte en un trofeo manipulado por los centros financieros de poder, porque un país gobernado por el mercado es un proyecto soberano inviable.


Con los números en agonía permanente, el sistema republicano es una trama ficcional para alejar al pueblo de las grandes decisiones. Ajuste y represión adaptan a millones de seres humanos a convivir con la devaluación de su esperanza.


Friedman fue el padre del libre mercado moderno, las privatizaciones de los 90, el gran fundamentalista del monetarismo y el verdugo de la industria nacional latinoamericana. Sentenció que el pleno empleo y el consumo popular eran los supremos aceleradores de la inflación. A ese planeta cínico y cruel que el Premio Nobel de Economía 1976 entendía ideal le sobraban centenares de millones de habitantes. Dos ganadores del Nobel, George Wald (Medicina) y Linus Pauling (Química y Paz), criticaron al Comité de Premiación, porque entregárselo a Friedman era una “exhibición deplorable de insensibilidad”. Luego los ganadores del Nobel de Medicina David Baltimore y Salvador Edward Luria calificaron la decisión como “un insulto al pueblo de Chile”, que sufría “la carga de las medidas económicas reaccionarias patrocinadas por el profesor Friedman”.


En Estocolmo, cuando fue a recibir el Nobel en diciembre del 76, exiliados latinoamericanos marcharon en su contra y durante la semana que estuvo en Suecia permaneció bajo escolta policial y con dos guardaespaldas permanentes.


En 2008, la Facultad de Economía de la Universidad de Chicago quiso crear el “Milton Friedman Institute” para promover el estudio, la investigación y el desarrollo de la economía, pero la oposición de los alumnos fue tan grande que el proyecto no se pudo llevar a cabo. Ninguno de los seres vivos relacionados directa o indirectamente con el trabajo manufacturero entraba en el asiento contable del asesor de Nixon, Reagan y Thatcher. Fue uno de los economistas que condujo el rumbo de la “economía libre” durante la “Guerra fría”, sin contemplar a los seres humanos. Es una de las estatuas imaginarias que Milei tiene en su despacho de la Rosada y para documentar su gran amor, hasta le puso Milton a uno de sus perros.


El próximo 27 de junio, el anarcocapitalista David Friedman, hijo de Milton (1912-2006), estará en Buenos Aires invitado por la Fundación Faro. El descendiente del verdugo económico latinoamericano compartirá escenario con Alberto Benegas Lynch y por supuesto, el cierre estará a cargo de Milei. El hijo de Dios bendecirá a esta obra tardía de su padre y seguramente repetirá que su sueño es que algún día, Argentina tenga los mísmos números que Chile.


Fuente: Página/12

18/06/2026

16:51 0

 

La literatura desmiente las fantasías desconurbanizadoras del ministro

Sturzenegger no leyó a John Steinbeck

John Ernst Steinbeck, escritor nortemericano.
John Ernst Steinbeck, escritor nortemericano. Archivo -

John Steinbeck es, probablemente junto con Raymond Chandler, el gran escritor californiano del siglo XX. En Monterrey, su pueblo natal, que inmortalizó en varios libros, todo lleva su nombre. Buena parte de la afluencia turística que recibe Monterrey va para visitar su museo. Allí, entre otras cosas, se encuentra la Chevrolet Apache hecha campero con la que recorrió Estados Unidos en 1965. “Mis viajes con Charly” es el fruto de esa experiencia.


Sin embargo, Steinbeck será siempre recordado por “Las uvas de la ira”, que fue llevada al cine por John Ford y que le valió, además, bastantes problemas con la comisión McCarthy. La novela está inspirada en fenómenos reales.


Primero el crack de la bolsa de 1929 y luego las sequías y tormentas de polvo, dust bowl en el inglés original, arruinaron a los campesinos de estados del middle west, entre ellos Oklahoma. Mientras unos agricultores nadaban en mugre y deudas, a no tantas millas de distancia, California desarrollaba sus industrias vitivinícola y de frutas secas, entre otras. El resultado obvio, sin necesidad de que ningún ministro tuitee, fue una fuerte corriente migratoria interna.


Los migrantes no tenían con qué alquilar viviendas decentes y la infraestructura existente era insuficiente. Conclusión, ajusta por precio. Los recién llegados fueron armando campamentos, en teoría provisorios, con sus camiones, chapas, telas o cartones, lo que encontraran a mano.


Su presencia masiva también distorsionó el mercado de trabajo y bajó el monto de los jornales. Así, a la miseria que ya conocían le suman el hacinamiento, la degradación y el desprecio de los californianos.


Toda esa desazón relata Steinbeck con maestría: la de los que habían dejado su lugar para empezar de nuevo pero enseguida descubren que acá son menos que nadie. Existencias precarias, vulnerables, donde a cada minuto las situaciones límite sacan lo mejor y lo peor de los seres humanos.


La tormenta que se cierne sobre el conurbano se llama Milei, Caputo y Sturzenegger. Se llama apertura importadora indiscriminada, caída de las ventas, cierre de empresas y desempleo. No es un efecto no deseado sino un objetivo de política económica, pero también sociodemográfica.


Los que odian el conurbano, a la hora de hacer política pública, creen realmente que las familias pueden trasladarse sin más, como si no tuvieran raíces, relaciones e identidad, a donde están los empleos. Su sueño húmedo se llama “desconurbanización”.


“Las uvas de la ira” muestra que tal cosa no existe, que a lo sumo se genera un nuevo conurbano, porque si el estado no interviene, las villas argentinas, chabolas españolas, cantegriles uruguayos, favelas brasileñas, poblaciones chilenas y así sucesivamente, terminan siendo cualquier cosa menos transitorias.


A esa evidencia histórica, que ya empieza a verificarse en el pueblo neuquino de Añelo, hay que sumarle dos agravantes. Uno, los empleos creados son escasísimos, porque el tipo de actividad no genera ni demanda mano de obra más que en una proporción mínima, que se vuelve más chica si se la contrapesa con los más de 300 mil empleos formales que destruyó la administración libertaria.


Dos, las palabras del ministro acerca del venturoso futuro que espera allá a los desocupados recientes de Garín, José León Suárez, Trujuy o Ingeniero Allan, son cuanto menos irresponsables. Y, por qué no, dicho sea de paso, un tanto perversas.



Fuente: Página/12
16:50 0

 

La presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora murió a los 95

La despedida a Taty Almeida: “Ella fue la celebración de la vida y de la resistencia”

Hubo llanto y sensación de orfandad, pero también una decisión de honrar su vocación de disfrutar la vida. Música, anécdotas, pañuelos y estandartes para despedir a una referente de la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia.

Taty Almeida no dejó nada librado al azar. No quería pensar en la muerte, pero sabía cómo quería que la recordaran: en un sindicato –rodeada de los trabajadores–, con una bella foto, con música y con el pañuelo –que llevaba en su cabeza con el nombre Alejandro, su hijo desaparecido–. No está claro si también pidió que compartieran anécdotas, pero fue una forma inevitable de conjurar el dolor por la partida de la presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora: no solo una referente del movimiento de derechos humanos sino una convencida militante de la vida. “Las personas que han hecho de su vida una vocación por el otro van a estar siempre. No hay que olvidar”, la despidió su compañera y amiga Estela de Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo.


No hubo más remedio que cortar la calle. Los autos que venían por Hipólito Yrigoyen debían inevitablemente desviarse en 24 de noviembre. La gente se había empezado a agolpar pasado el mediodía en la sede de la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina (Foetra) para despedir a Taty, que murió en la tarde del domingo a los 95 años.


Por tandas, iban pasando quienes querían saludarla. Se acercaban hasta el cajón, que estaba lleno de pañuelos y prendedores que representan distintas luchas que ella abrazó. Para ser recordada había pedido una foto que la retratara con toda su belleza. El fotógrafo Guido Piotrkowski eligió una de las tantas que le tomó en todo el tiempo que compartieron.


–Ésta es ella. Esa cara de felicidad, de militancia y joda, como decía– dijo Fabiana, la menor de sus tres hijos cuando tomó el micrófono para dar comienzo a una comunión de la palabra.


Estela de Carlotto acababa de llegar junto con su compañera de Abuelas, Buscarita Roa. Las dos entraron escoltadas por un grupo de nietos: Manuel Goncalves, Claudia Poblete, Victoria Montenegro, entre otros. Estela se acercó al féretro para dejarle a su compinche el pañuelo del organismo. Después se acomodó en una hilera de sillas junto a Clara Weinstein y Carmen Lareu, de Madres-Línea Fundadora, e Iris Avellaneda, de la Liga Argentina por los Derechos Humanos (LADH).


Estela fue la primera en tomar la palabra para despedir a Taty. “Seremos recordadas como mujeres que algo hicimos por nuestro país”, dijo mientras miraba a los nietos que logró encontrar que se arrodillaban para estar cerca. “Estos jóvenes van a seguir trabajando porque hay mucho por hacer: una patria soberana sin desigualdad, como querían nuestros hijos”, dijo. Las lágrimas rodaban por algunas mejillas.

“No hay que olvidar”, les exigió ella que hizo de la memoria su mayor elección. “Es demasiado corta la vida. A mí me gustaría vivir más para hacer más”.


–Que sigamos adelante– acotó Clara—.


–Juntas, sí, pero implacables. Tenemos que unirnos y no aflojar– pidió Estela, que en octubre cumplirá 96.


Cada tanto se escuchaba un ladrido de un cachorro de collie barbudo, el perro de Fabiana que tenía encantada a Taty, y que también estuvo para despedirla. “Gracias a todos. Con mi hermano estamos tan agradecidos de haberla disfrutado tanto con nuestra vieja querida”, dijo.


Taty estaba siempre rodeada de jóvenes. Uno era Carlos “Charly” Pisoni, referente de H.I.J.O.S Capital, con quien llevaban siete años haciendo un programa de radio. “Gracias por hacernos felices, por hacernos parte del movimiento de derechos humanos”, dijo con emoción. Y, para evitar las lágrimas, aprovechó para decir que podía decir de memoria el discurso de Taty.

–A pesar de los bastones y las sillas de ruedas, las locas seguimos de pie– recitaron todos al unísono.

Paula Maroni también compartía con ella las emisiones de los sábados en la 750, y la militancia en Madres. Ella habló del legado y del puente con las nuevas generaciones. “Si Taty nos dejó algo, saquémoslo más afuera que nunca. Gracias por habernos dado tanto. Te amamos”, dijo.


Horacio Pietragalla Corti está convencido de que tomar la posta no será una tarea sencilla. “Tenemos que ser miles para reemplazar a estas mujeres que estuvieron a la altura de la historia”, señaló. Victoria Montenegro, también una de las nietas que restituyeron su identidad gracias a las Abuelas, contó que el dolor por la partida de Taty era tan grande como la inmensidad que representan las Madres. “Hoy tenemos una sensación de orfandad que nos pega fuerte”.


No era la única que hablaba de orfandad. Marcelo D’Ambrosio, de Flores Solidario, pasó por el Hospital Italiano a despedirse de Taty cuando ya era inminente su partida. “Taty fue lo más grande que me pasó en la vida. Le pido perdón a la familia, pero hoy también se va mi mamá”, compartió entre lágrimas.


Pascual Spinelli construyó una amistad hace 30 años con Taty. Juntos editaron el libro que reúne los poemas que escribía Alejandro y que Taty encontró después de su desaparición. En uno de esos textos, el muchacho le decía: “Quisiera decirte mamá que parte de lo que fui lo vas a encontrar en mis compañeros”. Y, para Pascual, ella siguió al dedillo cada consejo de Alejandro. “Hoy Taty deja en nosotros parte de lo que fue y lo que es. Taty es la celebración de la vida. Siempre puso el acento en la resistencia”.


La gente no dejaba de pasar. Algunos la saludaban con los dedos en “V”. Otros con el puño en alto. Un grupo de militantes del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia –entre los que se destacaban los sobrevivientes Margarita Cruz y Carlos Lordkipanidse– le agradecieron por haber compartido el acto por los 50 años del golpe. Gracias a Taty se construyó la unidad, comentaban Malena Silveyra y Adriana Taboada, compañeras de la mesa de organismos.


María Adela Antokoletz estaba muy conmovida porque Taty siempre contaba que había sido su madre, María Adela Gard de Antokoletz, quien la había recibido al incorporarse a Madres de Plaza de Mayo. La llamaba “Madre con mayúscula”. Ella también celebraba el lema de Taty –militancia y joda–. “No es una frase banal. Nos permite avanzar con alegría y no con sectarismo”.


Pablo Grillo también llegó hasta FOETRA con su papá, Fabián, para despedir a Taty. Se acercó a Estela para darle un beso.


– Tenemos que seguir luchando. Yo ya cabeceé los gases, y voy a seguir cabeceando más– le dijo el fotógrafo a la presidenta de Abuelas.


A su alrededor pasaban abogados de derechos humanos, como Carolina Varsky, Pablo Llonto, Rodolfo Yanzón o Eduardo Tavani. También había dirigentes políticos y figuras de la cultura como Mayra Mendoza, Cecilia y Leopoldo Moreau, Mariano Recalde, Daniel Filmus, Tristán Bauer, Juan Martín Mena, Chango Spasiuk, Ignacio Copani, Eduardo Valdés o Edgardo Esteban. El gobernador bonaerense Axel Kicillof también llegó para despedirse de la presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora.


Estaban también Mabel Careaga y Ana Bianco, hijas ambas de dos de las tres Madres secuestradas en diciembre de 1977. Taty impulsó la repatriación del avión que se usó para arrojarlas vivas a las aguas como una forma de hacer memoria. El Skyvan se encontró gracias a una investigación de la periodista Miriam Lewin y el fotógrafo Giancarlo Ceraudo. Miriam todavía no salía del asombro por la muerte de Taty. “No podía creer todas las cosas que hacía por día sin cansarse”.


A Taty le gustaba la música. Y los integrantes de la escuela que funciona en la Casa Nuestros Hijos en la exESMA le regalaron la Marcha de la Bronca. Algunos cantaron entusiasmados –como Verónica Castelli, Julio Santucho o Claudia Poblete–; otros, como Estela, marcaban el compás con los pies o con las cabezas.


–Vamos los jubilados –se escuchó gritar.–Vamos, Taty– agregó Paula Maroni.

El clima iba escalando. Y la muerte no lograba aplacar la alegría de haber vivido junto a ella.

–Taty no se murió. Taty no se murió. Taty vive en el pueblo– corearon en respuesta.

En cada rincón se hablaba de ella. Gabriela Alegre contaba una de sus últimas conversaciones, cuando Taty le había preguntado, preocupada, por el ingreso de militares armados a la exESMA.

–Quedate tranquila que ya sacamos todos un comunicado– la calmó.

Está previsto que el velorio de Taty continúe este martes de 8 a 12 en FOETRA para que más personas puedan pasar a agradecerle todo lo hecho. “Deja un vacío enorme. Transmitió mucha energía a través de sus palabras y sus acciones. Si ves la cantidad de gente que se acercó para despedirse –y con enorme paciencia– está claro que sus palabras no cayeron en el vacío. Taty está y estará presente siempre”, comentó Graciela Lois, presidenta de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas.


“La columna vertebral de la democracia”, la definió Víctor Heredia. Y le dedicó a Taty su himno, que retrata con crudeza el dolor lacerante que ella sufrió al irse sin poder siquiera rozar un hueso de Alejandro, ese hijo que tanto buscó.


“Todavía cantamos, todavía pedimos/ Todavía soñamos, todavía esperamos/ Que nos digan adónde/ Han escondido las flores/ Que aromaron las calles/ Persiguiendo un destino/ Dónde, dónde se han ido”.


Fuente: Página/12