Diario La Bastilla

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18/06/2026

16:51 0

 

La literatura desmiente las fantasías desconurbanizadoras del ministro

Sturzenegger no leyó a John Steinbeck

John Ernst Steinbeck, escritor nortemericano.
John Ernst Steinbeck, escritor nortemericano. Archivo -

John Steinbeck es, probablemente junto con Raymond Chandler, el gran escritor californiano del siglo XX. En Monterrey, su pueblo natal, que inmortalizó en varios libros, todo lleva su nombre. Buena parte de la afluencia turística que recibe Monterrey va para visitar su museo. Allí, entre otras cosas, se encuentra la Chevrolet Apache hecha campero con la que recorrió Estados Unidos en 1965. “Mis viajes con Charly” es el fruto de esa experiencia.


Sin embargo, Steinbeck será siempre recordado por “Las uvas de la ira”, que fue llevada al cine por John Ford y que le valió, además, bastantes problemas con la comisión McCarthy. La novela está inspirada en fenómenos reales.


Primero el crack de la bolsa de 1929 y luego las sequías y tormentas de polvo, dust bowl en el inglés original, arruinaron a los campesinos de estados del middle west, entre ellos Oklahoma. Mientras unos agricultores nadaban en mugre y deudas, a no tantas millas de distancia, California desarrollaba sus industrias vitivinícola y de frutas secas, entre otras. El resultado obvio, sin necesidad de que ningún ministro tuitee, fue una fuerte corriente migratoria interna.


Los migrantes no tenían con qué alquilar viviendas decentes y la infraestructura existente era insuficiente. Conclusión, ajusta por precio. Los recién llegados fueron armando campamentos, en teoría provisorios, con sus camiones, chapas, telas o cartones, lo que encontraran a mano.


Su presencia masiva también distorsionó el mercado de trabajo y bajó el monto de los jornales. Así, a la miseria que ya conocían le suman el hacinamiento, la degradación y el desprecio de los californianos.


Toda esa desazón relata Steinbeck con maestría: la de los que habían dejado su lugar para empezar de nuevo pero enseguida descubren que acá son menos que nadie. Existencias precarias, vulnerables, donde a cada minuto las situaciones límite sacan lo mejor y lo peor de los seres humanos.


La tormenta que se cierne sobre el conurbano se llama Milei, Caputo y Sturzenegger. Se llama apertura importadora indiscriminada, caída de las ventas, cierre de empresas y desempleo. No es un efecto no deseado sino un objetivo de política económica, pero también sociodemográfica.


Los que odian el conurbano, a la hora de hacer política pública, creen realmente que las familias pueden trasladarse sin más, como si no tuvieran raíces, relaciones e identidad, a donde están los empleos. Su sueño húmedo se llama “desconurbanización”.


“Las uvas de la ira” muestra que tal cosa no existe, que a lo sumo se genera un nuevo conurbano, porque si el estado no interviene, las villas argentinas, chabolas españolas, cantegriles uruguayos, favelas brasileñas, poblaciones chilenas y así sucesivamente, terminan siendo cualquier cosa menos transitorias.


A esa evidencia histórica, que ya empieza a verificarse en el pueblo neuquino de Añelo, hay que sumarle dos agravantes. Uno, los empleos creados son escasísimos, porque el tipo de actividad no genera ni demanda mano de obra más que en una proporción mínima, que se vuelve más chica si se la contrapesa con los más de 300 mil empleos formales que destruyó la administración libertaria.


Dos, las palabras del ministro acerca del venturoso futuro que espera allá a los desocupados recientes de Garín, José León Suárez, Trujuy o Ingeniero Allan, son cuanto menos irresponsables. Y, por qué no, dicho sea de paso, un tanto perversas.



Fuente: Página/12
16:50 0

 

La presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora murió a los 95

La despedida a Taty Almeida: “Ella fue la celebración de la vida y de la resistencia”

Hubo llanto y sensación de orfandad, pero también una decisión de honrar su vocación de disfrutar la vida. Música, anécdotas, pañuelos y estandartes para despedir a una referente de la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia.

Taty Almeida no dejó nada librado al azar. No quería pensar en la muerte, pero sabía cómo quería que la recordaran: en un sindicato –rodeada de los trabajadores–, con una bella foto, con música y con el pañuelo –que llevaba en su cabeza con el nombre Alejandro, su hijo desaparecido–. No está claro si también pidió que compartieran anécdotas, pero fue una forma inevitable de conjurar el dolor por la partida de la presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora: no solo una referente del movimiento de derechos humanos sino una convencida militante de la vida. “Las personas que han hecho de su vida una vocación por el otro van a estar siempre. No hay que olvidar”, la despidió su compañera y amiga Estela de Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo.


No hubo más remedio que cortar la calle. Los autos que venían por Hipólito Yrigoyen debían inevitablemente desviarse en 24 de noviembre. La gente se había empezado a agolpar pasado el mediodía en la sede de la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina (Foetra) para despedir a Taty, que murió en la tarde del domingo a los 95 años.


Por tandas, iban pasando quienes querían saludarla. Se acercaban hasta el cajón, que estaba lleno de pañuelos y prendedores que representan distintas luchas que ella abrazó. Para ser recordada había pedido una foto que la retratara con toda su belleza. El fotógrafo Guido Piotrkowski eligió una de las tantas que le tomó en todo el tiempo que compartieron.


–Ésta es ella. Esa cara de felicidad, de militancia y joda, como decía– dijo Fabiana, la menor de sus tres hijos cuando tomó el micrófono para dar comienzo a una comunión de la palabra.


Estela de Carlotto acababa de llegar junto con su compañera de Abuelas, Buscarita Roa. Las dos entraron escoltadas por un grupo de nietos: Manuel Goncalves, Claudia Poblete, Victoria Montenegro, entre otros. Estela se acercó al féretro para dejarle a su compinche el pañuelo del organismo. Después se acomodó en una hilera de sillas junto a Clara Weinstein y Carmen Lareu, de Madres-Línea Fundadora, e Iris Avellaneda, de la Liga Argentina por los Derechos Humanos (LADH).


Estela fue la primera en tomar la palabra para despedir a Taty. “Seremos recordadas como mujeres que algo hicimos por nuestro país”, dijo mientras miraba a los nietos que logró encontrar que se arrodillaban para estar cerca. “Estos jóvenes van a seguir trabajando porque hay mucho por hacer: una patria soberana sin desigualdad, como querían nuestros hijos”, dijo. Las lágrimas rodaban por algunas mejillas.

“No hay que olvidar”, les exigió ella que hizo de la memoria su mayor elección. “Es demasiado corta la vida. A mí me gustaría vivir más para hacer más”.


–Que sigamos adelante– acotó Clara—.


–Juntas, sí, pero implacables. Tenemos que unirnos y no aflojar– pidió Estela, que en octubre cumplirá 96.


Cada tanto se escuchaba un ladrido de un cachorro de collie barbudo, el perro de Fabiana que tenía encantada a Taty, y que también estuvo para despedirla. “Gracias a todos. Con mi hermano estamos tan agradecidos de haberla disfrutado tanto con nuestra vieja querida”, dijo.


Taty estaba siempre rodeada de jóvenes. Uno era Carlos “Charly” Pisoni, referente de H.I.J.O.S Capital, con quien llevaban siete años haciendo un programa de radio. “Gracias por hacernos felices, por hacernos parte del movimiento de derechos humanos”, dijo con emoción. Y, para evitar las lágrimas, aprovechó para decir que podía decir de memoria el discurso de Taty.

–A pesar de los bastones y las sillas de ruedas, las locas seguimos de pie– recitaron todos al unísono.

Paula Maroni también compartía con ella las emisiones de los sábados en la 750, y la militancia en Madres. Ella habló del legado y del puente con las nuevas generaciones. “Si Taty nos dejó algo, saquémoslo más afuera que nunca. Gracias por habernos dado tanto. Te amamos”, dijo.


Horacio Pietragalla Corti está convencido de que tomar la posta no será una tarea sencilla. “Tenemos que ser miles para reemplazar a estas mujeres que estuvieron a la altura de la historia”, señaló. Victoria Montenegro, también una de las nietas que restituyeron su identidad gracias a las Abuelas, contó que el dolor por la partida de Taty era tan grande como la inmensidad que representan las Madres. “Hoy tenemos una sensación de orfandad que nos pega fuerte”.


No era la única que hablaba de orfandad. Marcelo D’Ambrosio, de Flores Solidario, pasó por el Hospital Italiano a despedirse de Taty cuando ya era inminente su partida. “Taty fue lo más grande que me pasó en la vida. Le pido perdón a la familia, pero hoy también se va mi mamá”, compartió entre lágrimas.


Pascual Spinelli construyó una amistad hace 30 años con Taty. Juntos editaron el libro que reúne los poemas que escribía Alejandro y que Taty encontró después de su desaparición. En uno de esos textos, el muchacho le decía: “Quisiera decirte mamá que parte de lo que fui lo vas a encontrar en mis compañeros”. Y, para Pascual, ella siguió al dedillo cada consejo de Alejandro. “Hoy Taty deja en nosotros parte de lo que fue y lo que es. Taty es la celebración de la vida. Siempre puso el acento en la resistencia”.


La gente no dejaba de pasar. Algunos la saludaban con los dedos en “V”. Otros con el puño en alto. Un grupo de militantes del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia –entre los que se destacaban los sobrevivientes Margarita Cruz y Carlos Lordkipanidse– le agradecieron por haber compartido el acto por los 50 años del golpe. Gracias a Taty se construyó la unidad, comentaban Malena Silveyra y Adriana Taboada, compañeras de la mesa de organismos.


María Adela Antokoletz estaba muy conmovida porque Taty siempre contaba que había sido su madre, María Adela Gard de Antokoletz, quien la había recibido al incorporarse a Madres de Plaza de Mayo. La llamaba “Madre con mayúscula”. Ella también celebraba el lema de Taty –militancia y joda–. “No es una frase banal. Nos permite avanzar con alegría y no con sectarismo”.


Pablo Grillo también llegó hasta FOETRA con su papá, Fabián, para despedir a Taty. Se acercó a Estela para darle un beso.


– Tenemos que seguir luchando. Yo ya cabeceé los gases, y voy a seguir cabeceando más– le dijo el fotógrafo a la presidenta de Abuelas.


A su alrededor pasaban abogados de derechos humanos, como Carolina Varsky, Pablo Llonto, Rodolfo Yanzón o Eduardo Tavani. También había dirigentes políticos y figuras de la cultura como Mayra Mendoza, Cecilia y Leopoldo Moreau, Mariano Recalde, Daniel Filmus, Tristán Bauer, Juan Martín Mena, Chango Spasiuk, Ignacio Copani, Eduardo Valdés o Edgardo Esteban. El gobernador bonaerense Axel Kicillof también llegó para despedirse de la presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora.


Estaban también Mabel Careaga y Ana Bianco, hijas ambas de dos de las tres Madres secuestradas en diciembre de 1977. Taty impulsó la repatriación del avión que se usó para arrojarlas vivas a las aguas como una forma de hacer memoria. El Skyvan se encontró gracias a una investigación de la periodista Miriam Lewin y el fotógrafo Giancarlo Ceraudo. Miriam todavía no salía del asombro por la muerte de Taty. “No podía creer todas las cosas que hacía por día sin cansarse”.


A Taty le gustaba la música. Y los integrantes de la escuela que funciona en la Casa Nuestros Hijos en la exESMA le regalaron la Marcha de la Bronca. Algunos cantaron entusiasmados –como Verónica Castelli, Julio Santucho o Claudia Poblete–; otros, como Estela, marcaban el compás con los pies o con las cabezas.


–Vamos los jubilados –se escuchó gritar.–Vamos, Taty– agregó Paula Maroni.

El clima iba escalando. Y la muerte no lograba aplacar la alegría de haber vivido junto a ella.

–Taty no se murió. Taty no se murió. Taty vive en el pueblo– corearon en respuesta.

En cada rincón se hablaba de ella. Gabriela Alegre contaba una de sus últimas conversaciones, cuando Taty le había preguntado, preocupada, por el ingreso de militares armados a la exESMA.

–Quedate tranquila que ya sacamos todos un comunicado– la calmó.

Está previsto que el velorio de Taty continúe este martes de 8 a 12 en FOETRA para que más personas puedan pasar a agradecerle todo lo hecho. “Deja un vacío enorme. Transmitió mucha energía a través de sus palabras y sus acciones. Si ves la cantidad de gente que se acercó para despedirse –y con enorme paciencia– está claro que sus palabras no cayeron en el vacío. Taty está y estará presente siempre”, comentó Graciela Lois, presidenta de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas.


“La columna vertebral de la democracia”, la definió Víctor Heredia. Y le dedicó a Taty su himno, que retrata con crudeza el dolor lacerante que ella sufrió al irse sin poder siquiera rozar un hueso de Alejandro, ese hijo que tanto buscó.


“Todavía cantamos, todavía pedimos/ Todavía soñamos, todavía esperamos/ Que nos digan adónde/ Han escondido las flores/ Que aromaron las calles/ Persiguiendo un destino/ Dónde, dónde se han ido”.


Fuente: Página/12
16:48 0

 

Itamar Ben-Gvir: la ultraderecha de la ultraderecha

Ben-Givr Ministro de Seguridad de Israel. EFE

Las imágenes eran bizarras, y transmitían emociones que iban desde la tristeza y la estupefacción a la indignación y el reclamo a viva voz. Mientras una multitud de cuerpos yacía inmovilizada en el suelo, el ministro de Seguridad, el más poderoso del gabinete, se desplazaba entre ellos, en una ceremonia de autocelebración, pero, más aún, como un claro gesto de advertencia frente a quienes osaran cuestionar su poder. Ya sea dentro o fuera de Israel.


La detención arbitraria de la Flotilla Global Sumud el pasado 18 de mayo, y el violento arresto de un amplio número de activistas propalestinos, sometidos luego a malos tratos y abusos en Israel, revelaron que Itamar Ben-Gvir está dispuesto a cruzar todos los límites y todas las líneas rojas.


Su objetivo más cercano sería el de relevar a Benjamin Netanyahu si es que el viejo dirigente del Likud, de 76 años, ya no fuera reelecto al frente del gobierno o si, de manera por ahora improbable, decidiera poner fin a su extensa carrera política en medio de los apremios judiciales en los que se encuentra atrapado. Por ahora, y al parecer, Ben-Gvir se conformaría con convertirse en la nueva estrella en el firmamento de la ultraderecha global.


El ascenso al poder del dirigente no podría explicarse sin tomar en cuenta el fuerte proceso de derechización del electorado israelí en estas últimas dos décadas, al calor de la guerra sin fin con la población palestina y, sobre todo, desde el ataque terrorista de Hamas del 7 de octubre de 2023.


Nacido en 1976 y descendiente de una familia judía de origen iraquí y kurda, como muchos dirigentes ultranacionalistas de su generación, Ben-Gvir fue influenciado por el surgimiento del levantamiento palestino (“Intifada”) iniciado en 1987 y, sobre todo, por la Masacre de Hebrón, en 1994, en la que el fanático religioso Baruch Goldstein disparó indiscriminadamente hacia el interior de la Mezquita de Ibrahim, asesinando a 29 musulmanes e hiriendo a más de 125.


Para ese entonces, Ben-Gvir, todavía estudiante de abogacía, ya comenzaba a destacarse como un agitador de extrema derecha. Como miembro activo de la corriente ultranacionalista liderada por el rabino Meir Kahane, Ben-Gvir se formó políticamente dentro del partido Kach, descalificado para las elecciones parlamentarias en 1988, ilegalizado en Israel en 1994 después de la Masacre de Hebrón y caracterizado como organización terrorista en los Estados Unidos en 1997. La doctrina ideológica del futuro ministro, basada en el apoyo a la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania, en el rechazo a la creación de un Estado palestino y en su oposición al otorgamiento de derechos civiles al pueblo palestino, apenas se modificó desde entonces.


Opositor a los Acuerdos de Oslo de 1993, en los que los gobiernos de Israel y Palestina alcanzaron un primer y precario compromiso por la paz, Ben-Gvir celebró el asesinato del primer ministro Itzhak Rabin en 1995 a manos de Yigal Amir, el estudiante ultranacionalista que todavía purga una condena de prisión perpetua en una cárcel israelí.


Por ese entonces, el futuro ministro de seguridad no solo comenzaba a destacarse como abogado de los colonos extremistas que ocupaban tierras palestinas, sino que además adquiría notoriedad como un incipiente y marginal político que, infructuosamente, buscaba el indulto para Amir y que exhibía orgulloso una foto enmarcada de Baruch Goldstein en su domicilio en Hebrón.

Su creciente protagonismo en Otzma Yehudit (“Poder Judío”), un minoritario partido sionista y religioso fundado en 2012, le proporcionó a Ben-Gvir la vidriera política que tanto ambicionaba.

Como ocurrió con otros dirigentes de la ultraderecha global, como Javier Milei en Argentina y Jair Bolsonaro en Brasil, en menos de una década Ben-Gvir se transformaría en el personaje fundamental de la política local, a tal punto que si en febrero de 2021, Netanyahu declaraba que el ultranacionalista “no era apto” para ejercer como ministro, en las elecciones de noviembre de 2022, su opinión cambió repentinamente, designándolo desde entonces como miembro de su gabinete.


En el medio, un acuerdo político con fuerzas de extrema derecha le permitió a Netanyahu construir una nueva, aunque débil mayoría y, de ese modo, retornar al gobierno por tercera ocasión.


Bajo el Ministerio de Seguridad Nacional, creado especialmente para él, y junto con su socio político, Bezalel Smotrich, actual ministro de Finanzas y líder del Partido Sionista Religioso, Ben-Gvir articuló un bloque de poder de ultraderecha que ha acompañado y, al mismo tiempo, ha condicionado todas las iniciativas llevadas adelante por el Primer Ministro.


La guerra en Gaza, desde el atentado terrorista de Hamas del 7 de octubre de 2023, dejó en claro que Ben-Gvir es el ministro de las posturas más extremas y hostiles contra la población palestina. Al mismo tiempo, es uno de los menos interesados en negociarlas, amenazando con abandonar el gobierno y provocar su disolución frente a cualquier posibilidad de negociación por la paz. Por lo mismo, se ha convertido en uno de los principales impulsores de las actuales guerras con Irán y con el Líbano, en las que se conjugan disputas políticas con conflictos étnicos y religiosos.


Desafiante y provocador, Ben-Gvir ha estado en boca de todos los gobiernos recientemente. Logró lo que hasta ahora nadie había conseguido: una condena unánime por parte de mandatarios de izquierda, liberales y conservadores. Insólita e inesperadamente, también fue criticado por una ultraderecha consternada por el maltrato a los activistas de la Flotilla Global Sumud.


Representantes de los gobiernos de Francia, Reino Unido, Italia, Canadá, Alemania, Países Bajos, España, Polonia, Grecia, Irlanda, Australia y Nueva Zelanda plantearon sus críticas, y algunos de ellos incluso convocaron a sus respectivos embajadores en Israel para una censura formal.


Si bien describió a los activistas de la flotilla como “simpatizantes terroristas de Hamas”, la oficina de Netanyahu declaró que la maniobra del ministro de Seguridad “no se ajustaba a los valores y normas de Israel”. El ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Sa’ar, también expresó sus críticas a nivel personal, afirmando en una publicación reciente que “Usted no representa a Israel”.


Hasta la administración de Donald Trump expresó su condena cuando el embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, reprochó las “despreciables acciones” y afirmó que Ben-Gvir había “traicionado la dignidad de su nación”.


Pese a la fuerte condena internacional (o tal vez, gracias a ella), el dirigente de ultraderecha parece disfrutar de su momento de gloria, mientras calcula sus próximos pasos políticos en función de las elecciones parlamentarias que tendrán lugar en Israel, a más tardar, a fines de octubre de este año.


Al menos por ahora, parecería no preocuparle ser señalado por otros referentes de ultraderecha que, por fines electorales o por simple pragmatismo, se aprovechan de sus controvertidas acciones para querer diferenciarse, en el falaz juego político de “él es mucho peor que yo”. La popularidad, para ser absoluta, no contempla reparos ni límites de ningún tipo...


De lo que no caben dudas es de que la oscura carrera y las denostables acciones políticas del ministro son el mejor aliciente para los antisemitas desenfrenados y para los críticos declarados de la simple existencia del Estado de Israel. En todo caso, no serán pocos los que asuman que, al contrario de lo expresado por el canciller Sa’ar, hoy Ben-Gvir, tristemente, sí representa a Israel.



Fuente: Página/12