La ministra de Seguridad, el fiscal amigo y la fuerte represión en el Congreso
Bullrich, Stornelli y los
terroristas del choripán
Entre los detenidos hay una
familia que vendÃa empanadas, un vendedor de choripan y una señora que filmaba
la represión. Acusados de sedición y ataque al orden constitucional.
14 de junio de 2024 - 00:01
·
. Imagen: AFP
El miércoles al atardecer
la Oficina del Presidente hizo un posteo en la red
"X" donde felicitaba a las fuerzas de seguridad "por su
excelente accionar reprimiendo"
a quienes llamó "grupos terroristas" "que intentaron perpetrar
un golpe de Estado". Se referÃa a las cientos de personas
que habÃan ido protestar contra la Ley
Bases en las cercanÃas del Congreso. El texto era grotesco
pero los términos seleccionados anunciaban una estrategia de persecución
judicial.
No fue casual que a
algunas de las personas detenidas les abrieran causas en los tribunales de
Comodoro Py. Quedaron a disposición de la jueza MarÃa Servini y
el fiscal Carlos Stornelli, quien pidió prisión preventiva para
todos/as y les imputó 15 delitos, entre ellos contra el orden constitucional.
Como broche, amenazó con aplicar, oh causalidad, un agravante previsto en
delitos que buscan "atemorizar a la población" (o sea,
terrorismo).
Bullrich: "golpe de estado moderno"
El dÃa pos votación la
ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, respaldó la comunicación
oficial. Dijo que hubo un "golpe de Estado moderno". Lo definió como
"el desgaste permanente para tratar de generar una situación para que el
Estado pierda la capacidad de acción", su forma particular de entender la
crÃtica popular a una ley promovida por una administración empobrecedora.
"Lo que pasó ayer es el
kirchnerismo, la izquierda y los convocantes sindicatos, que se fueron
temprano, se lo agradecemos, pero que tomen conciencia que son los provocadores
de violencia", cargó. Se jactó de que las fuerzas a su cargo
(estuvieron GendarmerÃa, Prefectura Naval y PolicÃa Federal) actuaron
"excelente", "con profesionalidad, con prudencia, pero sin
dudar de que cuando hay que ir, atacar y no dejar que te tomen el
Congreso...". Ya entonces deslizó que pedirÃa que se acuse a los
manifestantes de sedición.
Era obvio que el objetivo
del despliegue represivo era lograr que no exista la imagen de una protesta
multitudinaria, que no recorra el mundo, como ocurrió con la marcha por la
educación. La cacerÃa llegó hasta la avenida 9 de julio y superó los
términos del famoso protocolo antiprotesta de Bullrich: no sólo procuró
despejar la calle sino que apostó a vaciar la plaza con gases, balas de goma y
camiones hidrantes. De la calle se apropiaron los agentes, que impedÃan toda
circulación. La plaza quedó desolada, las veredas húmedas vacÃas, con las
imágenes intercaladas de las
llamas devorándose un vehÃculo de Cadena 3, que después fue
vandalizado, mientras la policÃa miraba para otro lado.
Reprimir la protesta para
aplicar el ajuste fue una polÃtica anunciada por Bullrich. En lo que va del
gobierno libertario cada vez que hubo detenidos/as en protestas, se abrieron
causas judiciales en los tribunales porteños por desobediencia y/o atentado y
resistencia a la autoridad. Son las tÃpicas figuras —cuyas penas Bullrich
quiere agravar— que se usan cuando la policÃa agarra gente al voleo como método
disciplinador y marcar supuestos "violentos". Esta vez hubo 23
detenciones en el ámbito porteño y una decena que fueron a parar a la justicia
federal. El juez de la Ciudad Pablo Casas se declaró incompetente y Servini/Stornelli
se quedaron con todo. Ahà se pueden imputar delitos federales graves.
Bullrich y Stornelli (un solo corazón)
Cerca de las 13.40 del
jueves el Ministerio de Seguridad difundió un comunicado donde anunciaba que
"se presentará como querellante por los desmanes en el Congreso".
DecÃa que habÃa ocho policÃas y cuatro gendarmes heridos y "cuantiosos
daños", aludÃa al auto, bicicletas y contenedores quemados. Avisaba que la
querella no serÃa solo contra los detenidos sino "los que resulten
identificados por las cámaras emplazadas en la vÃa pública" y los
"lÃderes". Demandará los costos del operativo, agregaba, y precisaba
delitos que pedirÃa imputar: sedición, perturbación a las sesiones del
Congreso, estrago doloso y el agravante "previsto para acciones
terroristas". Casi una hora después, un nuevo comunicado descartaba al
anterior: menciona la palabra querella o querellante. Alguien debe haber
advertido que si la cartera querella no puede hacer intervenir a sus fuerzas de
seguridad en la "investigación" (como ya lo marcó el juez Sebastián
Casanello en otra causa).
Prefirió entonces quedarse
con el manejo de la pesquisa y asà orientar las pruebas. Enseguida fue notorio
que lo tenÃan a Stornelli de aliado. El nuevo texto tenÃa más diferencias:
hablaba de un intento de golpe de Estado, de los "grupos terroristas"
que "cometieron destrozos" para "interrumpir las sesiones".
En lugar de mencionar 33 "personas detenidas" hablaba de "33
piqueteros". Luego, en vez de decir qué delitos imputarÃa, exhibÃa que los
imputaba Stornelli, quien —señalaba— también dice que se ocupará de lesiones a
los agentes y daños.
El dictamen de Stornelli
afirma que "se registraron graves y violentos sucesos en las cercanÃas del
poder legislativo" y que se investigan "acciones y conductas, en
algún caso bajo posible forma organizada, tendientes a incitar a la violencia
colectiva en contra de las instituciones, a imponer sus ideas o combatir las
ajenas por la fuerza o el temor, infundiendo temor público y suscitando
tumultos o desórdenes, a la vez de erigirse en un posible alzamiento en contra
del orden constitucional y la vida democrática, con el propósito de perturbar
y/o impedir, aunque sea temporalmente, el libre ejercicio de las facultades
constitucionales de los representantes de la Cámara Alta". A eso le agrega
"ejercicio de violentas vÃas de hecho", "atentados a la
autoridad", "lesiones al personal preventor" más el uso de
"material explosivo o incendiario". Algunos son delitos graves, que
pueden tener penas de 15 años de cárcel.
A ese listado suma el
agravante por terrorismo señalado por el Gobierno. Es el artÃculo 41 quinquies
del Código Penal que dice que cuando algún delito "hubiere sido cometido
con la finalidad de aterrorizar a la población u obligar a las autoridades
públicas nacionales o gobiernos extranjeros o agentes de una organización
internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo, la escala se
incrementará en el doble del mÃnimo y el máximo". El mismo
artÃculo aclara que no se aplica "en ocasión del ejercicio de derechos
humanos y/o sociales o de cualquier otro derecho constitucional". De
eso no habla. Como fundamento el fiscal cita el texto de la Oficina del
Presidente que habla de golpe y las crónicas de ClarÃn y La
Nación. No señala ni un dato concreto respecto de las personas que imputa.
Tal vez no sea casual la publicación, el 5 de junio, del decreto
496 que flexibiliza la inscripción en el "Registro Público
de Personas y Entidades Vinculadas a Actos de Terrorirsmo....".
Del dicho al hecho
Hasta este jueves a la noche
y bajo la acusación de Stornelli habÃan sido indagadas, con defensa oficial,
las 10 primeras personas (tres mujeres y siete varones) denunciadas en la
justicia federal. Todas pidieron ser excarceladas. Aún no tuvieron respuesta.
Entre ellas hay una familia que vende empanadas y bebidas (abuelo, hija y
nieta), un vendedor de choripanes, una mujer de 59 años que grababa la
detención de uno de ellos, un joven que hablaba por teléfono apoyado en una
valla, otros que simplemente se estaban manifestando, y tal vez el hecho más
"grave" era el que se le adjudicaba a alguien que le gritó a un
policÃa.
Entre los arrestados en el
ámbito porteño hay una mujer acusada de quemar una bicicleta del gobierno
porteño y habrÃa un hombre que llevó una granada trucha. El Ministerio Público
de la Defensa pidió la libertad de las 10 personas a las que patrocina, pero
que pasan a Comodoro Py.
Carlos Greco, rector de la
Universidad de San MartÃn, publicó en "X": "comparto la
preocupación ante las detenciones de tres estudiantes de nuestra comunidad:
Sasha Iyardet, Camila Juárez y Nicolás Mayorga". "Como manifestamos
ayer en el Consejo Interuniversitario Nacional, a través de su red
Interuniversitaria de Derechos Humanos --añadió-- 'nos produce tristeza y estupor
revivir escenas de represión que repudiamos y constituyen un doloroso retroceso
que intenta acallar voces disidentes'".
Ninguna de las personas
detenidas estarÃa, según fuentes judiciales, el autor/a del incendio del auto
de Cadena 3, antes volcado por un grupo de hombres, que el Gobierno incluye
entre los actos terroristas. En las filmaciones del hecho no se ve intervenir a
ningún agente. Pero a algunos de los provocadores se los ve pasar el vallado
para juntarse con policÃas. Desde el recinto la senador Juliana Di Tullio
hablaba, como muchos sospechan y repitieron después, de
"infiltrados".
La movilización
Las/los manifestantes
empezaron a llegar a la Plaza de los dos Congresos a la mañana. Grupos
sindicales, organizaciones sociales, partidos de izquierda, gente suelta, con
una idea repetida: que el Senado los escuche, "que no voten la ley".
Todo transcurrÃa normalidad. La avenida Callao estaba cortada desde la noche
anterior. HabÃa algunas personas circulando. Una tramo de Entre RÃos fue
bloqueado por camiones hidrantes para que no pasara una columna de Camioneros.
Los agentes también cercaron Rivadavia.
Al mediodÃa un grupo de
diputados y diputadas de Unión por la Patria se ubicó en la calle frente al
Congreso. Como cada movilización, iban a sacarse una foto en una de las
escalinatas y cantar el himno. Vieron venir una fila de prefectos, delante dos
policÃas con megáfono, detrás otra fila policial, contó el diputado Carlos
Castagneto. Los legisladores también formaron una fila y Castagneto encaró (se
lo ve calmo en los videos) a uno de los agentes: los llenaron de gases y
terminaron en el Hospital Santa LucÃa. Bullrich acusó a los diputados de
generar violencia e impedir que actúen las efectivos. Ellos la denunciarán.
Los efectivos más tarde
tiraron balas de goma y gases a los manifestantes que se acercaban a las vallas
que rodeaban el Congreso, lo que hace difÃcil imaginar la tesis de Bullrich de
que la gente iba a tomar el Senado. La violencia comenzaba en las filas de las
fuerzas, hasta que más tarde volaron piedras y apareció el fuego, se
desdibujaron los uniformes, aparecieron los personajes que generan desmanes a
los que la policÃa no mira y la manifestación que era enorme apenas pudo
verse.
Fuente: Página/12
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