Entrevista a Mariano Pacheco, autor del libro La democracia en cuestión.
La Argentina, los 40 años
de democracia y el perÃodo libertario
6 de abril de 2024 - 00:01
·
. Imagen: Guadalupe Lombardo
En “La democracia en
cuestión”, Mariano Pacheco repasa los últimos 40 años de la historia del paÃs
con la mirada de los sectores populares. Escritor, periodista y militante,
pertenece a la generación del 2001; en sus libros se ha dedicado a seguir los
procesos de lucha de los de abajo. “Aunque hoy no tengamos un contexto de
avance, incluso en el retroceso contamos con un acumulado popular --de
organizaciones, de militancias, de aprendizajes, aunque no tal vez de
conceptualizaciones-- que nos permite resistir” mejor asegura en su última
obra. Sin embargo, se muestra escéptico a la posibilidad de una salida como la
que puso fin al gobierno de Fernando De la Rúa.
"Funciona en mucha
militancia y ciertos cientistas sociales un cierto imaginario sobre que ahora
se va a repetir lo del 2001. A mà me da la impresión de que no, de que tuvimos
un ciclo de gobiernos progresistas que dejaron una subjetividad menos
insurgente, más institucional, y ese dato es importante tenerlo en cuenta. Si
no, no se explica cómo Macri llegó en 2019 ni como este gobierno está haciendo
todo lo que hace y las respuestas son todavÃa limitadas e incluso formales.
--¿Qué cambios ves en los
sectores populares?
--Creo que hay una
subjetividad en las nuevas generaciones que crecieron al calor de una polÃtica
más institucional, más ligada al estado y menos ligadas a las luchas plebeyas,
desde abajo, que tenÃan un carácter más insurgente.
--En el libro hablás de tres
ciclos históricos en estos últimos 40 años de democracia.
--El libro piensa estas
décadas no con una mirada estatalista, desde arriba, que nos harÃa dividir la
historia según la asunción de los presidentes, AlfonsÃn en el ‘83, Menem en el
‘89... La idea fue sistematizar una mirada desde abajo y eso hizo que
estableciera ciclos de lucha. Yo veo tres ciclos: de 1983 a 2002, un ciclo de
luchas desde abajo; de 2003 a 2011, el ciclo de gobiernos progresistas, en el
que la cosa pasa vuelve a pasar por el estado, por la polÃtica tradicional, de
la mano de los procesos latinoamericanos; y un tercer ciclo de 2011 en
adelante, de crisis del progresismo, de incertidumbre y desorientación porque
no hay un volver al proceso desde abajo.
--¿Cómo fue el primer ciclo,
el que empieza con la recuperación de la democracia?
--La dictadura habÃa
modificado el paÃs, genocidio mediante, y eso cambió a las clases populares.
Empezó a tener mayor peso la organización territorial, comunitaria, que
convivió con una organización sindical en crisis, porque se habÃan producido
las privatizaciones del gobierno de Carlos Menem, en gran medida compaginadas
por la dirigencia de la CGT, que tuvo un quiebre: nacieron el MTA de Hugo
Moyano, la CTA… Este ciclo de luchas desde abajo tiene muchos vectores y
componentes, la crisis de la polÃtica llega a los partidos y a los sindicatos,
y empiezan a aparecer nuevos sujetos. En los ‘80 crecen las organizaciones de
derechos humanos, cierto vecinalismo, empiezan a emerger los grupos de
diversidad… todo lo que no va por la CGT. No es que la CGT no está, porque
existió Ubaldini, los paros a AlfonsÃn, el programa de los 26 puntos… pero hay
un proceso más plural. Hernán López Echagüe tituló uno de sus libros “La
polÃtica está en otra parte”, porque pasó por lugares menos habituales. Ya en
2001 tenemos las asambleas, las fábricas recuperadas, sobre el fin del ciclo
hay muchos más actores.
--¿Y el segundo ciclo, el
que comienza 2002?
--Es el de los gobiernos
progresistas, en el que las organizaciones en gran medida empiezan a apostar a
un proyecto de gobierno. Aunque no todas las organizaciones sociales se
sumaron, lo que tiene más preeminencia es el apoyo que le dieron al gobierno de
Néstor, junto con el aire latinoamericano que empieza a plantear, desde lo popular,
una recuperación de la soberanÃa nacional, una articulación de los proyectos a
nivel latinoamericano. En la Argentina seguimos con el régimen democrático
heredado de la Constitución del 94, a diferencia de Venezuela y Bolivia donde
los movimientos populares sà logran modificar la constitución y transformar el
estado. Esa diferencia entre gobiernos progresistas y gobiernos populares es
para mà importante.
--¿Qué serÃa lo
caracterÃstico de estos años?
--Horacio González hablaba
de polÃticas de reparación social: la reanudación de los juicios de lesa
humanidad, la reivindicación de las Madres y las Abuelas tienen caracterÃsticas
que marcan una diferencia muy profunda respecto a lo anterior. Si bien se van
produciendo algunos procesos como las luchas medioambientales, que no tienen
que ver con el gobierno progresista, la marca de esos años la hace el
kirchnerismo. Y eso entra en crisis a partir del 2011.
--¿Por el final del ciclo lo
pensás en 2011 y no en 2015, cuando Cristina Kirchner terminó su presidencia?
--Es difÃcil poner la fecha,
2011, 2015… es por esos años. Después de la muerte de Néstor, Cristina gana con
el 54 por ciento de los votos pero inmediatamente rompe con Moyano, empieza a
conformarse la CTEP, que empieza a agrupar a sectores kirchneristas y no
kirchneristas, cosa que antes no pasaba, la lÃnea divisoria era otra.
--El último perÃodo serÃa el
abierto a partir de 2011. ¿De qué se trata?
--Ya no es un ciclo de
gobierno progresistas. Primero está Mauricio Macri, luego asume Alberto
Fernández que no implica un volver del kirchnerismo sino que es una coalición
de muchos sectores, muy limitado. Lo que empieza a emerger en la discusión
pública son las economÃas populares. Por ejemplo, antes se hablaba de
movimientos sociales pero no la existencia de una economÃa popular, lo que
ocurre en el 2011 con el nacimiento de la CTEP. Por otra parte, los feminismos
logran una masividad que no habÃan tenido a partir de 2016... Pero todo eso no
logra plantear un nuevo ciclo popular porque ¿en qué deriva? En que, en el
mejor de los casos, ganaba Sergio Massa.
--Con el triunfo de Milei,
¿continúa el ciclo o hay una ruptura?
--Es muy pronto para
saberlo, aunque me da la sensación de que estamos al inicio de un nuevo ciclo…
pero es todavÃa muy prematuro.
--¿Como ves a los
adolescentes que se entraron a la polÃtica en esta última elección presidencial
y que en gran medida votaron a Milei?
--Yo no creo que todos los
jóvenes sean votantes de Milei. Todo el piberÃo que protagonizó las luchas
feministas, el que está organizado en el territorio, votó a Massa; lo que pasa
es que no tienen una voz generacional, porque aparecen opacados por las
generaciones anteriores. Si bien al principio las pibas del feminismo lograron
visibilidad, las que ponen las voces autorizadas del feminismo son de 40 años
para arriba, y los que ponen la voz del peronismo, de las economÃas populares y
de los sindicatos tienen una edad mucho más elevada todavÃa, el más joven es
Juan Grabois, que ya es alguien de 40. Después, sÃ… está todo el piberÃo que canaliza
su bronca por derecha… pero hay que ver si eso es una militancia o un enojo
coyuntural… yo soy precavido porque la historia no es lineal. No dirÃa que toda
esa gente que votó a Milei, enojada, va a ser cuadro de la derecha. La verdad
es que acá hubo una crisis porque el progresismo que tenemos es un progresismo
viejo, tranquilo, resignado: terminamos con un 40 por ciento de pobres y el
progresismo no parece haberse problematizado demasiado. Lo mismo con la
discusión que plantea Milei, creo que hay que prestarle mucha atención a cuál
es el núcleo de verdad que plantea por derecha. Cuando Milei va contra la casta
y genera tanta simpatÃa, ¿por qué es? Porque uno mira las organizaciones y
muchas veces los dirigentes no viven como viven sus bases, los dirigentes
sindicales son gente muy mayor que ha hecho de la actividad sindical una
carrera, polÃticos progresistas que están muy distanciados del votante
peronista clásico, o de cómo vive un trabajador de la economÃa popular. Si uno
piensa como anhela un futuro proceso popular, yo no lo desearÃa con una
dirigencia que vive en Puerto Madero, que son empresarios, que hacen a la
polÃtica la carrera profesional de toda la familia. Son cosas horribles de la
polÃtica liberal y es necesario cuestionarlas para que la democracia implique
la participación de la gente común. Milei lo canalizó por derecha, pero algo de
cierto habÃa. Son los temas pendientes que deja este ciclo de incertidumbre
todavÃa abierto.
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