Diana Conti, una imprescindible
9 de marzo de 2024 - 00:01
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Diana Conti, militante
brillante al servicio de la ley y la justicia.. Imagen: Télam
Si cada uno de nosotros pudiera reformar el mundo, lo harÃa de modo diferente. En mi caso, recuerdo lo de Brecht, “hay hombres que luchan toda la vida”, son los imprescindibles. Está mal traducido, en el original no se dice “hombres” (“Männer”), sino “Menschen” o sea, “humanos”, es decir, hombres y mujeres. Y sÃ, si por mi fuera, reformarÃa el mundo para que precisamente las y los imprescindibles no puedan dejarlo sin previo permiso.
Pero no puedo reformar el
mundo y, por ende, las y los imprescindibles se siguen marchando sin
autorización de quienes más los necesitamos y, a veces, incluso en los momentos
en que más falta nos hacen. Asà se fue Diana Conti, indiscutiblemente una
imprescindible, luchadora de toda la vida, de la que fui testigo muy cercano en
sus diferentes roles, asumidos todos con inteligencia, valentÃa y fuerza vital.
La recuerdo ahora como
funcionaria judicial, luego como abogada, como Secretaria del Departamento de
Derecho Penal y CriminologÃa de la Facultad de Derecho de la UBA, como
Subsecretaria de Derechos Humanos, como senadora y diputada nacional, como
miembro del Consejo de la Magistratura, como integrante del Comité contra la
Tortura y quizá me faltan más cosas.
Pero ese listado incompleto
no es únicamente el resumen de la brillante carrera de alguien que pasó por
diferentes funciones, sino de una personalidad movida por el fuego de una
vocación militante Ãntegra y de extremada coherencia ideológica.
Con todo, tampoco con esto
se agotarÃan los rasgos más salientes del perfil de Diana, sino que todo ese
itinerario vital fue recorrido con la expresión constante de una afectividad
que la movÃa a cuidar de todos los que la acompañaban o sentÃa cercanos: nos
advertÃa los peligros, le “sacaba la ficha” a quienes se nos aproximaban por
algún interés mezquino, sabÃa de nuestros puntos débiles y nos protegÃa, no
como madre castradora, sino como la compañera entrañable que nunca perdÃa la
sensibilidad femenina ni el buen humor.
Es muy difÃcil decir
“adiós” en estos casos, aunque seamos conscientes de que esa despedida no es
más que un “hasta luego”. Podremos creer que desde algún lugar nos estará
mirando, o bien pensar que eso es solo una ilusión que nos crea su memoria. De
todas formas, mirada o memoria, siempre nos incitará a ser dignos de su ejemplo
existencial.
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