Del malestar en la cultura
Por Enrique Pichon- Riviere
21 de mayo de 2023
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Crisis: De manera implÃcita o explÃcita Freud analizó al hombre como creación y creador de la cultura. ¿Qué opina usted de tal valoración y de las múltiples objeciones que recibió el aporte de Freud?
Pichon- Riviere: Reflexionar acerca de la
cultura, de su génesis, del origen y el sentido de la actividad en la que los
hombres transforman lo real, no es otra cosa que elaborar una concepción acerca
de la génesis y el sentido de un orden de hechos que constituyen, más allá del
orden animal, una nueva instancia: lo histórico social, lo especÃficamente
humano.
Esta reflexión implicará
necesariamente una concepción del hombre y de la historia, no podrá dejar de
expresar una Weltanschaung, se sustentará en una ideologÃa. El
análisis de la concepción freudiana de cultura, del hombre en tanto creador y
creación de esa cultura, desnuda con nitidez la ideologÃa freudiana, a la vez
que reabre la cuestión de las relaciones entre ciencia e ideologÃa, debate que
conmovió en los últimos años el campo del quehacer psicoanalÃtico.
¿Por qué consideramos
pertinente retomar este debate? Porque las tesis freudianas acerca de la
cultura, el trabajo, el proceso creador –más allá de la pregunta por la
legitimidad de extender hipótesis que surgen en el contexto analÃtico al plano
de las relaciones sociales- abren un interrogante cuya respuesta nos plantea
una tarea de crÃtica y de reformulación de los aportes del psicoanálisis a la
comprensión del sujeto.
“El malestar en la cultura”,
una obra de gabinete en la que Freud se aparta del riguroso itinerario que
recorre en su práctica clÃnica, revela a un pensador idealista, esencialista,
para quien la naturaleza humana se determina, en última instancia, desde los
impulsos instintivos, eternos e inmodificables en su esencia.
En los últimos años, en nuestro
paÃs, algunos psicoanalistas y epistemólogos del psicoanálisis influidos sin
duda por Althusser –y en el intento de preservar una práctica-, se ilusionan
distinguiendo entre el Freud “cientÃfico” del capÃtulo VII de La
interpretación de los sueños y el Freud “ideológico” de “El malestar
en la cultura”, de la misma manera que intentan preservar la teorÃa más allá de
toda crÃtica centrando su cuestionamiento en las instituciones psicoanalÃticas.
Cabe preguntarse si el esencialismo freudiano, la concepción del hombre y de la
historia que a nuestro entender gobierna toda reflexión psicológica y que tan
claramente se manifiesta en los escritos sociales de Freud, no se deslizó jamás
en la conceptualización de su práctica clÃnica. ¿No tiñó jamás la
interpretación de la realidad con la que trabajaba? ¿Es imposible reconocer al
Freud esencialista de “El malestar en la cultura”, en el Freud que reflexiona
acerca de la sexualidad femenina, las fantasÃas originarias, el narcisismo
primario, la segunda formación de la teorÃa instintivista?
Pero ese Freud es el mismo del
concepto de inconsciente, de la experiencia de satisfacción, de los mecanismos
del inconsciente, de las leyes de la asociación, Es el mismo Freud que
construyó un bagaje instrumental con el que trabajamos diariamente en el campo
de la terapia y de la prevención transformando realidades concretas. Es en el
interior de la teorÃa psicoanalÃtica, en el seno del pensamiento freudiano,
donde reside una contradicción entre conocimiento objetivo y escamoteo
ideológico. Es esa contradicción, que se revela en la práctica clÃnica, la que
nos exige una tarea crÃtica en el intento de fundar una psicologÃa social,
histórica y concreta.
Crisis: ¿Cuáles considera que fueron
las mayores contribuciones de Freud para la comprensión del fenómeno artÃstico?
Pichón- Riviere: Freud retoma la llama del
romanticismo alemán, la pasión por lo siniestro, por los sueños, por lo
inconsciente. Busca en sà mismo y en sus pacientes las formas concretas de las
imágenes que lo fascinaron en los poetas románticos. La tristeza, el duelo y la
culpa ante la muerte de su padre (la tragedia edÃpica), como situación
existencial, lo lanzan en el camino de este descubrimiento. La teorÃa freudiana
que desoculta y hace inteligible la dialéctica consciente- inconsciente permite
la emergencia e instrumenta al movimiento surrealista en formas creativas
inéditas y revolucionarias.
Esto sucede más allá de la
comprensión de Freud, quien confiesa en una careta a Breton sus limitaciones
para descifrar los elementos que el surrealismo le brinda. Su negativa al
diálogo, que tanto dolió a Breton, se funda en el sentimiento de estar “muy
alejado del arte”.
Pese a ese sentimiento de
lejanÃa, la teorÃa del inconsciente, en una tarea arqueológica, hace surgir a
la luz los mecanismos que rigen la construcción de las imágenes.
Fragmentos de una entrevista a Enrique Pichon- Riviere publicada en la revista Crisis en 1976 en base a un cuestionario previo, incluido en el volumen V de Obra completa: del psicoanálisis a la psicologÃa social (1967- 1977) que acaba de publicar Paidós.
Fuente: Página/12
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