Las "Clases de literatura rusa" de Sylvia Iparraguirre
Desde 1799 -año del
nacimiento de Pushkin- hasta 1910 en que muere Leon Tolstoi se extiende el
Siglo de Oro de la Literatura, "siglo" corto y fulgurante en el que
un puñado de escritores se aliaron con el pueblo para crear una lengua y una
literatura propias. Durante dos temporadas entre 2014 y 2015 Sylvia
Iparraguirre dictó unos seminarios sobre el tema que ahora se convirtieron en
un libro tan fascinante en su desarrollo casi novelesco como preciso en su
carácter docente. Clases de literatura rusa (Alfaguara) aborda la imperecedera
"alma rusa" siguiendo sus huellas en Pushkin, Gogol, Dostoievski,
Tolstoi y Chejov.
Por Liliana Heker
3 de diciembre de 2023 -
00:57
·
Obra sorprendente y
enriquecedora sustentada en diez clases sobre literatura rusa que dio Sylvia
Iparraguirre años atrás y que excede ampliamente lo que, con austeridad,
propone el tÃtulo. Claro que cumple con esta finalidad primaria -ampliar
nuestros conocimientos sobre el tema propuesto-, y lo hace con rigor, con
hondura y con una vastedad de referencias que bastarÃan para que su lectura
resultara iluminadora. Pero el libro va más allá: desde el comienzo nos induce
a leerlo con una avidez y un placer inusuales cuando se trata de una obra de no
ficción. ¿Dónde se oculta el secreto de esta magia? PodrÃa aventurarse que en
el material trabajado: en efecto, el “alma rusa”, desbordante e inconfundible,
hace posible que aun la más pequeña de sus historias nos atrape. Pero resulta
que en este caso lo atrapante es el libro mismo, del principio al fin. Y la
explicación de esta cualidad hay que rastrearla en la escritura y en la forma:
sus diez clases o capÃtulos arman una totalidad, y esa totalidad es
esencialmente narrativa. Pero no se trata de una narración lineal: el libro
está construido como un cruce de narraciones que van complementándose,
explicándose y alimentándose unas a otras, instalando contradicciones y capas
de significación, potenciando cada uno de los relatos, y dejándonos vislumbrar
un trasfondo que es nada menos que la compleja realidad social rusa del siglo
XIX. Un siglo de historia viva entretejido entre estos relatos.
Clases de literatura rusa considera como
propuesta abordar la vida y la obra de Aleksandr Pushkin, Nikolái Gogol, Fiodor
Dostoievski, León Tolstoi y Anton Chejov, los cinco escritores que instalaron
para siempre a la literatura rusa en un sitio de privilegio de la literatura
universal, al punto de que el perÃodo en que vivieron y escribieron -desde
1799, en que nace Pushkin hasta 1910, en que muere Tolstoi- se considera el
Siglo de Oro de la literatura rusa.
La sola mención de estos
cinco escritores marca uno de los focos de atracción del libro: cada uno de los
cinco ha tenido una personalidad altamente compleja y sus vidas han atravesado
situaciones lÃmite, tanto en el orden personal como en el social. La capacidad
de Sylvia Iparraguirre para ahondar en caracteres tan singulares y en
experiencias tan intensas, unida a su talento narrativo, nos permiten conocer a
estos hombres en profundidad, lo que constituye una experiencia nada trivial.
Solo a modo de indicios: nos adentramos en el carácter riente de Pushkin, en su
vida desenfrenada, en su vÃnculo con lo popular, en las persecuciones y
destierros que sufrió, en su terrible muerte prematura. Conocemos el desparpajo
genial de Gogol -el genio más alto de la literatura rusa, según Nabokov--, su
devoción por el pueblo, sus contradicciones entre su eslavismo conservador y su
incontenible espÃritu crÃtico y burlón. Nos adentramos en la conflictiva vida
familiar de Dostoievski, en el horror que vivió en Siberia y en el viraje de
sus convicciones profundas. Asistimos a las pasiones y tensiones del joven
Tolstoi y luego, en el transcurso de su larga vida, a un compromiso inapelable
con los campesinos que lo condujo a decisiones extremas y de una gravitación
capaz de trascender su tiempo. Vemos en su contexto la excepcionalidad poco ruidosa
pero definitoria de Chejov, “considerado por muchos el más ruso entre los
rusos”, su ahondamiento en la Rusia profunda, su convivencia forzosa con una
muerte temprana.
Indicios, como dije, de
cinco vidas que apasionan y que, como señala Iparraguirre, “tienen en común una
intensa comprensión de lo humano y un tema excluyente: Rusia, sus habitantes,
su destino”. Es este rasgo en común el que abre ante nosotros otro de los focos
esenciales de estas clases: la realidad social y el devenir histórico de Rusia en
el siglo XIX, y nos permite comprender esas vidas, “en el contraluz
vivo que tejen la causalidad, el azar y los hechos”. En ese
contraluz percibimos con intensidad inusual una realidad social muy diferente
de la de Europa occidental durante el siglo XIX, un presente marcado por un
campesinado analfabeto y devoto: los de abajo invisibles, que
constituyen el noventa por ciento de la población y viven en calidad de siervos
de una clase poderosa que habla y piensa en francés.
A medida que entramos en la
vida de cada uno de los cinco escritores considerados, que conocemos el modo en
que se involucraron con el pueblo campesino y las consecuencias que ese
compromiso tuvo en sus vidas, entendemos de una manera vital cómo fue esa
realidad que los movió a ser y a actuar como fueron y actuaron; estamos en
condiciones de ahondar en nuevas áreas de significación de sus obras, de saber
cómo pesó lo social en las decisiones y en la literatura de cada uno de ellos y
cómo, a su vez, cada uno fue gravitando en la historia y en la realidad social
de Rusia. Ya que, como escribió Alexander Herzen, crÃtico y pensador de la
época, y se cita en el Iibro: “En un pueblo que carece de libertad
pública, la literatura es la tribuna desde donde puede hacerse escuchar el
grito de su indignación y de su conciencia”. Es a través de esas cinco
vidas comprometidas con su realidad que vamos adentrándonos en los
acontecimientos históricos de su tiempo: la invasión napoleónica, su derrota,
la revolución decembrista en la que murieron tantos compañeros de Pushkin, la
consolidación de una intelligentsia rusa, la fundación de San Petersburgo, las
consecuencias históricas de un precepto que nos recuerda al Gatopardo y que se
fue transmitiendo de un zar a otro: “Hay que cambiar algo desde arriba para que
el cambio no venga desde abajo”, la abolición de la servidumbre sin que
desaparezcan el hambre, la precariedad y el analfabetismo; hechos diversos y
medulares que, entre otras cosas, nos proporcionan argumentos para inferir que
la revolución del diecisiete, más que un acontecimiento azaroso fue, como todo
movimiento revolucionario, consecuencia de una larga y compleja urdimbre de
hechos en los que, directa o indirectamente, los escritores rusos tuvieron un
protagonismo.
GOGOL
Y para empezar ya a
acercarnos al tema central de Clases de literatura rusa señalaremos otra
cuestión raigal que pone de relieve el libro y en la que el protagonismo de los
autores no tuvo nada de indirecto: la instalación del lenguaje que hablaba el
pueblo, el ruso, como lengua nacional. En efecto, como señalé antes, el
idioma que hablaba la reducida clase privilegiada era el francés, y en francés
estaba escrita la literatura que se leÃa. O sea: no habÃa literatura rusa. Y
acá aparece otro de los relatos notables del libro; la riqueza lingüistica y
temática de lo popular: los cuentos populares, las tradiciones folklóricas y
los juegos idiomáticos nunca escritos pero que circulaban entre el pueblo y
contenÃan la esencia de ese pueblo. Y luego, la lucidez y la audacia con que
Pushkin captó esa riqueza y transfiguró el ruso en lengua literaria. “Aun
no tenemos literatura ni libros (escribe Pushkin en 1824); desde
nuestra infancia todos nosotros bebemos nuestro conocimiento de libros
extranjeros”. Y desde esa carencia crea una obra literaria excepcional e
instala para siempre una lengua hasta ese momento inédita que Gogol llevará a
su máxima expresión; una lengua que será reformulada y recreada por los
escritores que los sucedieron y que dará lugar a una de las literaturas más
excepcionales de la cultura universal.
LEON TOLSTOI
Es el momento de señalar
otro de los juegos de relatos que atraviesa magistralmente el libro: la obra de
cada uno de estos escritores. Sylvia Iparraguirre vincula la poesÃa, las
ficciones y el teatro de cada uno de ellos con su contexto, con su personalidad
y con su historia de vida. Conocemos a grandes trazos pero con enorme rigor sus
obras, y podemos disfrutar en detalle de algunas de ellas, minuciosamente
narradas. Además, de acuerdo al propósito de la autora de dar clases
polifónicas y convocar otras voces, se nos enriquece la exposición de esas
obras con opiniones de Nabokov, Bajtin, Virginia Woolf, Herzen, Belinski,
Freud, Irene Nemirovski, Joyce. Y podemos reconocer las marcas indelebles que
la literatura rusa del Siglo de Oro fue dejando en distintos autores, distintas
épocas y distintas disciplinas.
A esta altura creo
necesario confesar que la descripción más o menos secuencial de las cuestiones
que se abordan en el libro responde solo a mi propósito de indicar con cierto
ordenamiento la diversidad de temas que se tratan allÃ. El orden del libro no
puede considerarse secuencial. Como sugerà al principio, el entrecruzamiento de
relatos está tan bien estructurado, su escritura es tan dinámica y expresiva y
la posibilidad de establecer vÃnculos entre ellos está tan presente que Clases
de literatura rusa acaba constituyendo una totalidad indivisible y nos
incita a que la leamos con la tensión gozosa con que se lee una potente obra de
ficción.
CHEJOV
Pero hay otro relato, no
mencionado hasta ahora y presente en cada página, que potencia en gran medida
lo fascinante del libro: el relato personal de la autora. En efecto, Sylvia
Iparraguirre no se escamotea en estas clases. ExplÃcita o
implÃcitamente nos comunica su pasión y, en muchos casos, expone su propia
visión sobre textos y hechos Y consigue transmitir algo que considero
fundamental en un libro sobre literatura: el hambre de lectura; la compulsión
de ir en busca de las obras mencionadas y releerlas o leerlas por primera vez.
El deseo de estrenar esta hermosa posibilidad que se nos regala: la de
redescubrir bajo una luz nueva y reveladora los formidables y siempre vigentes
textos de la literatura rusa.
Fuente: Página/12





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