"Ya no luchamos por el estado palestino, luchamos
por la liberación"
Samera
Esmeir, activista y profesora palestina en la Universidad de Berkeley, analiza
el conflicto de Gaza
Samera Esmeir nació en la ciudad de
Haifa -ocupada por Israel en 1948- y terminó su maestrÃa en leyes en la
Universidad de Tel Aviv. Desde 1995 empezó su práctica de abogacÃa defendiendo
a refugiades y residentes palestinos en Jerusalem Oriental. Desde 2005 da
clases en la Universidad de Berkeley desde donde continúa su activismo.
Por Natalia
Brizuela y Verónica Gago
21 de
mayo de 2021
·
Una manifestante en Michigan, Estados Unidos, donde el presidente Joe Biden visitó una planta de Ford, para reclamarle por el cese del apoyo a Israel.. Imagen: AFP
“Hemos visto cómo en el mundo occidental no se asocia a Palestina con las luchas feministas. De hecho se da por sentado, que no hay posible intersección o alianza entre el feminismo y la lucha palestina. Las feministas palestinas, en cambio, continúan pensando que el feminismo es una lucha en contra del proyecto de ocupación colonial, de opresión y violencia de género. Se niegan a separar el feminismo de las problemáticas anti-coloniales, del mismo modo en que viene ocurriendo en América Latina”, dice la abogada, profesora y activista palestina Samera Esmeir.
La violencia del gobierno de Israel, a cargo del ultraderechista BenjamÃn
Netanyahu, contra Palestina entró en estos dÃas en una nueva escalada histórica.
Ha circulado en particular el video, filmado en tiempo real, del ataque aéreo
israelà dirigido intencionalmente contra un edificio de doce pisos donde se
ubicaban las oficinas de la agencia internacional The Associated Press y otros
medios de prensa en la ciudad de Gaza. Menos conocido tal vez es que horas
antes habÃa sucedido otro ataque aéreo contra un campo de refugiadxs muy
poblado en la misma ciudad, donde murieron sobre todo niñxs. Los ataques
aéreos, al dÃa de hoy, se cuentan por decenas.
Este nuevo episodio de brutalidad tiene como momento inicial una expulsión:
las protestas palestinas para evitar desalojos de varias familias, y el
desplazamiento forzado de sus hogares, en los barrios de Sheikh Jarrah y
Silwan, en Jerusalén. Luego siguió una feroz represión israelà en la mezquita
de Al-Aqsa. Pero más que reproducir sin fin las escenas de destrucción, hay
voces que ponen el eje en mirar nuevamente la resistencia palestina e incluso
su afirmación de un vocabulario de la liberación más que el conocido de la
autodeterminación. Es lo que propone Samera Esmeir en esta conversación.
Samera nació en la ciudad de Haifa, la ciudad palestina que en la guerra de
1948 fue ocupada por las fuerzas sionistas, tras el fin del mandato británico
en Palestina. Su familia fue parte de quienes fueron encerrados en un barrio
pobre mientras la ciudad era tomada por completo. Estudió abogacÃa en la la
Facultad de Leyes de Haifa y en 1995 se mudó a Jerusalén Oriental para trabajar
en el Centro de Apoyo Legal Cuáquero. “Era un centro ilegal que ofrecÃa apoyo
legal gratuito a los habitantes de Jerusalén Oriental y a los palestinos de
Cisjordania. Asà empecé mi práctica como abogada”, nos cuenta. Detalla que los
casos que le tocaban eran de dos tipos: derecho de residencia y desalojos. “En
los años 90, el estado de Israel aceleró la revocación del estatus de residente
de los habitantes palestinos de Jerusalén Oriental como técnica para su
proyecto de limpieza étnica y de volver minoritaria a la población palestina:
entonces, trabajé en esos casos para impedir la revocación del estatus”. Agrega
que, por entonces Israel tenÃa planes de urbanización en Cisjordania,
proyectando grandes calles. “PodÃamos armar casos en contra de las órdenes
israelÃes de demolición que destruÃan casas en la zona. Fue asà que nos enteramos
de proyectos de desarrollo de autopistas, avenidas y calles, como parte de un
proyecto de urbanización que obstruye la circulación de lxs palestinxs y que
facilita la movilidad de los colonos”. Luego empezó a trabajar en un despacho
de abogados en Jerusalén Oriental, representando a palestinxs en la Corte
Suprema israelÃ. En el Ãnterin hizo una maestrÃa en leyes en la universidad de
Tel Aviv. Luego se fue a Nueva York a hacer un doctorado. Dice que entonces
tomó la decisión de dejar de ejercer como abogada: “Me dà cuenta de que la ruta
de la ley no era la ruta para poder liberar a Palestina”. Sin embargo, entonces
co-fundó la revista Adalah Review, vinculada a un
centro de apoyo legal en Haifa en defensa de los derechos de lxs palestinxs, o
sea de alguna manera el trabajo legal continuaba, aunque por otros medios.
Desde el 2005, se convirtió en profesora e investigadora en la Universidad de
California en Berkeley, sin dejar su activismo.
¿Qué elementos, tanto históricos como coyunturales, permiten comprender
mejor el ataque actual contra Palestina y, en particular, que el foco esté otra
vez en Gaza?
Gaza y Cisjordania fueron ocupados en 1967 por Israel y asà completó
entonces la ocupación de Palestina. El proceso de paz empezó en los años 90
pero fue interrumpido y en 2005 Israel se retiró por completo de la Franja de
Gaza, donde habÃa pocos asentamientos, de manera unilateral porque no querÃa
negociar con Palestina. Estamos hablando de un área total de la Franja de Gaza
de 41 kilómetros de largo y entre 6 y 12 kilómetros de ancho, con casi dos
millones de palestinxs, de los cuales un millón cuatrocientos mil son
refugiadxs de la guerra israelÃ. Es una población muy densa en un espacio
pequeño de tierra. Señalar la unilateralidad de la retirada es importante
porque establece la superioridad de Israel y su no voluntad de negociar con lxs
palestinxs.
En 2007, sin embargo, Israel impone un bloqueo en Gaza impidiendo cualquier
movimiento por mar, tierra y aire. Dice que el bloqueo es porque lxs palestinxs
votaron en sus elecciones por el partido islámico de Hamas: es decir, el
bloqueo es un castigo al voto. La elección de Hamas fue considerada como un
desafÃo al gobierno israelà y a su supremacÃa porque Hamas es abiertamente un
movimiento de resistencia. Podemos decir muchas cosas sobre Hamas, y hay varias
posiciones al respecto, pero la reacción de Israel y la comunidad internacional
que la respaldó, fue que imponer el bloqueo en Gaza tenÃa que ver con que Hamas
es un movimiento de resistencia armado. Entonces, por casi quince años dos
millones de personas en Gaza han estado viviendo en esa pequeña porción de
tierra bajo bloqueo. Gaza reúne asà historias de desposesión y sintetiza un
estado de pobreza de la mayorÃa.
¿Cómo se ubica el bombardeo actual entonces?
En mi análisis, el actual bombardeo contra Gaza es una performance
de supremacÃa. Una performance de que Israel puede y quiere destruir vidas
cuando sea que se decidan a resistir. El bombardeo aéreo es la principal
tecnologÃa y la práctica clave en la performance de supremacÃa. Entonces, lxs
palestinxs en Gaza respondieron enviando cohetes para atacar Israel. Estos
cohetes son caseros porque Palestina no tiene el poderÃo militar de Israel. Y
es esa la resistencia que cada vez Israel intenta aplastar. Esta
ocasión, cuando estaban intentando desalojar hogares palestinos de Jerusalén,
hubo un llamado de activistas palestinos pidiendo apoyo a Gaza, para ayudarles
con la resistencia. Gaza respondió enviando cohetes en apoyo a la gente que
luchaba contra los desalojos en Jerusalén este. Y asà es cómo este nuevo
episodio de destrucción empezó. Pero recordemos que Israel no necesita que haya
cohetes para atacar en Gaza. Solo para hablar de la última década, entre
2012 hasta 2021 Israel continuó con rutinas, estructurales o esporádicas pero
rutinas al fin, de bombardeo contra la Franja de Gaza. Recordemos que
desde el 30 de marzo 2018, el dÃa de la Tierra, hasta diciembre de 2019, Gaza
participó en la que se llamó la Gran Marcha del Retorno demandando el fin del
bloqueo y el retorno a los hogares mientras que recibÃan cientos de balas del
ejército israelÃ. La marcha pacÃfica continuó aún cuando decenas fueron
asesinados y cientos heridos. Lxs palestinxs en Gaza son asesinadxs cada vez
que muestran algún signo de resistencia. Israel no tolera esto porque aspira al
control total y a la pacificación total. No hace falta decir que esto es
imaginario porque es imposible de lograr.
¿Cómo sintetizarÃas las demandas históricas de la lucha palestina por la
autodeterminación? ¿Sigue siendo ese el vocabulario principal de los reclamos?
La ironÃa es que lxs palestinxs están siendo obligadxs a reconocer a Israel
como un Estado para el pueblo judÃo, pero eso implica reconocer la
autodeterminacion de los judÃos en su tierra mientras que, al mismo tiempo, es
su propia autodeterminación la que está negada. Ningún documento reconoce la
autodeterminacion del pueblo palestino. Dicho esto, en el momento actual de la
lucha palestina, el lenguaje no es el de la autodeterminación, incluso cuando
fue muy importante por muchas décadas, porque fue el lenguaje de los
movimientos anti coloniales de la segunda mitad del siglo veinte y porque se
convirtió en una herramienta legal contra la colonización. Y Argelia fue un
ejemplo para la organización de la liberación palestina, por ejemplo. Pero
volviendo a este momento coyuntural, no escuchamos el lenguaje de la
autodeterminación, sino otro lenguaje incluso preexistente: el lenguaje de la
liberación, de la libertad. Liberación solÃa ser el concepto principal
de la lucha palestina y ahora está de nuevo surgiendo.
¿Qué diferencias implica?
Este lenguaje está menos interesado en la cuestión de la estatalidad y más
interesado en deshacer y destruir la tecnologÃa colonial de gobierno y sus
operaciones. Liberar es descolonizar. Liberar es lograr libertad. Liberar es
deshacer la estructura de ocupación y conseguir dignidad y equidad en nuestra
tierra. Liberar es deshacer el estatus de refugiadxs y permitirles volver a su
hogar. Esta es la diferencia hoy entre el lenguaje de la liberación y el
lenguaje de la autodeterminación. Quiero repetir: la lógica de la
estatalidad puede volver a emerger y es parte de lo que introduce el liderazgo
convencional, pero la gente en las calles no canta por la autodeterminación ni
por la estatalidad después de todo lo que se intentó en relación a la promesa
de estatalidad por casi tres décadas, desde el acuerdo de Madrid en principio
de los 90. El lenguaje hoy es un revival de un concepto
anterior de liberación. Nadie está analizando esto, pero esta diferencia y este
revival es importante. TodavÃa no sabemos las consecuencias que tendrá.
Han habido muchas manifestaciones en Palestina, donde sobresale la
presencia joven. ¿PodrÃas explicarnos cómo el derecho al retorno, ese que
impulsó las marchas los últimos años, y la oposición a la solución de los “dos
estados” se expresó estos dÃas concretamente en las calles?
El derecho a regresar ha estado en el centro de la lucha palestina hace ya
varias décadas, mientras se discutÃa la opción de los dos estados. Lxs
refugiadxs palestinxs se sentÃan excluÃdxs del proyecto de solución vÃa los dos
estados y continuaron demandando el derecho a regresar. Lxs refugiadxs se han
convertido en una fuerza central de la lucha palestinx. O sea, habÃan sido
centrales ya en los años 60 y 70, pero los Acuerdos de Paz de Oslo los habÃan
marginado porque Israel no permitÃa que regresen porque eso desarticularÃa la
mayorÃa israelà en el territorio. Han habido algunas propuestas que permitirÃan
el regreso de algunos pocos a Cisjordania. En los Acuerdos de Paz, la
OLP (Organización de Liberación Palestina) dejó de lado el tema de lxs
refugiadxs para negociaciones futuras. También el tema de los asentamientos, de
Jerusalén y la cuestión del agua. Es decir: cuatro temas centrales para la vida
palestina fueron dejados de lado para que avanzaran los acuerdos de Oslo. Pero
son los temas más centrales en cierto modo. Lxs refugiadxs palestinxs han
estado imponiendo sus propias demandas en sus movilizaciones y en sus
organizaciones. Hay también un movimiento dentro de Israel, de palestinxs que
fueron desplazadxs dentro de su propia tierra, como mis padres, como yo, y hay
un movimiento de regreso dentro del territorio mismo. En mi aldea, por
ejemplo, los jóvenes y los mayores regresaron hace unos años, retomando la vida
en la aldea destruÃda. Lo hicieron durante un año hasta que Israel los expulsó,
otra vez. En las calles ves personas de todas las generaciones y el reclamo es
por nuestra existencia, por nuestras vidas, generando espacio para que regresen
lxs refugiadxs más allá de la forma polÃtica que tome Palestina. Esto es un
cambio radical muy reciente aunque recordemos que esta era la demanda de la OLP
cuando se formó en los años 60.
Manifestantes en Chile en
defensa de la resistencia Palestina (EFE)
Se habla de un cambio generacional, tanto en el liderazgo como en las
movilizaciones. ¿Cómo caracterizarÃas ese cambio?
La OLP, que en los 80 decÃamos que era la única representación polÃtica de
lxs palestinxs porque querÃamos que el resto del mundo la reconociera como
nuestro movimiento de liberación nacional, se transformó en la Autoridad
Palestina que gobierna en particular Cisjordania. Hoy está haciendo el trabajo
de ocupación en Cisjordania. No es ningún secreto, ya que está en todos los
acuerdos publicados. Ellos tienen lo que llaman la coordinación de seguridad:
esto significa que la Autoridad Palestina en Cisjordania colabora y coopera con
Israel, le entrega información sobre las personas a quienes debe detener,
liderada por una facción, Fatah, y algunos de sus aliados. La nueva generación
está harta de esa organización. Y lo que están haciendo hoy es reactivar otra
historia de lucha, una que ya no está interesada en lograr un estado, sino en
la liberación de Palestina. Pueden articular una lucha que no está limitada por
los lenguajes de la ley y la diplomacia internacional.
En ese sentido, ¿qué significó el llamado a huelga general esta semana?
La huelga general desafÃa el desmembramiento de la sociedad palestina.
Cuando las fuerzas sionistas ocuparon
Israel en 1948 inmediatamente desmembraron la sociedad palestina en tres
grupos. La mayorÃa de lxs palestinos se convirtieron en refugiadxs, en LÃbano,
Siria y Jordania. Una minorÃa permaneció dentro de Israel y se les dio
ciudadanÃa israelÃ. En 1967 Israel ocupa Cisjordania, incluyendo Jerusalén
Oriental y Gaza y les impone un gobierno militar. La historia que se dibuja es
una de fragmentación de la comunidad polÃtica en por lo menos cuatro partes:
lxs palestinxs del 48, lxs palestinxs viviendo bajo ocupación en Gaza y
Cisjordania, lxs refugiadxs palestinxs en la diáspora y en campos de
refugiados, y lxs palestinxs residentes de Jerusalén Oriental. Después de la
ocupación de la Jerusalén palestina en 1967, Israel anexó ese territorio, no se
les dió ciudadanÃa israelà a lxs residentes palestinxs de la zona ocupada para
no desestabilizar la mayorÃa y supremacÃa isrealà en el territorio, pero se les
otorgó residencia a lxs palestinxs de Jerusalén. Una residencia como la que se
le darÃa a un inmigrante que llega a un nuevo paÃs que logra obtener una visa.
O sea, es gente que queda marcada como no perteneciendo a ese territorio.
¿La huelga general funcionó como un acto de conexión de todo eso?
SÃ, porque estamos desmembrados, quebrados y rotos como sociedad, en grupos
con diferentes identidades y aspiraciones. Lo que hace la huelga
general es que consolida, agrupa, y colectiviza a lxs palestinxs. Ese es su
mayor éxito. Reúne a lxs palestinxs en su tierra. Por primera vez en muchas
décadas somos un pueblo palestino, con nuestras pluralidades, nuestras
diferencias, y emergemos como uno. Esta huelga nos da una aspiración
colectiva. La belleza de la huelga es que, cada unx desde su lugar, nos permite
participar a todxs. No miramos acciones a la distancia. La huelga, además, habla
sobre el acto de protestar, sobre las confrontaciones que ocurren de modo
cotidiano en los checkpoints. Hemos estado viendo potentes y bellas
actividades ligadas a la educación, tours dentro de los territorios palestinos
que buscan re-educarnos sobre la conexión a la tierra. El dÃa de la huelga
general hablamos de esa belleza, de la unidad, de prefigurar un futuro, de una
libertad que llegará, pero en este dÃa nuestro corazón también está roto porque
Gaza se ha convertido en el laboratorio para la destrucción, para el bombardeo
y los rituales de supremacÃa israelÃ. Es por y para Gaza que está sucediendo
esta huelga general.
¿Cómo ha sido la respuesta de la comunidad internacional? ¿Y desde Estados
Unidos en particular?
La respuesta de la comunidad internacional ha sido muda. Y nadie deberÃa de
esperar otra cosa más que EEUU defendiendo el derecho de Israel a defenderse
porque financian esta guerra. Hace sólo unas semanas EEUU le dió a Israel
cientos de millones de dólares en financiamiento militar. Lo que sà están
haciendo, que es bastante común cada vez que bombardean Gaza, es darle tiempo a
Israel para defenderse y después, gradualmente empiezan a hablar sobre la
necesidad del cese de hostilidades. Y después de dos semanas, generalmente, hay
un alto de fuego. Pero de hecho le dan a Israel dos o tres semanas para que
complete su destrucción de la resistencia en Gaza y también la destrucción de
de las posibilidades de vida y de insurgencia en contra de la ocupación israelÃ.
Ya es un ritual conocido. También sabemos que cuando Israel llega hacia
el final de su campaña intensifica sus ataques. Estos dÃas estamos siendo
testigos de una destrucción horrorosa, porque Israel sabe que tiene licencia
internacional de continuar destruyendo por unos par de dÃas más hasta
que la comunidad internacional participe en otro ritual más de negociación de
un alto del fuego.
Claro, pero las protestas en el mundo fueron rápidas y en muchÃsimos
lugares. Incluso varias conexiones entre la represión en Palestina y en
Colombia, con carteles que se viralizaron...
SÃ. Hay protestas en todo el mundo, y en el mundo árabe también, porque los
estados árabes han abandonado a lxs palestinxs, pero no lo han hecho los
pueblos árabes. Esta solidaridad es importante para que sepamos que no estamos
reducidxs a los estados a los que pertenecemos, y a su orden
internacional. Tenemos otras existencias polÃticas que importan en la
lucha contra la desposesión, contra la colonización, y contra el racismo.
Hay muchas conexiones y puntos de convergencia y obviamente diferencias con lo
que está sucediendo en Colombia. La huelga de Colombia es contra las medidas
neoliberales y la de Palestina es contra el proyecto de ocupación colonial, del
llamado colonialismo de colonos (“settler colonialism”). Pero hay convergencias
en relación a la desposesión y la violencia racista. Nos corresponde poner en
diálogo estas prácticas y procesos de desposesión y racismo para poder
cartografiar otro mapa del mundo, más allá del que está satisfecho con
representar al mundo a través de los estados nación.
¿Cuál es el rol de los colectivos feministas palestinas y el impulso de
acciones transnacionales de apoyo y solidaridad?
Palestina siempre ha tenido colectivos y luchas feministas desde el comienzo
de las luchas palestinas anti-coloniales. Yo participé en esas luchas en los 90
cuando terminaba la secundaria y empezaba la facultad. La agenda feminista ha
cambiando durante estos últimos años. En particular, ha habido un vuelco hacia
la oenegización en Cisjordania, donde el apoyo internacional
llega de la mano de talleres de capacitación. Es una agenda vÃa las ONG que
separa las luchas feministas de la lucha palestina, que convierte al feminismo
en una cuestión de igualdad de género principalmente, aunque también aborda
cuestiones de violencia doméstica contra las mujeres. Pero no tiene ningún
interés en explorar la intersección de raza, clase y género. Las feministas
palestinas, en cambio, continúan pensando que el feminismo es una lucha en
contra del proyecto de ocupación colonial, de opresión y violencia de género.
Hace dos dÃas la coalición de mujeres de Jerusalén hizo una declaración en
apoyo a la lucha Palestina en contra de la ocupación colonial, enfocándose en
cómo ha afectado de modo desproporcionado a mujeres, niñes, embarazadxs.
Pero también hemos visto cómo en el mundo occidental no se asocia a Palestina
con las luchas feministas. De hecho se da por sentado, de modo generalizado,
que no hay posible intersección o alianza entre el feminismo y la lucha
palestina. Por eso, las feministas palestinas en EEUU han insistido en
categorizar la cuestión palestina como una cuestión feminista. Hace poco un
colectivo feminista palestino en EEUU emitió una carta de amor a la gente en
palestina aclamándolos por la incansable insistencia de permanecer en sus
tierras, y describiendo esa lucha de perseverancia y potencia como una
inspiración para la lucha feminista. Esta renovada lucha feminista, que se está
dando principalmente por colectivos feministas palestinos en la diáspora,
insiste en lo que siempre ha sido fundamental para la lucha feminista palestina
previa a la ONGeización: la lucha contra todas las formas de opresión
incluyendo la opresión del proyecto racista de ocupación y opresión colonial.
En Palestina hay varios grupos feministas cuyas intervenciones se posicionan en
la intersección de problemas de violencia género, en particular femicidios por
familiares, y el modo en que la Autoridad Palestina ha encubierto a los
culpables y asesinos. O sea que la lucha feminista se posiciona en
contra de la Autoridad Palestina y de Israel. Las feministas se niegan a
separar el feminismo de las problemáticas anti-coloniales, del mismo modo en
que eso viene ocurriendo en América Latina, y en tantos otros movimientos
feministas en el mundo hoy. O sea que la lucha feminista se ha convertido en un
gran paraguas para fomentar y apoyar todo tipo de luchas en contra de la
opresión colonial, la subyugación, el racismo y la violencia de género.
Fuente: Página/12




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