"Queremos eliminar toda explotación de cuerpos y
territorios"
La
constituyente ecofeminista de ValparaÃso analiza la elección que cambió Chile
Camila Zárate es ecofeminista y
participa en las rebeliones desde la Revolución Pingüina de 2006. Resultó
electa en las elecciones de Constituyentes que cristalizaron no sólo el fin de
la Constitución pinochetista, sino también el enorme influjo de los feminismos
en la revuelta social que se inició en octubre de 2019 para cambiarlo
todo.
Por Gerhard
Dilger y Vanessa Dourado
21 de
mayo de 2021
Las elecciones para Constituyentes en Chile llevaron a la superficie el
inmenso movimiento de los feminismos, que formarán parte de la elaboración de
una nueva Carta Magna. Entre ellas, Alondra Carrillo y Elisa Giustinianovich,
de la Coordinadora Feminista 8 de marzo estarán entre les 155 convencionales,
que fueron elegides con paridad de género y 17 escaños reservados para pueblos
indÃgenas. Janis Menesses Palma y Dayana González también fueron electas para
escribir la Constitución que dejará atrás para siempre la de la dictadura de
Augusto Pinochet. Por la lista del Pueblo Distrito 7, de Valparaiso, y de la
Plataforma Feministas Constituyentes, resultó electa Camila Zárate,
especialista en Derecho Ambiental y Derecho Animal, quien ha coordinado el
Glosario Eco-constituyente de OLCA.
¿De dónde sos y por qué te presentaste para la Constituyente por
ValparaÃso?
--Yo comencé a enfocarme en la temática socioambiental en el colegio. Vengo
movilizándome desde la Revolución Pingüina en el año 2006. Fui alumna del
emblemático Liceo 7, de ValparaÃso. Fui parte del centro de alumnas y pasé a
dedicarme a la temática ambiental en términos de activismo, al tema del
reciclaje. Luego, ya en la en la Universidad de Chile, fui parte del centro de
estudiantes y de la movilización en 2011 y empecé a involucrarme en procesos en
ValparaÃso, aunque estudiaba todavÃa en Santiago. Terminé la carrera de Derecho
en la Universidad de Chile, y desde allà seguà super enfocada en la temática
ambiental. Fui delegada de la Federación de Estudiantes donde
levantamos una comisión de medio ambiente y un comité de sustentabilidad. En
2012, año en que yo hice un diplomado sobre sustentabilidad en la USACH, empieza
a formarse el MAT (Movimiento por el Agua y los Territorios), que articula a
distintas organizaciones territoriales, de estudiantes, de apoyo y feministas
que les interesaba la temática ambiental.
¿Qué hacÃan concretamente?
--Vinculamos demandas comunes y conflictos macro relacionados con la
derogación del Código de Agua, una Asamblea Constituyente o la protección de
los glaciares, los humedales, los bosques nativos. Fuimos forjando un gran movimiento donde marchamos el 22 de marzo, el
DÃa del Agua, y el 22 de abril, el DÃa de la Tierra. Después fui parte de una
organización que se llama Red por la Defensa de la Precordillera, en Santiago,
y en el 2017 formé parte también de la EcoAgrupación Estero CabriterÃa, porque
ya también me estaba quedando más a vivir en ValparaÃso. Desde allà también
formo parte como Red y soy co-vocera del MAT. Hemos levantado el MAT en
ValparaÃso. Vino la necesidad que fuéramos los movimientos sociales
quienes redactáramos la nueva constitución. En algo influyen los
conocimientos jurÃdicos que una tiene, pero sobre todo esto tiene que ver con
el movimiento social y con la importancia que los territorios se sientan
representados con sus grandes demandas. Vengo a ser más portavoz de las
demandas y reivindicaciones que a llevar mis propias propuestas. Siempre hemos
estado al servicio de los territorios y las comunidades, las asambleas, los
cabildos, los encuentros. Desde hace más de diez años hemos estado deliberando,
ahora ya estamos en una etapa que queremos que estas grandes cosas que hemos
construido puedan reflejarse en la constitución.
¿Cómo y cuándo las luchas feministas pasan a tener más espacio en el
escenario polÃtico chileno?
--No habÃa feminismo en Chile hace cinco años en términos de masas. Siempre
hubo organizaciones feministas, articuladas y trabajando, pero de alguna manera
se gana fuerza alrededor del año 2018 en el ámbito estudiantil cuando las
estudiantes se atreven a denunciar profesores en el espacio
universitario. Desde ahÃ
se empieza, sobre todo, a recalcar la labor de los cuidados. En ese momento se
forma la Coordinadora Feminista 8 de marzo, que es una coordinación de
organizaciones articuladas en función de la marcha del 8M en nuestro paÃs. Este
ha sido un espacio de encuentro, pero que también logra converger distintas
plataformas y organizaciones feministas que antes de eso no estaban trabajando
articuladas, como la articulación en función de la despenalización del aborto y
la de no más violencia contra las mujeres. Al mismo tiempo hay un espacio mucho
más grande que se llama Plataforma Feministas Constituyentes, donde también
somos compañeras.
¿Cuáles son las propuestas para pensar una nueva constitución en clave
feminista?
--En esta Plataforma Feministas Constituyentes buscamos conformar un
programa común para acabar con la penalización de la vida de las mujeres, las
niñas y las disidencias. Al mismo tiempo somos puras mujeres independientes de
partidos polÃticos. Queremos construir una agenda feminista a través de
una constitución que sea transversal y entender también que no solamente nos
interesa que estén las grandes demandas por parte del movimiento socioambiental
feminista, sino también la participación que tengamos las mujeres, las niñas y
las disidencias al momento de redactar la constitución. Hasta ahora,
las constituciones han sido redactadas antidemocráticamente y además, siempre
por varones. Este proceso paritario que estamos habitando también va a dar una
perspectiva muy distinta. Una perspectiva que esperamos que sea no solo de
género sino feminista en la construcción de una nueva sociedad. Una de
las propuestas que hemos vinculado es eliminar todas las formas de violencia
contra las mujeres, las niñas y las disidencias, lo que tiene que ver con sus
derechos sexuales - no solamente decidir sobre nuestras propias
cuerpas, si queremos o no embarazarnos, sino también cómo queremos vernos, es
decir, qué forma fÃsica queremos tener. Porque la sociedad también decide
respecto a eso. Las que nos reconocemos como ecofeministas también nos
interesan las demandas en torno al fin del extractivismo, queremos eliminar
toda la explotación de cuerpos y territorios. En el momento en que existe una
depredación territorial, quienes somos más afectadas somos las mujeres. En
las zonas de sacrificio, cuando a una comunidad se le despoja de sus economÃas
locales, donde se obliga a los varones a ser parte de las mismas empresas que
les están contaminando, finalmente ¿quiénes tienen que hacerse cargo de la
movilización, de la defensa del territorio, de los niños y niñas que han sido
intoxicados, los enfermos, incluso los mismos maridos, que terminan enfermos de
cáncer? Somos nosotras. En el campo, las temporeras que están viviendo bajo una
forma de contratación sumamente precarizada y eso tiene que ver directamente
con una agroindustria que discrimina no solamente por género, sino también de
manera netamente colonial y racista en nuestro paÃs. Y cómo no mencionar a la
minerÃa, donde no solamente se está destruyendo el territorio, también se
despoja, se contamina las cuencas de agua, se destruyen las economÃas locales.
Al mismo tiempo las mujeres cumplen un rol relacionado con la minerÃa desde la
cosificación de nuestros cuerpos y territorios. Al momento de insertarse la
minerÃa, también se genera una economÃa masculinizada, en que las mujeres
terminamos sosteniendo un rol desde el punto de vista de la prostitución en
estos espacios muy masculinizados. Esos son elementos concretos de cómo
el extractivismo, además de depredar los territorios, depreda los cuerpos sobre
todo de las niñas, mujeres y disidencias. Entonces, para nosotras las demandas
antiextractivista y por desprivatizar el agua y las semillas, para tener una
alimentación que pueda nutrir nuestros cuerpos de manera sana, tiene que ver
con una demanda profundamente feminista. Entendemos que el feminismo
no es solamente una cuestión relacionada con la temática de las mujeres, sino
más bien la perspectiva feminista transciende a todas las temáticas de la
precarización de la vida en el ámbito laboral, de la salud y en
otros espacios donde las mujeres somos protagonistas y estamos organizadas
polÃticamente para cambiar las reglas de juego.
¿Cómo funciona la colaboración en este proceso constituyente? Por ejemplo,
¿cómo trabajan ustedes con los distintos grupos indÃgenas?
--Es una pregunta tremenda porque primero hay que considerar las
diferencias polÃticas. Hay una estrategia que es generar un Estado
Plurinacional que contemple distintos pueblos-naciones; sin embargo, también
hay otra tendencia igual de válida, que es pensar no solamente desde un mirada
del Estado, sino justamente cómo generamos autonomÃa territorial desde el
control y la autodeterminación, independientemente de lo que pase o no con
el Estado. Ambas estrategias tienen que estar presentes. El proceso
constituyente no solo se construye por esta coyuntura que estamos viviendo, que
se da con la revuelta social sino es un espacio más amplio de deliberación de
territorios y comunidades, desde el año 2016 donde ya estábamos creando un
proceso de cabildos, de encuentros, o incluso antes. La verdad es que todos los
movimientos ancestrales tienen algo que decir. Tienen su propia estrategia y
están dando un proceso constituyente de por sà porque están sustituyendo lo que
habÃa y constituyendo algo nuevo. Desde este punto de vista, hemos sido bien
respetuosos de los movimientos en los territorios que plantean la perspectiva
plurinacional no solamente hacia el Estado, pensando una articulación de
polÃticas, haceres y saberes desde los distintos pueblos-naciones. Entendemos y
respetamos las distintas estrategias. En concreto, nos gustarÃa que la
constitución estableciera un reconocimiento no solamente a las autonomÃas y la
autodeterminación sino también a las distintas formas de hacer economÃa, hacer
polÃtica y hacer incluso sus propias estructuras jurÃdicas por parte de las
comunidades ancestrales. En Chile hay una deuda histórica que no solo
tiene que ver con una represión brutal de un paÃs donde constantemente los
gobiernos han declarado guerra a los pueblos-naciones ancestrales, sino también
una deuda vinculada con el despojo territorial del agua y de la tierra. Tiene
que haber una forma de reparación que incluya la indemnización que se le debe
por parte al Estado a los pueblos ancestrales. No basta un reconocimiento de
papel en la constitución: se debe poner en la práctica una autodeterminación
real y una plurinacionalidad.
¿Hay feministas en los pueblos originarios, en los movimientos originarios
ancestrales?
--Se están construyendo procesos que no son fáciles. Para cierta tendencia
dentro de los pueblos ancestrales, está la idea que el feminismo es una
práctica colonial que se viene a imponer a las comunidades. Por eso también la
reivindicación de otras formas de feminismos también es interesante: no
es lo mismo un feminismo posmoderno que un feminismo de los pueblos y de los
territorios. Entonces también hay elaboraciones donde la misma
comunidad es quien genera ese proceso de construcción feminista, pero desde sus
propias prácticas y saberes y no como las otras chilenas lo estamos habitando.
Pero con esto hay que ser justas y justos, sabemos también que hay todavÃa
prácticas patriarcales en los pueblos ancestrales. Hay noticias que nos
impactaron desde Rapa Nui, donde se legitimaba la posibilidad de violar a
mujeres, es justo decir que la lucha feminista allà es un proceso de
construcción. Eso lo digo incluso siendo animalista, entiendo que hay procesos
que se dan de forma lenta en cada lugar, que se están habitando desde
diferentes espacios en las comunidades. Por supuesto entran en juego tensiones,
no son fáciles, no esperamos que lo sean tampoco.
¿Estos procesos de diálogos entre feministas y pueblos originarios se dan
en pie de igualdad? ¿Dificulta la carga académica un lenguaje común?
--Por esto la importancia de respetar los procesos. Si desde la academia se
intenta buscar un “cómo debiera ser un feminismo para los pueblos ancestrales y
las comunidades” termina siendo una imposición igual. No hay una
igualdad entre lo que podemos saber de feminismo desde la academia, o a través
de los conocimientos a nivel mundial, frente al feminismo que se puede dar en
las comunidades o territorios organizados; por eso siempre hay que tener
ojo con esto, porque no hay una situación de igualdad frente a estos procesos
de conocimiento. Son procesos más largos.
¿Cuál es la diferencia entre los movimientos socioambientales y feministas
frente a las fuerzas feministas y ecologistas en los partidos tradicionales?
--Hay muchas. La primera diferencia sustancial es que lo que sucede hoy es
una crisis polÃtica e institucional y en esta crisis todos los partidos están
involucrados, casi sin excepción. Solo podrÃamos excluir a los partidos que se
quedaron afuera del llamado acuerdo de paz de noviembre 2019 - un acuerdo que fue
firmado en cuatro paredes para ponerle fin a la revuelta social y calmar lo que
estaba sucediendo en Chile, este despertar. La gente ya no se siente
representada por los partidos polÃticos, ya los ve como un espacio de poder
donde el ciudadano común, que no milita en nada, no se siente parte. Hoy la
ciudadanÃa no siente que puede tomar decisiones, ya que la democracia está
totalmente restringida. Tampoco hay iniciativas populares de ley:
nosotras podrÃamos iniciar un proyecto precioso desde los cabildos que
lideraran la campaña contra las Administradoras de Fondos de Pensiones de Chile
(AFP), y eso quedó como letra muerta porque no tiene cabida. Asà como tampoco
hay un instrumento institucional que haga que esto llegue a buen puerto. Por
ello hay un descontento total de la ciudadanÃa: porque no existe la cabida y
tampoco viene la solución en la discusión, porque la clase polÃtica no
solo se protege a sà misma sino que, además, protege al empresariado - un actor
que genera pobreza, pero que siempre va a tener el respaldo de los partidos
polÃticos de nuestro paÃs. Dijimos que no vamos a ser parte de eso, y
nos vamos a proyectar como siempre lo hemos hecho: desde los movimientos
sociales con autonomÃa y en paralelo con lo que pase con los partidos
polÃticos.
Fuente: Página/12

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