Neoliberales y
libertarios
Las dos derechas ideológicas
Por Roberto Follari
23 de abril de 2021
Que estén yendo juntas a algunos
comicios en España, o que se abigarren en un mismo partido de derechas en
Argentina, no autoriza a afirmar que “son iguales”: la derecha liberal
y la de los autodenominados “libertarios” no son la misma cosa. Tienen
diferentes tradiciones y referentes, y ciertamente la primera es muy conocida,
mientras la segunda se está instalando a nivel mundial sólo en la última
década, y en Argentina hace apenas un par de años.
En un reciente programa de la TV
Pública, se reporteó a una mexicana miembro de la Fundación Libertad (que ha
hecho varios congresos en Argentina, a los que vinieron figuras como Vargas
Llosa), y ella se encargó de dejarlo muy claro: entendió a los pretendidos
libertarios como “infiltrados”. En lo que destaca el supuesto de que estos
últimos son recién llegados a un campo que los liberales ya creÃan
haber ocupado, y –además– el de que se apropian de banderas que son de los
liberales, como es el libre mercado.
Las dos tendencias son partidarias de
la economÃa privatista, suponen que el Estado no es el que garantiza un
mÃnimo de equilibrio en la apropiación egoÃsta, sino el que impide las
supuestas propensiones “naturales” del mercado hacia la eficacia y la justicia,
en el sentido de que obtiene más quien más merece (¿?). Pero como ésta ha sido
la postura de los neoliberales, que aparezca ahora una ideologÃa diferente
levantando la misma bandera, les suena a los primeros a robo y captura
ilegÃtima.
A la primera derecha, ya la
conocemos: es la de ajuste y privatización, la de los gurús de la economÃa, la
que se impuso en los años 90 con la globalización. Desde el imaginario “Consenso de
Washington” subordinaron las economÃas nacionales al flujo internacionalizado y
ciego del capital, derrumbaron las barreras que los Estados nacionales ponÃan a
la expansión permanente de la ganancia, y plantearon la democracia formal como
espacio de representación.
Esa democracia “pareció suficiente”
luego de los terribles perÃodos de dictaduras e inestabilidad en Latinoamérica.
Pero que los partidos tradicionales ya no significaran nada –todos hacÃan lo
mismo desde los años 90– vació a la polÃtica de significado, dejó todo en manos
de las elites y los expertos, y deshizo las identidades partidarias junto con
las creencias adosadas, llevando a una severa crisis de representación.
De allà surgieron los gobiernos
nacional/populares latinoamericanos de comienzos del siglo XXI, que
sacudieron fuertemente la modorra neoliberal, al punto que desde Washington se
dedicaron a formatear como reacción una nueva forma de golpe de Estado
institucional, tal el “lawfare” o golpe mediático-judicial aplicado en Ecuador,
Brasil, Bolivia y la Argentina, además de ensayado de modos diversos en
Venezuela.
Esta derecha de nuevo cuño es
respuesta a esa realidad de los gobiernos nacional/populares, se opone a ellos férreamente. Pero
a los gobiernos neoliberales también, porque si bien estos tienen los mismos
adversarios (la izquierda y lo popular), los “libertarios” emergen ante
el vacÃo de credibilidad de las elites polÃticas surgidas de la globalización.
Una apelación a lo plebeyo y lo
“antisistema” de los llamados libertarios, los enfrenta a las polÃticas
de derechos humanos y de género, asà como ahora lo ha hecho a las polÃticas de
cuidado en pandemia. En nombre de una libertad propia de un individualismo
cerrado y solipsista, logran recuperar la tensión y la identidad adosándose a
banderas argentinas, y ya no a las esvásticas que algunos de ellos –recordar a
Biondini– supieron exhibir. Con el llamado al rechazo del sistema polÃtico
aparecen como rebeldes, tal cual ha enfatizado Stefanoni. Y con la apelación a
la libertad, aparecen blandiendo un principio valioso para todos.
Son autoritarios sin Estado, como
bien ha dicho Leando Santoro: resultan casi un misterio teológico.
Claro que apuestan a tomar el Estado con estilo Trump o Bolsonaro.
Pero hay que evitar la ingenuidad de creer que sólo éstos son brutales: hay que
estudiar bien las dos tendencias, pues –por ejemplo– el expansivismo atlántico
es más propio de los globalizadores que de los liber/autoritarios: Biden lanzó
bombas en Siria, donde Trump habÃa dejado de hacerlo.
Igual, cuidado con el neoautoritarismo
disfrazado, propio de la nueva derecha: la primera derecha sigue siendo
nefasta, ésta no lo es menos y llega mucho a “los de abajo”. Habrá que
desenmascararlos, mostrar sus odios totales a los migrantes, a las polÃticas de
género, a la defensa de los derechos humanos. Y dejar claro que, si de
libertarios se trata, se deberÃa honrar el nombre: nunca los vimos los 24 de
marzo, ni en contra de la dictadura. Y los que amamos la libertad, queremos la
de tener una vivienda, la de consumir, la de viajar, ésas que sólo se logran si
el Estado se encarga de redistribuir la renta social general. Contra lo que
peroraba Friedman, libre mercado y libertad se llevan muy mal: para
el libre mercado se perpetraron los crÃmenes dictatoriales, tanto de Pinochet
como de Videla.-
Fuente: Página/12

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