Voces y cuerpos de la resistencia colombiana
La
organización feminista y el pueblo tomó las calles
El 28 de abril, organizaciones
sociales, indÃgenas, campesinas y afrodescendientes de Colombia convocaron a un
paro en contra de la reforma tributaria que pretendÃa llevar a cabo el
gobierno. Las protestas se convirtieron en movilizaciones masivas que continúan,
a pesar de la feroz represión policial y militar ordenada por el gobierno
uribista de Duque, y que ya han conseguido que el presidente dé un paso atrás
en la aprobación de la reforma. Las y los jóvenes son parte activa de la
confrontación, que han tomado los centros fundamentales de la resistencia. Pero
no están solos ni solas. Las mujeres marchan a su lado, en defensa de la vida.
Hasta Cali ha llegado también la Guardia IndÃgena, guerreras/os del pueblo,
para cuidar el territorio de la paz y de la justicia.
14 de mayo de 2021
·
. Imagen: Enrique Ramirez
“En los doce dÃas que han transcurrido entre el 28 de abril y el 9 de mayo,
al menos 20 departamentos de los 32 que conforman el territorio nacional han
estado con acciones de bloqueo, plantones, movilizaciones y ollas comunitarias.
Algunos bloqueos han sido transitorios, otros han sido permanentes como pasa en
la región del Norte del Cauca y el Sur del Valle, la región que conecta el
epicentro de toda la acción que sigue inspirando el paro nacional" explica
SofÃa Garzón, del Proceso de Comunidades Negras, a Las12. Compañeras
feministas de diferentes movimientos, son voceras de estas acciones. Sigue
SofÃa: "Cali es la segunda ciudad con mayor población afrodescendiente que
hay en Latinoamérica. Quisiera contarles que Siloé y el distrito de Aguablanca,
Puerto Resistencia, son áreas que se han construido a partir de la expulsión de
gente negra de las tierras del sur del Valle y el Norte del Cauca, actualmente
llenas de monocultivo de caña. Ustedes no habrán olvidado el episodio que
ocurrió con la masacre de cinco jóvenes en Llano Verde, Cali, hace poco. Lo
que está pasando ahora es el hartazgo, por el asesinato de lÃderes sociales,
por la declaración de la legalidad de la aspersión con glifosato, porque cuando
debió haber solidaridad por parte del Estado colombiano para garantizar que las
familias no estuviéramos en situaciones de precarización no se consiguió. No
se consiguió para nosotras programas especiales como Agro Ingreso Seguro,
programa de transferencia monetaria ideado para que las familias no pasáramos
hambre. Al contrario, se encontraron varios equÃvocos en su entrega, como que
primero se lo entregaron a familias que estaban vinculadas con la fuerza
pública. A nosotras nos quedó la redistribución y a eso nos dedicamos, al
trueque y a hacer radio. Esas mujeres que no hemos dejado de estar en
movilizaciones, simplemente nos sumamos al paro, porque ya venÃamos de una
jornada de protesta por los asesinatos que se concentran en el suroriente
colombiano y en áreas como el Catatumbo, Urabá y Arauca. El paÃs ya estaba
levantado en algunos puntos, y lo que hace esta situación es reforzar y ampliar,
darle más caña a una situación que era insostenible. Ya no solamente
somos las comunidades rurales las que estamos levantadas. Esta movilización que
hubo a finales de noviembre del 2019 se junta, se amplÃa, potencia y articula,
como está pasando en este momento con el movimiento estudiantil, la guardia
indÃgena, la guardia cimarrona, y la guardia campesina”.
Las voces son diferentes y también las miradas, pero todas nacen y viven en
la Resistencia. Olga MarÃn es una de las representantes del feminismo
insurgente en el partido Comunes, la fuerza alternativa revolucionaria del
común (FARC), y una de las firmantes de los acuerdos de paz, que el gobierno de
Duque está dinamitando con sus polÃticas de muerte. Nos decÃa: “En Colombia, a
diferencia del resto de paÃses de América Latina a comienzos del siglo XX,
triunfó el conservatismo, mientras en otros paÃses triunfaron los liberales.
Con una caracterÃstica de la burguesÃa colombiana, que es que siempre ha
gobernado con el terror y ha utilizado el asesinato tanto colectivo como
selectivo como una forma de hacer polÃtica. En este siglo XX y este
periodo del siglo XXI, en Colombia se ha utilizado la guerra como como forma de
gobernar. Eso habÃa enmascarado el desarrollo de la corrupción y de las mafias
metidas en todas las esferas económicas sociales y polÃticas del paÃs. Con
la firma del Acuerdo de Paz sobresale el problema de la corrupción. El gobierno
de Uribe Vélez creó las condiciones para aumentar esa corrupción. Se firmó el
acuerdo con Santos, pero él no generó las bases para que se implementara el
Acuerdo de Paz. Gana luego la ultraderecha con Iván Duque, un tÃtere de Uribe,
y empiezan a hacer trizas el Acuerdo. Han utilizado la herramienta de la
estigmatización y del engaño para confundir a la población, identificando las
protestas con el accionar de la guerrilla. Eso como estrategia que tampoco les
ha servido, porque las condiciones que vienen de atrás y que han sido
profundizadas por la pandemia, han llevado a que una buena parte de la
población ya esté harta, y este paro lo ha demostrado.”
Gloria Cuartas es defensora de derechos humanos. Fue alcaldesa en San José
de Apartadó, en un tiempo muy duro para las comunidades afectadas por crÃmenes
de Estado. Ella reflexiona: “El proceso que se vive en Colombia, si bien hace
parte del paro nacional, muestra varios aspectos muy importantes. Son
dinámicas urbanas que no son espontáneas, que están mostrando una compleja
realidad, que el Covid contribuyó a hacer visible en el sistema de salud, de
educación, de alimentos, en las polÃticas de viviendas. Se fue haciendo visible
cada vez más la desigualdad y la inequidad. Especialmente lo que ha significado
la privatización de la salud. La medicina preventiva desaparece,
colapsa, y las campañas se reducen especialmente a los plantones, a dejar en
paro, que algunos lo han llamado paro de quiebre, para mitigar
y prolongar la llegada de pacientes a los UCI (Unidades de Cuidados
Intensivos). No se desarrolló un plan en este año y medio para fortalecer estos
caminos. El gobierno aprovechó la pandemia para profundizar polÃticas que
fueron concentrando mayores poderes al Presidente la República, recursos a las
empresas, a los bancos y endeudamiento externo. Se han generado muchos
endeudamientos también de las personas. Esto fue más visible con la Reforma
Tributaria, que toca los intereses de los sectores más empobrecidos,
demostrando que a lo poco que la gente tiene, se le iba a cobrar mayores
recargas fiscales. Mientras hay 14 billones para los bancos de ganancias en el
tiempo de la pandemia, la gente acude a unos endeudamientos que se van
volviendo situaciones muy, muy precarias, especialmente para los hogares con
menos condiciones. La situación de la mujer ha sufrido un especial
impacto. Las violencias contra las mujeres, los feminicidios. Las primeras
personas despedidas de los puestos de trabajo son mujeres. A ellas se les
duplicaron los trabajos en casa, la atención a pacientes con situaciones
especiales por discapacidad o por enfermedades, la atención a adultos mayores,
porque las cuidadoras de las que pueden pagar no podÃan desplazarse hasta sus
hogares por lo que llamaron prevención. Una situación similar se
produce con toda la red educativa, cuando se demuestra que ante las polÃticas
de conectividad del Estado las comunidades no logran tener acceso. En los
lugares rurales que durante los 50 años han vivido los impactos del conflicto,
es donde con mayor dificultad se ven estas realidades”.
Los oficios de las mujeres se
triplicaron, y la violencia machista también se intensificó.
“Ser lÃder social no es delito”
Durante estos años de “Acuerdos de Paz”, desde los cÃrculos del poder han
venido exterminando de manera sistemática, o judicializando y criminalizando a
las y los lÃderes sociales. Una de las mujeres permanentemente hostigada es
Marylen Serna, lideresa del Movimiento Campesino de Cajibio, del Coordinador
Nacional Agrario (CNA) y portavoz nacional de Congreso de los Pueblos. Ella
relata: “El paro se mantiene, se ha fortalecido muchÃsimo. Todas las vÃas en
las carreteras de acceso a las ciudades están cerradas. En Cali, donde es muy
fuerte la movilización, donde la juventud ha salido a las calles a protestar,
ha habido una altÃsima represión policial que ya se ha ido desfigurando hacia
un ataque de civiles de vehÃculos muy lujosos acompañados por la policÃa.
En varias oportunidades se ha constatado que esos “civiles” son personas de la
PolicÃa Nacional que no tienen uniforme, no tienen ninguna identificación. Se
sufrieron varios ataques en Cali: la guardia indÃgena que iba entrando a la
ciudad, fueron atacados con armas de fuego de personas de un barrio muy lujoso
donde viven empresarios del Valle del Cauca, que fueron resguardados por la
PolicÃa Nacional y con sobrevuelos de helicópteros de la PolicÃa Nacional.
Resultaron ocho indÃgenas heridos, varios hombres y mujeres. En la noche se
estaba realizando una asamblea popular en la Universidad del Valle -el sitio
donde pernoctan varios de los grupos campesinos, indÃgenas y afros que están
movilizados-, y fueron rodeados por la policÃa, por el ESMAD, con sobrevuelo de
helicópteros. Se dio un momento muy duro, muy tenso, y fueron atacados. Hay
también un ataque muy fuerte a los defensores y defensoras de Derechos Humanos,
atacados a balas, con armas de fuego de largo alcance”.
Las mujeres en la primera lÃnea
Las mujeres campesinas, indÃgenas, negras, como madres, como hermanas, como
jóvenes, como defensoras de derechos humanos, están en la primera lÃnea de la
rebelión. Por eso han sido especialmente atacadas, siendo denunciados al menos
diez casos de violencia sexual.
Olga LucÃa Quintero Sierra, campesina, dirigente de las comunidades del
Catatumbo en la defensa de los territorios, una de las voceras de Marcha
Patriótica afirma con contundencia en el diálogo: “¿Cómo ha sido la
participación de las mujeres? Muy activa. Estamos en aras de ayudar a tender
puentes, pero también con una posición muy fuerte por la defensa de la vida, de
los Derechos Humanos. Es muy grave que se siga atentando contra la democracia
del paÃs, y que se le atribuyan al paro situaciones que vienen siendo
estructurales. El hambre, la escasez, la falta de garantÃas no es efecto
del paro, es consecuencia de la ausencia de polÃticas públicas que garanticen
la dignidad y la integralidad del pueblo colombiano, sobre todo de esas
mayorÃas olvidadas o excluidas por parte del Estado. La gente está pidiendo no
sólo abajo la reforma tributaria, la reforma laboral, previsional; sino también
decir No a la fumigación con glifosato, No a la erradicación manual forzada que
es uno de los problemas con mayor crisis en este momento; y SÃ a la
implementación del punto 4 del acuerdo final de paz. El gobierno de Iván Duque
sólo ha implementado un 4 por ciento de la totalidad del acuerdo final de paz.
Esto evidencia la falta de voluntad polÃtica por parte de este gobierno en
avanzar en la construcción de paz y eso trae los efectos que son los tambores
de la guerra, que le ha costado la vida ya a 1100 lÃderes y lideresas sociales
a lo largo y ancho del paÃs y a 271 firmantes del acuerdo de paz”.

El pueblo está diciendo: No a
la fumigación con glifosato, No a la erradicación manual forzada. Fotos:
Enrique Ramirez.
Norma Bermúdez, de la Escuela de TravesÃas PolÃticas dice: “Las mujeres
hemos tenido situaciones complejas. Ha habido denuncias de mujeres que han sido
violadas por el ESMAD, que han sido abusadas, golpeadas, perseguidas. Estamos
muy adoloridas, porque es una generación que sale con sus carteles a decir lo
que les estamos dejando: un paÃs, un planeta devastado y solamente les quedan
deudas y nada más que perder. La juventud está volcada a la calle, gritando que
hay 7 millones y medio más de pobres desde el año pasado debido a la tal
pandemia y a las medidas para enfrentar la pandemia. Ya no hay vuelta
atrás, la gente está volcada a la calle, la gente está resuelta a pelear su dignidad,
a pelear los escasos derechos que tenemos, y que también vienen por ellos”.
SofÃa Garzón agrega: “QuerÃa compartir con ustedes que sÃ, que tenemos
mucho dolor, pero estamos aprendiendo que el dolor y el miedo han sido por
mucho tiempo instrumentos que nos inmovilizan. No estamos dispuestas a seguir
inmovilizándonos. Ésa tal vez es la gran lección que nos dejó la movilización
de Madres del PacÃfico. Básicamente la consigna de las compañeras era: “yo soy
madre y parà hijos, y antes de que se decidiera o se les impusiera la fuerza
pública, antes de que se siguiera por otros caminos, somos madres y tenemos el
derecho y la potestad de decidir hacia dónde deben orientarse los caminos de
esta movilización. Acá en el Norte del Cauca están tomadas las instalaciones de
Celsia, que es lo que quedó de un consorcio que se llamaba EPSA, que construyó
La Represa de Salvajina, uno de los principales megaproyectos que expulsó gente
del Norte del Cauca. Ahora son familiares, hijas e hijos de los que fueron
desplazados por la construcción de La Represa Salvajina quienes estamos en el
Distrito de Aguablanca y en Siloé resistiendo. Hay puntos de bloqueo y ollas
comunitarias en Caloto, Guachené, Villa Rica, municipios del Norte del Cauca, y
nos estamos declarando en asambleas permanentes en Santander de Quilichao.
Empieza a ser una práctica en común de algunos sectores de Bogotá, inspiradas
por la experiencia peruana y por la experiencia chilena.”
¿Diálogo? ¿Quiénes y cómo?
El gobierno colombiano está realizando llamados al diálogo a distintos
sectores, lo que genera debates sobre la oportunidad, la representación y las
condiciones para el mismo. Marylen Serna señala: “Hoy el gobierno ha llamado
al Comité Nacional de Paro, como el espacio de donde salió la iniciativa de la
movilización del 28 de abril. Surgen unas discusiones muy importantes: una es
que el Comité Nacional de Paro no representa a la globalidad de la gente que
está en la movilización. Por otro lado se está diciendo que ese Comité no puede
negociar con el gobierno nacional cuando en las calles se está asesinando a la
gente”.
La rebeldÃa, la resistencia continúa. Los debates sobre su proyección
también. Pero lo que es seguro es que las mujeres, los y las jóvenes,
el pueblo colombiano, siguen escribiendo historia, memoria, con coraje y con
experiencia aprendidas en años de lucha constante. El SOS que lanzan a
la comunidad internacional, para multiplicar la denuncia y acuerparlos,
requiere una respuesta contundente. Por eso desde los feminismos, y desde los
distintos movimientos populares en el mundo, reforzamos la solidaridad
plurinacional, internacionalista, como el oxÃgeno necesario para que la llama
siga ardiendo.
Fuente: Página/12


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