El tren fantasma del periodismo
06 de junio de 2021
Actualizado
hace 22 hs
Cada 7 de junio vamos a tener colegas para aplaudir y admirar por su gran
trabajo, nuevos emprendimientos periodÃsticos y razones para conciliarnos con
nuestra profesión.
Pero las cosas no están bien para el periodismo y los periodistas. Y lo
describo con un ejemplo: en los años ´90 irrumpió en las redacciones de los
grandes diarios el auge de los manuales de estilo. Bajo una fuerte influencia
de los principales diarios de Estados Unidos y de Europa, entre nosotros ClarÃn,
La Nación y otros medios se volcaron a producir sus manuales de estilo
y hablar de “excelencia” para mostrar el buen hacer de la profesión, y
sistematizar normas y premisas del trabajo profesional.
Treinta años más tarde, esos manuales están sepultados en ClarÃn,
La Nación y los grandes medios por un periodismo de guerra que
despliega un arsenal nefasto compuesto de fake news y todo
tipo de operaciones en las cuales la verdad se va por la canaleta del
periodismo basura.
De la excelencia al periodismo de guerra.
Hace mucho tiempo un conocido periodista decÃa en una redacción “No
permitas que la verdad te arruine una buena nota”. Hoy parece la biblia de
cierto periodismo muy masivo. Se titula con mucho impacto y en la mayorÃa de
los casos con acusaciones que no tienen sustento. Más de una vez el texto no
sostiene lo que afirma el tÃtulo, y, cuando lo sostiene, a las horas los
acusados demuestran que era falso, pero no pasa nada. No hay sanción alguna
para el periodista y el medio mentiroso.
Se pierde el trabajo por la torpeza de enviar un móvil al domicilio de un
personaje público que hace un culto de la calumnia, pero no por acusar
falsamente desde un gran medio.
¿Y por qué la mentira difamante no tiene costo? Porque no sólo se
transformó la práctica de ese periodismo sino que cambió la actitud de una
buena parte del público, que ya no se interesa tanto en saber qué sucedió
realmente sino en que le confirmen sus prejuicios. Si cree, porque rechaza el
populismo y porque se lo dijeron el macrismo, los grandes medios y Comodoro Py,
que Cristina Fernandez es ladrona, enterarse de que las acusaciones contra ella
son falsas es como si le arrebatasen el derecho a indignarse, y, por lo tanto,
no se interesará en las desmentidas ni va a dejar por eso de leer ClarÃn o
escuchar Radio Mitre.
Los medios abastecen de combustible a sus creencias y prejuicios.
Frecuentemente me cruzo con personas que consumen ClarÃn; La
Nación, Perfil o América TV que niegan la manipulación mediática y
dicen: “A mi nadie me dice cómo debo pensar, ni ClarÃn ni Radio Mitre. Yo
soy independiente”.
Y esa mÃsma frase, repetida por muchos creyentes en los grandes medios,
indica varias cosas: primero, lo silencioso que es el proceso de colonización
mental que el colonizado no lo advierte. Le fijan no sólo en qué pensar sino
cómo pensar. Segundo, en muchos casos revela una fe antiperonista que necesita
diferenciarse de las que considera las masas ciegas del populismo. Ella piensa
con libertad. Y tercero, es una afirmación individualista que desconoce que la
manipulación actúa sobre todos.
Entonces, el periodismo de guerra se ejerce con un público ávido por
consumirlo.
¿La irrupción de las redes sociales cambió esta realidad? El especialista
en medios Ignacio Ramonet señala que la explosión de las redes sociales ha
provocado una democratización de la comunicación. De hecho, se multiplicaron
los emisores -por ejemplo, todos lo somos en Twitter, Facebook o Instagram-.
Pero advierte que eso no garantiza la autonomÃa intelectual y cultural de la
población. Sobre todo en un contexto en que las redes terminan dominadas por
los grandes medios y, a su vez, las grandes plataformas, como Google, Yahoo o
Facebook no están concentradas a nivel nacional sino del planeta.
Para darse una idea del alcance, se sabe que Google concentra el 80% de las
búsquedas en red de los Estados Unidos. Y Google ya no es sólo un sustantivo
propio. Es un verbo: buscar es googlear.
Cuando ustedes googlean cualquier tema, notarán que
frecuentemente los primeros 20 o 30 sitios pertenecen a los grandes medios. De
modo que quien quiera profundizar en alguna información sólo accede a la
versión de los grandes medios, que es bien homogénea de acuerdo a sus
intereses, y únicamente una minorÃa muy informada sigue buscando hasta
encontrar otros puntos de vista.
Cuando hace unos 20 años trabajé en mi libro “Noticias del poder” entrevistando
muchos periodistas Julio Blanck, quien hasta su muerte hace unos años fue un
cuadro de la redacción de ClarÃn, me dijo que la verdad es algo que
no está al alcance de los periodistas, que no podemos como los jueces allanar o
como los policÃas reunir pruebas; sólo podemos aproximarnos lo mejor posible a
los hechos. No es casual que muchos años después Julio Blanck reconociera
que ClarÃn practica un periodismo de guerra. Y, aunque lo
planteó como asumiendo algo criticable, en el fondo podrÃa haber explicado que
cuando nos libramos de la carga de buscar la verdad, todo vale.
Es difÃcil ver la luz al final de este tren fantasma, aunque, como digo,
hay numerosas experiencias de otro periodismo menos masivo pero más aferrado a
una ética de la responsabilidad y a una práctica que ayuda a abrir los ojos
frente a esta realidad tan compleja.
Son los que nos permiten volver a brindar por un ¡Feliz DÃa del
Periodista!.
Fuente: Página/12

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