La vieja
Guerra del Paraná y la SoberanÃa
24 de mayo de 2021
PodrÃa afirmarse que la inmensa mayorÃa del pueblo argentino ignora que el
rÃo Paraná fue escenario de intensas disputas desde los tiempos en que éramos
colonia española. Y como es una historia que nos interpela en el presente
--porque es la historia misma de la soberanÃa nacional-- valga este repaso de
una gesta que, en sÃ, está llena de episodios que hoy casi no se recuerdan, ni
siquiera como efemérides escolares, y que sin embargo son antecedentes
imprescindibles de la batalla polÃtica que hoy se está librando.
Y lo primero y más curioso a señalar es que la historia de la resistencia
criolla en defensa del Paraná es mucho más heroica y constante que lo
que la historiografÃa contemporánea reconoce. Basta señalar, como ejemplo,
el dato asombroso de que hoy se honra la primera gran resistencia armada, que
fue el 20 de noviembre de 1845 en la Vuelta de Obligado, fecha consagrada
como DÃa de la SoberanÃa Nacional, cuando, en realidad, fue una derrota. Y
en cambio se ignora la historia completa, victoriosa, que hoy tiene una enorme
importancia.
Sin dudas la batalla en la Vuelta de Obligado fue heroica, y original con
el tendido de cadenas atravesando el rÃo, pero la verdad es que la flota anglo-francesa
enviada para doblegar a la naciente Confederación Argentina logró su
objetivo y consiguió pasar, cañoneados y cascoteados, pero no derrotados. Y
lo más curioso es que con posterioridad se glorificó esa derrota a la
vez que prácticamente se echaron al olvido las dos batallas posteriores, sobre
el mismo rÃo y aguas arriba, donde esa misma flota invasora fue, allà sÃ,
verdaderamente derrotada.
La decisiva victoria sobre los invasores franco-británicos se verificó
meses después de Obligado, en dos gestas heroicas que no merecen olvido.
La primera fue el 16 de enero de 1846 y se la recuerda como Segundo Combate
de San Lorenzo, 33 años después del primero: el bautismo de fuego de los
célebres Granaderos del General San MartÃn.
Según la verdadera pero poco conocida Historia de la Guerra del Paraná
--que es como se llama a los sucesivos y hasta hoy persistentes empeños
extranjeros por internacionalizar nuestro principal rÃo interior-- fue en
esa batalla donde se venció por primera vez a las potencias extranjeras
empeñadas en forzar la libre circulación fluvial regulada por intereses
comerciales que, desde que éramos colonia española, conocÃan y
ambicionaban controlar la extraordinaria importancia estratégica del Paraná.
La escuadra franco-británica que después de Obligado siguió su marcha rÃo
arriba estaba formada por modernÃsimos vapores blindados como el Gordon y el
Harpy, con torretas giratorias y cohetes especiales, la corbeta Expeditive, los
bergantines Dolphin y King, y dos goletas artilladas totalizando unos 40
cañones que protegÃan al impresionante convoy de 52 buques mercantes que se
pretendÃa que "abrieran el comercio libre" sin condiciones ni
impuestos.
Fueron recibidos a cañonazos desde ambas costas y en pocas horas esa flota
debió huir bastante maltrecha. Tanto
fue asà que el contralmirante británico Samuel Inglefield, en su posterior
informe a Londres, dejó asentado que sólo uno de sus buques no habÃa recibido fuego
de los defensores.
Y la segunda victoria, más relevante y definitiva, se produjo el 4 de junio
de ese mismo 1846, en la también poco recordada Batalla de Punta Quebracho, donde las fuerzas de la Confederación Argentina al mando del general Lucio
Norberto Mansilla (1792-1871) vencieron a la todavÃa poderosa escuadra que
ahora regresaba desde la provincia de Corrientes con la misma pretensión de
bloquear el acceso al rÃo y a todos sus puertos.
Fue la contundente victoria en esta batalla la que marcó el final de la
expedición colonialista anglo-francesa, que acabó formal y militarmente un mes después, en julio de ese
impactante 1846, cuando el ministro plenipotenciario de ambas potencias, Samuel
Hood, tuvo que solicitarle a Juan Manuel de Rosas "el retiro más honorable
posible de la intervención naval conjunta".
Asà acabó el bloqueo al rÃo y los puertos argentinos, se recuperó la Isla
MartÃn GarcÃa, y se reconoció internacionalmente la soberanÃa de la
República Argentina sobre la navegación de sus rÃos interiores.
No es dato menor recordar que el 4 de junio de 1939, al cumplirse 93 años
de esa memorable batalla, se colocó en el lugar una cruz de quebracho. Que años
después, cuando la multinacional Cargill compró ese predio para instalar uno de
sus puertos privados, donde todavÃa están, esa cruz fue llevada a dos
kilómetros de distancia. En 1983 se reconoció al nuevo lugar como
"sitio histórico" sustituto y en 1999 una ley del Congreso lo declaró
Lugar Histórico Nacional. RidÃculos gestos cipayos de sumisión.
Este recuento histórico --que tantos compatriotas desconocen-- acaso sirva
para explicarle a escépticos, distraÃdos y avivados que en esta
cuestión nacional que hasta hace seis meses "no existÃa", ahora
hay una saludable y maciza alerta pública de millares y acaso millones de
compatriotas que no quieren entregar soberanÃa, ni sobre el Paraná ni sobre
Malvinas ni sobre el riquÃsimo repertorio de bienes naturales que la Argentina
tiene.
En los dos meses y dÃas que faltan para que se cumpla el plazo extendido
para acabar con la infame privatización (dizque "concesión") del rÃo
Paraná, es de esperar que la resolución sea patriótica y no pragmática. Y que
todo sea limpio, pacÃfico y democrático para que recuperemos todo lo que hemos
perdido: no sólo el dragado y balizamiento y las Direcciones de Puertos y de
VÃas Navegables, sino también el trabajo a pleno de los casi 20 astilleros que
aún sobreviven desde la gran industria naviera que nuestro paÃs supo tener. Y
sobre todo importan: la recuperación de los puertos hoy extranjerizados; la
certeza de los volúmenes transportados mediante pesajes estrictos y a cargo del
Estado (en lugar de "declaraciones juradas" incomprobables); el pago
de impuestos nacionales y provinciales; el control sanitario de lo que se dice
que se exporta e importa; el firme control del contrabando y otros tráficos
ilegales que solamente el Estado puede y debe controlar; asà como el cobro de
todos los peajes a cargo exclusivo del Estado.
La Argentina tiene sobrada y reconocida capacidad tecnológica para hacer
todo esto, y hacerlo bien y limpiamente. No es cierto que somos un paÃs de
chorros. Hay muchos chorros en la polÃtica y entre ellos dirigentes sindicales
de sobrada historia negra que se sabe que trajinan despachos oficiales representando
a ningún trabajador, que es otra cosa.
La cuestión de la soberanÃa es eminentemente polÃtica y no hay dudas de que la inmensa mayorÃa del pueblo argentino acompañará al gobierno en esta patriada. Un clamor creciente, expansivo y macizo lo viene demostrando.
Y si quedaran dudas, ahà está el artÃculo 40 de la Constitución Nacional para
que la Cámara de Diputados llame a una consulta popular vinculante, que, de
paso, bien podrÃa referirse a todas las cuestiones de SoberanÃa que en nuestro
paÃs han venido siendo descartadas hasta convertirnos en un desastre ecológico
potencial gracias a feroces talas de bosques, abusiva concentración de la
tierra, megaminerÃa criminal y ladrona, y tantas otras calamidades. Por eso,
entregar el Paraná es como entregar las Malvinas.
Fuente: Página/12

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