Platón para entender las relaciones de poder. El desafÃo
de romper paradigmas económicos dominantes
La alegorÃa
de la caverna económica
La historia económica muestra que
no existe sociedad en la era capitalista que se haya desarrollado a partir de
los mandatos del libre mercado.
Por Pablo
Caramelo *
23 de mayo de 2021
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"Las proyecciones son construidas por los actores más favorecidos y mejor acomodados del mercado para defender sus propios intereses", ilustra Pablo Caramelo.
La famosa alegorÃa de la caverna es
una narración de intenciones pedagógicas y filosóficas, utilizada por Platón (Atenas,
427-347 a. C.) al principio del VII libro de La República, su más
conocida e influyente obra. Básicamente una alegorÃa es una figura
literaria en la que el relato tiene un significado simbólico.
En la alegorÃa de la caverna, el ilustre filósofo griego brinda una
explicación metafórica sobre la situación en la cual se encuentra, según su
interpretación, el ser humano frente al conocimiento en general,
distinguiendo ante ello entre un mundo sensible (el que se
alcanza a través de los sentidos) y un mundo inteligible (el
que conocemos a través de la razón).
Esta celebre alegorÃa comienza describiendo una caverna en cuyo interior se
encontraban cierto número de hombres encadenados desde su primera infancia.
La sujeción era tal que los prisioneros no podÃan moverse ni siquiera para
girar la cabeza, de modo que lo único que podÃan observar eran los objetos que
tenÃan enfrente. Detrás de estos hombres cautivos se encontraba un muro con un
pasillo en su parte superior y seguidamente, y por orden de cercanÃa respecto
de los hombres, una hoguera y la entrada de la cueva que daba al
exterior.
Por el pasillo del muro circulaban hombres portando todo tipo de objetos
cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectaban en la
pared que los prisioneros podÃan ver frente a ellos. Dado que lo único que
estos hombres encadenados visualizaban a lo largo de toda su vida era la
proyección de estas sombras, las mismas conformaban en sus
conciencias la única realidad posible ya que no podÃan siquiera
imaginar nada de lo que acontecÃa a sus espaldas.
La historia continúa relatando como uno de esos hombres es liberado y
obligado a volverse hacia la luz de la hoguera contemplando, de este modo, una
nueva realidad. Una realidad más profunda y compleja ya que
esta es causa y fundamento de la primera, que está compuesta solo de
apariencias sensibles. Una vez que este hombre logra asimilar esta nueva
situación es obligado a dirigirse hacia fuera de la caverna apreciando
finalmente el mundo exterior, fundamento de las anteriores realidades.
La alegorÃa finaliza con el reingreso del prisionero al interior de la
caverna para liberar a sus antiguos compañeros de cadenas. Sin
embargo, tras intentarlo solo logra que quienes aún permanecÃan cautivos se
rieran de él, dado que la narración de su experiencia resultaba absolutamente
disparatada e incomprensible, por encontrarse fuera de todo paradigma por ellos
conocido.
Cuando el hombre que habÃa sido liberado intenta desatar y hacer subir a
sus antiguos compañeros hacia la luz para que contemplaran en el mundo exterior
con sus propios ojos, Platón concluye el relato aseverando que los
prisioneros serÃan capaces de matar a quien intentara liberarlos y
que, efectivamente, lo harÃan en cuanto tuvieran la oportunidad.
Las relaciones económicas
Esta alegorÃa resulta muy útil e interesante para repensar el modo en que
la sociedad observa el mundo e interpreta las relaciones económicas que en él
tienen lugar. En una cotidianeidad hiperconectada y tecnológica, los medios de
comunicación masivos y las redes sociales más difundidas proyectan las sombras
de un discurso especialmente construido para reproducir las relaciones
de poder vigentes.
Lo que muestra es una representación de la realidad, concebida
premeditadamente para que las reglas del libre mercado parezcan puras,
inalterables y fundamentalmente convenientes. Sin embargo, estas proyecciones
son construidas por los actores más favorecidos y mejor acomodados del
mercado para defender sus propios intereses, aunque se esfuercen en vociferar
que lo hacen en nombre del interés general.
El desarrollo histórico del capitalismo ha tenido lugar en los paÃses centrales a partir del crecimiento de
la gran industria y la consiguiente constitución de sistemas industriales
nacionales integrados. La introducción de la maquinaria ha permitido la
aplicación de la ciencia al producto general del desarrollo social. Es decir,
al proceso inmediato de producción potenciando el valor generado por los
trabajadores.
De esta forma, a medida que las innovaciones tecnológicas se consolidan en
determinado sector, éstas tienden a extenderse al resto de las ramas de
producción, erigiéndose como la forma general socialmente imperante en el
proceso de producción y conformándose en tanto un sistema industrial
integrado.
El entramado productivo se
constituye como el soporte material que permite al capital orientar el
desarrollo de las fuerzas productivas a través de la innovación tecnológica
derivada de la acumulación social de conocimientos. De esta forma,
los paÃses desarrollados obtuvieron sus posiciones de privilegio sobre una base
de recetas que van a contramano del credo liberal, ya que para
desarrollar sus esquemas productivos apelaron a esquemas proteccionistas y de
subsidios, discriminaron la inversión extranjera, crearon empresas estatales,
fomentaron la educación y el desarrollo cientÃfico.
Planificación económica
Al contrario de lo que se repite mediáticamente, las estadÃsticas
disponibles evidencian que los paÃses de mayores ingresos y mejor nivel de vida
son aquellos que presentan Estados más grandes y los niveles
de mayor recaudación en relación al PIB. Esto no significa que un elevado
nivel de gasto público o una elevada presión tributaria sean suficientes para
alcanzar el desarrollo por sà solos.
La historia económica muestra que no existe sociedad en la era
capitalista que se haya desarrollado a partir de los mandatos del libre mercado.
Por el contrario, ha sido siempre la regulación estatal y la planificación
económica lo que permitió a las actuales potencias globales desarrollarse a
través de la educación, la ciencia y la innovación productiva.
Para replicar el éxito alcanzado por las sociedades con mejores
niveles de vida resulta fundamental conocer cuáles han sido las
recetas que han utilizado para conseguir ese grado de desarrollo, teniendo en
claro que las mismas nada tienen que ver con las polÃticas propias del libre
mercado que algunos insisten en proyectar frente a nosotros.
No se trata aquà de construir un nuevo relato, sino por el contrario se
trata de invitar a todos a buscar de la forma más fehaciente posible esa
reinterpretación de lo que se nos presenta como real, con el pensamiento
crÃtico como estandarte fundamental en todo momento.
La única forma de abandonar el mundo de las sombras proyectadas frente a
nosotros es abrazando el método cientÃfico, con sus leyes generales
comprobables experimentalmente y de capacidad predictiva. Sin embargo, una vez
alcanzado ese objetivo restará aún la difÃcil tarea de convencer a compañeros
de que sus creencias no son fidedignas, sino una mera ficción.
Como reza la ya muy conocida frase de Mark Twain: “Es más fácil
engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados”. Pero
es exactamente en esa tarea de persuasión, argumentación y
demostración en donde se debe centrar las energÃas para dejar atrás de
forma colectiva las cadenas que nos sujetan a una perspectiva irreal e
inconveniente para el conjunto de la sociedad.
* Economista-UBA.
@caramelo_pablo
Fuente: Página/12

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