Opinión
Falta un instituto de colonización agraria
La concentración de
tierras en Argentina es bestial. Y la necesidad de tierras para habitat y
producción de alimentos es insoslayable. Es necesario un instrumento de
intervención del Estado en el mercado de tierras que las distribuya y garantice
la seguridad y soberanÃa alimentaria.
Por Pedro Peretti
Imagen: Pablo Aneli
El 29 de octubre fue un
dÃa aciago para los que queremos una Argentina para todes, pero de los momentos
difÃciles hay que sacar conclusiones. Los casos Guernica y Etchevehere ponen
sobre el tapete las dos puntas de un tema que no podemos seguir soslayando un
minuto más en el debate público, como es el uso y tenencia de la tierra, sea
rural o urbana.
Según el censo agrario
de 2018 sólo el 0,06 % de la población de Santa Fe es dueña del 60% de la
tierra productiva de esa provincia, y apenas 5678 personas que representan el
2,49% del total de los propietarios son dueños de 80.280.797 hectáreas de todas
las tierras del paÃs. Como vemos, la concentración de tierras es impactante y
bestial.
La existencia de tierras
fiscales para este escriba no es más que un mito urbano y la que existe no
mueve el amperÃmetro en cuanto a la cantidad. El gran triunfo cultural de la
oligarquÃa terrateniente argentina es invisibilizar el latifundio como si fuera
algo inocuo y normal, cuando es una verdadera rémora feudal. El monocultivo de
soja con concentración de tierras y rentas es un expulsor neto de productores y
destructor de mano de obra asalariada, por eso la Argentina a pesar de ser
definido como un paÃs agropecuario es uno de los tres más urbanizados del
mundo.
Para empezar a revertir
esta insostenible situación, el Estado debe crear algún instrumento de
intervención pública en el mercado de la tierra, que sin expropiar (palabra
prohibida en la Argentina de hoy) le permita comprar, parcelar y entregar
tierra urbana y rural.
Esto no es nuevo en la
historia argentina, ya en 1940 se creó el Consejo Agrario Nacional disuelto por
la dictadura en 1980 y que cumplÃa esas funciones. Nuestros vecinos uruguayos
tienen el Instituto Nacional de Colonización Rural creado en 1948 y en perfecto
funcionamiento hasta nuestros dÃas. Este maneja hoy unas 650.000 hectáreas en
el paÃs vecino, compra tierras y las distribuye entre pequeños productores,
peones rurales, pastajeros, etc.
Con la caracterÃstica-
no menor- de que la entrega merced a un sistema de arrendamientos que lo pueden
heredar de padres a hijos, con el objeto de que el beneficiario no la pueda
enajenar transformándola en un negocio inmobiliario. Esto es clave. La tierra
es un bien finito, hay la que hay, no se puede fabricar más, por eso hay que
administrarla y distribuirla con equidad.
La Argentina debe
recrear por ley un Instituto Autárquico de tierras (el nombre no interesa, si
la función) con el fondeo de un porcentaje fijo de las retenciones e
incorporarle todas las tierras fiscales que existan. Este deberá encargarse-sin
expropiar- de comprar, parcelar y entregar tierras con el fin de garantizar la
soberanÃa y seguridad alimentaria de la Nación y el hábitat de sus habitantes.
Nadie deberÃa poder acceder a más de una unidad económica, ni enajenar ni
subarrendar lo recibido.
La clave de este tipo de
instrumento está en su grado de capitalización, la obligación de su ejecución
presupuestaria y la transparencia con que procede. Sin recsursos, se transforma
en un ente meramente decorativo que sólo sirve para tranquilizar conciencias.
Y a nosotros no nos
interesa salvar las formas sino resolver el problema.
No tengo dudas que,
dadas las actuales circunstancias del paÃs, es el instrumento más apto para
generar nuevos productores agropecuarios, reconvertir a las franjas periurbanas
a la agroecologia, propiciar el consumo de cercanÃa y generar arraigo en el interior
profundo, mitigando las migraciones rurales descontroladas…. ¡Si se pudo, se
puede!..Salud y cosechas.
Máximo Paz-noviembre
2020
Fuente: Página/12

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