Opinión
Contexto
No hay conductas buenas
o malas en sÃ, en cualquier circunstancia y contexto. Algo tan peligroso y
negativo como disparar un arma de fuego, puede ser positivo si se lo hace como
práctica de un deporte o si se trata de un arma cargada con balas de fogueo en
una representación teatral o en una filmación. Algo tan inofensivo como jugar
al “yo-yo” puede ser criminal si se lo hace junto al tÃo rico al que se va a
heredar, mientras éste sufre un infarto que necesita inmediata atención médica.
Como se ve, todo depende del contexto.
Se pregunta si la conducta
de jueces visitando al presidente de la República es buena o mala. En sÃ, como
toda conducta, será buena o mala según el contexto. Fuera de contexto cada
quien, juez o ciudadano, tiene amigos, hace amigos y puede hablar, visitar o
reunirse con quien quiera.
El problema, como
siempre es el contexto: en este caso las conductas coinciden con decisiones de
jueces que fueron, por primera vez en gobiernos constitucionales a lo largo de
toda nuestra historia, autores de decisiones y sentencias claramente persecutorias
de opositores polÃticos al “visitado”, que se tradujeron en prisiones
arbitrarias, fundadas en consideraciones al margen del derecho y hasta con
coincidencia de fechas.
Recuerdo que “ClarÃn”
muchas veces hizo públicas como desacreditantes fotos con Amado Boudou en mi
casa. Al margen de que más le hubiese gustado verme fotografiado junto al
“juez” Moro, se pasó por alto que ni al dÃa siguiente ni nunca decidà ni
confirmé ni lo hubiese hecho la detención de Macri disfrazado con chalecos
antibalas ni de Bullrich en camisón ante las cámaras de televisión, ni de
ningún otro polÃtico ni nadie me puede señalar como perseguidor de nadie, lo
que incluso le consta a algunos personajes cercanos al ulterior régimen
macrista y al propio diario “La Nación”, pese a que llevó una campaña contra mi
propuesta como juez de la Corte y a que lo considero la tribuna del escarnio
gorila y vendepatria argentino.
Si voté por la
constitucionalidad de la ley de medios, lo hice por la total convicción de que
no es compatible el monopolio de esa mentirosa corporación con cualquier forma
de democracia plural, lo que sigo sosteniendo y ninguna voz democrática puede
desmentir, y nadie amigo o no amigo, me convencerÃa de lo contrario. Reafirmo
el convencimiento de que no tendremos democracia plural en nuestro paÃs
mientras haya un monopolio de creación de realidad que haga las veces de
versión folklórica del “Völkischer Beobachter” o del “Pravda”.
Es obvio que, si
prescindiésemos del contexto, cada ciudadano puede hablar con quien quiera,
pero en el contexto de procesos nulos por gravÃsimas irregularidades y todos
dirigidos contra opositores, con detenciones y prisiones que no sólo rompen con
el derecho, sino incluso con la ética más elemental y hasta con la piedad
humana, impidiendo tratamientos para evitar consecuencias letales o asistir a
familiares, por no contar con la grabación de las entrevistas de presos con los
abogados y la amenaza a “arrepentidos”, todo en contubernios mafiosos
verdaderamente vergonzosos, indignos para cualquier abogado –no ya juez- que
haya salido de una universidad con ese tÃtulo, la conducta deja de ser
inofensiva y banal.
El argumento de la
inofensividad fuera de contexto no es nuevo y se ha usado en casos mucho más
graves. Eichmann decÃa que sólo se limitaba a programar trenes, lo cual, fuera
del contexto en que lo hizo, era por completo inocente, pero en el contexto era
genocida. Y por cierto, incluso fuera de contexto resulta más inocuo programar
trenes que firmar sentencias, que siempre es más peligroso.
No podemos dejar de
tomar en consideración que el contexto de las visitas es particularmente
aberrante, porque si alguna vez habÃa fallado nuestra justicia en tiempos
constitucionales, puede haber sido por la impunidad de alguien, lo que no es
bueno, por cierto, pero nunca lo habÃa hecho para llevar a un opositor
a la cárcel, al menos en forma sistemática, o sea que esto
es configurador de un nuevo y más perverso contexto. Y que los jueces que
firmaban o confirmaban esas sentencias fuesen a visitar al presidente en esas
circunstancias y con coincidencia de fechas es el problema: ese es el contexto
sin precedentes en toda la historia de nuestra justicia en tiempos de gobiernos
constitucionales.
Desde el punto de vista
legal –no sé si polÃtico concreto- creo que lo que corresponde es un “jury” y
ver la eventual responsabilidad penal por el artÃculo 269 del código penal en
los casos que corresponda, porque si bien todos son configuradores de mala
conducta judicial, no en todos los casos se dan los extremos de ese tipo
penal.
Fuente: Página/12

No hay comentarios:
Publicar un comentario