Toda la Argentina acuática
en peligro
Por Mempo
Giardinelli
En un contexto tremendamente dañado en el que
sobresalen la Corte más desprestigiada de las últimas décadas; la rebeldÃa
contumaz contra el Enacom y millones de argentinos pobres; y la megaminerÃa
galopante que impulsan gobiernos como el de Chubut, el panorama es desolador si
se le suma la posible, inminente pérdida de soberanÃa acuática de nuestro paÃs.
Ya a finales de 2016 nos ocupamos en esta columna
de la lucha del Centro de Capitanes de Ultramar y Oficiales de la Marina Mercante
(CCUOM) frente a los armadores (empresas navieras extranjeras) que en nuestro
propio territorio dominan el transporte internacional. Y en mayo del año pasado
recordamos que desde la desaparición de ELMA (Empresa LÃneas MarÃtimas
Argentinas) decretada por Carlos Menem, la Argentina se quedó sin
polÃtica soberana sobre rÃos y mares.
Ahora el decreto 949/2020 ha vuelto a exponer el
extravÃo de soberanÃa sobre nuestras aguas. Y no solamente en el rÃo Paraná (y
la mal llamada HidrovÃa, concepto ajeno al castellano que sepulta nuestra
historia y soberanÃa fluviales). También el Mar Argentino sigue siendo la
negación inexplotada de una de las costas más largas y ricas del mundo. Y todo
refiere a lo mismo: el manejo antisoberano de todos los recursos
acuÃferos de este paÃs privilegiado por la naturaleza, pero arrasado por
sucesivas dirigencias cipayas y corruptas.
No hay otra solución que restablecer la soberanÃa
polÃtica perdida, o sea recuperar el control de nuestro comercio exterior, que
es una fabulosa fuente de recursos, hoy en manos de multinacionales navieras y
graneleras de capitales extranjeros, como Hamburg Süd, Mediterranean, Maersk y
muchas otras que controlan –sin ser controladas en lo más mÃnimo-- todos los
contenedores de importaciones o exportaciones de nuestro Comercio Exterior. E
igual sucede con las grandes multinacionales exportadoras como Monsanto, Bunge,
Nidera, Cargill, Dreyfus, etc, que manejan no sólo el comercio y el transporte,
sino también las semillas transgénicas, los herbicidas y fertilizantes y el
acopio en puertos y distribución en destino, de lo cual no sabemos nada
y hay que aceptarles lo que nos cuentan.
No hay arreglo con ellas y el único camino es
restablecer la soberanÃa concreta y real, lo que es perfectamente posible a
partir de decisiones severas que el pueblo argentino sin duda acompañará. El
viejo cuento de que la Argentina produce y exporta alimentos para 400 millones
de personas huele a podrido a partir de que la mitad de nuestro pueblo padece y
muere de hambre. Entonces, para recuperar la soberanÃa polÃtica hay que volver
a regular el comercio exterior, con un rol activo en logÃstica y
comercialización y sobre todo en los controles. Lo que requiere crear una Flota
Mercante a cargo del transporte y, asÃ, intervenir en la cadena de valor de los
productos.
Después de Perón no hubo polÃtica naval civil en
este paÃs. Las dictaduras militares sacaron al Estado de todas las decisiones
económicas, destruyendo flotas y empresas marÃtimas. Asà lograron
frenar el desarrollo industrial y naviero de la Argentina. Y en la misma lÃnea,
y como continuidad, Menem firmó el decreto de entrega del derecho de
transportar nuestros productos en buques argentinos en favor de empresas
logÃsticas multinacionales, y eliminó nuestra Empresa LÃneas MarÃtimas
Argentina (ELMA). Sin flota propia, nos volvimos dependientes de las multinacionales
y perdimos el control de la producción y el comercio exterior.
Recuperar la soberanÃa implicarÃa que la mitad de los fletes de ultramar que corresponden, según el derecho internacional, fueran operados por empresas navieras argentinas. Y además habrÃa que gravar los fletes de las multinacionales, lo que generarÃa un fondo de muchos millones de dólares anuales, con los que se podrÃa --y deberÃa–- financiar la recuperación de nuestra Marina Mercante, repotenciando la capacidad instalada de Astilleros RÃo Santiago y de todos los otros que también clausuró Menem en los 90. Un modelo de paÃs que luego perfeccionó Macri al profundizar toda claudicación.
De ahà que estuvo bueno el ministro Wado de Pedro
al anunciar "el primer paso para concretar una demanda histórica del
tránsito fluvial: la construcción del Canal Magdalena". Como no estuvo
nada bueno que el Ministro de Transporte Mario Meoni, seguramente presionado
por su oscuro manejo del decreto 949 hasta la semana anterior, ahora disponga
crear una "Unidad Ejecutora que desarrollará el proyecto estratégico para
conectar la principal vÃa navegable del paÃs con el mar argentino", lo que
hace dudar a muchos porque no son nuevas "unidades" burocráticas lo
que hace falta, sino poner manos a la obra al Canal Magdalena cuyos estudios ya
están hechos y con presupuesto aprobado.
Se trata de empezar con urgencia estas obras, que
permitirán una fluida, ágil, económica y controlada circulación de barcos en el
RÃo de la Plata, reduciendo recorridos y costos logÃsticos. Y además convendrÃa
despegar a este canal del decreto 949, que se refiere a la HidrovÃa. El Canal
Magdalena tiene nada o muy poco que ver con acuerdos con otros paÃses.
Pertenece enteramente a la Argentina, que sólo deberÃa coordinar la profundidad
con Uruguay. Por eso hay que fortalecer la conciencia de que este canal
asegurará la libre circulación en territorio y aguas argentinas desde la isla
del Cerrito (punto de confluencia de los rÃos Paraguay y Paraná) hasta la
Patagonia, Tierra del Fuego e islas del Atlántico Sur que, como nuestra porción
de Antártida, nos pertenecen y debemos cuidar como el oro que son.
Lo que está pasando con los puertos y los recursos
acuÃferos es lo mismo que pasa con el oro, la plata, el cobre y el litio. La
Argentina tiene capacidad de producir decenas de toneladas de esos recursos
pero aquà no queda nada. Y lo mismo sucede con las aguas. Siendo como somos uno
de los paÃses mejor regados del mundo, con humedales fabulosos, no hay acuÃfero
en la Argentina que no esté siendo destruido irresponsablemente. Y esto no es
sólo una posición ambientalista; es también cuestión de supervivencia polÃtica,
económica y de soberanÃa. La posición orientadora del pedido de informes del
Senador Jorge Taiana es el camino, y toda otra variante es indefendible.
Puede sugerirse, también, que la soberanÃa sobre
todas las aguas, costas, rÃos, humedales y reservas acuÃferas que la naturaleza
otorgó al paÃs maravilloso que pudimos y todavÃa podrÃamos ser, acaso debiera
ser manejada por el Presidente en persona y con apoyo del Congreso, y no por
ministros cuestionados.
Y es que este episodio, si no se lo corta rápido y
con firmeza, será cementerio de la soberanÃa argentina. Estamos a
tiempo de corregir el rumbo.
Fuente: Página/12

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