"Pandemia 2. Crónicas de
un tiempo perdido", nuevo libro del filósofo esloveno
Slavoj Zizek y
el coronacapitalismo
Experto en tirar frases contundentes, Zizek sostiene
que "el capitalismo global no puede contener esta crisis" y que
"en la pandemia las divisiones de clase han explotado". El pensador
que construyó su obra mixturando y aggiornando conceptos de marxismo y psicoanálisis
lacaniano dice que "exigir hoy una vuelta a la normalidad implica una
exclusión psicótica de lo real del virus: seguimos actuando como si las
infecciones no se estuvieran produciendo realmente”.
Por Silvina Friera
Slavoj
Zizek
Imagen: Gentileza David Levene
Eyevine
Algo huele a podrido en Occidente. El filósofo
esloveno Slavoj Zizek practica la audacia intelectual con ese estilo
que patentó desde su Liubliana natal: la combinación de marxismo y
psicoanálisis lacaniano. “La pandemia ha afectado a la economÃa. Por
un lado ha forzado a las autoridades a acciones que casi apuntan al comunismo:
una forma de renta básica universal, sanidad para todos. Pero es solo una cara de
la moneda. Paralelamente hay grandes corporaciones amasando riqueza y siendo
rescatadas por los Estados. Los contornos del coronacapitalismo emergen
y con ellos nuevas formas de lucha de clases (...) Lo que más necesitamos
es un nuevo orden económico que nos permita evitar la debilitante
elección entre resurgimiento económico y salvar vidas”, advierte Zizek
en Pandemia 2. Crónicas de un tiempo perdido, publicado en
inglés por OR Books, aún sin fecha de edición en España y América Latina.
Descarada concentración
A los 71 años, el filósofo esloveno --que en 2020 publicó
el primer volumen Pandemia. La covid-19
estremece al mundo por
Anagrama, en traducción de Damià Alou-- acaba de publicar Como un
ladrón en pleno dÃa (Anagrama), donde alerta sobre los cantos de
sirena de la agonÃa del capitalismo. La covid ha hecho más visible al ladrón. “La
descarada concentración de la riqueza ya no es secreta. Es repugnantemente
visible. En el ultracapitalismo, Gates, Soros y el resto son presentados como
el consejo de sabios, una nueva aristocracia”, afirma Zizek en una
entrevista reciente con el diario El PaÃs de España. “Amazon o
Microsoft no ejercen la explotación clásica —yo trabajo y tú te llevas el
beneficio extra—, sino que privatizan lo que Marx llamaba el bien
común, el espacio compartido donde nos comunicamos, y se benefician de las
rentas. El capitalismo cambia hacia uno más feudal y digital,
donde un par de megacompañÃas controlarán todo en complicidad con los aparatos
de seguridad de los Estados. Ya no es que te tengan geolocalizado (…), eso no
da miedo. Es que saben por dónde vas del libro que estás leyendo, la tele
reconoce tu expresión facial para ver si te gusta un programa; en Estados
Unidos, China o Israel las conversaciones privadas se graban; en Europa ya es
difÃcil encontrar billetes de 100 euros, al final pagaremos mirando a
cámara y sonriendo. Y el Estado lo sabrá todo”.
El polémico filósofo arroja preguntas que van al grano de
algunas cuestiones: ¿Qué economÃa no puede sostener las necesarias medidas
sanitarias? “El capitalismo global que pide permanente autoexpansión,
obsesionado con tasas de crecimiento y beneficio”, responde Zizek. “Como
explica Marinov, ‘el instinto de no herir la economÃa nos ha traÃdo una
economÃa arruinada y un virus que se ha expandido por todas partes y será muy
difÃcil de erradicar’”. Como en el primer volumen vuelve a la carga con una
idea: la crisis que generó la pandemia es una oportunidad para instalar un
nuevo sistema social. “Creo que algo como una nueva forma de comunismo
deberá emerger si queremos sobrevivir (...) El capitalismo
global no puede contener esta crisis porque en su centro el
capitalismo es sacrificial, en vez de consumir el beneficio inmediatamente
debes reinvertirlo, la satisfacción completa debe ser pospuesta (...) Con la
pandemia se nos solicita sacrificar nuestras vidas para que la economÃa
continúe, como la petición de algunos trumpistas de que los mayores de 60 años
deberÃan aceptar la muerte para salvar el modo de vida capitalista (...) ¿Puede
el capitalismo sobrevivir a este giro en la vida diaria en la que estamos mucho
más expuestos a la muerte? No creo. Mina la lógica de posponer el disfrute que le
permite funcionar”, escribe Zizek en Pandemia 2.
La nueva clase trabajadora
Zizek (Liubliana, 21 de marzo de 1949) coincide con lo que anunció el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus: “La mayor amenaza a la que nos enfrentamos ahora no es el virus en sÃ. Más bien, es la falta de liderazgo y solidaridad a nivel mundial y nacional. No podemos derrotar esta pandemia como un mundo dividido (…) El virus prospera con la división, pero se frustra cuando nos unimos”. Para el filósofo esloveno hay que tener en cuenta también las divisiones de clase. “Como escribió Philip Alston en The Guardian: ‘El coronavirus simplemente ha levantado la tapa de la pandemia preexistente de pobreza. La Covid-19 llegó a un mundo donde prosperan la pobreza, la desigualdad extrema y el desprecio por la vida humana, y en el que las polÃticas legales y económicas están diseñadas para crear y mantener la riqueza para los poderosos, pero no para acabar con la pobreza’. Conclusión: no podemos contener la pandemia viral sin atacar también la pandemia de pobreza”, plantea el autor de Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Lacan y nunca se atrevió a preguntarle a Hitchcock, A propósito de Lenin, El tÃtere y el enano, Mis chistes, mi filosofÃa, La nueva lucha de clases y La vigencia de El manifiesto comunista, entre otros tÃtulos.
“El verdadero problema de la pandemia no es el
aislamiento social sino la excesiva dependencia de otros, de lazos sociales.
¿Podemos ser más dependientes que en una cuarentena? La crisis vÃrica nos ha
hecho totalmente conscientes de lo que David Harvey llama la
nueva clase trabajadora: cuidadores en todas sus formas, desde las
enfermeras a los que nos entregan comidas y paquetes, vacÃan nuestras basuras.
Para los que pudimos confinarnos, estos trabajadores se convirtieron en nuestra
principal forma de contacto con otros en su forma corporal”, subraya el
filósofo esloveno. “Contra el lema barato de que todos estamos en el mismo
barco, en la pandemia las divisiones de clase han explotado (...)
Somos bombardeados por celebraciones sentimentales de enfermeras en primera
lÃnea de la lucha contra el virus. Pero las enfermeras son solo la parte más
visible de una entera clase de cuidadores explotados a los que la pandemia ha
visibilizado”, agrega Zizek para dejar en claro las diferencias de clase.
No es la primera vez que Zizek expresa su apoyo a Greta
Thunberg, la activista medioambiental sueca de 18 años. “El lazo entre la
pandemia y nuestros problemas ecológicos es cada vez más claro. Podemos
llegar a controlar la covid pero el calentamiento global exigirá medidas mucho
más radicales. Greta Thunberg acertaba al señalar que ‘la crisis
climática y ecológica no puede ser resuelta con los sistemas polÃtico y
económico actuales’”, reconoce el filósofo esloveno. “No estamos
‘destruyendo la naturaleza’, solo cocreando una nueva en la que no habrá sitio
para nosotros. ¿No es esta pandemia un ejemplo de nueva y siniestra
naturaleza? No nos deberÃamos preocupar mucho por la supervivencia de la
naturaleza, sobrevivirá, solo que cambiada más allá de nuestro reconocimiento
(...) Una nueva ética global es necesaria”.
Rastros del racismo y el sexismo
La corrección polÃtica “es una forma de
autodisciplinamiento que no permite verdaderamente superar el racismo” para
el filósofo esloveno. “Las protestas antirracistas fallan al estar dominadas
por la pasión polÃticamente correcta de borrar los rastros de racismo y
sexismo, pasión que se acerca mucho a su opuesta, el control del pensamiento
neoconservador (...) ¿Qué quedará si descartamos todos los autores en los que
hallemos trazas de racismo y antifeminismo? Todos los grandes filósofos y escritores
desaparecerán (...) Descartes es visto ampliamente como el iniciador filosófico
de la hegemonÃa occidental, que es inmanentemente racista y sexista. Pero no
debemos olvidar que la posición de Descartes de duda universal es precisamente
una experiencia multicultural de cómo la propia tradición no es mejor que las
tradiciones que nos parecen excéntricas: para un filósofo cartesiano, las
raÃces étnicas y la identidad nacional simplemente no son una categorÃa de
verdad (...) No hay feminismo moderno ni antirracismo sin el pensamiento
cartesiano. Pese a sus ocasionales lapsus racistas y sexistas, merece ser
celebrado”, escribe Zizek en uno de los capÃtulos de Pandemia 2.
Crónicas de un tiempo perdido.
La pandemia se ha convertido en un conflicto de visiones
globales sobre la sociedad. “Al inicio, parecÃa como si cierto tipo de
solidaridad básica, con el acento en ayudar a los más amenazados, prevaldrÃa;
pero esa solidaridad ha dado paso, como dice John Authers, a ‘una amarga
batalla fraccional y cultural en la que principios morales rivales silban como
metafÃsicas granadas –recuerda Zizek-. ¿Somos libertarios que rechazan
cualquier cosa que limite nuestras libertades individuales? ¿Utilitaristas
prestos a sacrificar miles de vidas por el bienestar económico de la mayorÃa?
¿Autoritarios que creen que solo el control y la regulación estatal nos pueden
salvar? ¿Espiritualistas New Age que creen que la pandemia es un aviso de la
naturaleza, un castigo por nuestra explotación de los recursos naturales?
¿Creemos que Dios nos está probando y al final nos ayudará a encontrar una
salida? Todas esas ideas se asientan en una visión especÃfica de lo que son los
seres humanos. Por eso, para enfrentar la crisis, primero todos debemos
convertirnos en filósofos”.
Ese oscuro objeto del deseo
El filósofo esloveno busca materiales para reflexionar en
pelÃculas o series. En su nuevo libro se refiere a varios tÃtulos de Luis
Buñuel que se construyen en torno a la “imposibilidad inexplicable de
la realización de un simple deseo. “En La edad de oro, la pareja
quiere consumar su amor, pero una y otra vez se lo impide un estúpido
accidente; en La vida criminal de Archibaldo de la Cruz, el héroe
quiere realizar un simple asesinato, pero todos sus intentos fallan; en El
ángel exterminador, después de la conclusión de una fiesta, un grupo de
ricos no puede cruzar el umbral para salir de la casa; en El discreto
encanto de la burguesÃa, tres parejas quieren cenar juntas pero
complicaciones inesperadas siempre impiden la realización de este simple deseo;
y, finalmente, en Ese oscuro objeto del deseo, tenemos la paradoja
de una mujer que, a través de una serie de trucos, pospone continuamente el
momento final del reencuentro con su antiguo amante… Nuestra reacción a la
pandemia de Covid-19 es bastante similar: todos sabemos de alguna manera lo que
hay que hacer, pero un extraño destino nos impide hacerlo”, compara Zizek.
Meter el dedo en la llaga es algo que el filósofo
esloveno suele hacer con cierta saña metódica. “Con las infecciones por
Covid-19 nuevamente en aumento, se están anunciando nuevas medidas
restrictivas, pero esta vez acompañadas de la condición implÃcita (y a veces
explÃcita) de que no habrá retorno al cierre total: la vida pública continuará.
Esta condición se hace eco de una protesta espontánea de muchas personas: ‘¡No
podemos volver a hacerlo (cierre total)! ¡Queremos recuperar la vida normal!
‘¿Por qué? ¿Fue el confinamiento, para dar la vuelta a la ‘dialéctica
en un punto muerto’ de Benjamin, un punto muerto sin dialéctica? Nuestra
vida social no se detiene cuando tenemos que obedecer las reglas de aislamiento
y cuarentena; en momentos de (lo que puede parecer) quietud, las cosas están
cambiando radicalmente. Los rechazos al confinamiento no son un rechazo
a la quietud sino al cambio”, analiza Zizek.
Las páginas de cualquier libro son un territorio donde se
disputan interpretaciones. “Escucho en las protestas contra el confinamiento
una confirmación inesperada de la afirmación de Jacques Lacan de que la
normalidad es una versión de la psicosis –precisa Zizek-. Exigir
hoy una vuelta a la normalidad implica una exclusión psicótica de lo real del
virus: seguimos actuando como si las infecciones no se estuvieran produciendo
realmente”.
Fuente: Página/12

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