Opinión
¡Basta de justicia patriarcal y
de represión policial!
Por Colectivo
Ni Una Menos
“Si un dÃa no vuelvo, rompan todo”, publicó Úrsula dÃas
antes de ser asesinada.
Imagen: Gonzalo Martinez
Úrsula tenÃa 18 años, estuvo de novia con MatÃas MartÃnez,
policÃa bonaerense, con antecedentes. Un violento que la golpeó y la amenazó de
muerte. Hasta que la mató.
Úrsula y su mamá lo habÃan denunciado. Estaba con
“carpeta psiquiátrica” por las reiteradas denuncias contra él por violencia de
género. Uno de cada 5 femicidios en nuestro paÃs son cometidos por miembros de
las fuerzas de seguridad. Pero la violencia de género no es motivo suficiente
para que lo exoneren: se cubren, se amparan, afianzan su pacto corporativo.
Úrsula tenÃa miedo de que la maten y la mataron. Pidió
ayuda, hizo denuncias. Sus posteos en las redes y su voz desesperada a las
amigas hablan en un lenguaje que es de la calle, de las movilizaciones, de la
constatación cotidiana de que la rabia no alcanza, de que es necesario
organizarla para cambiarlo todo. Pero todo, de cuajo. Porque su historia no es
extraordinaria, es dolorosamente común.
“Si un dÃa no vuelvo, rompan todo”, publicó dÃas antes de
ser asesinada. Sus amigas habÃan recibido sus pedidos de auxilio, estaban ahÃ
para ella, sosteniéndola, viendo en simultáneo cómo el Estado demoraba las
medidas de protección y no evaluaba el riesgo en que estaba Úrsula. Cuando se
encontró su cuerpo salieron a la calle. ¿Quién puede evitar sentir en el cuerpo
propio el zarpazo de dolor y rabia? Esta vez la reacción fue rápida: la
bonaerense salió a reprimir. Un disparo de bala de goma en la cara de una de
las amigas es la respuesta de la PolicÃa al femicidio de Úrsula. El ministro de
Seguridad, Sergio Berni, lo justificó diciendo que habÃan quemado un
patrullero. La chica herida estaba sola frente a un pelotón. Protegen sus
bienes y no protegen a las vÃctimas. La policÃa es responsable. Su responsable
polÃtico también lo es.
¿Qué
pasa cuando una mujer, lesbiana, travesti o trans denuncia violencia de género?
Espera horas que la atiendan en la lÃnea 144, y cuando
sucede le dicen que vaya a la comisarÃa a hacer la denuncia o a la Oficina de
Violencia Doméstica si está en CABA. Otra vez la espera de horas, y la
revictimización. Con suerte, consigue que se dicten medidas de protección: para
todas las mismas. Botón antipánico -si hay-, restricción de acercamiento para
el violento y en muchos casos “restricción recÃproca” de acercamiento. La
vÃctima es quien tiene que llevar los oficios a las comisarÃa para que estén al
tanto y comuniquen al agresor.
¿Quién controla que se cumplan las medidas? Las vÃctimas.
Y cuando se violan, en la inmensa mayorÃa de los casos, y accionan el botón
antipánico les dicen que no pueden hacer mucho. No pueden detener a los
agresores. Las amenazas no son tenidas en cuenta, se las considera un delito
leve. Igual que las “lesiones” que si no te dejan inválida son consideradas
“leves”. Esas causas nunca avanzan. Las vÃctimas no terminan de entender a
quién tienen que llamar para pedir ayuda porque no saben qué juzgado ni qué
fiscalÃa interviene.
La burocracia del Estado y la Justicia no toma en
serio el riesgo denunciado una y otra vez a la hora de evaluar la peligrosidad
del agresor si ya ha tenido otros episodios de violencia porque si cambia la
vÃctima cambia la causa y no se analiza. No hay quién acompañe a la vÃctima. Ni
el patrocinio jurÃdico gratuito, que es ley, está puesto en marcha. Tampoco se
designa a otras personas para el acompañamiento.
La vÃctima está sola frente a la policÃa -que nos toma
por locas- y a una Justicia que no escucha. Sola, salvo por el acompañamiento
de amigas o de organizaciones feministas en el mejor de los casos. Solas,
encerradas por ese sistema de medidas de restricción que nadie hace cumplir.
Existen los refugios pero son pocos y siguen sosteniendo el paradigma de
perderlo todo en un encierro obligado y privado de los afectos cercanos
mientras los agresores siguen con su vida.
En el
caso de Úrsula, le dieron vÃa libre institucional al femicida. La Justicia es
responsable
En 2015, la primera vez que salimos masivamente a la
calle para decir ¡basta! a los femicidios, reclamamos que en lugar de dejar la
responsabilidad de su protección en las vÃctimas, se controle a los agresores a
través de tobilleras. El femicida de Úrsula no tenÃa tobillera, no estaba
siendo controlado por la Justicia, no se evaluó seriamente su peligrosidad.
El acompañamiento a las vÃctimas en el camino de ponerse
a salvo de la violencia machista y de género no es sólo responsabilidad de la Justicia.
Lo que se necesita es un acompañamiento transversal y multidisciplinario que no
deje a quien denuncia en peores condiciones que antes de denunciar. Porque
denunciar implica exponerse, quedarse sin vivienda, sin alimentos para les
hijes, implica el desarraigo, la interrupción de la vida cotidiana, la pérdida
de lazos afectivos y comunitarios. Sencillamente por tener que ponerse a salvo.
El aislamiento y el distanciamiento social agudizaron la
violencia dentro de los hogares. También la crisis económica que es fuente de
precarización acelerada de la vida de miles. Para elegir una vida libre de
violencia, lo que necesitan quienes sufren violencia de género es fortalecer su
autonomÃa. Esa tiene que ser una prioridad. Vivienda, acceso al trabajo, espacios
de cuidado comunitarios.
Luchar contra la violencia machista no es un tema solo
judicial o policial, es una urgencia social. Por eso demandamos una y otra vez
que la violencia machista y la constante sangrÃa de los femicidios se
conviertan en problema de Estado. Un problema que no puede esperar porque en
ese compás siguen los femicidios prácticamente todos los dÃas. Este enero fue
una mujer o una travesti asesinada cada 23 horas. El Estado es responsable.
Hoy nos invade el dolor y la rabia. Estamos con les
amigues y familiares de Úrsula, con el pueblo de Rojas que toma la calle. En el
paÃs entero surge la necesidad de convocarse, de denunciar. Ahora mismo, otras
tiemblan de miedo porque ven replicada su historia en la historia de Úrsula.
Ese dolor y esa impotencia, esta rabia y este duelo se están organizando.
Por eso el próximo miércoles 17 de febrero nos
concentramos en Tribunales, en la Ciudad de Buenos Aires, y en cada tribunal
del paÃs para denunciar esta violencia que busca disciplinarnos, esta precariedad
de la vida que nos condena a dejar el cuerpo en horas y horas de trabajo mal
pago y no pago para no poder garantizar siquiera lo básico.
Por Úrsula y por todes, volvemos a decir que vivas nos
queremos. ¡Ni Una Menos! ¡Vivas y libres nos queremos! Basta de justicia
patriarcal y de represión policial.
Fuente: Página/12

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