Lawfare y disciplinamiento: el modus operandi del
neoliberalismo para despolitizar lo social
16 DE ENERO, 2021 | 07.00
Cada vez que el gobierno de Alberto Fernández obtiene
logros, como sucedió en el final del 2020, el grupo de tareas conformado por ClarÃn y el Poder Judicial apela
al lawfare.
Una seguidilla exitosa como la llegada de la vacuna Sputnik-V y la aprobación de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, frente a la que el Presidente puso todas sus fuerzas, trajo felicidad al pueblo, aumentó su credibilidad hacia el gobierno y, en consecuencia, inquietó al poder.
Inmediatamente, el 30 de diciembre, sin que haya
sido una mera coincidencia, la Corte Suprema falló contra Amado Boudou,
una de las vÃctimas del lawfare de la gestión macrista. El exvicepresidente
deberá volver a la cárcel cumpliendo con lo impartido por el juez Daniel
Obligado que le revocó el beneficio de la prisión domiciliaria. Boudou cometió un acto que constituye un pecado mortal para
la religión neoliberal: tuvo la osadÃa de estatizar las jubilaciones privadas,
desarmando el negocio de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y
Pensiones (AFJP).
La desviación ideológica que implica atentar contra la
propiedad privada es considerada por el poder una anormalidad respecto del
“orden natural” de las cosas. A estas “patologÃas” les corresponde un
tratamiento que pretende combatir por una parte, la desviación del sujeto en
cuestión y por otra, el daño social que causan esta clase de hechos a la
“República”, como suelen afirmar los representantes del establishment.
La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner,
durante su discurso en el acto en el Estadio Único de La Plata, afirmó: “El lawfare es para disciplinar a los polÃticos… Sabemos que cuando
a los poderosos algunas cosas les parecen antipáticas, intervencionistas,
comunistas, cuando no nos pueden parar ni en el Senado, ni en la Cámara de Diputados
se van a los juzgados”. Luego les dio un consejo a los funcionarios
que sienten miedo, “que se busquen otro laburo”.
Qué es el lawfare
El lawfare es un procedimiento
disciplinario con fachada democrática, que judicializa la polÃtica. Consiste en
encarcelar a los dirigentes sociales y polÃticos de la oposición aduciendo
supuestos hechos de corrupción. La guerra judicial posee un
objetivo pedagógico orientado a despolitizar lo
social, inhibir las disidencias del modelo neoliberal, “enderezar”
conductas generando una subjetividad sumisa, miedosa, respetuosa del sistema,
las jerarquÃas y los poderes establecidos.
El poder en la Argentina, conformado por el grupo ClarÃn
y el colaboracionismo de la casta judicial funciona con impunidad. Se
autopercibe superior a los otros poderes, Ejecutivo, Legislativo y el pueblo.
Sin embargo, es preciso destacar que si recurren a las operaciones
disciplinarias o pedagógicas para sembrar miedo en los funcionarios y en lo
social demuestran su propio talón de Aquiles: sienten sus seguridades
amenazadas por la polÃtica.
El neoliberalismo no es posible sin disciplinamiento
social, claro que las tecnologÃas empleadas varÃan
según las épocas y los cambios culturales. Durante el terrorismo de Estado del
76, el disciplinamiento fue realizado fundamentalmente por las FF.AA. y la
metodologÃa empleada fue la represión, el castigo fÃsico, la tortura y las
desapariciones. Aniquilar a la “subversión”, desbaratar los partidos polÃticos,
influir sobre el campo social y promover los valores que conforman el “Estilo
de Vida Argentino” fueron las estrategias claves para disciplinar lo social e
imponer la dominación neoliberal.
La restitución democrática en 1983 y el fin de los golpes militares en la Argentina no erradicaron el poder neoliberal ni su accionar. En tanto el signo polÃtico de los gobiernos que se sucedÃan no alteraba el plan de las corporaciones, el poder permanecÃa silencioso e invisibilizado.
En el 2003 se inició el ciclo kirchnerista, la democracia
entonces dejó de ser “normal” y se convirtió en “peligrosa para la República”,
la ofensiva de dominación se reactivó. De ahà en más no hubo cuestión
más importante para el poder que terminar con la experiencia kirchnerista. El
disciplinamiento ya no consistió en las acciones empleadas por las fuerzas
violentas durante el Estado terrorista, sino que continuó por la vÃa del
simulacro democrático.
Durante el gobierno de Mauricio Macri no se prohibió al
peronismo ni a la polÃtica, como en la época del proceso, sino que se la
judicializó; con el lawfare el disidente ya no se transformaba en “subversivo”
sino en “corrupto”. Ambas estrategias
disciplinarias, la del terror y la “democrática”, comparten el mismo
objetivo: conseguir consenso para imponer el
neoliberalismo, estimular el miedo en los dirigentes, despolitizar
lo social y construir un otro peligroso,
subversivo o corrupto, enemigo de la sociedad. Afirmamos que el
lawfare es la continuación del terrorismo de Estado, por otros “medios”.
En esta coyuntura de crisis pandémica, sanitaria y económica, al poder no sólo nacional sino mundial le importa muy poco conservar el simulacro democrático, ya no esconde su interés de dominio ilimitado a través de una violencia cada vez menos disimulada.
A la democracia le llevó muchos años lograr subordinar
las FF.AA. al poder polÃtico, construir una memoria colectiva y una
hegemonÃa cultural que dijo Nunca Más terrorismo de Estado.
Al pueblo le llevó dolorosos cuatro años recuperar el
gobierno nacional y popular. Con
altÃsimo costo en todos los sentidos imaginables durante el gobierno de
Cambiemos, el campo popular logró comprender y constatar el accionar mafioso de
la derecha a nivel regional.
Luego del dramático aprendizaje colectivo, uno de los principales desafÃos democráticos consiste en
desactivar el lawfare, que es un arma de guerra una estrategia de
disciplinamiento orientada ahora contra el Gobierno de Alberto Fernández. Es
una ingenuidad suponer que un Poder Judicial que avasalló la Constitución
Nacional en nombre de la Constitución Nacional, que estuvo implicado en el
lawfare, dará una solución a la patologÃa judicial. Es imposible esperar acciones justas de una Justicia que dio y
continúa dando pruebas de ser una aliada al poder.
El lÃmite capaz de sanear, robustecer la Justicia y
funcionar como un obstáculo al atropello debe surgir de la polÃtica y de los
otros poderes: Ejecutivo, Legislativo y el pueblo que, como dijimos,
constituyen el talón de Aquiles del poder.
¿Logrará la polÃtica desarticular el lawfare y construir
una justicia no aliada al poder? De
no ser asà la gobernabilidad nacional, popular y democrática están en riesgo.
*Psicoanalista
Magister en Ciencias PolÃticas
Autora de La reinvención democrática. Un giro
afectivo
Fuente: El Destape

No hay comentarios:
Publicar un comentario