Crédito
cooperativo, la historia de una resistencia al Fondo y a las dictaduras
La llegada del FMI al paÃs frenó su crecimiento. Además, la Ley de
Entidades Financieras las obligó a convertirse en bancos comerciales. Su rol y la batalla
para sobrevivir desde 1887.
Por Alberto López Girondo - @algirondo
29 de noviembre de 2020
A algunos quizás les suene exagerado decir que la
historia de los últimos 65 años en las cooperativas de crédito argentinas
estuvo signada por el Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, es a partir
del ingreso de Argentina a ese organismo, en 1956, que bancos, cajas y mutuales
nacidos bajo el impulso de las distintas colectividades de inmigrantes que
llegaron al paÃs a principios del siglo XX colisionaron más empecinadamente con
los condicionamientos externos. Y si, por un lado, esas nuevas reglas obligaron
a inventar nuevas estrategias para suplir necesidades que los bancos privados
no cumplÃan, no es menos cierto que se convirtieron en un enemigo a derrotar
para, sobre todo desde 1976, imponer un modelo financiero neoliberal.
“La primera entidad cooperativa de crédito fue el Banco
Popular Argentino, creado en Buenos Aires en 1887 –cuenta Daniel Plotinsky,
historiador y director de Idelcoop en un libro de
investigación sobre el tema– y para 1925, los bancos populares habÃan llegado a
ser 15, con 80.061 asociados”. No tardarÃan en aparecer los primeros escollos:
en 1926 se implementó la Ley 11.388 de Cooperativas, lo que con la reforma
bancaria de 1935 implicó que solo sobreviviera de este perÃodo el Banco
Cooperativo de Caseros, fundado en 1932.
Pero no solo de bancos se trata. En el paÃs se crearon
cajas de crédito de diferentes tipos: rurales, regionales de préstamos y
ahorro, más las secciones de crédito de cooperativas agropecuarias de consumo y
edificación. “Todo el cooperativismo en Argentina surge de movimientos sociales
que tienen que ver con la cultura que traen los inmigrantes –dice Plotinsky en
diálogo con Tiempo–. Los italianos crean mutuales, los españoles
sociedades de socorros mutuos, los judÃos cajas de crédito”. Dentro de cada
grupo, además, habÃa diferencias sustanciales. Entre los italianos los habÃa
monárquicos y socialistas; entre los judÃos, religiosos y, como Plotinsky
recuerda que decÃa su abuelo, “progresistes”.
El crecimiento de este modelo de crédito fue paulatino
pero sostenido hasta que con la llegada del FMI, tras el golpe contra el
gobierno de Perón, “se caen todos los programas de apoyos y lÃneas de créditos
estatales para la industria y las pymes y surgen mecanismos semibancarios de
financiación informales a través de algunas de las viejas cajas de crédito”.
En este perÃodo se fundó el Instituto Movilizador de
Fondos Cooperativos (IMFC), con el objetivo de funcionar como una caja de
compensación entre las cajas de crédito de todo el paÃs. Pero fue bastante más
lejos y se constituyó en una suerte de banco central cooperativo mediante la
articulación de instrumentos financieros como las letras de cambio, que giraban
sobre cuentas a la vista. El equivalente de los cheques y las cuentas
corrientes para el mundo bancario.
“Llegó a haber mil cajas de crédito, dos tercios dentro
del IMFC”, señala Plotinsky. En la práctica se expandieron como un sistema
financiero alternativo que podÃa servir a pymes y personas comunes con mayor
eficacia y mejores condiciones.
Durante el gobierno de Arturo Illia, se produjo un enfrentamiento del presidente con el BCRA, que era autónomo e imponÃa restricciones a este sistema paralelo de crédito. A tal punto que Illia y su vicepresidente Carlos Perette asistieron como invitados a un acto en el Luna Park en 1964. Por entonces, el movimiento cooperativo manejaba alrededor del 11% de todos los fondos del sistema financiero argentino. Un par de años más tarde, Illia serÃa desalojado del gobierno. ¿Cuánto habrá influido en ese golpe su posición sobre el mundo cooperativo?
El caso es que ni bien toman el poder, en 1966, “a las 48
horas los militares establecen restricciones que con el gobierno democrático no
pudieron imponer totalmente”. No solo eso, ordenan la detención de dirigentes
cooperativos y a través de los medios los demonizan como parte de una maniobra
destinada prácticamente a hacerlas desaparecer. No lo logran del todo, aunque
quedan solo 400 cajas de crédito.
En 1969 se dicta una Ley de Entidades Financieras que ordena la supervisión de
las cajas de crédito a través del BCRA y la Dirección Nacional de Cooperativas
(DNC).
Tras la primavera democrática de 1973-1976, cuando fueron
nacionalizados todos los fondos bancarios, la dictadura genocida dictó la Ley
21.526 de Entidades Financieras, que obligó a que las cajas se fusionaran para
convertirse en bancos comerciales, manteniendo su carácter cooperativo.
Las rÃgidas disposiciones de la dictadura, que
continuaron incluso en el regreso de la democracia, más las sucesivas crisis
económicas y hasta errores de conducción en este escenario de catástrofe
continuada –hiperinflación, convertibilidad, corralito y más– dejaron en pie
desde el año 2002 solo al Banco Credicoop, que habÃa sido fundado en 1979,
Ãntimamente ligado al IMFC.
En 2006 se dictó la Ley 26.173, que establece dos tipos de instituciones cooperativas: las entidades financieras y las no financieras. La norma establece que las primeras, integradas por cajas de crédito y bancos, están reguladas por el Banco Central.
Caja de Crédito Cuenca Cooperativa Limitada, fundada en
1961 en el distrito industrial de Villa Lynch, en el partido bonaerense de San
MartÃn, era la última, hasta que en 2018 pidió transformarse en una sociedad
anónima.
Las cooperativas de crédito, reguladas por el Instituto Nacional de Asociativismo y Empresas Sociales (INAES) todavÃa siguen dando batalla.
Un paraguas para poder cubrir lo que los bancos
comerciales desprecian
Las cooperativas de créditos son imprescindibles para
particulares o pymes que no figuran como objetivo para instituciones privadas.
Para Marcelo Kremer, la gran diferencia entre las
cooperativas de crédito y los bancos privados es que las cooperativas “siempre
te van a dar un paraguas” y nunca lo van a quitar cuando se largue a llover.
Secretario de la Federación Argentina de Cooperativas de Crédito (FACC), una
institución que fue creada el 25 de noviembre de 1950, Kremer aclara que este
tipo de entidades “no captan ahorro, sino que trabajan con el capital propio”,
que es el que aportan los asociados.
Eso sÃ, como agrega Alberto Bavestrello, gerente de la FACC, si bien funcionan
bajo la supervisión del INAES, deben reportar al BCRA sobre la situación de deudores
y, además, están sujetas a las disposiciones para la prevención del lavado de
activos. Lo que no impide que –a pesar de mover cerca de un 1,5% de préstamos
del sistema financiero– para muchos sectores de los medios y la sociedad, ese
mundo del crédito tenga una dosis de marginalidad que resulta incómoda. En un
paÃs donde se cerraron unos 200 bancos privados en medio de grandes escándalos
o quiebras fraudulentas, es natural que esta sospecha sobre el sistema
cooperativo irrite.
“Nosotros somos mala palabra siempre –se indigna Bavestrello–, hace 70 años que
estamos y somos los gorditos a los que les hacen bullying. Se hace duro
trabajar asÃ, porque tenés que trabajar contra eso y contra el ente regulador,
que nos pone inspecciones más severas”.
Las cooperativas de crédito cumplen un rol indispensable en esos rincones de la
economÃa que los bancos comerciales desprecian. Son aquellos que no califican
porque hace poco están en la actividad, o no tienen un gran capital como
garantÃa, o inclusive –algo muy común en tiempos de alta inflación y
expectativas de devaluación– cuando alguien está en concurso de acreedores.
“Ha ocurrido con clubes de fútbol, o incluso grandes empresas, que solo podÃan
tener cómo pagar salarios y gastos corrientes luego del apoyo de una
cooperativa de crédito. Pasó hasta con el Grupo Indalo, la cooperativa Sancor,
Adidas”, enumera Kremer.
Son empresas con perfil de buen negocio comercial, pero en medio de un estrés
financiero. El momento ideal para buscar un paraguas. Pero el más difÃcil para
encontrar la solidaridad de instituciones privadas.
Claro que en este escenario no solo están las cooperativas de crédito. El junio
pasado, el BCRA emitió un comunicado por el cual categorizó a las entidades no
bancarias en Cooperativas y Mutuales, Fintech (compañÃas que funcionan sobre
una plataforma de Internet), Tarjetas de Crédito no bancarias y cadenas de
venta de electrodomésticos.
“Un informe que pedimos a Nosis (servicio de informes comerciales) nos mostró
que prestamos a tasas iguales o similares a bancos y que lo hacemos con una
gran diversidad, capilaridad y a segmentos que los bancos no consideran
objetivo. O sea, les prestamos a empresas y personas que los bancos no quieren
atender”, aclara Bevestrello. Además, mantienen un nivel mucho menor de moras
que el resto del mercado financiero.
“Cuando un empresario pyme está en problemas, puede dejar de pagar a la Afip o
decirle a un empleado de pagarle el aguinaldo en cuotas, el último al que va a
embocar es a la cooperativa”, intercede Kremer.
Desde la FACC insisten en un viejo reclamo, el impuesto al débito y al crédito.
“Cuando la cooperativa presta al asociado para el 1,2% del llamado impuesto al
cheque y cuando deposita el cheque paga de nuevo”, destacan. Para los plazos
usuales en estas instituciones, que es diez o 15 dÃas, eso representa un
porcentaje demasiado grande en relación con el dinero que prestan.

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