El Mayo Francés, el Cordobazo
y dos fotógrafos
Las piedras y la historia
Por MartÃn Pérez
Sentado bajo el sol matutino de enero, sintiéndome por
una vez disculpado por haber dejado que otro año se haya escurrido entre los
dedos, recuerdo otro sol y otra paz similares, en ese caso al final de un
viaje. Era mi primera excursión de mochilero en solitario, y un largo mes de
vagabundeo por el sur argentino estaba llegando a su fin en un hogar al pie del
Piltriquitrón, en El Bolsón. HabÃa llegado ahà como fui y vine durante todo el
viaje, siguiendo libremente las pistas que me dejaban los encuentros
propiciados por estar viajando solo, y por lo tanto abierto a cada interlocutor.
Aunque ha pasado mucho tiempo desde entonces, no necesito
cerrar los ojos para recordar los detalles de esa ventana, esa cocina, ese
hogar que me recibió al final de ese recorrido estival, escuchando las
historias del dueño de casa, que me contaba cómo lo habÃa construido todo con
sus propias manos, madera tras madera, baño con agua frÃa tras baño con agua
frÃa, fuera invierno o verano. En el medio de esas evocaciones de desayuno, mi
anfitrión me contó que habÃa sido periodista, fotógrafo más especÃficamente. Y
que habÃa sacado fotos, entre otros eventos, durante el Cordobazo. Terminamos
esa mañana en un cuartito donde guardaba sus cachivaches --porque supongo que
asà eran consideradas tanto su colección de revistas como sus negativos
compartiendo espacio con aparatos rotos o ruedas oxidadas--, repasando hojas
amarillas e imágenes impactantes, que recordaban que la historia se hace, no
viene hecha.
La culpa de este recuerdo la tiene, cuándo no, un
obituario que acabo de encontrar repasando los diarios, que me traen un nombre
que yo no conocÃa, el de Bruno Barbey, un fotógrafo que durante más de medio
siglo inmortalizó toda clase de eventos históricos para la agencia Magnum, de
la que supo ser, en la segunda mitad de los 70, su vicepresidente europeo, y
durante la primera mitad de los 90, presidente de asuntos internacionales. Veo
impresionantes imágenes de la Guerra del Golfo del 91, por ejemplo, fotos
también de la Italia de los años sesenta, aún tan neorrealista. Pero coinciden
quienes lo recuerdan que sus mejores fotos, las que lo hicieron quien supo ser,
fueron las que sacó en ParÃs durante mayo del 68. Fueron las fotos de un
francés nacido en Marruecos y crecido en Tánger las que recorrieron el mundo
mostrando aquella revuelta que, de tan realista, pidió lo imposible.
Barbey tenÃa 25 años por entonces, y alguna vez recordó
que, si bien habÃa marchas en todo el mundo por aquellos años, mientras que las
que habÃa en Estados Unidos eran especÃficamente contra Vietnam lo que sucedió
en las calles de la aquel mayo francés fue un intento de cambiar realmente la
sociedad. “Me acuerdo de los estudiantes intentando explicarles sus ideas a los
obreros en las puertas de las fábricas, antes de salir juntos a tirar piedras”,
evocó, y contó también que con Cartier-Bresson terminaron comprando cascos para
protegerse de esas piedras que iban y venÃan. Al comienzo pudieron sacar fotos
tranquilamente, pero cuando las que terminaron en la revista Paris
Match denunciaron la represión, los policÃas empezaron a cazarlos para
sacarles las cámaras y los rollos. Y cuando los manifestantes descubrieron que
las autoridades buscaban los rostros en las fotos publicadas para ir a
arrestarlos, comenzaron a escaparse también de ellos. A pesar de todo, aquellas
imágenes no solo recorrieron el mundo, sino que también lo inspiraron, y aún
hoy resuenan en cada levantamiento urbano. Por eso es que recorrer las imágenes
de Barbey en los obituarios --murió a fines de noviembre con 80 años, en su
hogar al norte de Francia-- me llevan a recordar las que me mostró mi anfitrión
durante aquellos dÃas en El Bolsón, confirmando sus filiaciones.
Esa mañana de desayuno tardÃo de fin de recorrido, lo que me llamó la atención fue justamente una foto del Cordobazo, enmarcada en la pared. Pregunté por ella y ahà comenzaron las historias de quien descubro hoy, revolviendo unos viejos cuadernos para ponerle nombre a aquel recuerdo, se llamaba Nilo Silverstone. Ahora, tres décadas más tarde, lo busco a él en las redes, y me entero que era cordobés y también andinista, y que cubrió la revuelta para la revista Siete DÃas Ilustrados. “Era el mejor fotógrafo de Córdoba”, leo por ahà entre quienes lo evocan, siempre con cariño. “Fue el que hizo la foto del tipo tirando la piedra, que recorrió el mundo”, precisan, y su nombre también figura al pie del retrato más reproducido de AgustÃn Tosco. El trabajo de Silverstone para Siete DÃas se despliega generosamente en el reciente libro de Cora Garmarnik, El fotoperiodismo en Argentina. Pero hay otro dato que me impresiona: murió el mismo año en que lo hice hablar de su trabajo, de sus fotos, del Cordobazo, en que incluso nos abrimos un vino cuando el desayuno se hizo almuerzo, y brindamos cuando descubrimos que habÃamos nacido en la misma fecha.
Hay que brindar entonces, brindar por Barbey y sus fotos
de ParÃs en el 68, por Nilo y su tipo tirando la piedra en Córdoba al año
siguiente. Brindar por los comienzos del camino, y también por los finales, por
las filiaciones inesperadas, las antorchas que pasan de mano, por los
encuentros, las despedidas y las casualidades. Y brindar también por los dÃas
que no se escapan sino que se viven y siguen vivos, esperando su brindis y el
piedrazo para hacer esa historia que siempre se hace y no viene hecha.
Fuente: Página/12


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