A 32 años de La Tablada, los misterios que nunca se develaron
Nuevo aniversario del copamiento al
Regimiento de InfanterÃa Mecánica 3. Persisten las dudas sobre la información
que motorizó la acción guerrillera.
(Foto: AFP)
Por Ricardo Ragendorfer - @Ragendorfer
24 de enero de 2021
Al cumplirse el trigésimo
segundo aniversario del frustrado ataque al Regimiento de InfanterÃa Mecanizada
(RIM) 3, con asiento en La Tablada, aún persisten los mismos interrogantes que
hubo a partir del 23 de enero de 1989.
Ese lunes habÃa clareado bajo una tirantez
informativa; las radios ya daban cuenta de un impreciso incidente en aquella
guarnición junto con otra noticia no menos confusa: un extraño incendio en la
Unidad 22, la cárcel VIP frente al Teatro Colón, que alojaba a represores y
malvivientes de alta gama.
En total, hubo 55 internos evacuados sobre
la calle Viamonte. Nueve se esfumaban, mientras el ex agente civil del Batallón
601, Raúl Guglielminetti, sin perder su impronta de botón a pesar de estar
preso, agitaba los brazos al grito de “¡Se escapan! ¡Se escapan!”.
A su lado, José López Rega deambulaba a
tientas, enceguecido por la diabetes, y vociferaba: “¡Quiero mi insulina!”.
Todo parecÃa indicar que aquel incendio
habÃa sido intencional y que tal acontecimiento estaba enlazado con lo que
sucedÃa en La Tablada. O sea, que ambos episodios formaban parte de la misma
conspiración.
A media mañana se daba por hecho que un
alzamiento carapintada en el RIM 3 habÃa derivado en una batalla con fuerzas
leales del Ejército.
Por lo tanto, serÃa la cuarta rebelión de
los embetunados desde el otoño de 1987 en adelante.
Sin dudar de tal hipótesis llegué con el
periodista Juan Salinas al lugar de los hechos. HabÃamos sido enviados por la
revista El Porteño.
Agazapados en la terraza de una casa sobre
la avenida Crovara, frente al Puesto Nº 1 del cuartel y la Guardia de
Prevención, nuestros ojos alcanzaban a ver los edificios próximos a la plaza de
armas, envueltos por el relampagueo de las explosiones, los focos Ãgneos y las
humaredas.
Al rato emergió un sargento con un fusil.
Su carrera se detuvo junto al alambrado perimetral. Estaba exhausto e imploraba
por un poco de agua.
Alguien le preguntó por los carapintadas. Y
su respuesta fue:
–¿Qué carapintadas? ¡Son guerrilleros!
Resultaba difÃcil creerle. Pero ese dato
fue confirmado poco después. Y que pertenecÃan al Movimiento Todos por la
Patria (MTP), una organización de izquierda muy respetada en el campo
popular.
Con el correr de las horas se supo que las
hostilidades habÃan empezado exactamente a las 6 de la mañana, cuando un camión
de la empresa Coca Cola –previamente robado– embistió la barrera del acceso a
la unidad, seguido por ocho vehÃculos.
Un grupo de 14 personas debÃa llegar a los
galpones del fondo, como a 600 metros de la entrada, donde estaba el sector de
los tanques. La idea era tomar el control de los mismos. Otras cuatro escuadras
–de ocho integrantes cada una– se diseminaron en dirección a ciertos
puntos estratégicos.
Los atacantes incluÃan antiguos cuadros del
Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), encabezados por Enrique Gorriarán Merlo,
a cargo del mando táctico de la incursión.
A los defensores del cuartel se les fueron
sumando refuerzos al mando del general Alfredo Manuel Arrillaga y un grupo de
artillerÃa encabezado por el coronel Emilio Nani, además de efectivos de la
Bonaerense y la Federal. En términos numéricos, habÃa 3600 militares y policÃas
contra 46 guerrilleros.
Tal disparidad incidió en la sobreactuación
defencista de los militares y policÃas que retomaron el control de la unidad
con la demora necesaria como para capitalizar la televisación de la refriega.
En la acción murieron 32 guerrilleros,
incluidos nueve fusilados luego de rendirse; también hubo cuatro desaparecidos.
Entre los militares y policÃas se registraron once bajas y 20 heridos.
El 15 de octubre de aquel año la Cámara
Federal de San MartÃn impuso condenas a perpetuidad a los guerrilleros
sobrevivientes.
Gorriarán fue detenido en México a mediados
de 1995, en un operativo irregular de la Side y también fue condenado.
Todos ellos jamás dejaron de sostener que
el ataque tuvo el propósito de frenar un golpe de Estado planeado por el sector
carapintada.
El 8 de enero de 1999 visité a Gorriarán en
la cárcel de Villa Devoto. Y allà hablamos al respecto. “Lo que nos alertó
–dijo, al encender un cigarrillo– fue enterarnos de las reuniones del menemismo
con el coronel Mohamed Alà SeineldÃn (NdR: el ataque a La Tablada ocurrió en
los últimos meses del gobierno de Raúl AlfonsÃn). Eso me enteré por un informe
de un agente de la Guardia Nacional panameña que habÃa estado conmigo en
Nicaragua durante la guerra contra Somoza. Y lo corroboramos por varias
fuentes”.
Sin embargo, otra hipótesis desliza la
posibilidad de que aquel hombre tan fogueado en los ambientes de la
contrainteligencia guerrillera haya sido en realidad vÃctima de una
manipulación informativa efectuada por algún agente del Ejército. Lo cierto es
que los detalles especÃficos de cómo los militantes del MTP accedieron al
presunto acuerdo del menemismo y los militares para conspirar contra AlfonsÃn
seguÃan siendo un secreto que el “Pelado” –tal como todos llamaban a Gorriarán–
guardaba bajo siete llaves.
Al respecto, dijo: “Recién vamos a
blanquear este punto cuando todos nosotros estemos en libertad".
No menos cierto es que él seguÃa
mostrándose convencido de que diez años antes habÃa abortado un golpe de
Estado. Asà lo manifestó aquella tarde, cuando un guardiacárcel dio por
finalizada mi visita.
Lo volvà a ver en dos oportunidades: una en
Devoto, y la última, luego del indulto firmado en 2003 por el presidente
interino Eduardo Duhalde, que puso en libertad a todos los condenados por lo
sucedido en La Tablada.
Aquella vez tampoco reveló ese gran enigma.
Tres años después, un ataque al corazón
hizo que aquel hombre cálido y algo impulsivo se llevara ese secreto a la
tumba.
Fuente: Tiempo Argentino
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