El 23 de enero de 1921
Cien años del nacimiento de Jorge
Abelardo Ramos
Fue el lÃder de la llamada izquierda nacional, fundador del FIP, militante desde muy joven y, con el tiempo, uno de los intelectuales más polémicos de la polÃtica y la cultura argentina. Desde su libro Crisis y resurrección de la literatura argentina Jorge Abelardo Ramos empezó a esbozar una visión compleja de la relación entre el carácter que consideraba semicolonial de la Argentina y la elite. Su obra más notable, a la vez lectura y escritura de la historia del paÃs, fueron los cinco tomos de Revolución y contrarrevolución en la Argentina, que comienza con el deslumbrante volumen Las masas y las lanzas y concluye con una despedida a Perón, el notable texto "Adiós al Coronel". A cien años de su nacimiento, el 23 de enero de 1921, Radar recuerda la trayectoria del Colorado Ramos, el gran polemista, el combatiente, el escritor.
Por Claudio Zeiger
“Una larga fila de simios y gorilas marcha al trote hacia
los comicios del 30 de octubre. Los bendice la oligarquÃa, pero los vamos a
derrotar. El FIP y el justicialismo, sin duda alguna”. La generación de
la apertura democrática empezó a tener idea de quién era y habÃa sido ese
hombre a partir de los spots de campaña del 83. Duro, tajante y combativo,
el rostro austero, elegante, inteligente hasta la médula al primer vistazo.
Colorado. Pelirrojo. El Colorado Ramos. Quizás, poseedor de esa lucidez que, si
no mata, hiere. La generación anterior lo recordarÃa seguramente porque
su marca de fábrica, el Frente de Izquierda Popular, habÃa obtenido en las
elecciones de septiembre de 1973 casi un millón de votos con la fórmula Perón-
Perón por fuera del Frejuli. Para algunos, una picardÃa extraordinaria;
para otros, el premio al partido que siempre habÃa podido (y querido) comprender
mejor el fenómeno del peronismo desde la izquierda argentina. En todo caso,
debates y chicanas que hoy suenan casi risueñas y que ya no tienen mayor
sentido, pero siguen alimentando el fuego de la polémica en el que se bautizó
una y mil veces Jorge Abelardo Ramos. HabÃa nacido en el barrio de
Flores el 23 de enero de 1921. Murió en octubre de 1994. Cien años de una
figura que como intelectual y escritor no deja de crecer.
OBREROS Y ESTUDIANTES
La creación del FIP en 1971 fue la culminación de toda
una trayectoria militante que arrancó casi en la adolescencia de Jorge, en el
Colegio Nacional de Buenos Aires, con las lecturas de Rafael Barrett y León
Trotsky y el acercamiento a Liborio Justo (hijo marxista y rebelde del
presidente AgustÃn P. Justo) y la formación del GOR, Grupo Obrero
Revolucionario. Otro hito anterior al FIP fue el Partido Socialista de la
Izquierda Nacional, fundado junto a Jorge Eneas Spilimbergo, Blas Alberti, y
otras figuras incorporadas posteriormente como Ernesto Laclau y Adriana
Puigross. De una librerÃa a una imprenta, entre partido y partido, reunión y
reunión, asamblea y asamblea, Ramos fue periodista, librero (su librerÃa Mar
Dulce fue un centro aglutinante y punto de referencia de lo que terminarÃa
cuajando bajo el rótulo de “izquierda nacional”), dirigente polÃtico y
militante, embajador en México en los 90 y autor de una importante cantidad de
libros. El juvenil tomo Crisis y resurrección de la literatura
argentina lo consagró como un temible polemista que no
lograba disimular la avidez y heterogeneidad de sus lecturas (su
antiimperialismo no le impidió declarar su admiración por autores como Walter
Scott, Robert Cunninghame Graham o John Galsworthy), pero solÃa ser impiadoso
con aquellos a quienes consideraba miembros o “personeros” de la elite
oligárquica de la semicolonia. Con Borges y Victoria Ocampo, por ejemplo. O,
mejor dicho: la admiración hacia lo que podÃan escribir no lo confundÃa, en sus
propios términos, respecto del rol o “función” ideológica cumplidas por esos
autores en el entramado cultural. A pesar de no haber pasado por las filas
de Contorno, pronto comprendió que la bestia negra era la
revista Sur. Quien osara pertenecer, aunque sea fugazmente, a sus
filas, tarde o temprano terminarÃa fulminado por el rayo colorado de Jorge
Abelardo Ramos.
EL COMBATE EN LA TRAGEDIA
Indudablemente fueron los cinco tomos de Revolución
y contrarrevolución en la Argentina, aparecidos a partir de 1957, los que
lo situaron en el plano de máximo interés en el cruce siempre candente de
literatura, Historia y polÃtica. AhÃ, el poder de capturar un
siglo en una metáfora o toda una perspectiva histórica en una frase brillante (“La
Argentina es un paÃs donde las estatuas despiertan sospechas antes que
respeto”) alcanzó algo parecido a una culminación.
Algunos señalan que el primer tomo de la serie, Las
masas y las lanzas, está entre las obras ensayÃsticas más notables de la
Argentina. Y uno está tentado de agregar: de las más deslumbrantes, sin duda.
Si se le puede atribuir a escritores intelectuales como Rodolfo Ortega Peña,
Rodolfo Puigróss, José Pablo Feinmann o inclusive en un plano de ficción
histórica, Andrés Rivera, una integral lectura de la historia, en
el caso de Ramos se le puede atribuir una lectura más una escritura de
la historia: una visión mordaz y desenfadada que, si bien a veces puede
atentar contra la ductilidad de esa lectura, no deja de envolverla y potenciarla
desde el pasado hacia el presente y proyectada al futuro. Mirada polÃtica y
estilo combatiente (“mordacidad y tragedia, ambos componentes del estilo de
Ramos, dos estilos que se entrelazan y vivifican a lo largo de toda la historia
del marxismo, de donde los toma”, señaló Horacio González) son inseparables en
la prosa y la praxis de Jorge Abelardo Ramos.
En Revolución y contrarrevolución en la
Argentina se condensan, además, las ideas fuerza que Ramos fue desenvolviendo a
lo largo de su vida intelectual, a modo de convicciones que aunque no lo
parezca a primera vista, lo alejaban de una visión dogmática. SerÃa un error,
acaso, catalogarlo únicamente como un “historiador
revisionista”. En sus ideas fuerza late siempre una visión, una perspectiva que
lo terminaron por convencer –convicción que está casi en el punto de partida-
de que la Argentina es un paÃs a medio hacer, una tarea inconclusa, como un
derrotero en el tiempo que nacido de un error, de una indeterminación, nos
arroja a los brazos del futuro quiérase o no, no nos condena a la gloria pero
tampoco a la derrota. Nos condena eso sÃ, al porvenir. No nos congela en el
deleite de un pasado glorioso al que habrÃa que volver, no nos ancla en un mero
pragmatismo del presente. Una verdad suave, alejadÃsima de cualquier ortodoxia,
destino manifiesto o ficción reparadora: “Somos un paÃs porque no
pudimos integrar una Nación. Y fuimos argentinos porque fracasamos en ser
americanos. Aquà se encierra todo nuestro drama y la clave de la revolución que
vendrá”, puede leerse en los primeros tramos de Revolución y
contrarrevolución en la Argentina.
De esas ideas-fuerza, categorÃas y principios que
rápidamente ponÃa a funcionar en un escrito o en una polémica, queremos
destacar aquà dos en particular. La primera es aquello de la Argentina y en
general de los paÃses de América Latina como “semicolonia”. Detrás de esta
idea-fuerza no hay una negación de la soberanÃa formal de los paÃses y menos
que menos un insulto despectivo; detrás de la caracterización de Argentina como
semicolonia anida precisamente el carácter inconcluso que recién señalamos, un
ser semi, un ni-ni. En palabras de Ramos, se lo podrÃa enunciar como una
hipótesis de trabajo: “La pasión que tiñe nuestras polémicas históricas se
deriva del carácter inconcluso de nuestra revolución democrática y del
predominio ideológico que ejerce aún la vieja ologarquÃa”.
La segunda idea-fuerza lleva el nombre de “la
colonización pedagógica”. Y es notable que se refiere a una situación más
compleja todavÃa de lo que sucede en una colonia pura y dura. En una colonia,
la rotunda presencia y dominación de la potencia extranjera no pone obstáculos
al desarrollo de una conciencia nacional, casi se dirÃa, la propicia. En
cambio, en las semicolonias, los velos y artificios de las ideologÃas y la
cultura entran a jugar un juego aparte.
“En los paÃses tributarios los problemas de la cultura
revisten una importancia especial”, dejó escrito en Crisis y
resurrección de la literatura argentina. “Si en la colonia de Kenya la
policÃa reemplaza a Eliot, en la tradicional semicolonia de la Argentina, Eliot
suplanta a la policÃa colonial. ¿Se trata de un plan elaborado? No. El
imperialismo no es un edificio, un comando en jefe o una sección de
planificación. Es una relación entre cosas. El influjo del imperium nace
de su propio poder mundial y de la educación del gusto por lo ajeno (que
es lo prestigioso semisagrado) de los grupos privilegiados en las colonias y de
ciertas clases medias sometidas a la hipnosis del patrón cultural hegemónico.
Pero en las semicolonias, que gozan de un status polÃtico independiente
decorado por la ficción jurÃdica aquella colonización pedagógica se revela
esencial”.
El entramado de estas hipótesis desplegadas a partir de
convicciones de las que ya no se apartarÃa, permite orientarnos en la lectura
de todos los libros y artÃculos de Jorge Abelardo Ramos. A quien considere que
estas ideas- fuerza solo generan la polarización tÃpica del revisionismo, es
decir, un camino de antinomia que finalmente se revela estéril por poner a B donde
antes estaba A, podrÃa recordársele que los estudios culturalistas y
orientalistas, en particular los enfoques de Edward Said, no distan mucho de lo
que citamos respecto de imperium y cultura. Said lo ha
expuesto con un lenguaje menos áspero, menos elocuente.
En el fondo nada era tan blanco y negro
en el Colorado Ramos, más allá de que desde muy joven lo obsesionara el
fantasma de la neutralidad o el gris, algo que quizás la figura de Perón, con
quien llegó a desarrollar una relación y un nivel de diálogo más que aceptable,
lo haya impulsado a indagar en la posibilidad de una sÃntesis a tantas fatigas
y combates humanos. Lo cierto es que su retórica y su discursividad, la
“mordacidad combatiente”, no lo llevaban a buscar naturalmente la sÃntesis o el
punto de encuentro. Pero no se trataba de una búsqueda dogmática de la verdad
sino de ese trasfondo de tragedia compartida por quienes vivimos bajo un mismo
suelo, en una misma tierra signada por la indeterminación y la no conclusión. Siempre el paÃs de barro, a medio
hacer.
De todas las polémicas en las que participó, hay una en
la que muestra un sentido de humanidad que expuso en una elección crucial:
entre el intelectual que tiene la posición justa y el militante equivocado pero
valiente, elegirá a este último.
En la polémica que sostuvo con Ernesto Sabato en
sucesivas entregas de la revista PolÃtica en 1961, en el
momento de la réplica final, antes de desplegar sus nuevos y últimos mandobles,
Ramos hace una increÃble puntualización dirigida a aquellos que le achacaban
“una debilidad” por Sabato, quien no merecerÃa tanta dedicación por parte de
los revolucionarios puros ya que se trataba de un simple escriba de la
oligarquÃa, uno más.
Ramos contesta con vehemencia y, de paso, revela una
pequeña joya de su biografÃa.
“Hace veinte años, en noviembre de 1941, participé con
Sabato en una reunión en Punta Lara cerca de La Plata. Éramos unos veinte o
treinta estudiantes y obreros. Se trataba de organizar un partido
revolucionario, ese partido ideal, intransigente e inquebrantable que templó
las aspiraciones de nuestra adolescencia y que hoy todavÃa constituye el
objetivo central de nuestra lucha. Al fundarse el pequeño partido, el eje de su
acción pública fue su oposición a la guerra imperialista y a la participación
argentina en ella. Sabato estuvo presente, era uno de aquellos veinte o treinta
hombres jóvenes que bajo la bandera marxista se levantaron en medio de la
indiferencia general. Cuando todos los intelectuales de ‘izquierda’
socialistas, comunistas y hasta extrotskistas estaban a favor de los Tres
Grandes, ese núcleo aguerrido salvó el honor del pensamiento revolucionario en
la Argentina. Y ahora yo quisiera saber dónde estaban muchos de los crÃticos
más mordaces de Sabato, cuando Sabato estaba contra la guerra. Yo quisiera
saberlo. Esa es una de las razones de ‘mi debilidad’ por Sabato”.
Cincuenta, sesenta, cien años después, cualquiera está en todo su derecho de pensar que tanto fuego y hasta sus cenizas han caducado. Creemos que no, que vale la pena seguir ejercitando una cierta actitud revisionista sin perder ni el espÃritu crÃtico ni el sentido del humor –dos banderas que Ramos nos legó-, pero si aún esto fuera en vano, si ni fuego ni cenizas quedan, nadie podrá quitarle a Jorge Abelardo Ramos el hecho de haber inventado un estilo de hombre polÃtico, de intelectual público y de escritor únicos, en una semicolonia que alguna vez se llamó Argentina. Y que todavÃa se debate entre la mordacidad y la tragedia.
Fuente: Página/12



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