Debut como director con “Los pilares de la sociedad”
Jorge Suárez: “A Ibsen no lo va a matar la Inteligencia Artificial”
El reconocido actor abordó una obra compleja y poco representada, pero no duda en afirmar que resultó una experiencia enormemente gratificante.

De la mano de un clásico. El reconocido actor Jorge Suárez vive su primera experiencia como director con Los pilares de la sociedad, pieza del notable autor noruego Henrik Ibsen. Luego de superar algunas dificultades de salud, y alejado momentáneamente del escenario como intérprete, Suárez se luce dirigiendo a un elenco numeroso de actrices y actores en una puesta que dialoga de manera directa con los entretelones de la política actual.
Con la adaptación del propio Suárez, Juan Carlos Fontana, Martín Seefeld y Carolina Solari, y la dirección adjunta de Eduardo Gondell, la obra está interpretada por Martín Seefeld, Eleonora Wexler, Mara Bestelli, Gerardo Chendo, Edgardo Moreira, Pablo Finamore, Antonia Bengoechea, Alfredo Castellani, Daniela Catz, Susana Giannone, Gilda Scarpetta, Agustín Suárez, Lolo Crespo, Fernando Sureda, Luis Longhi y Donata Girotti. Las funciones se realizan en el Teatro Presidente Alvear (Av. Corrientes 1659) de miércoles a sábados a las 20 y los domingos a las 19, y se despedirá el domingo 30 de noviembre.
Estrenada en 1877, la obra significó para la dramaturgia de Ibsen el comienzo de un período de realismo crítico con el que denunció la hipocresía moral y social de la burguesía de su tiempo. La historia tiene como protagonista a Karsten Bernick, un poderoso empresario, dueño de un gran astillero, y a su vez alcalde de su pueblo, considerado un “pilar de la sociedad” por sus valores. Pero todo resulta una fachada detrás de la cual se esconden otros intereses. En ese marco, la inesperada vuelta de Johan Tonnesen, su cuñado, amenaza con revelar algunas verdades incómodas.

La obra -de las menos representadas de Ibsen- tuvo en 1986 otro montaje que subió a escena en el Teatro San Martín con adaptación de Jorge Goldenberg, dirección de Roberto Villanueva y recordadas actuaciones de Aldo Braga, Alicia Berdaxagar, Hugo Soto, Graciela Araujo y María Cristina Laurenz. “Ibsen es un autor que me moviliza mucho. Fue un adelantado y un hombre brillante. Me pasa con él lo mismo que con Shakespeare, porque pienso: ‘¿Cómo este hombre escribió esto?’. Me sorprende muchísimo”, confiesa Suárez.
-¿Cómo te llegó este proyecto?
-Fue a través de Martín Seefeld, de quien soy amigo hace muchos años. A él le propusieron hacer esta obra en el teatro oficial, y cuando el proyecto fue elegido puso como condición que yo la dirigiera. Y fue una felicidad enorme. Esta es una obra muy compleja, pero hicimos un gran trabajo de adaptación. Me atrajo mucho que fuera una historia tan actual. Me llama mucho la atención la lucidez y la visión de Ibsen.
-¿Dónde advertís que radica la vigencia de este autor?
-Es llamativo el pensamiento y el talento de este hombre. Los pilares de la sociedad es una obra escrita hace ciento cincuenta años, pero pareciera que hablara de hoy. Me sorprende el lugar en el que pone a la mujer, porque es un lugar que ni siquiera hoy se logró alcanzar. En su obra Casa de muñecas, la mujer directamente abandona su hogar con tres hijos porque no soporta más el maltrato. Y en este caso no llega a eso tan extremo, pero sí expone lo que la mujer toleraba en esa época. Es una cosa increíble, pero la mujer era prácticamente un objeto que no podía tomar ninguna decisión. Su lugar era criar a los hijos, y estar bajo la supervisión de la mirada del padre que observaba si estaba bien o mal lo que ella hacía. La vigencia es absoluta. Por un lado, en esto que pasa con la mujer, y por el otro lado respecto del mecanismo político de corrupción que podemos ver hoy, todos los días, en el noticiero. En este sentido, Ibsen aborda la corrupción de una manera tan sencilla y clara que creo es algo que seguirá vigente en el 2080 y el 2100. Por otro lado, en El enemigo del pueblo, otra de sus obras, escribió sobre el cuidado del clima, del suelo, el río y el agua. Eso me llama poderosamente la atención. Siento que a este tipo de autores no los va a matar la Inteligencia Artificial. Me siento muy honrado de haber dirigido esta puesta.
-La obra es una adaptación de la original que trabajaste junto a Juan Carlos Fontana, Martín Seefeld y Carolina Solari. ¿Cómo fue ese trabajo y qué modificaciones realizaron?
-Trabajamos mucho para traerla lo más posible a la actualidad. Fue un trabajo muy largo, de muchos meses. Es un Ibsen, y no se puede hacer cualquier cosa. Pero creo que logramos un gran trabajo, porque la gente agradece mucho lo que cuenta la obra, ya que es una gran denuncia de la corrupción de un hombre que aparentemente es un político serio y querido por el pueblo, cuando en verdad es un corrupto espantoso, dañino, egoísta y egocéntrico; un narciso que en lo último que piensa es en los demás, y que en lo único que piensa es en él y en la plata que puede ganar y el poder que puede tener. Además, la obra tiene algo de melodrama, romance, de gente que se ama o no se ama, y engaños y traiciones, y eso también me resultó interesante. Ibsen fue mucho más blando con el castigo hacia este alcalde del pueblo, pero en nuestra adaptación decidimos castigarlo un poco más, y verlo derrumbado, perdido y abandonado por todos. Su final es espantoso, como debería ser siempre el de aquellos que se abrazan al poder sin pensar en los otros.
-Esta obra implica tu debut como director. ¿Cómo evaluás esta experiencia?
-De una manera muy positiva. El teatro oficial es como mi casa. Yo trabajé ahí desde 1992 hasta 2004. Fueron muchos años. Y fue una experiencia maravillosa dirigir a estos actores en una obra tan compleja, porque recibí lo mejor del otro lado. A mí me gusta mucho actuar desde la tripa, desde lo más profundo del sentir. El aquí y el ahora de cada función es un universo. Traté de sacar eso de mis actores y creo que lo logré. Lo digo humildemente, porque en una obra tan compleja eso no es fácil, y sin embargo están todos muy bien y yo estoy muy feliz. La verdad que le agradezco mucho a Martín Seefeld y a todos los directivos del teatro por esta oportunidad y esta confianza. Por ser mi primera puesta como director, me sentí muy cómodo y confiado.
-Es un elenco muy numeroso, 16 actores y actrices. ¿Eso le añadió mayor dificultad al trabajo de dirección?
-No, la verdad que no fue complejo porque el elenco entendió inmediatamente la consigna que les di. La idea fue que todos estuviéramos la mayor cantidad del tiempo posible mirando el ensayo de los demás, para tratar de construir algo entre todos y encontrar un código. Me parece que eso es muy importante para poder entregarse y eso es lo que les pedí: que estuvieran al borde del abismo y que probaran esa sensación de vacío previa a la creación. Todos son unos profesionales maravillosos, y trabajaron con una entrega absoluta.
-¿En qué otros proyectos estás trabajando?
-Tengo la fortuna de que me llaman permanentemente para trabajar como actor y tengo la felicidad de poder elegir pero, a partir de una operación grande que atravesé, tuve que suspender un poco las expectativas. Ahora, en este momento, estoy leyendo dos obras de teatro y ya se está gestando mi próximo espectáculo. Aún no puedo dar detalles, pero sí puedo decir que creo que a mediados de marzo ya voy a estar con fuerzas para estrenar. A mí me gusta mucho actuar. La actuación me constituye, me hace bien y me amiga con la vida. Mi hijo es actor, y mi mujer es la vestuarista de esta obra y me da mucha alegría poder compartir esto con mi familia. Además, estoy muy agradecido con el público que viene a ver la obra. Me emociona ver la sala llena y disfrutando de un clásico hermoso como este.
-¿Cómo ves hoy a la escena teatral?
-El teatro en Buenos Aires y en la Argentina es rico y enormemente floreciente, y hay propuestas de todos los colores. No todas son buenas, pero lo importante es que haya opciones, porque en el error es el lugar donde uno aprende. Hay algo extraordinario en este juego de que haya tantas obras en el off, en el oficial y en el comercial. Pero lo que sí me gustaría es que en el teatro comercial hubiera por lo menos dos o tres clásicos, con adaptaciones o como sea, pero que los productores también produzcan obras con profundidad y que se siga sosteniendo un teatro clásico en un lugar al cual la gente pueda acceder. Creo que hay algo que habla por nosotros en lo que pasa con el teatro. Estamos en una crisis tremenda y la gente la está pasando mal y, sin embargo, los teatros están colmados de gente. Tal vez ocupemos, con seguridad, el tercer lugar en el mundo donde hay más teatro, donde hay más búsqueda y más propuestas. Y brindo por eso, que me parece maravilloso.
Fuente: Página/12
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