¿En las puertas de un nuevo ciclo de carry trade?
La
deuda externa, lastre para muchos y negocio para unos pocos
El proceso de endeudamiento
externo argentino en los perÃodos 2016-2019 y 2024-2025 puede comprenderse a la
luz del paradigma de la financiarización. Este fenómeno adopta en los paÃses
periféricos una forma especÃfica: el endeudamiento externo no está dirigido a
sostener procesos de inversión productiva o expansión del gasto social, sino a
garantizar retornos extraordinarios a los flujos financieros especulativos.
Pablo Tigani*
09 de noviembre de 2025 - 0:01
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Santiago Bausili, presidente del Banco Central,
junto a Luis Caputo, ministro de EconomÃa, dos ex JP Morgan.
Durante las últimas dos décadas, Argentina ha
atravesado ciclos de endeudamiento, valorización
financiera y crisis macroeconómicas que exhiben una regularidad
perturbadora. Lejos de obedecer al azar o a condiciones exógenas
incontrolables, estos procesos parecen responder a una lógica funcional a
ciertos intereses concentrados, tanto internos como externos, que se repiten en
sus protagonistas y en sus métodos.
En particular, los gobiernos de Mauricio Macri
(2016-2019) y Javier Milei (2024-2025) comparten una matriz común; la transferencia regresiva de ingresos a través del endeudamiento
externo, la liberalización financiera y la fuga sistemática de capitales.
Pero, más aún, comparten equipos técnicos y operadores financieros que migran
del sector privado al público y viceversa, operando como gestores de
oportunidades de negocios bajo la fachada del tecnocratismo.
Las principales hipótesis de este artÃculo son las
siguientes:
1.- Que el endeudamiento no fue un medio sino un
fin; se utilizó como mecanismo para financiar
negocios privados de carry trade en detrimento del
bienestar colectivo.
2.- Que las consecuencias socioeconómicas del
modelo aplicado son medibles; destrucción de la industria,
pérdida de empleo, aumento de la desigualdad, desinversión y retroceso del
Estado como agente rector del desarrollo.
3.- Que las ganancias de los grupos implicados,
aunque difÃciles de rastrear por su opacidad, son observables en los
balances de fondos internacionales, declaraciones patrimoniales y el
posterior reciclaje de estos actores en nuevas funciones públicas: La relación
de Robert Citrone, dueño del fondo Discovery Capital ex compañero de Scott Bessent,
secretario del Tesoro de EE.UU. y Caputo, despierta sospechas de información
privilegiada. El fondo que dirige llegó a ganar dos millones de dólares diarios
con operaciones en bonos argentinos durante 2024 y 2025.
Financiarización y dependencia
El proceso de endeudamiento externo argentino en
los perÃodos 2016-2019 y 2024-2025 puede comprenderse a la luz del paradigma de
la financiarización, definido como la creciente subordinación de las
economÃas nacionales a las lógicas de valorización financiera global.
Este fenómeno, observado a escala planetaria desde los años ochenta, adopta en
los paÃses periféricos una forma especÃfica: el endeudamiento externo no está
dirigido a sostener procesos de inversión productiva o expansión del gasto
social, sino a garantizar retornos extraordinarios a los
flujos financieros especulativos.
La economÃa polÃtica del endeudamiento argentino
también remite al concepto de “dependencia financiera”,
en el sentido propuesto por Theotonio dos Santos y adaptado por autores contemporáneos
como Eduardo Basualdo. Desde esta perspectiva, el endeudamiento funciona como
vehÃculo de subordinación estructural, consolidando relaciones
asimétricas entre el capital financiero transnacional y los Estados periféricos.
Argentina, con su historia cÃclica de endeudamiento y fuga, se convierte asà en
un laboratorio privilegiado para observar cómo opera esta lógica.
Puerta giratoria
El papel de los agentes financieros que transitan
del sector privado al público y viceversa ha sido ampliamente abordado por la
teorÃa del regulatory capture (Stigler,
1971), según la cual los reguladores terminan
actuando en favor de los intereses de las empresas que deberÃan supervisar.
Conceptos como el de puerta giratoria (revolving door) o colonización tecnocrática son útiles para pensar
el modo en que ciertos individuos -formados como traders, analistas o expertos
en fusiones y adquisiciones en entidades como JP Morgan, Deutsche Bank, Goldman
Sachs y otros- asumen cargos clave en el Ministerio de EconomÃa, el Banco Central,
Nucleoeléctrica Argentina; toman decisiones favorables a sus anteriores
empleadoras, y luego retornan al mundo corporativo con mayor
capital simbólico y contactos.
Este comportamiento no implica necesariamente la
comisión de delitos en sentido jurÃdico, pero sà plantea un dilema ético y polÃtico de primer orden: ¿puede el
Estado defender el interés público si sus decisores responden a una
racionalidad privada transnacional?
El auge de las finanzas como campo autónomo de
poder ha sido analizado por autores como Abolafia y Michel Callon, quienes
destacan cómo los mercados no solo operan con cifras, sino también con
narrativas, sÃmbolos y legitimidades construidas socialmente. En este sentido,
los operadores financieros actúan como agentes simbólicos que imponen un sentido sobre lo que es “responsabilidad fiscal”, “confianza del
mercado”, o “madurez económica”.
Los operadores de Wall Street construyen redes de influencia, operan con cinismo
profesionalizado y utilizan su conocimiento privilegiado para obtener
beneficios en mercados emergentes, como el argentino, donde la debilidad
institucional facilita sus maniobras.
El arquitecto
Luis Caputo fue el principal ideólogo de la
estrategia de endeudamiento acelerado del gobierno de
Mauricio Macri. Antes de su ingreso a la función pública, fue jefe
de trading para América Latina en JP Morgan y jefe de la mesa de trading para
Latinoamérica y Europa del Este del Deutsche Bank desde Londres. Desde allÃ
tejió vÃnculos duraderos con los principales fondos especulativos, como
BlackRock, PIMCO, Vanguard y Templeton, quienes luego participarÃan activamente
en la compra de deuda argentina durante su gestión como secretario y
luego ministro de Finanzas.
Caputo fue el responsable directo de la emisión de más de 100.000 millones de dólares entre 2016 y
2018, a tasas que en muchos casos superaron el 7% anual en dólares,
una cifra exorbitante para un paÃs sin acceso normal a los mercados. Estas
emisiones se justificaron como un “regreso a los mercados”, pero en
realidad consolidaron un modelo de carry trade en
el cual inversores extranjeros entraban con dólares, cobraban altas tasas de
interés en pesos, y luego fugaban capitales comprando dólares a precios
subsidiados.
El caso más emblemático fue la colocación de un
bono a 100 años en 2017, una operación simbólica de la subordinación argentina
al capital financiero, con una tasa efectiva de 7,9%.
El socio silencioso
Santiago Bausili, socio de Caputo en la
consultora Anker Latin America, fue su mano derecha tanto en el Deutsche Bank
como en el Ministerio de Finanzas de Macri. En ambos lugares coordinó
estrategias de colocación de deuda y asesoramiento a fondos de inversión
interesados en operaciones de altÃsima rentabilidad en
mercados emergentes. En la gestión pública ocupó cargos clave como
subsecretario de Financiamiento y luego secretario de Finanzas, participando
activamente en todas las licitaciones de deuda en moneda extranjera y en pesos.
Durante el gobierno de Javier Milei (2023–2025),
Bausili fue designado presidente del Banco Central de la República Argentina,
desde donde ejecutó una polÃtica de estatización de pasivos
remunerados del BCRA mediante el pase paulatino de Leliqs y
“operaciones de pases” a deuda del Tesoro Nacional, reproduciendo el
esquema de desendeudamiento formal a costa de mayor vulnerabilidad externa.
Esta operación permitió al mercado deshacerse de instrumentos de regulación
monetaria en pesos, que, eventualmente, estaban sujetos a un eventual sucedáneo
de “Plan Bonex” (Canje forzoso).
El bajo perfil de Bausili contrasta con la magnitud
de sus decisiones. Fue uno de los encargados de garantizar retornos
exorbitantes a los fondos de inversión que habÃan entrado en 2016-2017 y cuyos
bonos se revalorizaban con cada emisión garantizada por el Estado argentino.
El lobista global
José Luis Daza es una figura menos conocida para el
público argentino, hizo los primeros intentos en los noventa por interesar a
Miguel Kiguel en hacer el Megacanje cuando estaba en JP Morgan, pero es
el hombre clave en la arquitectura internacional del endeudamiento.
Hijo de un diplomático, luce más circunspecto que
Caputo. Economista nacido en Argentina, nacionalizado chileno, ex JP Morgan, ex
Deutsche Bank, ex asesor del BID, fundador de QFR Capital Management, donde es
socio de Demian Reidel (asesor económico de Javier Milei, ex Goldman Sachs y JP
Morgan).
Daza tiene relaciones aceitados en Washington,
Nueva York y Santiago de Chile. En los últimos años,
su figura reaparece como asesor informal de los gobiernos neoliberales
sudamericanos, incluido el de Javier Milei y el candidato ultraderechista Kast
en Chile.
Daza no solo ha operado como asesor, sino también como deal-maker: participó en la articulación de los vÃnculos entre el equipo económico de Caputo y los fondos globales con interés en deuda argentina. Su rol ha sido más diplomático que técnico; facilitar reuniones, destrabar condiciones de financiamiento y garantizar canales de fuga seguros para los inversores.
El ejecutor operativo
Pablo Quirno, ex Director para Latinoamérica de JP
Morgan en Nueva York, fue jefe de Gabinete del Ministerio de Finanzas durante
la gestión de Luis Caputo y ocupó también posiciones clave durante el retorno
del macrismo financiero con Milei.
Su rol ha sido eminentemente operativo; armado de roadshows internacionales, coordinación con
bancos colocadores, redacción de prospectos y negociaciones con
calificadoras de riesgo. Aunque no tuvo la visibilidad de
Caputo, fue quien ejecutó muchas de las decisiones que luego comprometieron la
sostenibilidad de la deuda argentina.
En el ciclo 2024-2025, Quirno reaparece como parte
del equipo económico que relanza la misma estrategia de endeudamiento rápido,
pago de diferenciales de tasas extravagantes en dólares y pesos, funcionales al
carry trade, y desarme abrupto de regulaciones a los movimientos de capitales.
En todos los casos, su función fue garantizar “seguridad” para los tenedores de
bonos, aún a costa de la soberanÃa financiera nacional. Recientemente fue nombrado Canciller en reemplazo de Gerardo
Werthein.
Incorporación
La última incorporación al equipo es Alejandro Lew,
quien fue vicepresidente del Banco Central en los primeros meses del gobierno
de Milei y antes manejó las finanzas de YPF durante la gestión de Alberto
Fernández. También pasó por HSBC y, como sus colegas de equipo, por el JP
Morgan.
Y es imposible omitir al pionero, Alfonso Prat Gay, quien fue el
primer Ministro de Hacienda del gobierno de Mauricio Macri (2015-2016) y sentó
las bases del modelo posterior. Ex JP Morgan, Prat Gay fue presidente del Banco
Central durante el interregno de la crisis 2001-2002, donde fogoneó los
primeros acercamientos con Wall Street tras el default. Como ministro, eliminó
los controles cambiarios (“cepo”), canceló la deuda con los fondos buitre en
condiciones extremadamente favorables para los acreedores, y habilitó el primer
ciclo de endeudamiento rápido.
EpÃlogo
La deuda, la fuga y la destrucción del aparato
productivo no son consecuencias colaterales; son parte constitutiva del
negocio financiero. Los análisis anteriores sobre el perfil y
las estrategias implementadas por el equipo económico ofrecen una base sólida
para comprender no sólo la naturaleza ideológica y funcional de estos actores,
sino también las consecuencias concretas y palpables de sus
polÃticas sobre la economÃa y la sociedad argentina.
*Doctor en Ciencia PolÃtica. @DrPabloTigani
Fuente: Página/12
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