Funcionó en Humahuaca por más de 30 años
La historia de Raúl Prchal
y la comunidad anarquista transitoria
Loco, genio, delirante,
sabio, o todo eso junto, son algunos de los adjetivos que surgen al rememorar
la singular vida de Raúl Prchal, quien se instaló en Humahuaca a mediados de
los años 70, abriendo su casa para recibir visitantes, convirtiéndola en un espacio
donde la vida transcurrÃa entre lo surrealista y lo creativo. Un reciente
documental cuenta sus dÃas en la Quebrada.
9 de julio de 2024 - 10:57
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· Fotograma del documental. . Imagen: Facundo Rivarola
CorrÃan los años 70 y Humahuaca resultaba
un paraje bastante pequeño del norte argentino, donde sus habitantes aún no
convivÃan con la gran explotación turÃstica. Los foráneos que se atrevÃan a la
aventura más bien eran aquellos que buscaban una forma de vida alejada del
sistema.
Es en este contexto que,
junto a su familia, arribará Raúl Prchal, un personaje nacido el 29
de marzo de 1942 en Munro, Provincia de Buenos Aires, y que con el
correr de los años comenzó una búsqueda personal que lo llevó en los años 60
hasta la provincia de Córdoba, donde conoció a un discÃpulo de Gandhi llamado Lanza
del Vasto.
Sumergido en una
experiencia de búsqueda constante, será que por esos años conocerá por primera
vez la Quebrada de Huamahuaca, y si bien no se afincará, aquella
imagen le quedará grabada para toda su vida. Luego emprenderá viaje hacia Uruguay buscando
comunidades de vida alternativa, y más tarde llegará a Francia, donde
se instalará por dos años en la Comunidad el Arca.
Allà las prácticas le
resultarán un tanto opresivas y dirigidas, por lo que abandona la Comunidad y
enprende viaje a España, donde descubre y abraza las
ideas del anarquismo. Con este convencimiento, y gracias a la
lectura de los clásicos de aquella vertiente polÃtica (Tolstoi, Bakunin,
Thoreau, entre otros), regresa a la Argentina.
La Huayra Huasi en sus primeros tiempos. Año 1976,
aproximadamente (Imagen: gentileza Facundo Rivarola).
Con aquel recuerdo de los años 60 vuelve a Humahuaca el 1 de enero de 1975, consigue un terreno en un barrio aún desolado donde comienza una aventura que fue mutando con el tiempo en sus formas y maneras, viviendo y conviviendo en una casa-espacio por la que transitaron muchas personas con experiencias distintas. Sin embargo, todos recuerdan ese paso como algo singular en sus biografÃas de vida.
Una de las tantas personas
que transitó por aquella casa-comunidad denominada Huayra Huasi por
el mismo Prchal, es Facundo Rivarola, quien sin proponérselo
fue director de un documental que retrata la vida de este
personaje en una pieza fÃlmica titulada “La realidad no existe”,
una de las frases de cabecera del soñador de Humahuaca.
“Cuando tenÃa 19 años pasé
por lo de Raúl como otras tantas personas y eso me hizo un click en la
vida, tanto en cosas prácticas como en capas más subterráneas de mi ser.
Evidentemente, fue una persona que siempre tuve en cuenta y fue muy
inspiradora. De hecho en muchos de mis viajes, de los pocos objetos que llevaba
conmigo una era una foto con Raúl que tenÃa entre mis cosas”.
Asà comienza el relato el
director del documental, quien logró compilar gran cantidad de
material, de archivo y testimonios, de la vida de Prchal y su casa llamada
Huayra Huasi. “Cuando Raúl llega al terreno de Alto Independencia en
Humahuaca, en ese momento estaba pelado, no era un barrio como es hoy en
dÃa, fue una de las primeras casas que se hicieron. Ahà llega con su familia, y
otras familias más, para armar una comunidad”. Sin embargo, los planes de
Prchal cambiarán lentamente cuando al poco tiempo las familias que lo
acompañaban abandonan el proyecto y, tiempo después, se separará de su mujer
quedando solo, “Es un momento muy duro donde queda muy desganado”,
comenta Rivarola.
Facundo Rivarola, director del documental.
En la pelÃcula surgen
testimonios de aquel tiempo en los que se remarca como fue sucediendo la
transformación de Prchal, desde la idea de comunidad con amigos y
familia, para luego virar a una vida solitaria. “Era una casa hermosa pero
la destruyó por completo, sacó todos los servicios y la convirtió en otra cosa,
él estaba muy deprimido”, afirma uno de los tantos testimonios del documental.
“Al poco tiempo llegan unos
viajeros buscando un lugar para quedarse y alguien les dice que hay un tipo que
tiene una casa con habitaciones y que vivÃa solo”, cuenta Rivarola, y agrega: “con
el tiempo empiezan a llegar más personas y él ve que quizás con un flujo de
gente y sin tantas reglas, podÃa armar una comunidad como
alguna vez soñó. Con el tiempo la terminará llamando ‘comunidad anarquista
transitoria’”.
Aquella comunidad que se
fue organizando tenÃa más que ver con el anarquismo trashumante que
bordea lo “linyera” como forma o método de vida fuera del sistema, un
transcurrir despojado de los servicios básicos como luz, gas,
telefonÃa celular y tecnologÃa en general. Era asà como se vivÃa en la lúgubre
Huayra Huasi.
Prchal en la puerta de la Huayra Huasi (Imagen:
fotograma del documental, gentileza Facundo Rivarola).
“HabÃa un Raúl de noche
y otro de dÃa”, coinciden varios testimonios del documental. Por
las noches Prchal se transformaba en un actor-bufón-cantante-poeta regado
de alcohol, pero en cuanto el dÃa comenzaba a surgir, se lo
podÃa ver revisando y corrigiendo escritos, instalado en su máquina
de escribir en franco proceso creativo.
“Él decÃa que vivÃa de una forma real sin conectarse con un montón de cosas que no necesitaba, sin necesidades ficticias, algo que resulta muy interesante. Era un lugar donde caÃa todo tipo de gente, era un importador de locos”, comenta entre risas Rivarola. “Generaba un flujo de locos gigante, pero hay que decir que también nucleaba mucha gente del lugar”, algo que aparece como una constante en los relatos del documental, mixtura de nativos humahuaqueños y jóvenes mochileros de las grandes urbes.
(Imagen: fotograma del documental, gentileza
Facundo Rivarola).
Por la puerta de la Huayra
Huasi podÃan entrar tanto músicos consagrados como Ricardo Vilca,
como adolescentes porteños en búsqueda de experiencias lisérgicas. Chamanes,
escritores, borrachos varios, escritores, o cualquier otro tipo de persona que
llegaba para curiosear la vida en el Castillo de Adobe, como llamaba
también Prchal a su hogar comunitario.
“Él detestaba que su pueblo
se vaya transformando en una cosa turÃstica que la gente va a visitar una tarde
y se va. De hecho, era muy respetuoso de la cultura del lugar, algo
que se ve en varias escenas del documental”, afirma Rivarola. “Raúl trata todo
el tiempo de compartir la cultura del lugar con los 'pendejos' que venÃan todo
el tiempo. En agosto celebraba la Pachamama, abrÃa su apacheta, hacÃa sus
rituales como forma de transmitir”.
Este sincretismo o manera
de querer ser puente entre “los aterrizados” que llegaban a su casa y la
cultura quebradeña, es una tensión que llevará durante toda su vida. “VivÃa
en la contradicción entre ser distinto y ser parte de la comunidad, de
hecho, se jactaba de ser padrino de niños de Humahuaca, algo que repetÃa
siempre”, cuenta otro testimonio de la pieza fÃlmica que retrata su vida.
En esa misma lÃnea se puede
ver y escuchar en el documental otra cuestión que realmente lo movilizaba y
ponÃa contento, y era cuando estudiantes del pueblo lo venÃan a consultar por
dudas escolares, “andá a verlo al viejo loco que vive allá arriba (por el
barrio Alto Independencia) que sabe mucho. Eso a él le hacÃa feliz, y no tanto
los aduladores de la ciudad”, remarcan testimonios de aquellos que lo
conocieron.
La pelÃcula de Facundo
Rivarola es totalmente vivencial, y a través de ello permite al espectador
sumergirse en la vida de Prchal y la Huayra Huasi. El vaso de alcohol
en la mano como una constante, la suciedad de un ambiente enturbiado y los
pasajeros temporarios durmiendo en cualquier rincón de la casa, convierten
el contexto en una predica del despojo de un hombre al margen de la sociedad y
que al mismo tiempo, caminaba sobre los bordes.
También aparece el lado
creativo de un Prchal gran productor de textos, con nueve libros
escritos, y la vida como un juego teatral de expresión y prédica constante,
“decÃa que la realidad es lo que a vos te cante, que podés moldearla y armarla,
y que si querés salir del sistema, lo podés hacer”.
La historia de Prchal tiene
infinitas aristas para abordar, tantas como la gente que pasaba, o las cosas
que sucedÃan en la Huayra Huasi, ya que dentro de sus muros se vivÃa una
especie de microclima o microcosmos, porque en definitiva, como
coinciden muchos de los que pasaron por su casa, “la Huayra era una
aventura”.
Una de las voces del
documental deja una frase que surge como sÃntesis: "Si algo hay seguro es
que lo que pasaba allà adentro, nada tenÃa que ver con el mundo de
afuera. Las vivencias y hasta los problemas eran otros. Algo asà como un
mundo paralelo".
Fuente: Página/12
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