Opinión
Intifada global
5 de mayo de 2024 - 00:01
·
La masacre de Gaza se
globalizó. La agenda mediática, los claustros académicos y los debates públicos
se rehúsan a invisibilizar lo que indudablemente se constituye en un crimen de
lesa humanidad. Los predios universitarios de diferentes paÃses occidentales,
entre ellos los de Estados Unidos y los de Europa occidental, exhiben las
protestas estudiantiles donde se repudian tanto las hambrunas como los
bombardeos que se llevan a cabo sobre la población civil. A siete meses de las
elecciones, Joe Biden puja por calmar a la opinión pública para evitar que las
movilizaciones en solidaridad con Palestina impacten en forma negativa entre
los votantes demócratas.
Esos antecedentes son los
que motivan al Jefe del Departamento de Estado, Antony Blinken, a insistir en
un cese del fuego útil para permitir el ingreso de ayuda
humanitaria a la población palestina sitiada por Israel y Egipto. Esa es
también la razón por la que Washington ha promovido las imputaciones contra
cinco unidades de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), bajo la denuncia de
violar los derechos humanos de la población civil.
En la última semana, la
policÃa de Nueva York desalojó el Hamilton Hall, un emblemático
edificio de la Universidad de Columbia. Dos dÃas después, los organismos de
seguridad irrumpieron en el campamento estudiantil de la Universidad de
California (UCLA), deteniendo a decenas de manifestantes. Hechos similares se
han sucedido –desde el 18 de abril– en tres docenas de universidades
estadounidenses donde se procedió a la detención de dos mil estudiantes. En las
universidades francesas también se llevaron a cabo múltiples expresiones de
condena a la polÃtica del gobierno israelÃ: en Sciences Po, de
ParÃs, los colectivos estudiantiles han solicitado suspender sus vÃnculos con
los centros de investigación israelÃes e iniciado una huelga de hambre en
protesta. En América Latina, Colombia ha imitado los pasos de Bolivia y a
partir del 2 de mayo implementó la ruptura de las relaciones diplomáticas con
Tel Aviv.
Las manifestaciones que se
suceden en diferentes paÃses buscan ser tergiversadas por las usinas de
propaganda occidental, funcional a los intereses de la derecha israelÃ.
Mientras que las múltiples expresiones se orientan a cuestionar las polÃticas
coloniales de Israel respecto a los territorios palestinos ocupados y/o
sitiados y el trato a la población civil, los periodistas de chequera catalogan
a los manifestantes como antisemitas y judeófobos. Para instalar y naturalizar
ese malentendido, los encargados de defender las polÃtica de Bibi Netanyahu
apelan a la definición acordada
por la Alianza Internacional para la Conmemoración del Holocausto
(IRHA), olvidando que la propia institución advierte taxativamente, que
“las crÃticas contra Israel, similares a las dirigidas contra cualquier otro
paÃs, no pueden considerarse como antisemitismo”.
Quienes justifican los
bombardeos sobre población civil en Gaza buscan silenciar a sus detractores
haciéndole creer a la opinión pública que las manifestaciones contra las
masacres –y la compasión con los miles de asesinados y encarcelados palestinos–
suponen una automática legitimación de los crÃmenes ejecutados por Hamás. Una
de las intelectuales que han cuestionado con mayor precisión estos
malentendidos intencionales ha sido Judith Butler quien
se ha solidarizado con las organizaciones judÃas francesas que repudian la
opresión, la ocupación y la masacre contra los gazatÃes: “Tsedek y
la Union Juive Française pour la Paix, representan principios que
resuenan en Jewish Voice for Peace, la organización a la que he pertenecido
durante muchos años en Estados Unidos”. Esa posición la llevó a negarse a
participar de una marcha organizada por la ultraderecha francesa, convocada,
entre otros, por los neofascistas Eric Zemmour y Marine Le Pen, para respaldar
las polÃticas de Netanyahu, advirtiendo que “el Estado de Israel no representa
a todo el pueblo judÃo, y que la crÃtica y la oposición al Estado de Israel en
sus acciones genocidas es en realidad, para mÃ, una obligación de ética judÃa”.
Por su parte, Naomi Klein
–la intelectual canadiense autora de La doctrina
del shock– precisó en un reciente artÃculo en The Guardian que
“Nuestro judaÃsmo no puede ser contenido por un etnoestado, porque nuestro
judaÃsmo es internacionalista por naturaleza (…) Nuestro judaÃsmo no se ve
amenazado por personas que alcen sus voces en solidaridad con Palestina (…)
Queremos liberarnos del proyecto que comete genocidio en nuestro nombre…”. La
solidaridad con el pueblo palestino, que tiene el derecho inalienable a contar
con un Estado soberano, ni implica de ninguna forma justificar el acto criminal
cometido por Hamás. La socióloga israelà Eva Illouz,
autora de ¿Por qué duele el amor?, articuló ambos principios en un
párrafo: “no hay contradicción entre oponerse firmemente a la subyugación y
ocupación de los palestinos por parte de Israel y condenar inequÃvocamente los
brutales actos de violencia contra civiles inocentes”.
Fuente: Página/12

No hay comentarios:
Publicar un comentario