Igual la di por buena
Por Fabián Restivo
27 de febrero de 2024 -
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Twitter o X, al igual que
el resto de las empresas privadas mal llamadas redes sociales, es una fuente de
barbaridades, y ahora que además es el lugar donde discuten los polÃticos, se
transformó en un surtidor de estupideces, maldades, y movimientos de gato
escaldado que algunos llaman “información”. Casi nadie zafa de eso. Casi nadie
escapa de la velocidad y hasta los más avezados en cruzar y filtrar lo que allÃ
se escribe, se puede comer una mentira, o “fake” como se denomina desde nuestro
muy colonizado lenguaje.
En eso estaba, preparando
mi primer café de la mañana mientras miraba el celular medio dormido todavÃa,
cuando un tuit llamó mi atención. Era una respuesta del gobernador Axel
Kicillof al presidente: “Presidente Milei, cumpla con la ley y transfiera los
recursos que le corresponden a la provincia de Chubut. Hágase hombre y acepte
que perdió. Las provincias no van a acatar las cosas que usted dice. No tiene
legitimidad alguna”.
Dejé el teléfono pero me
quedé pensando mientras miraba salir el hilo de café. La frase no me asombró,
porque Axel últimamente viene respondiéndole fuerte al gobierno nacional
porteño pero la referencia a hacerse hombre me pareció graciosa en alguien tan
joven. Asà y todo la frase quedó dando vueltas por mi cerebro que trataba de
sobrevivir una mañana más y pensé varias cosas en un minuto. El tema me
confrontaba, ya que soy de una época muy lejana a esta, que es tan de amores
lÃquidos y polÃticos gaseosos y tontos sólidos. Época esta llena de gente a
quienes no le interesa la verdad y defiende cualquier cosa que empate con lo
que ya creen o piensan y desde ahà dan por buena la “noticia” que les agrade o
coincida con lo que suponen y quieren. Cosa que siempre me disgusta muy
profundamente y contra lo que siempre reniego en voz alta, aún estando solo.
El asunto es que la frase
me impactó igual.
Habemos quienes nos criamos
entre mujeres, y hacerse hombre ahà era toda una cuestión, porque tenÃa algunas
máximas casi fundamentalistas, básicas en todo matriarcado que se precie.
Esas mujeres eran
naturalmente feministas sin el famoso marco teórico ni la tan mentada
sororidad. Se mantenÃan solas, a ellas y a sus hijos, sostenÃan la casa, tenÃan
proyectos y amigas y amigos que eran hermanos y hermanas y a veces soportaban a
boludos en la búsqueda de la felicidad, que en general era poca, de donde la
abuela sacó una conclusión inteligente: “hijita, lo bueno dura poco cuando es
poco, no cuando es bueno”.
En esos núcleos no existÃa
todavÃa la palabra machista, sencillamente ese era “un idiota infeliz que se
hace el macho” al que habÃa que sacarse de encima y ya. Porque vivir era
difÃcil y habÃa que hacerlo fácil.
En esas casas los proyectos
de hombres lloraban si sentÃan tristeza, pero pagaban el cine, la Coca Cola y
abrÃan la puerta. Y un tiempo más adelante estudiaban y trabajaban, porque
habÃa que hacerse hombre. En el decálogo de las máximas figura claramente no
ser necio.
El hombre, si la cagaba
pedÃa disculpas con la frente en alto como rastro imborrable de dignidad, y si
alguien ofendÃa a algún amigo, lo defendÃa a como dé lugar y solo podÃa mentir
si estaba en juego el honor de una mujer, porque la máxima de las máximas era
“el que es hombre de verdad no habla” y se referÃa claramente y sin vueltas a
que la intimidad entre un hombre y una mujer no salÃa de esas cuatro paredes.
Esas mujeres tenÃan, claro,
categorÃas de hombres y habÃa que aprenderlas y tratar de aplicarlas. De ellas
aprendimos otra máxima, la de los gascones: “cuando la dama se niega, el
caballero desiste”, que no solo servÃa para respetar, sino que nos libraba de
hacer el ridÃculo o decir cosas vergonzantes y quedar como el pelotudo que
quizá uno todavÃa era.
En realidad esas mujeres
nos educaron intentando hacer el hombre que ellas querÃan para sÃ: ese hombre
no anda quejándose como Quico. No se esconde. Da la cara cuerpo a cuerpo y sabe
que si es un buen hombre siempre habrá amigos o compañeros que lo defiendan a
muerte. Ese hombre cuando acuerda algo, da la mano y ese acuerdo está sellado
sobre otra máxima: lo único que tenés es tu palabra.
El hombre se hace cargo, no
habla por boca de ganso, se ocupa de los enfermos y nunca jamás abandona a los
propios. Los cuida.
Un hombre defiende sus
ideas y no anda acomodándose. SonrÃe francamente y se apasiona con lo que le
apasione sin miedo ni especulaciones, pero sabe que debe intentar ser
inteligente.
Esas mujeres nos criaron
para ser fuertes, sólidos, respetuosos y verdaderos en todo: las ideas, el
amor, la pelea de la vida y la defensa de lo propio. Lo que después la
modernidad buscó en la zoologÃa y denominó “macho alfa”.
En aquellos años, el mundo
grande era de hombres. Claro que existÃa Juana Azurduy, Juana Galvao, La
Pasionaria, Simone de Beauvoir, Rita Levi Montalcini y hasta Maria Elena Walsh,
pero el mundo público era masculino. Por eso la frase finalmente popular fue
“hacete hombre” y no, “hacete mujer”.
El hombre que se sabe con
la razón, no se deja amedrentar. Arremete hacia adelante con esa bandera y
avisa que dará pelea.
Y lo más importante y para
todo: un hombre cumple siempre sus obligaciones. Siempre. Llega muerto pero
entrega el recado. Se queda en cero, pero paga, y por sobre todo no se anda
haciendo el tonto cuando pierde una discusión, sólo lo acepta dignamente y da
la derecha, porque lo peor que le podÃa pasar a tu dignidad, era que alguien te
diga “dale che, hacete hombre”.
En fin que todo esto pasó
por mi cabeza en los dos minutos que tardó en hacerse el café.
El primer trago estaba como
me gusta, fuerte, y me despertó, asà que me puse a revisar el origen de la
respuesta del gobernador bonaerense, y era “fake” de una cuenta que avisa que
lo es, pero yo ya habÃa pensado todo eso, y como me pareció buena respuesta y
estaba de acuerdo, igual la di por buena.
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