ulio Verne el Oscuro
30 de septiembre de 2023 - 00:01
El 9 de marzo de 1886 a las cinco de la tarde, Julio Verne regresaba a su casa en Amiens repitiendo una rutina de varios años. A pesar de que no era un anciano --tenÃa 58 años-- llevaba una vida retirada con su esposa Honorine, lejos de las luces de ParÃs. Además, en Amiens se lo reconocÃa como una celebridad, mientras que en el mundillo literario parisino pasaba más desapercibido. Cuando Verne llegó a su casa, oyó que le hablaban a sus espaldas. Reconoció la voz de su sobrino Gastón, alguien a quién él apreciaba. Se dio vuelta con una sonrisa que pronto se convirtió en rictus de sorpresa: Gastón le apuntaba con una pistola 9 milÃmetros. Le disparó dos veces antes de darse a la fuga. Una bala pegó en el marco de la puerta y la otra en el pie izquierdo de Verne.
No hubo
consecuencias fÃsicas graves para el escritor, solo una renguera persistente. A
Gastón lo internaron en un hospicio sin dar demasiadas explicaciones. Las
biografÃas oficiales dicen que Gastón se volvió loco, pero para Herbert Lottman
(el gran biógrafo norteamericano, autor de libros imprescindibles sobre Albert
Camus y Gustave Flaubert) la razón fue otra: Gastón reaccionó asà por una
cuestión de celos. Su tÃo lo habÃa reemplazado por otro joven en su lugar de favorito.
A Verne le gustaba estar cerca de un adolescente varón y llevarlo a pasear,
generalmente en barco. Viajaba de Amiens a Nantes para irlo a buscar. Se
trataba de Aristide Briand, que a los quince años fascinó a Verne al punto de
convertirlo en personaje literario, el chico Briant de Dos años de
vacaciones. Años después, Briand serÃa un destacado polÃtico socialista y
Premio Nobel de la Paz.
Cuánto
de verdad y cuanto de conclusiones erradas hay en las afirmaciones de Lottman y
otros biógrafos es difÃcil saberlo y forma parte de las zonas oscuras que
rodean al escritor. Una paradoja, considerando que Verne siempre parece un
autor de historias diáfanas, ideales para lecturas infantiles, llenas de buenas
intenciones. Pero la transparencia de sus novelas más populares se da de bruces
con la oscuridad que rodea su vida.
Por lo
pronto, “nuestro” Julio Verne se llamaba en realidad Jules, o Giulio para los
italianos. Su nombre se traducÃa a las distintas lenguas en las que muy
tempranamente se difundieron sus libros. El éxito de novelas como Viaje
al centro de la tierra, Cinco semanas en globo o La
vuelta al mundo en 80 dÃas, lo convirtieron en uno de los autores franceses
más publicados en el mundo a fines del siglo XIX y en gran parte del siglo XX.
Sin embargo, su fama nunca lo satisfizo del todo porque dedicó gran parte de su
vida a alcanzar inútilmente un lugar en la Academia Francesa. Nunca obtuvo los
votos necesarios para convertirse en uno de los “Inmortales”, mientras otros
escritores populares (Alexandre Dumas hijo, Anatole France) lo conseguÃan a la
vez que a él lo relegaban.
Su otra gran frustración fue la pésima relación que tuvo con su hijo Michel durante la adolescencia del chico. Por lo visto, Michel era todo lo contario de los jóvenes que Verne retrataba en sus novelas: callejero, gastador de dinero (una de las principales quejas de su padre), consumidor de alcohol, peleador y promiscuo con chicas de los bajos fondos. Para alejarlo de las malas compañÃas lo hizo encarcelar durante un tiempo, haciendo valer la patria potestad, y más tarde lo subió como grumete en un barco carguero que iba a Extremo Oriente. Lejos no iba a molestarlo.
La
ideologÃa de Verne también ha sido tema de controversia. Sus novelas son
bastante polÃticamente correctas, salvo por su desprecio a los ingleses y
alemanes (Gran Bretaña y Alemania no se llevaban bien con Francia) y su
admiración desmesurada por Estados Unidos. Pero algunas opiniones antisemitas o
muy reaccionarias aparecÃan en sus originales y su editor, Pierre-Jules Hetzel,
se tomaba el trabajo de borrarlas o alivianarlas. Durante los años del Caso
Dreyfus, Verne tuvo una postura antidreyfusiana, a contracorriente de muchos
intelectuales de la época, que defendieron al militar de origen judÃo, vÃctima
del antisemitismo de la justicia y el ejército francés. "Soy
antidreyfusiano de alma", le escribió a Hetzel en 1899. Verne fue por
entonces uno de los padrinos de la Liga de la Patria Francesa, una organización
de derecha prefascista. Su hijo Michel, en cambio, fue uno de los defensores
del capitán Alfred Dreyfus.
Julio
Verne era un autor prolÃfico, capaz de escribir dos libros o más por año. Las
novelas aparecÃan primero como folletÃn en revistas y periódicos y luego
pasaban al formato libro de la mano de Hetzel, que hacÃa unas ediciones muy
cuidadas y a distinto precio. Estaban las ediciones corrientes y las lujosas
que también se vendÃan muy bien. Todo esto hizo que el nombre de Verne se
convirtiera en una marca. No importaba si escribÃa historias de viajes
espaciales o de aventuras en lugares exóticos. Sus libros eran un éxito. AsÃ
que Hetzel le ofreció a Verne aumentar el negocio firmando unas historias
escritas por un autor que estaba proscrito por la dictadura de Napoleón
Bonaparte III. Verne aceptó y publicó tres novelas que no le pertenecÃan a él
sino a André Laurie, un militante corso en la clandestinidad. Son libros
menores de su bibliografÃa, que no tuvieron el éxito rotundo de los suyos, pero
todavÃa circulan en muchas ediciones con el nombre de Verne: Los quinientos
millones de la Begum, La estrella del Sur y El
naufragio del Cynthia.
Paul
Verne, su hermano, también escribió algunos textos de viajes firmados por
Julio. Pero el mayor descalabro con su obra no es culpa de él sino de un par de
hijos: el suyo propio, Michel, y el hijo de Hetzel, Louis-Jules, que se habÃa
hecho cargo de la editorial una vez muerto su padre. Cuando, a su vez, murió
Julio Verne, la familia anunció que el escritor habÃa dejado un número
importante de novelas inéditas, que Hetzel hijo siguió publicando los años
siguiente. En realidad, eran solo bocetos, manuscritos incompletos, ideas que
Verne habÃa anotado y que el propio Michel se dedicó a convertirlos en obras
publicables. Hay por lo menos siete novelas y algunos cuentos de estas caracterÃsticas.
Ninguno de esos libros resultó ser un gran éxito, pero sobresalen tÃtulos
como La agencia Thompson y CÃa, Los náufragos del Jonathan y La
Invasión del mar.
Verne,
que nunca se destacó como cuentista, tiene al menos uno que fue muy celebrado
por la crÃtica y hoy se lo considera uno de los relatos pioneros de la ciencia
ficción: “El eterno Adán”, cuento que escribió Michel Verne. De las novelas
escritas por el hijo y firmadas por el padre, algunos crÃticos de la época
remarcaron algunos cambios positivos con respecto a la obra anterior: un tono
menos sobrecargado, personajes femeninos bien construidos y tramas amorosas
importantes, caracterÃsticas de las que carece gran parte de la obra de Verne.
De alguna manera, tan oscura como la vida del propio Julio, Michel consiguió
vengarse haciendo lo que quiso sin que su padre pudiera castigarlo.
Fuente: Página/12
No hay comentarios:
Publicar un comentario