Poeta, ensayista, filántropa
Delfina Bunge y el 17 de
octubre
PedÃan justicia social, un
concepto hoy cuestionado por la barbarie que envuelve la menuda partidocracia
argentina.
Por Horacio M. Sánchez
de Loria
15 de octubre de 2023 - 02:58
Una mujer de la elite porteña, perteneciente a una familia de destacados intelectuales, supo descubrir en esa manifestación popular del 17 de octubre de 1945 el reclamo más profundo de aquellas personas que se acercaban, muchas de ellas por primera vez, a la Plaza de Mayo.
PedÃan
justicia social, un concepto hoy cuestionado por la barbarie que envuelve la
menuda partidocracia argentina.
En
1931 Pio XI habÃa dicho en la encÃclica Quadragesimo
Anno que «la partición de los bienes creados se revoque y se ajuste a
las normas del bien común o de la justicia social, pues cualquier persona
sensata ve cuán gravÃsimo trastorno acarrea consigo esta enorme diferencia
actual entre unos pocos cargados de fabulosas riquezas y la incontable multitud
de los necesitados» (N°. 58). Y ella con su sensibilidad a flor de piel estaba
muy atenta a la cuestión social.
Delfina
Bunge (1881-1952), poeta, ensayista, filántropa,
era una militante católica, en una sociedad marcada por la secularización,
motorizada por el liberalismo hegemónico.
Escribió
unos dÃas después de esa manifestación, un artÃculo en el diario El
Pueblo, Una emoción nueva en Buenos Aires. lleno de sensatez dijo
Félix Luna.
Destacaba
lo pacÃfico de la marcha, le impresionó el respeto que exhibÃan las multitudes.
Nada de cánticos de odio o de mueras, nada de exterminios como se pide hoy
también. No hizo ninguna apologÃa del coronel Perón, el lÃder por quien pedÃan
esa tarde, al contrario, le advirtió lo peligroso de constituirse en
representante de los necesitados.
La
reacción de muchos que la rodeaban fue brutal, hasta llamaban por teléfono para
insultarla. A ella, una mujer delicada, que nunca habÃa ofendido a nadie,
sincera y abierta al diálogo.
Claro
habÃa dicho que el odio de clases siempre es malo, entendible entre los que
pasan necesidades hacia los ricos, pero absolutamente injustificado moralmente
y hasta ridÃculo al revés, es decir de los ricos hacia los pobres.
Evidentemente habÃa tocado un punctum dolens de la
sensibilidad media de su entorno.
Ya en
1942 a raÃz de otro artÃculo, Catolicismo de guerra, en el que
criticaba a los católicos que, contrarios a la neutralidad, pedÃan que el paÃs
se involucrara en la conflagración mundial del lado de los aliados, como
pretendÃa Estados Unidos, habÃa sufrido parecidas agresiones.
Es difÃcil
sostener una mirada ecuánime, cuando la falta de razón invade el ambiente.
Fuente: Página/12
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