Los 17 después del 55
17 de octubre de 2023 - 00:01
Puedo
hablar de los 17 de octubre que nos tocó vivir a la generación de los '70, bajo
dictaduras antiperonistas. El primer 17 nos llegaba con la épica del comienzo
de una gesta, el levantamiento obrero para rescatar a Perón de la cárcel. Pero
los 17 que nos tocaron a nosotros representaban la protesta contra las
dictaduras y la esperanza por un retorno revolucionario a aquel camino que
habÃa comenzado ese dÃa de 1945.
Actos
relámpagos, muchos en Plaza Once, con la caballerÃa de la Guardia de
InfanterÃa. Ahora que lo pienso, resulta raro porque a pesar de que se llamaban
de infanterÃa, habÃa muchos a caballo, contra los cuales se habÃa desarrollado
un arma potente: las bolitas de vidrio que usaban los chicos para jugar en las
veredas de tierra. Llevábamos un montón de bolitas en los bolsillos y las
tirábamos al paso de los caballos. Los pobres animales resbalaban y se
encabritaban, nubes de gases, el “¡Viva Perón, carajo!”, que repercutÃa entre
el despelote. O “¡fusiles y machetes, por otro 17!”, la policÃa, antecesora de
las actuales tortugas ninjas, revoleando cachiporras, disparando cápsulas de
gas, corridas por la plaza en todas direcciones.
Los
policÃas de la Guardia de InfanterÃa llevaban unos cascos de hierro como los
alemanes de la Segunda Guerra, con un sobretodo cuadrado abotonado y botas,
parecÃan tropas nazis, de las pelÃculas que pasaban en los cines de barrio.
Cruzar la plaza corriendo como si te corriera el Diablo, cuando en realidad, lo
que te corrÃa era un policÃa a caballo que blandÃa un garrote y gritaba
“¡entregate, hijo de puta!”.
HabÃa
que correr a la velocidad del rayo, como si estuvieras en las OlimpÃadas y al
mismo tiempo saltar los cercos de ligustro que obstaculizaban a los caballos.
Si llegabas a la esquina de Rivadavia y La Rioja, podÃas descansar, recuperar
un poco de aire, pero un poco, nada más, habÃa que salir rápido de la zona
porque corrÃas el riesgo de caer preso por los autos policiales que circulaban
en los alrededores de la Plaza.
Otros
escapaban para el lado de la Perla, en la esquina de Jujuy y Rivadavia.
Entraban corriendo, sin aliento, y cerraban las puertas para que no entren los
gases. En las mesas del inmenso bar donde nació La Balsa, con Tanguito y Lito
Nebbia, habÃa numerosos estudiantes. Estaba abierto las 24 horas y muchos
Ãbamos a estudiar. Los manifestantes se metÃan al baño o se sentaban para
disimular con los estudiantes, que se solidarizaban con ellos y hacÃan como si
no pasara nada. Pero entraba la policÃa y metÃa a todo el mundo en cana,
estudiantes, manifestantes y rockeros. Los tipos no diferenciaban. Ser
estudiante o rockero era lo mismo que manifestante. Un signo de la época.
Todo
terminaba con varios heridos y contusos y numerosos presos. En las citas de
control se hacÃa una lista de los que no llegaban y se la pasaban a los
abogados que salÃan a recorrer comisarÃas para tratar de ubicarlos. Si te
agarraban con bolitas, hondas (que también se usaban con las bolitas) o
volantes que se arrojaban al comenzar el acto, además del calabozo te podÃas
ligar una flor de pateadura. Algunos iban saliendo después de hacer el pianito
(dejar las huellas digitales) y otros quedaban varios dÃas adentro.
Con la
CGT de los Argentinos se hacÃa una semana de lucha, del 8 al 17. Mezclábamos el
cumpleaños de Perón con la movilización del 17 de octubre. El nacimiento del
lÃder y el nacimiento del movimiento. Pero también metÃamos al Che Guevara en
el paquete. Y todos los dÃas de esa semana habÃa que hacer algo, desde actos
relámpago, volanteadas en las calles del centro, en Florida o Corrientes o en
las estaciones del subte. Ibas caminando con una pila de volantes chicos en la
mano y de repente, con un golpe seco del brazo los lanzabas al aire y te
perdÃas en la confusión que se generaba. También se colocaban volanteras con
bombas de estruendo, se hacÃan campañas de pintadas o se colgaban carteles de
los puentes. En general eran pequeños actos que confluÃan en el acto grande del
17.
Estos
actos se venÃan haciendo desde antes. No recuerdo si después del '55 hubo algún
año sin acto del 17. Si lo hubo, fue la excepción. Y como habÃa dictaduras,
dictablandas o gobiernos tutelados por el Partido Militar, no eran actos tan
masivos porque habÃa que organizarlos en la clandestinidad, sin permiso de las
autoridades. Los actos estaban prohibidos. La única forma de hacerlos era de
esa manera. Iban sólo los militantes aunque a veces venÃan con invitados, un
vecino o un compañero de trabajo o de estudios, que al rato se convertÃa en
militante.
Ahora
dirán que era cosa de pibes alocaditos porque, aunque participaban también
adultos, la mayorÃa éramos jóvenes, estudiantes y trabajadores. Se equivocan
con esa. Los chicos se estaban haciendo cargo de lo que era responsabilidad de
los adultos. Fue una generación a la que le cayó ese fardo sobre la espalda.
Estaba bien hacer esos actos. Era lo que habÃa que hacer: luchar por los
ideales cuando habÃa un sistema injusto y autoritario que los prohibÃa a
garrotazos. Si se ve en perspectiva, la escalada de la violencia era inevitable
con las dictaduras y el Partido Militar.
Muchos
de los que se rasgaban las vestiduras en nombre de la república fueron
responsables de la violencia al justificar esas dictaduras supuestamente para
“resguardar la democracia”, porque no aceptaban las grandes transformaciones
que habÃan comenzado en aquel primer 17 de octubre de 1945.
Fuente: Página/12
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