El error de los británicos en Irlanda como espejo de esta
crisis
Las
lecciones de Belfast para Israel
18 de mayo de 2021
Cuando fui a Israel por primera vez en 1976, después de estudiar por tres
años en Irlanda del Norte, me llamaron la atención las similitudes. Al mismo
tiempo que estallaba este conflicto en Palestina, en Belfast actuaba una
comisión sobre una masacre del ejército británico de hace medio siglo. La
masacre de Ballymurphy ocurrió entre el 9 y el 11 de agosto de 1971 cuando diez
católicos fueron baleados en ese barrio obrero de Belfast. Por años, el
gobierno británico y el ejército dijeron que los muertos eran militantes
armados del IRA, pero esta semana se determinó que eran civiles inocentes y que
balearlos fue "injustificado". El premier Boris Johnson se disculpó
abiertamente por las muertes.
El paralelo más importante entre la Irlanda del Norte de entonces y la Gaza
de hoy es que, en ambos casos, se usa una fuerza militar groseramente excesiva,
y se la usa para resolver problemas polÃticos. En Irlanda, la masacre sirvió
nada más que para que el gobierno perdiera legitimidad, despertara el odio y
ayudara al IRA a reclutar. Israel también vive anunciando que ganan notables
victorias y matan a comandantes enemigos, como si los lÃderes de la variopinta
Hamas y la Jihad Islámica fueran técnicos irreemplazables.
El premier Benjamin Netanyahu dijo que los militantes van "a pagar un
alto precio por su beligerancia". Seguro que sÃ, pero el precio más alto
lo pagan los civiles de Gaza, como en 2014, cuando 2000 palestinos y 73
israelÃes murieron en una "guerra" de 67 dÃas. Parece que nada
cambia, algo notable después del gobierno de Donald Trump, el presidente más
pro-Israelà de la historia. Con su yerno Jared Kushner apoyaron con entusiasmo
la tesis de Netanyahu de que se podÃa tener una paz firme y a la vez tener a
los palestinos subordinados y derrotados.
No iba a funcionar, pero la idea se cayó tan rápido tras la partida de
Trump que no deja de ser una sorpresa. La Cuestión Palestina está de vuelta en
la agenda internacional, sin resolver y explosiva como desde hace un siglo. Tal
vez, el mayor efecto que tuvo Trump fue alimentar la arrogancia autodestructiva
en el gobierno israelÃ, que se tentó de expandir los asentamientos en
Cisjordania, desalojar vecinos en Sheik Jarrah y reprimirlos con granadas de
estruendo y gases hasta en la mezquita de Al Aqsa.
Hay un aspecto en el que esta crisis es más intensa y amplia que las
"guerras" en Gaza de 2008/9 y 2014, y es que ahora participan los dos
millones de árabes israelÃes, la quinta parte de la población del paÃs. En
ciudades mixtas como Lod, Jaffa, Acre y Haifa hubo ataques a personas,
comercios, coches, sinagogas y mezquitas. En Lod, donde los enfrentamientos
fueron graves, viven 47.000 judÃos y 23.000 musulmanes.
Lo cual agrega otro paralelismo con Irlanda del Norte, porque Israel ahora
tiene que contener dos poblaciones hostiles que conviven en un espacio pequeño.
En Irlanda del Norte, los católicos y los protestantes son un millón cada
grupo, mientras que entre el Jordán y el Mediterráneo viven siete millones de
israelÃes y siete millones de palestinos. Habrá fronteras y muros fortificados,
pero la región es una unidad polÃtica como lo prueba la violencia de Jerusalén
a Gaza, Israel y Cisjordania.
En 1971, el gobierno británico tomó la desastrosa decisión de usar el
ejército para sostener lo que a veces se llamaba Estado Orangista. Esto
significaba hacerle aceptar a los católicos que fueran ciudadanos de segunda en
un estado controlado por protestantes, algo que los católicos nunca iban a
aceptar, aunque no optaran por las armas. Esto era evidente desde el arranque,
pero le tomó a Londres treinta años aceptarlo y hacer algo al respecto. En
1998, los acuerdos del Viernes Santo lograron una división de poderes entre
comunidades muy diferentes en identidad, cultura y lealtades.
SerÃa lindo pensar en algo asÃ, algún dÃa, entre Israel y Palestina, pero
hay una diferencia crucial: el compromiso irlandés partió del reconocimiento,
en particular del gobierno británico y de los nacionalistas irlandeses, de que
ningún bando podÃa lograr una victoria completa. Pero en Medio Oriente el
balance de poder parece favorecer abrumadoramente a los israelÃes, que no
siente necesidad de negociar porque tienen una superioridad militar absoluta y
el apoyo de Estados Unidos y otras potencias.
Las debilidades de los palestinos, muchas autoinflingidas, incluyen un
liderazgo y un nivel de organización polÃtica muy pobres. Hamas puede tirarle
muchos cohetes a Israel como un desafÃo, pero es polÃticamente negativo porque
le permite al gobierno israelà presentarse como defensor del paÃs y en combate
contra el terrorismo. Hace quince años que no hay elecciones en el Estado
Palestino, con lo que su autoridad es realmente débil. Los palestinos deberÃan
movilizarse pacÃficamente exigiendo derechos civiles y el fin de la
discriminación en su contra.
Tienen un as en la manga, que Israel no puede ganar hasta que ellos digan
que perdieron. Esta semana muestra que eso no va a pasar. Israel tiene cartas
fuertes en el poker polÃtico y militar, pero no puede decir que ganó porque
esta partida nunca termina.
Fuente: Página/12

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