Opinión
A 25 años de la peor masacre
campesina en Brasil
Por Eric Nepomuceno
En 1996, el 17 de abril fue un miércoles. Y al atardecer
de aquel dÃa una marcha que reunÃa a más de dos mil personas – jóvenes,
mujeres, hombres, niños y ancianos – fue blanco de fusiles y pistolas
de la PolicÃa Militar del estado de Pará, en la región amazónica.
Diecinueve murieron en el acto. Dos, dÃas
después en hospitales. Y decenas fueron heridas, muchas de ellas padeciendo de
deformaciones permanentes. La de Eldorado do Carajás fue la peor
masacre campesina de la historia contemporánea brasileña y la peor catástrofe
padecida por el MST, el Movimiento de los Sin Tierra.
La marcha habÃa empezado dÃas antes, en el sureste de
Pará, para reivindicar tierras improductivas de la hacienda Macaxeira,
que, a propósito, habÃa sido ocupada ilegalmente por una familia de
latifundistas.
La idea era avanzar hasta Marabá, la ciudad más
importante de la región, y entonces un grupo menor irÃa hasta Belém, capital
del estado, para presionar al gobernador.
Al llegar a Eldorado, pidieron comida. Luego de la
negativa por parte del gobierno, decidieron interrumpir el tránsito en la
carretera que une a varios municipios.
Aunque causando mucho ruido local, la verdad es que la
marcha de los Sin Tierra era ignorada por el resto del paÃs. A raÃz de la
masacre, se hizo conocida no solo en Brasil, pero en buena parte del mundo. El
17 de Abril pasó a ser el DÃa Mundial de la Lucha por la Tierra.
El entonces presidente Fernando Henrique
Cardoso determinó que se diera todo el apoyo a los sobrevivientes. Y
los tribunales decidieron actuar: en poco más de un mes se determinó la
expropiación del área reivindicada, que pasó a ser propiedad de los Sin Tierra.
Allà se estableció la “Villa 17 de Abril”.
Sus poco más de dos mil habitantes, la mayor parte de ellos sobrevivientes de
la masacre de hace 25 años, plantan arroz, maÃz, frijoles, pero la producción
más fuerte es la de leche, que abastece a las ciudades vecinas.
TodavÃa se pregunta qué llevó al entonces gobernador Almir
Gabriel, muerto en 2013, a instruir a su secretario de Seguridad que
ordenase la liberación de la carretera “a como sea”. Y se denuncia a la acción
de los policiales militares, que llegaron para matar: un pelotón se puso al
final de la manifestación, otra a la cabeza, y empezó la balacera.
Gabriel seguramente fue presionado por los latifundistas.
La cuestión es saber por qué cedió.
Con relación a la PolicÃa Militar, actuó como
sigue actuando por todo el paÃs cuando hay movimientos de reivindicación de
tierras ociosas u ocupadas de manera ilegal ya no solo por
latifundistas, pero a partir de los últimos diez o doce años por grandes
empresas agrarias: en los dÃas en que no trabajan, prestan servicio de
seguridad privada a los estancieros y empresarios. Son una amenaza
permanente a las movilizaciones populares.
Pasados 25 años, ¿qué cambió en la cuestión agraria
brasileña?
Muy poco. La Justicia, como siempre, siguió actuando con
enorme lentitud a la hora de legalizar los asentamientos de los Sin Tierra.
Brasil sigue siendo un paÃs de injusticias sociales
olÃmpicas: el uno por cientode los propietarios rurales detentan 60 por
ciento de las tierras.
Eso sÃ, los latifundistas perdieron poder y espacio ante
las grandes empresas, principalmente en el área de minerÃa, que devastan
amplias áreas. En muchas de ellas los Sin Tierra esperan una decisión judicial
que no llega nunca para instalarse y empezar a plantar.
Los beneficiados de siempre se benefician cada vez más,
mientras que los abandonados de siempre son mantenidos al margen y a la
distancia.
El MST, a su vez, salió de la tragedia transformado en
uno de los mayores productores de alimentos orgánicos del paÃs. Es,
por ejemplo, el mayor productor de arroz orgánico de América Latina. Son
400 mil familias ya asentadas en tierras reivindicadas, y hay otras 140 mil a
la espera de que los tribunales se acuerden de ellas.
La llegada de Michel Temer a la
presidencia en 2016, luego del golpe institucional que derrocó a Dilma
Rousseff, fue un duro retroceso en la cuestión agraria.
Y la del ultraderechista Jair Bolsonaro en
2019, el funeral para cualquier vislumbre de reforma agraria.
Bolsonaro, a propósito, siempre trató al MST como
“organización terrorista”. No avanzó más contra el movimiento solo porque está
demasiado empeñado en hacer de su gobierno un instrumento de alta
eficiencia para destruir el medioambiente y favorecer a las mineras.
Fuente: Página/12

No hay comentarios:
Publicar un comentario