Se publica "Mujer al
borde del tiempo", literatura de anticipación y género
Marge Piercy, la escritora
feminista que faltaba rescatar
Autora de ficción especulativa feminista, Marge Piercy es
de las escritoras menos frecuentadas del grupo de Ursula K Le Guin a Margaret
Atwood. Aún hoy, a los 84 años y en plena pandemia se mantiene activa en su
blog y sigue los principales debates y noticias de los Estados Unidos. Ahora se
publica en castellano Mujer al borde del tiempo, uno de sus libros más
emblemáticos donde plantea un feminismo no excluyente y un anarquismo ligero
para un futuro diverso.
Por Mariana Enriquez
Connie Ramos vive en Nueva York, es hija de mexicanos y,
en las primeras páginas de Mujer al borde del tiempo recibe
dos visitas. Una es Dolly, su sobrina, que viene huyendo de su marido y fiolo,
un puertorriqueño que la golpea; la otra es una presencia que aún no puede
descifrar y parece acechar su modesto departamento. Connie –Consuelo-- la viene
pasando mal desde hace años: durante el duelo por un novio muy querido maltrató
a su hija y una asistente social decidió que debÃa darla en adopción. Esa
crisis, además, la llevó a su primera internación psiquiátrica. Antes sufrió
violencia obstétrica, tuvo parejas violentas y trabajos varios, sobre todo como
empleada de limpieza, que rara vez le permitÃan darse el lujo de comprar un
poco de carne. La irrupción de Dolly termina mal: el proxeneta, Geraldo, quiere
obligarla a abortar su embarazo. La pelea fÃsica que sigue a la discusión
termina con Connie otra vez internada en un instituto psiquiátrico acusada de
agresiones que no cometió; al contrario, que recibió. Connie es una
protagonista impactante por muchos motivos pero sobre todo porque es una mujer
chicana, pobre, envejecida antes de tiempo, inestable y con sobrepeso: su sola
presencia es una exploración de clase y una toma de posición, la encarnación
del racismo estructural inseparable de la pobreza en Estados Unidos. Esta
mujer ignorada y maltratada tiene, sin embargo, un poder único: la capacidad de
viajar en el tiempo. Esa presencia que estaba en su casa cuando la invadieron
sus violentos parientes es Luciente, una andrógina de 2137 que consigue ponerse
en contacto con Connie y la lleva a visitar el futuro.
Mujer al borde del tiempo, clásico de
la ficción especulativa feminista, se publicó por primera vez en
1976: su autora, Marge Piercy es una de las menos citadas y reivindicadas entre
las escritoras feministas de género de su época (Ursula
K. Le Guin, Joanna Russ, James Tiptree Jr, y un poco más tarde Margaret Atwood,
son todas más conocidas que ella), quizá porque la crÃtica la consideró
demasiado didáctica.
La situación de Connie, internada, dopada y sometida a
muchas vejaciones en la clÃnica (un poco a la manera de Atrapado sin
salida de Ken Kesey) hoy se puede leer como cierto lugar común del
maltrato en las instituciones, aunque en ambos casos se trata de experiencias
de primera mano o de investigaciones y entrevistas con internos. En la
bruma de la droga, Connie va hacia el futuro de Luciente, que es una utopÃa
feminista y progresista: los hijos se crÃan en comunidad –y se conciben fuera
de los cuerpos--, todas las personas son andróginas y no tiene nombres
que indiquen su sexo biológico, son ecologistas, respetan la locura y la
integran, siguen los rituales de la muerte y la iniciación de los jóvenes, son
diversos y conviven en la multiculturalidad. A Connie, al principio, este mundo
le parece arrogante y algo frÃo: ¿cómo una mujer no quiere ser madre? ¿cómo no
se enamora con pasión? Luciente y sus compañeros le explican por qué el amor no
debe significar la entrega desaforada y por qué “madrar” no es un atributo
femenino. (Es bueno recordar, además, que estas discusiones que persisten en el
feminismo no son novedosas, ya se daban hace 45 años). Marge Piercy es
lo contrario a una feminista transexcluyente y esencialista: el mundo utópico
que imagina es un anarquismo “ligero”, sobre todo si se lo compara con la
otra utopÃa de época escrita por una mujer, la pesimista Los
desposeÃdos de Ursula K. Le Guin, con su mundo mucho más disciplinado
y austero. En cambio, el futuro de Mujer al borde del tiempo es
casi idÃlico, el pueblo llamado Mattapoisett que Connie visita es precioso,
abundan los dÃas festivos, se consumen comidas y objetos de lujo como excepción
pero con enorme gusto y se le da importancia a la apariencia, no de una manera
consumista o frÃvola, sino por puro placer o diversión. Hay una guerra lejana
que enfrenta a capitalistas tardÃos, pero está asordinada, salvo en algún
pasaje.
La novela, larga y esquemática –cada viaje implica un
aprendizaje; cada regreso al hospital, un retroceso hacia otro futuro posible,
de control y polución y brutal división de clases, que Connie también
vislumbra-- tiene el problema de una estructura que se vuelve repetitiva, pero
también tiene grandes momentos y personajes, sobre todo cuando abandona ese ida
y vuelta: la historia de Piernas, el chico gay que recibe tratamiento de
electroshock en el hospital y elige el suicidio antes que dejar de sentir y renunciar
a su identidad; la huida de Connie por un paisaje suburbano de autopistas y
bares desolados, de trabajadores agotados y solidaridad nula; una visita a casa
de su hermano donde es tratada como una sirvienta y una loca; la recordada
relación con su novio muerto, un hombre negro y ciego y ladronzuelo con quien
el sexo era pura delicia. Es cierto: Mujer al borde del tiempo abunda
en el trazo grueso pero se trata de una novela pensada como un best-seller y
escrita desde la barricada. La colección El origen del mundo que
publicó la novela se dedica a ficción especulativa y teorÃa feminista con la
intención de activar voces disidentes o menos escuchadas, al menos en
castellano: tienen autoras que son un éxito como Donna J. Haraway pero también
otras injustamente poco conocidas en nuestro idioma como la activista y
escritora negra bell hooks o la enorme Octavia Butler.
Marge Piercy tiene hoy 84 años y nació en Detroit,
Michigan: es hija de obreros y heredera de una tradición de lucha sindical que
incluye a un abuelo asesinado cuando organizaba a trabajadores panaderos. A los
17 dejó su casa y fue la primera de su familia en acceder a la universidad. A
los 23 años se divorció de un hombre que, suele repetir, no aceptaba su
libertad sexual ni respetaba su dedicación a la literatura. Vivió en Chicago y
en la pobreza y se unió al movimiento por los derechos civiles. En la ciudad
conoció a su segundo marido, con quien sà tuvo la pareja abierta que deseaba, y
decidió, con Simone de Beauvoir como modelo, que su literatura serÃa polÃtica y
feminista. El matrimonio tuvo problemas, intentaron salvarlo mudándose a Cape
Cod, pero para 1976, cuando se editó Mujer al borde del tiempo,
estaba acabado. En estos años Piercy profundizó sus lazos con la comunidad
judÃa y el movimiento de mujeres; también se consolidó con casi cuarenta libros
entre poesÃa, no ficción, novela y autobiografÃa. Se volvió a casar y vive con
su compañero en Cape Cod: escribe con mucha frecuencia en su blog y en su
último posteo, cuenta lo complicada que está la cosa para conseguir un turno
para la vacuna (también escribió sobre la ceremonia de asunción de Biden y
confesó que Lady Gaga y su versión de “Amazing Grace” la hizo llorar, “algo que
sorprendió a esta vieja endurecida”). Mujer al borde del tiempo conserva
el impulso militante que encendÃa entonces a Piercy y Connie, la inolvidable
protagonista, es la mujer que necesita recuperar su autoestima, su vida y su
deseo para poder imaginar qué quiere: para ser capaz de pensar un futuro.
Fuente:Página/12


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