Rumbo
versus alternancia
Por Pedro Peretti
La Argentina ingreso de lleno en la recta final de las
elecciones de “medio término”. La derecha está ansiosa: apuró el inicio de la
campaña electoral, despreocupándose de la salud pública, y se lanzó a una
intensa acción desestabilizadora. Los actos violentos de Formosa deben
enmarcarse en este contexto. Similar proceder tuvo en el 2015 cuando al perder
por “paliza” en Tucumán, tomo durante 15 días la plaza de la capital
provincial. El objetivo es deteriorar al gobierno central atacando sus puntos
de apoyo electorales más sólidos y consecuentes, como lo son las provincias del
NEA-NOA.
La otra desestabilización proviene de los grupos
agroalimentarios integrados verticalmente: frigoríficos, supermercados,
alimenticias, exportadoras. Aprovechando sus posiciones dominantes en el
mercado, estos grupos generan inflación, encareciendo los productos de consumo
masivos para crear descontento en los sectores populares. De esos lugares y
sectores provienen los votos que nos dan la posibilidad de gobernar y …de
elegir el rumbo.
Estas elecciones son las más importantes --al menos para
este escriba-- desde que logramos recuperar la democracia. Por primera vez la
compulsa no es para evaluar la gestión de un gobierno, sino que se va a
discutir electoralmente el rumbo… el hacia dónde vamos. Lo que vamos a definir
con votos es si volvemos al neoliberalismo o tratamos de seguir un camino (lo
más) autónomo posible en el marco de un orden nacional y popular. Es clave de
entender y de militar esto, si no queremos errar el vizcachazo y cometer un
error histórico. En esta coyuntura electoral es imperioso hacer una correcta
evaluación de los desgajamientos que la derecha va a querer financiar para
alentar disconformes y díscolos de nuestro propio espacio. Ejemplos: Randazzo o
Moreno. La unidad que pregonamos no requiere ni reclama del prerrequisito de la
obsecuencia para nada, solo pide de proporcionalidad en la crítica. Nada nos
debería inhibir para que, por ejemplo, dentro del rumbo luchemos por la
libertad de los presos políticos o mayores grados de ruptura con el establishment.
La alternancia de partidos o de frentes es la mejor teoría política que produjo la democracia formal para inhibir o neutralizar cualquier cambio, brusco o no tanto, en el sistema. Nada como prestarle un ratito el gobierno a uno y a otros para que nada cambie. La alternancia es insustancial: solo epidermis y formalidad, neutraliza cualquier cambio real. Los partidos políticos ponen la cara y el mercado se ocupa del resto. Así sucede hoy, por ejemplo, en Colombia o Chile (Bachelet y Lagos poco difieren de Piñera). Así lo era en la Venezuela pre Chávez o en la alternancia española a la salida de la dictadura entre Populares y Socialistas.
El nombre del partido político o la cara del candidato/a no significan nada: lo que define (hoy y siempre) son las ideas y, esencialmente los intereses que se defienden. La Argentina necesita persistir en el rumbo que se inició en el 2003 y que se interrumpió abruptamente en el 2015. Necesitamos un ciclo largo de buen rumbo a favor de los sectores populares.
Es de sentido común que si el populismo (hermosa palabra)
estatiza los fondos de pensión, sanciona una ley de medios o mejora salarios y
jubilaciones -todas cuestiones que necesitan de tiempos histórico y políticos
para consolidarse y dar sus frutos- y después “alterna” la derecha y arrasa con
todo es volver a foja cero. Entonces lo que necesitamos es persistir en el
rumbo y no “alternar” nada…¡¡¡eso es lo que está en juego en las elecciones que
vienen! En esta disputa por el rumbo es imprescindible que a Axel
kicillof le vaya excelente. Y que reafirme con votos la muy buena gestión que
está desarrollando en la provincia de Buenos Aires, distrito clave para
consolidar ese ciclo largo que tanto precisamos y que lo incluye a él, después
de Alberto…
La Argentina, su pueblo de a pie, necesita una sucesión
de gobiernos populares; por eso es tan importante mantener la unidad. Pero hay
que ponderar correctamente el valor de la unidad en el “todo” del rumbo. Ella,
por sí sola, no resuelve el problema electoral. La gente no “come” unidad, hay
que “llenar la olla”. Y para eso hay que gestionar correctamente y con
transparencia. No nos confundamos en esto: buena gestión son votos y votos son
legitimidad para los cambios y consolidan el rumbo. El diálogo o la unidad por
sí solos no resuelven los temas conflictivos como la inflación o la
distribución del ingreso. Tampoco es una cuestión de buena voluntad o buenos
corazones, estamos hablando de plata e intereses. Y ahí o te plantas o te
llevan puesto…Salud y cosechas
Fuente: Página/12

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