Los principales factores que
influyen en la dinámica del alza de precios
Qué hacer en una economÃa
bimonetaria de ingreso medio de inflación elevada
La complejidad de una estrategia antiinflacionaria:
estabilidad macroeconómica, lÃmites a una polÃtica fiscal y monetaria más
expansiva, el manejo de las expectativas, control del mercado cambiario,
presión de costos (tarifas, dólar y salarios) y la puja distributiva. Qué importancia tienen los
formadores de precios.
Por Alfredo Zaiat
La economÃa argentina ha acentuado su rasgo bimonetario
con elevada inflación. Es un régimen que exige un
mayor esfuerzo de reflexión para abordar esta complejidad que no se encuentra
en otra economÃa de ingreso medio.
La inflación no es sólo un fenómeno multicausal,
sino que, luego de tantos años de niveles elevados y de estrategias diferentes,
las medidas para encararla requieren de una mayor amplitud conceptual para no
quedar atrapados de postulados teóricos estrictos, ya sean ortodoxos o
heterodoxos.
Esta necesaria flexibilidad tiene su origen en que tasas
de inflación persistentes muy por encima del promedio mundial, en un largo
periodo de niveles bajÃsimos, exige un análisis bastante más
amplio que culpar a formadores de precios, sentenciar que la culpa es
de la emisión monetaria o que exclusivamente se debe a la suba de costos y puja
distributiva.
Estabilidad
Una determinada explicación que podÃa ser relativamente
apropiada en años anteriores hoy puede mostrar menor relevancia. Las
modificaciones, para peor, en el funcionamiento de la economÃa, en especial por
la profundización del régimen bimonetario, demanda una mayor exigencia
para el diseño de una estrategia antiinflacionaria.
Con décadas de predominio de un discurso y práctica
conservadora, con escasos años de desafÃo a esos postulados desde la
gestión, el manejo de las expectativas de los agentes económicos acerca
de la cuestión fiscal y monetaria pasó a ocupar un lugar privilegiado.
El kirchnerismo de la primera etapa consolidó su base
económica con el discurso de los superávit gemelos (fiscal y comercial),
que fueron resultado de la fase del ciclo económico de recuperación luego de la
gran crisis 1998-2002 y no de una estrategia deliberada.
La holgura fiscal, en la economÃa argentina, mostró que
brinda mayor autonomÃa polÃtica, lo que deriva en la
necesidad de exhibir senderos de gastos-ingresos que sean aceptados por los
agentes económicos aunque no sean los ideales para las posibilidades de
expansión.
La polÃtica fiscal y monetaria expansiva, pese a que
en los años kirchneristas ha resultado conveniente para la actividad y mejorado
sustancialmente la tasa de ganancias, es rechazada por el poder
económico.
La secuencia de la intervención pública, en el caso de
que se pretenda consolidar un proyecto de crecimiento con inclusión social,
pasarÃa por conseguir esa fortaleza fiscal para tener mayor capacidad
de disciplinamiento sobre los agentes económicos. El camino inverso
demostró sus limitaciones.
Considerar, por lo tanto, conservador u ortodoxo al
ministro MartÃn Guzmán porque plantea un déficit fiscal de 4,5 por ciento del
PIB en 2021 y moderación monetaria no toma en cuenta las relaciones de fuerza
existentes.
En una economÃa que ha acentuado su
rasgo bimonetario los márgenes fiscales y monetarios se han
estrechado aún más. Es un dato de la realidad más allá del deseo.
La necesidad de una polÃtica económica ordenadora de la
macroeconomÃa es una condición necesaria de la estabilidad, pero no suficiente
para reafirmar una estrategia antiinflacionaria.
La estabilidad macroeconómica no es ortodoxa o heterodoxa; lo que es
diferente es que la primera no tiene como objetivo el bienestar general ni la
mejor distribución del ingreso, mientras que para la segunda van de la mano
estabilidad con justicia social. Esta es la diferencia relevante.
Mercado
cambiario
La estabilidad macroeconómica para el manejo de las
expectativas de los agentes económicos es necesaria además para tener control
sobre un frente clave en una economÃa bimonetaria con un régimen de inflación
elevada: el cambiario.
Los shocks inflacionarios fueron consecuencia de crisis
del sector externo que derivaron en fuertes devaluaciones. La
traslación a precios del ajuste del tipo de cambio es cada vez más rápida a
medida que se van reiterando las crisis, agudizando de ese modo el rasgo
bimonetario de la economÃa.
El encadenamiento de este proceso muestra los muy
estrechos márgenes de autonomÃa de la polÃtica económica, lo que vuelve
imprescindible apropiarse de un sendero macroeconómico que permita tener bajo
control las expectativas (en especial, la cambiaria) de los agentes económicos.
La colonización de éstos con postulados ortodoxos, incluyendo pymes y
dirigentes sindicales, hace más complejo el manejo de la polÃtica monetaria y
fiscal.
Como se mencionó, la necesaria expansión, que
beneficiarÃa a empresas y trabajadores, se topa inmediatamente con la
advertencia del peligro del desborde de las cuentas públicas, como también del
riesgo inflacionario por la emisión monetaria.
Pese a que existe evidencia empÃrica de que los shocks
inflacionarios no tuvieron ese origen, se sigue repitiendo como mantra.
Más bien fueron por crisis del sector externo con un stock de reservas frágil
que derivó en fuertes devaluaciones. Este ajuste del tipo de cambio se trasladó
rápidamente a precios.
Brecha
El mercado cambiario es clave entonces por tres
vÃas: 1. Expectativas. 2. Fijación de precios
de insumos clave de la cadena de producción. 3. Dolarización
de las ganancias.
Frenar la corrida de septiembre y octubre pasados y luego
dominar el mercado cambiario han sido una potente medida antiinflacionaria.
Pese a ello hubo un salto en los precios y esto se debió a las expectativas
de devaluación, que provocaron remarcaciones preventivas no anuladas luego
de que el equipo económico ganara la pulseada cambiaria. Esos aumentos de
precios sirvieron entonces para acelerar la recuperación de márgenes de
ganancias de la mayorÃa de los sectores luego de superar los peores
meses de la pandemia.
Conseguido el objetivo de controlar el mercado
cambiario, como Guzmán puede mostrar en estos primeros meses del año, el
paso siguiente es que el tipo de cambio oficial no sea una fuente de presión
inflacionaria, como lo fue en 2020.
Bajar la nominalidad del tipo de cambio es una iniciativa
básica para disminuir la tensión en los precios de una economÃa bimonetaria, y
desalentar de ese modo las remarcaciones. Con una brecha cambiaria debajo
del 60 por ciento, con dólares financieros cotizando menos que el denominado
"dólar solidario, se abre la oportunidad de eliminar el 35 por ciento a
cuenta de Ganancias y Bienes Personales. Es una posibilidad para bajar la
nominalidad y empezar a converger hacia una brecha máxima del 20 por ciento.
Presión
Con una brecha cambiaria reducida resulta más cómodo
instrumentar una estrategia antiinflacionaria. En una economÃa
bimonetaria lo que pase con el dólar define mucho el recorrido de los precios.
El año pasado, el Gobierno subió el tipo de cambio casi 5
puntos porcentuales por encima del Ãndice de precios al consumidor. La
inflación general fue de 36 y el dólar oficial subió 41. O sea, la
polÃtica cambiaria fue una fuente sustancial de inflación.
El equipo económico afirma que tiene espacio para
desacelerar el aumento de la paridad cambiaria para no alimentar alzas de
precios a nivel general.
Guzmán adelantó que el objetivo oficial para este año es
subir el dólar 25 por ciento, con una previsión de inflación de 29 por ciento. Más allá
de esas cifras, el equipo económico frenó primero la corriente que apostaba a
una fuerte devaluación, luego logró estabilizar el mercado cambiario y ahora
disminuirÃa el ajuste del dólar oficial. Este combo en el frente
cambiario forma parte de la polÃtica antiinflacionaria.
Guzmán sostiene que el tipo de cambio oficial a fin de
año será de 102,40 pesos. ¿Ese precio significa atrasar o no el tipo de cambio? El
ministro asegura que la paridad se va a mantener sin atraso en relación a la
vigente a fin de 2019. O sea, los cinco puntos porcentuales ganados en 2020 en
el tipo de cambio real serán compensados con cinco puntos en este año.
De ese modo no habrá atraso cambiario ni
se está acumulando una olla a presión que explotará después de las elecciones,
como atemorizan economistas mediáticos expertos en equivocarse.
La actual polÃtica cambiaria más que atrasar la paridad
lo que hace es morigerar que el dólar sea una fuente de presión inflacionaria.
Materias
primas
En esta instancia irrumpe otro factor perturbador de los
precios en una economÃa bimonetaria: el alza de las materias primas de
exportación. Como si el panorama arriba descripto no fuese bastante
complejo, la principal canasta de productos de exportación del paÃs es
la misma del consumo de las familias.
Desde el último trimestre de 2020, los precios
internacionales de los cuatro cultivos claves (soja, maÃz, trigo y girasol)
aumentaron de 50 a 60 por ciento. Esas subas se trasladan a los precios de
los alimentos si no se aplican medidas que permitan separar la evolución de
esos precios internacionales de los domésticos.
Las retenciones son efectivas en esa
misión pero después del triunfo polÃtico, económico y cultural de 2008 y con el
gobierno conservador de Macri que las eliminó menos la de la soja –aunque al
final de su mandato, desesperado, las reestableció-, la posibilidad de
utilizar esa herramienta quedó muy limitada.
El alza de los precios internacionales de las materias
primas de exportación, al igual que el petróleo
pese a que existen otros factores en la definición del precio de los
combustibles en el mercado local, es otra fuente de presión
inflacionaria.
Sin embargo queda claro que en este contexto
internacional favorable continuar con devaluaciones diarias, o sea elevando la
paridad cambiaria, es un doble beneficio para el complejo
agroexportador.
Son dos factores que impulsan al alza la tasa de
inflación, además de consolidar una renta adicional a favor de una minorÃa que
se reconoce poderosa porque es dueña de la mayorÃa de los dólares
comerciales. Y que la consigue a costa de un aumento sostenido de los
precios que afecta a la mayorÃa de la población.
Puja
distributiva
En este recorrido para describir la complejidad de la
dinámica de precios aparece una cuestión estructural, que se encuentra en cada
uno de los factores antes mencionados: la puja distributiva.
La orientación de las polÃticas fiscal, monetaria y
cambiaria resume la relación de fuerzas entre agentes económicos
(fundamentalmente, empresas y trabajadores).
La presión por el lado de los costos (dólar, tarifas y salarios) es eminentemente una expresión de un conflicto distributivo y, por lo tanto, es polÃtica.
Cómo se defina cada uno de esos precios determinará cuál
es la elección polÃtica acerca de a quién beneficiar. Esa decisión tiene su
reflejo en la tasa de inflación a nivel general puesto que esos precios
básicos definen la evolución del resto.
A esta altura vale una mención al comportamiento
de los formadores de precios y a las estructuras oligopólicas en áreas sensibles.
El control de esos mercados y la sanción de abusos son herramientas
indispensables pero no marcan el ritmo de aumentos generales de precios.
SÃ influyen sobre los niveles de precios y en la
generación de expectativas al alza, pero no son un factor estructural de la
inflación, lo que no implica que no sean necesarias las polÃticas de
administración de precios.
La puja distributiva en la economÃa argentina resulta más
intensa por una cuestión estructural, que fue la constitución de una base
industrial sindicalizada y con gremios poderosos que, pese a la sucesión de
crisis que fragmentó y debilitó un mercado laboral que además se hizo
heterogéneo, sigue manteniendo una capacidad de negociación superior a
la de otros paÃses con cierta tradición de organización sindical.
La mayorÃa de los economistas dice que la
inflación es multicausal, lo que es cierto pero también deberÃa empezar a
estudiar cómo abordarla teniendo en cuenta que se despliega desde hace
varios años en la excepcionalidad de un régimen bimonetario de una economÃa de
ingreso medio.
Fuente: Página/12

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