Otro año de errores groseros.
Estimaciones fallidas y análisis sesgados por la ideología. En pandemia, hasta
opinaron como si supieran sobre epidemiología
Economistas pronosticadores:
"vayan a buscar otro trabajo"
El ejercicio tradicional de Página/12 de cotejar las
proyecciones 2020 con la realidad se hizo a partir de los datos posteriores al
estallido de la crisis del coronavirus en el país. Igual la mayoría de esos
economistas se equivocó con la evolución del dólar, la inflación, el PIB, las
cuentas fiscales, la tasa de desempleo, las reservas del BCRA, el balance
comercial.
Por Alfredo Zaiat
En este año tienen la excusa de la pandemia. Los
pronósticos económicos de fines de 2019 para el 2020 no pueden ser
referencias para realizar el ejercicio que, de repetirlo desde hace bastante en
cada fin de diciembre, puede ser evaluado por los protagonistas como acoso. No
lo es.
Esta tarea higiénica no ingresa en esa categoría; en
realidad se trata de retirar el velo del inmenso dispositivo de engaño
deliberado y de construcción de expectativas sociales con inconfundibles
objetivos de legitimar medidas regresivas y políticas conservadoras.
Los economistas pronosticadores gozan de tal
impunidad que muy pocos observadores o consumidores de sus
informes se toman el trabajo de comparar lo que decían y lo que en la práctica
sucedió. Si ese estudio básico de cotejar se realizara, se diluiría ese espacio
privilegiado que ocupan en la interpretación de la cuestión económica.
Eso no va a pasar. Esa comunidad de mercaderes de
información económica tiene una amplia red de cómplices para ocultar
sus desaciertos. Tiene la desconcertante fortuna de que sus miembros siguen
siendo contratados por empresas y bancos para sentenciar qué pasará en la
economía, cuando la realidad los desmiente una y otra vez.
Es habitual que los medios de comunicación tradicionales
los consulten para conocer sus chapucerías. La costumbre
de este diario, en cambio, es revisar las estimaciones que hacen de las
principales variables económicas y, pasados tantos años, se ha convertido en un
potente estímulo de curiosidad periodística. Y, valga la confesión, también es
un incentivo para interpelar esa absurda convención de pretender conocer el
futuro guiados por economistas.
Pesimistas
La pandemia puede ser utilizada como pretexto para
archivar las estimaciones realizadas a fines de 2019. Por ese
motivo, en esta ocasión, no se tomarán en cuenta las primeras proyecciones,
presentadas el 3 de enero por el Banco Central cuando difundió los pronósticos
2020 de 24 consultoras y centros de investigación locales, 14 entidades
financieras argentinas y analistas extranjeros. Esos datos constituyen el
reporte conocido como Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) publicado
por el Banco Central, donde se indica cuál sería el recorrido de la economía
según esos supuestos expertos.
Una de esas proyecciones, antes del coronavirus, decía
que la evolución promedio del Producto Interno Bruto sería una caída de 1,6 por
ciento. Era una cifra que mostraba el sesgo pesimista con el gobierno
de Alberto Fernández. Tendencia opuesta a la demostrada durante el gobierno
de Mauricio Macri.
Un revelador informe del economista Emmanuel Álvarez
Agis, de septiembre pasado, deja al descubierto ese comportamiento. Menciona
que el pesimismo observado en el REM para el gobierno de Fernández
contrasta con los registros 2016-2019 durante el macrismo. Muestra que, en
dicho período, las expectativas de inflación y de evolución del tipo de cambio
se ubicaron en forma persistente por debajo de las variaciones
observadas de esas variables.
Precisa que durante 2017 el promedio de la variación
esperada de los precios para los siguientes doce meses fue +17,7 por ciento, y
la evolución esperada del tipo de cambio nominal para el mismo período osciló
en torno a +16,0 por ciento.
En 2018, la crisis cambiaria llevó a un aumento del tipo
de cambio y aceleración de la evolución de los precios. Sin embargo, las
proyecciones del REM anticipaban una desaceleración en la nominalidad.
Nuevamente en 2019 la variación observada del tipo de cambio nominal y el IPC
superó a las expectativas.
Este análisis del REM es otra prueba contundente de
que los pronósticos económicos dominantes tienen escasa rigurosidad
científica y casi nada de seriedad analítica, y que sólo son instrumentos
de intervención política para promover medidas económicas de preservación de
privilegios de poderosos y para apoyar fuerzas conservadoras.
No se
escapan
Si los pronósticos de diciembre de 2019 para este año
quedan invalidados por la pandemia, en cambio los realizados cuando el coronavirus
ya estaba presente adquieren valor para emprender la tarea de comparar.
Entonces el cotejo será con los pronósticos entregados en abril. La
crisis global ya estaba desatada y los impactos en la economía local eran
fulminantes.
Sin importar el incremento de la incertidumbre general y
sin considerar la rápida reacción del Gobierno para atender la emergencia
sanitaria y para diseñar una red de protección de empresas y trabajadores, la
secta de economistas pronosticadores siguió con su tradicional trabajo. Y el
saldo no fue distinto: una sucesión de errores en cada uno de los recorridos de
las variables estimadas.
En la tarea de evaluar el comportamiento de los
denominados gurúes de la city se consideraron las siguientes variables
principales: inflación, dólar y reservas con fuente
FocusEconomics, REM-BCRA, Indec y BCRA. Pero también se analizaron los datos de
la balanza comercial, exportaciones, Producto Interno Bruto, producción
industrial, desempleo.
Pocos se acercaron al dato real y muchos exhibieron que
la elaboración de estimaciones está guiada por el deseo y las
anteojeras ideológicas más que por una evaluación seria.
Una variable sensible para la población es la
tasa de inflación. No es un dato menor en la definición de las expectativas
sociales y también políticas. Las equivocaciones fueron groseras. Sin tener en
cuenta la impresionante recesión con caída de la demanda, la política oficial
de administración de precios y la estrategia cambiaria, Econométrica y
el estudio de Orlando Ferreres estimaron una inflación
superior a la del último año de Macri (53,8 por ciento), la más alta desde el
estallido de la convertibilidad.
Uno de los economistas del establishment más
cotizados, Miguel Ángel Broda, no se inhibió en vaticinar que
"vamos a tasas de inflación en el último trimestre de este año como las
que tuvimos en los '80. El año dará 50-55 por ciento, pero el último trimestre
será muy alto".
Broda es consecuente con su trayectoria: se equivocó, pero este
año ingresó en un estadio superior de desatinos analíticos al comparar la
situación argentina con la de Irak, Venezuela y el Líbano.
Sacachispas
los goleó
No sólo han errado en las proyecciones de variables
macroeconómicas, sino que también han tenido una manifiesta debilidad
analítica cuando tuvieron que opinar acerca de la marcha de las
negociaciones con los acreedores externos privados.
Mientras el ministro de Economía, Martín Guzmán, se
enfrentaba a los más poderosos fondos de inversión del mundo, la
mayoría de los economistas mediáticos descalificaba la labor del representante
de los intereses de Argentina.
En una actitud infrecuente, este año el consultor Carlos
Melconian tuvo declaraciones agresivas hacia un titular del Palacio de
Hacienda. Eligió como blanco a Guzmán hasta decirle que era mentiroso. No
le fue bien entre sus afirmaciones destempladas y la implacable realidad.
En relación a la negociación de la deuda había sentenciado: “Si la
visión presidencial está 100 por ciento alineada ideológicamente con la del
ministro de Economía, el default parece inevitable. El
ministro Martín Guzmán está en las antípodas de los mercados de capitales.
Estamos entre el pragmatismo y la ideología”.
No hubo default y el acuerdo de la deuda recibió la
aprobación del 99 por ciento de los acreedores en los tramos externo y local.
El otro frente en que esos economistas quedaron
descolocados fue en el cambiario. Apostaron a una devaluación brusca y
aconsejaron a sus clientes realizar coberturas por un salto fuerte del tipo de
cambio. Les hicieron perder mucho dinero. Algunos decían con una
seguridad pasmosa de que el dólar superaría los 200 pesos. Guzmán ganó esa
compleja batalla con gran parte de los economistas mediáticos en contra.
"Virus,
cuarentena y vacunas"
En un año terrible en varios aspectos hubo economistas
mediáticos que, no satisfechos con hacer papelones con el análisis económico,
también se atribuyeron capacidad de opinar sobre curvas
epidemiológicas, estrategias sanitarias y cuarentenas.
Del mismo modo en que confunden a sus interlocutores en
la interpretación de los fenómenos económicos, en la pandemia pasaron a
la categoría de charlatanes del coronavirus.
Si con pronósticos sesgados van construyendo expectativas
sociales negativas, en este caso, con ignorancia y relativizando la crisis
sanitaria, fueron una pieza importante para debilitar la estrategia
oficial de salud pública.
La secta de economistas mediáticos completó de ese modo
un combo perfecto: como si hubieran cursado la materia optativa en la Facultad
"Virus, cuarentena y vacunas", opinaron con la misma soberbia
de la ignorancia sobre el coronavirus como lo hacen con la economía.
No pasó
Un agudo observador de la acción de estos charlatanes que
desprestigian una carrera y profesión fabulosa señaló que no es
soberbia, sino que no se dejan engañar por las evidencias.
Como en años anteriores, en éste fueron varias las
evidencias que desmoronaron sus sentencias, entre las principales se destacan:
* La economía se encaminaba a la
hiperinflación; no pasó.
* La tasa de inflación se
desbordaría; no pasó.
* Las cuentas fiscales
tendrían un déficit descontrolado; no pasó.
* El dólar blue superaría
los 200 pesos y el Gobierno estaría obligado a aplicar una devaluación brusca;
no pasó
* El Producto Interno
Bruto se derrumbaría más del 12 por ciento; no pasó.
* La fuerte expansión
monetaria provocaría un shock inflacionario; no pasó.
* El default de la deuda
sería inevitable; no pasó.
"Supongamos..."
Estos economistas tienen un atajo para
eludir las críticas a sus persistentes equivocaciones. La historia que
construye el engaño es la siguiente: cuentan que un granjero
acude a un economista para pedirle consejos sobre cómo aumentar la producción
de leche de sus vacas.
Después de analizar con modelos y complejas ecuaciones la
inquietud, el economista convoca al granjero para decirle que ha encontrado la
respuesta. Le dice: “¿puede venir a mi oficina para escuchar la presentación de
mi solución a su problema?”.
En el día acordado, el granjero concurre al moderno
edificio donde el experto trabaja, quien delante de un enorme pizarrón comienza
la exposición que sorprenderá al granjero. En el inicio de la explicación el
economista dibuja un gran círculo y dice: "Para empezar supongamos una
vaca esférica".
Así van construyendo las proyecciones los economistas
pronosticadores. Parten de una premisa desvariada que terminará con resultados
fallidos.
Pero no son sólo errores en las proyecciones de las
cifras de variables clave y de análisis económicos errados. También le
suman previsiones político-sociales desacertadas por un sesgo
ideológico conservador.
Está terminando diciembre, mes que se
caracteriza por fuertes tensiones, y no hubo turbulencias económicas ni
desbordes sociales pese a los impactos devastadores de la pandemia.
El 2020 ha sido otro fiasco para los economistas
pronosticadores. Pero como se trata de un negocio extraño donde el
consumidor de esas proyecciones paga muy bien y con gusto para ser engañado,
las cifras para el 2021 ya están siendo anotadas para seguir este juego de
comparar dentro de doce meses. En versión libre de la frase disruptiva de CFK en
La Plata, se podría decir a estos economistas: "vayan a buscar
otro trabajo".
Fuente: Página/12






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