INFORME
A 75 años del 17 de Octubre,el
día que nació el peronismo
En un nuevo aniversario del Día de la Lealtad, cuatro
especialistas de distintas ramas de las Ciencias Sociales analizan las
movilizaciones obreras desde sus perspectivas: el rol de la interna militar en
los acontecimientos, el discurso de Perón en la Plaza de Mayo, el lugar de Eva
y las mujeres y el reflejo de los hechos en la literatura.
Por Martín
Canziani
Los análisis y estudios sobre el peronismo son un
fenómeno académico que no ha disminuido a través del tiempo. Generan obsesión
en investigadores locales y extranjeros que se nutren de una vasta tradición de
fuentes orales y documentos de época. El 17 de octubre es la zona cero donde
confluye un sinfín de estudios colaborativos y trabajos interdisciplinarios que
enriquecen la comprensión de los acontecimientos.
Muchas de las interpretaciones académicas se han centrado
en el instrumentalismo teórico que permite ver en el apoyo obrero a Juan
Domingo Perón, el resultado de una participación política que tenía por
objetivo llevar al poder un proyecto reformista que les permitiera mejoras concretas
de sus condiciones de trabajo. Sin embargo, la movilización obrera y las
manifestaciones de la jornada del 17 de octubre de 1945 exceden esta
interpretación y requieren una comprensión más sutil de los hechos.
Por este motivo, el Suplemento Universidad reunió a
Esteban Pontoriero, doctor en Historia; a María Sofía Vassallo, doctora en
Ciencias Sociales y magister en Análisis del Discurso; a Carolina Barry,
doctora en Ciencia Política, y a Juan Ezequiel Rogna, doctor en Letras, para
profundizar sobre la interna militar detrás de las movilizaciones; la
estrategia discursiva de Perón en la Plaza de Mayo; el rol de Eva y las mujeres
obreras, y la interpretación literaria de los acontecimientos.
Esteban Pontoriero
LA INTERNA MILITAR
El año 45 se caracterizó por una incesante disputa
interna dentro de las Fuerzas Armadas. En su meteórico ascenso dentro de la
estructura de poder del gobierno de la “Revolución de Junio”, Perón se había
encontrado con recelos y críticas que veían en su estilo, su práctica e incluso
su vida personal el motivo de una degradación del cuerpo militar.
La utilización política que Perón daba a sus iniciativas
desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, sumado al desgaste de su figura
dentro del gobierno militar, permitían inferir que el rédito de su accionar
tenía como principal objetivo el beneficio personal. A su vez, se destacaba
negativamente su transgresora relación con la joven actriz Eva Duarte, elemento
no menor a la hora de pensar los motivos del desgaste de Perón dentro de la
sociabilidad militar.
Cabe preguntarse entonces por el rol que cumplió dentro
de la institución militar. Esteban Pontoriero remarca que “con el
desplazamiento de Ramírez y el pase de Farrell a la presidencia en 1944, Perón
fue como vicepresidente y ascendió de secretario a ministro de Guerra, puesto
importante porque es el que decidía en el Ejército los pases a retiro y los
destinos, con o sin mando de tropa. Tenía un rol central en la formación del
cuerpo de oficiales”.
La figura de Perón reunía un peso político, institucional
y militar de importancia para la época, a estas cualidades se le sumaba su
acercamiento a los trabajadores a través de la figura de Domingo Mercante.
Coronel amigo e hijo de un obrero ferroviario, fue él quien lo ayudó a
establecer contactos dentro del mundo sindical y quien tendría un rol de peso
durante la jornada del 17 de octubre.
Pero no nos apresuremos, el 9 de octubre Perón es
obligado a renunciar a sus cargos dentro del gobierno y un día después, luego
de reunirse con un grupo de sindicalistas, se decide a realizar un acto para
anunciar su renuncia. La movilización súbita contó con más de 70.000
trabajadores que se agolparon en la calle Perú donde se encontraban las
oficinas de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Desde allí, y aprovechando el
sistema de radiotransmisión publica, Perón le hablaría al pueblo trabajador
para dar su balance de gestión. Cerraría su discurso llamando a la unidad y a
la defensa de las conquistas realizadas desde la Secretaría.
Perón sería apresado el 12 de octubre y enviado a la Isla
Martín García. En contraposición con el declive de su figura política, el
general Eduardo Ávalos, jefe de Campo de Mayo, se constituía en el nuevo sostén
del gobierno de Farrell. La dinámica de los acontecimientos se aceleran y tres
elementos comienzan a desarrollarse en simultaneo: las negociaciones entre el
gobierno y la Corte Suprema de Justicia para pactar una salida democrática del
régimen; la presión popular de las bases obreras para llamar a un paro general
en descontento por el encarcelamiento de Perón y su traslado de la isla Martín
García al Hospital Militar. Esos días son cruciales y los acontecimientos se
deciden en la sede de la CGT. El 16 de octubre y ante la agitación en fábricas
y barrios obreros, los dirigentes sindicales declaran la huelga general para el
18. Pero el pueblo se adelanta a los acontecimientos y en la mañana del
miércoles 17 de octubre, columnas de trabajadores comienzan a agruparse en
diversas plazas de los principales centros urbanos. El epicentro será la Plaza
de Mayo y el insospechado actor de reparto, Eduardo Ávalos.
Conforme el tiempo pasa, las columnas de trabajadores
comienzan a agolparse en la plaza. Los oficiales de Campo de Mayo le piden
autorización a Ávalos para avanzar sobre la ciudad y reprimir. El general duda.
Esteban Pontoriero, que es investigador del CONICET, aclara esa indecisión:
“Cuando se produjo el golpe de 1943, la columna de Arturo Rawson, que fue desde
Campo de Mayo hasta la Casa Rosada para destituir a Castillo, fue tiroteada por
otro grupo de militares en el camino. Ávalos estaba en el otro bando en ese
enfrentamiento. Se tirotearon por una confusión, porque el golpe se decidió en
Campo de Mayo y no todas las unidades estaban enteradas: en el tiroteo murieron
soldados de ambos lados. Ávalos quedó impresionado por ese hecho y por eso
habría decidido no reprimir”.
La pasividad policial en los accesos a la capital
dinamizó la jornada. “Inicialmente era un grupo de gente que curioseaba, no
estaba claro el motivo de su presencia y no era mucha en principio. Recién
avanzado el día empiezan a aparecer columnas que convergieron en la plaza
pidiendo la liberación de Perón: fue todo paulatino. Cuando quedó claro que se
trataba de un mitin o manifestación colectiva con fines políticos para la
liberación de Perón, había una cantidad tan grande, que era imposible de
desalojar violentamente porque eso hubiera producido una masacre y Ávalos no
estaba dispuesto a eso”, puntualiza el docente de las universidades nacionales
de Tres de Febrero (UNTREF) y de San Martín (UNSAM).
María
Sofía Vassallo
LA VOZ DE PERÓN
El afluente de columnas se intensificó en horas de la
tarde. Los trabajadores se adueñaron de la Plaza de Mayo y de muchos otros
centros urbanos a lo largo y ancho de todo el país para pedir por la liberación
de Perón. Renuente a ejercer una represión que hubiera terminado en un baño de
sangre, Ávalos convoca a Mercante en horas de la tarde y le encomienda salir al
balcón de la Casa Rosada y pedirle a la multitud que se desconcentre. Rápido de
reflejos, la mano derecha de Perón inicia su alocución ante el público reunido
citando los deseos de Ávalos. La silbatina es ensordecedora y Mercante sabe que
ganó tiempo. El propio jefe de Campo de Mayo intentó decir unas palabras desde
el balcón, pero el descontento era generalizado.
El traslado de Perón al balcón de la Casa Rosada ocurrió
a las once de la noche. Cuando se asomó al balcón, la algarabía fue total; en
ese momento, el locutor invitó al público a cantar el Himno. Como el propio
Perón reconocería tiempo más tarde ante Félix Luna, fue un intento para ordenar
un poco las ideas.
La reaparición de Perón ante la multitud de trabajadores
configura y solidifica el vínculo con el pueblo; sin embargo, Sofía Vassallo
destaca elementos que se alejan del verticalismo con el que se suele
caracterizar esta clase de discursos: “Perón es quien tiene la palabra y
monopoliza el turno; pero también la multitud se hace escuchar. Esta
interacción tiene características asamblearias. El público participa
activamente del diálogo. La multitud interrumpe constantemente el discurso de
Perón, con cánticos y gritos colectivos o con gritos dispersos. En algunos
momentos, lo obligan al propio Perón a pelear por el turno, le imponen temas”.
Es así como los trabajadores se involucran en la vida
política de forma masiva. Lo hacen a través de consignas y canticos que
prefiguran al peronismo como movimiento. Como afirma Vassallo, “la movilización
popular por la liberación de Perón crea comunidad e inaugura un ritual, al
estar juntos con otros, con-juntos, por un compromiso común con un tercero, a
través del cual se produce el encuentro colectivo, la constitución de un
ser-en-común, capaz de decir ‘nosotros aquí estamos’”.
En esa plaza se inaugura una politización masiva de la
sociedad, un tipo de contacto con la figura del líder político que perdura
hasta nuestros tiempos. Ese discurso no es el primero brindado por Perón hacia
los trabajadores, pero es el inicio de una forma de comunicación que el
peronismo desarrollará como vínculo entre el líder y el pueblo obrero.
“La noche del 17 de octubre de 1945 Perón define y se
pronuncia sobre cuestiones fundamentales: escenifica su tránsito de militar a
civil, proclama la hermandad entre el pueblo, el ejército y la policía,
reformula el concepto de Patria, identifica en esta movilización popular “el
renacimiento de una conciencia de los trabajadores” y la ubica en la tradición
histórica del Cabildo Abierto, advierte acerca de la necesidad de la unidad de
los trabajadores como condición fundamental para la unidad nacional y precisa
como objetivo fundamental de su acción política la felicidad del pueblo”,
reflexiona, la investigadora del Observatorio Malvinas de la Universidad
Nacional de Lanús (UNLa) y del Instituto de Investigaciones y Documentación
Histórica del Peronismo de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM).
Carolina
Barry
EVA Y LAS MUJERES
En su departamento de la calle Posadas, Eva Duarte
escucha las palabras de Perón a través de la radio. Unas horas después ambos se
encontrarán en ese mismo departamento y se casarán una semana más tarde. Sobre
el papel de Eva durante el 17 de octubre se escribió bastante. Dependiendo el
posicionamiento político, el sesgo ideológico o la fuente a consultar, se la
puede encontrar organizando maquiavélicamente los pasos a seguir para la
liberación del líder cautivo, arengando a las masas o hasta dirigiendo los
lineamientos de la CGT para llamar al paro general.
Sin embargo, Carolina Barry señala que “ella en ningún
momento se posiciona en un papel de preponderancia” y agrega: “En los
documentos ella habla más de sus sentimientos, de su dolor, de la pena que sentía,
del llanto que le generaba la situación de injusticia. Con posterioridad, en
una de sus clases en la Escuela Superior Peronista dice claramente que ni ella,
ni la CGT liberaron a Perón, sino que fueron los sindicatos, los obreros y el
pueblo en las calles”.
Debemos recordar que Eva aún no es Evita y que los hechos
de la semana que culmina con la movilización del 17 habían resultado bastante
traumáticos para ella. Luego de la renuncia de Perón a sus cargos, Eva perdió
su trabajo como propagandista de la Revolución de Junio que desempeñaba en
Radio Belgrano y luego del traslado de Perón a la isla Martín García el
contacto con su pareja se vuelve aún más impreciso. De este momento se
conservan las cartas entre ambos que demuestran lo frágil y desesperante que
era la situación. Se vuelca a pedir ayuda a los amigos de Perón que conocía;
contacta a Mercante, habla con Bramuglia para pedirle que hiciera un habeas
corpus, demanda que el abogado socialista desestima e iniciaría una enemistad
entre ambos que se prolongó en el tiempo.
Pero Eva no es la única mujer involucrada en los
acontecimientos, miles de activistas se movilizan a la Plaza de Mayo
interpeladas por el líder cautivo. Barry destaca esos vínculos: “Perón crea el
Departamento de Asistencia y Trabajo de la mujer como un organismo dependiente
de la Secretaría de Trabajo y Previsión en 1944. Ese organismo va a estar
presidido por Lucila Gregorio Lavié, mujer muy vinculada a sectores del
feminismo que acompañaron a Perón”.
Si bien las fotos dan cuenta de una mayoría de hombres en
la plaza, el aporte de las mujeres en la movilización también fue
significativo. Los testimonios de mujeres que acompañaron a sus padres y
esposos en la caminata hacia la plaza se enlazan con una experiencia de
organización política más significativa. La coordinadora académica del Programa
de Estudios de Historia del Peronismo de la UNTREF e investigadora del Centro
de Estudios de Historia Política de la UNSAM así las caracteriza: “Ya desde
fines de 1944 empezaron a existir los centros cívicos femeninos. Estos centros
van a estar relacionados con distintas líneas internas de fuerzas políticas que
luego van a apoyar la candidatura de Perón. Estos centros movilizan el 17 de
octubre y son específicamente de mujeres”. Actrices emergentes de la
movilización, las mujeres también encontraron representación política en la
movilización que pedía la liberación de Perón como líder político.
Ezequiel
Rogna
ALPARGATAS SÍ, LIBROS TAMBIÉN
La manifestación quedó grabada a fuego en sus
protagonistas, pero la resonancia de aquel miércoles que pasaría a la historia
también se transformó en un fecundo campo dentro de la narrativa nacional.
Desde las crónicas periodísticas, hasta el abordaje literario que se le dio a
la movilización de los trabajadores, el 17 de octubre resultó una ruptura que
se trasladó al ámbito de las letras. Ezequiel Rogna explica esta división: “Por
un lado, para las élites liberales constituyó una invasión de los sujetos bárbaros
al corazón de la polis oligárquica. Por otra parte, el 17 de octubre fue
representado, parafraseando a Raúl Scalabrini Ortiz, como la manifestación del
‘subsuelo de la patria sublevado’, es decir, como una jornada signada por la
épica colectiva de una muchedumbre que portaba reivindicaciones ancestrales y
se mancomunaba en un solo grito. Consecuentemente, el sentimiento expresado en
estas obras no es el de invasión sino el de mancomunión y autorreconocimiento
frente a esa otredad popular”.
Es en esta fragmentación de las formas de representar el
hecho popular que se distinguen dos trazos narrativos distintos. No sorprende
ver a escritores como Borges, Bioy Casares, Martínez Estrada o Cortazar dentro
del primer grupo caracterizado por Rogna y a Scalabrini Ortiz, Marechal,
Olivari o Granata dentro del segundo. Sin embargo, las diferencias no
terminaban en la forma narrativa, también cabría realizar una segunda
distinción que el becario posdoctoral del CONICET señala con claridad:
“Mientras los autores que lo configuraron desde la sensación de invasión
recurrieron fundamentalmente a la narrativa; la poesía (o prosa poética)
aparece como el género más visitado por aquellos autores que lo configuraron
partiendo de una perspectiva empática. Esto quizás se deba a que la
autorreferencialidad y el tono íntimo y a la vez épico encuentran en la lírica
su espacio más propicio”
El 17 de octubre se inscribe entonces en una tradición
literaria que excede por mucho el hecho convocante. Modificó las perspectivas
desde las cuales se abordaron las narrativas de los sujetos populares pero
también evidenció una transformación para aquellos escritores que buscaron
inscribir su prosa junto con la vertiente del siglo XIX, el profesor de
Literatura Argentina II y docente invitado en el Seminario del Cono Sur en la
Universidad Nacional de Córdoba (UNC) así lo remarca: “En efecto, al no poder
configurar como sus antecesores (Echeverría, Sarmiento) la imagen de un
desierto a conquistar, quienes por entonces veían amenazadas sus posiciones de
privilegio recurrieron a la pesadilla, a la fiesta y a lo monstruoso” para
narrar ese periodo.
A 75 años del acontecimiento popular más significativo
del siglo XX argentino, el 17 de octubre sigue vigente en la tradición
movimientista del peronismo y en la historia del movimiento obrero. Ha sido
trabajado por la academia en todas sus ramas y vertientes y sigue siendo
pensado en arengas y panfletos. Su carácter masivo y popular lo emparenta con
el carnaval, aquel que visto a través de los ojos del distanciamiento social se
nos aparece como mítico e imposible.
Fuente: Página/12





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