La noche en que Nueva York se detuvo: un autógrafo, cuatro pasos, cuatro disparos y el viaje hacia la eternidad de John Lennon
El 8 de diciembre de 1980, a las 23:15, el músico murió luego de recibir una ráfaga de disparos. Su último dÃa: fotos, canciones y una entrevista emotiva que sonaba a despedida
John Lennon nació el 9 de octubre de 1940. El 8 de diciembre de 19810 fue asesinado. TenÃa 40 años
Es casi una injusticia que el nombre de John
Lennon quede para siempre ligado al de quien lo
asesinó a balazos a pocos metros de su casa en Nueva York. Era el 8 de
diciembre de 1980 y el músico vivÃa el renacer de su arte y de su
vida. Acababa de grabar su último disco, Double Fantasy, y planeaba
volver a los escenarios luego de cinco años de silencio voluntario dedicados a
disfrutar de su paternidad. VolvÃa a sentirse pleno, libre, y la música
reclamaba de nuevo su lugar.
Aquel
dÃa fue especialmente intenso: posó para una sesión de
fotos con Annie Leibovitz para la revista Rolling Stone, dio una
entrevista radial y, por la tarde, salió del edificio Dakota junto a su
esposa, Yoko
Ono, rumbo a una grabación. Afuera, un grupo de fans lo
esperaba con cualquier objeto a mano para pedirle un autógrafo. Entre ellos
estaba el hombre que horas más tarde apretarÃa el gatillo sin piedad. John,
como siempre, se detuvo a saludar a cada uno.
Sonrió, conversó brevemente y estampó su firma en
la portada de Double Fantasy que sostenÃa aquel joven de
lentes grandes, sin sospechar que ese gesto amable serÃa el preludio de una
tragedia que cambiarÃa para siempre la historia de la música y del mundo. “¿Es
todo? ¿Quieres algo más?”, le preguntó.
Cuando regresó a casa, entrada la noche invernal, no habÃa guardias, ni multitudes, ni prensa. Solo el mismo hombre que esa tarde le habÃa pedido la firma. Dio cuatro pasos hacia él, lo llamó por el apellido y disparó cuatro veces. Esa noche, John Lennon se convirtió en mito, y el mundo, conmocionado, empezó a preguntarse qué habrÃa ocurrido si hubiera tenido un dÃa más, un mes más, un año más... Si ese futuro que lo ilusionaba no hubiese sido arrancado de raÃz por alguien que aún sigue pagando el crimen.
Lennon firma un autógrafo a su asesino
Las 23:15
Cerca de las 22:50, después de un dÃa agotador pero
luminoso, Lennon y Yoko regresaban al Dakota. Ella se adelantó unos pasos para
ir a ver a su hijo, Sean. John, rezagado detrás, caminaba con esa calma recién
recuperada… hasta que volvió a cruzarse con el mismo individuo que, horas
antes, le habÃa pedido un autógrafo. Tal vez lo reconoció, tal vez solo notó
una sombra fuera de lugar. Siguió caminando.
“Señor Lennon…”, alcanzó a oÃr. John se giró. El primer disparo pasó silbando por
encima de su cabeza y se incrustó en la pared del Dakota. Luego vinieron otros
cuatro, certeros, brutales, descargados con una frialdad que duele incluso
recordar. Cada una de esas balas atravesó su cuerpo delgado, pero
Lennon se mantuvo en pie, como si todavÃa se negara a caer. Con sus
últimas fuerzas logró llegar hasta la oficina del conserje… y allÃ, finalmente,
el mundo se quebró.
Los gritos desgarrados de Yoko rasgaron el silencio
del edificio y de la ciudad entera. Nueva York despertó de golpe: habÃan
matado a John Lennon.
John Lennon (1940-1980) y Yoko Ono en el estudio Hit Factory de Nueva York, fotografiados el 6 de diciembre de 1980, dos dÃas antes del asesinato del ex Beatle (Mark y Colleen Hayward/Redferns)
Lunes 8 de diciembre de 1980, 23:15. Esa hora quedó para siempre fijada en el acta
de defunción que firmó el doctor Stephen Lynn en el Hospital Roosevelt. Lennon
habÃa llegado sin vida, sostenido en los brazos de dos policÃas que intentaron,
como los médicos, luchar contra lo imposible.
Del otro lado de la sala de emergencias esperaba
Yoko, la mujer que, injustamente, el mundo habÃa señalado durante años por la
ruptura de los Beatles. Fue el propio Lynn quien tuvo que darle la noticia. Fue
una frase breve, un instante eterno. Y con él, la certeza amarga de que un acto
de locura habÃa arrancado de cuajo un futuro que todavÃa estaba por escribirse.
Ella le suplicó no difundirla a la prensa porque
querÃa primero decÃrselo al pequeño Sean, de cinco años.
Años después, el médico volvió sobre aquella noche
con un temblor que todavÃa parecÃa adherido a su memoria. Reveló detalles
desgarradores, imposibles de olvidar, y recordó que Lennon tenÃa tres
impactos en el pecho y uno en el brazo, que habÃa llegado sin pulso
ni presión sanguÃnea. "PodrÃamos haber certificado su muerte nada
más al llegar, pero en urgencias hay que aprovechar cualquier resquicio,
por pequeño que sea (…) Hicimos una intervención quirúrgica y abrà la parte
izquierda del tórax… Al abrir encontré una gran cantidad de sangre,
probablemente el 80 o 90% de la sangre del cuerpo; el corazón se habÃa
quedado vacÃo. Hicimos transfusiones, pero vi que los vasos sanguÃneos
también estaban muy dañados. Pensé que prácticamente no habÃa posibilidades de
salvarle la vida, por lo que tomé el corazón con las manos y le
practiqué un masaje“.
SÃ, el médico esperaba un milagro. “Tomé el corazón
con la mano derecha. Consideré que tal vez podrÃa reaccionar; sin embargo, la
naturaleza de las heridas impedÃa toda opción (…) Hasta ese momento trabajé en
piloto automático, sabÃa qué debÃa hacer. Pero en el momento en que lo dimos
por muerto, todo fue diferente”.
—¿Cuándo supo que era John Lennon?— le preguntaron durante una larga entrevista con el diario español La
Vanguardia al cumplirse tres décadas de esa noche fatal.
—Lo descubrimos cuando una enfermera sacó la
cartera de su bolsillo y vio su documento de identificación. Dijo: “¡Es
John Lennon!”. Miré al paciente y me dije que no podÃa ser, no se
parecÃa al John que yo conocÃa del vecindario. En la muerte, él no se
parecÃa en nada a la imagen en vida: estaba gris, chupado, pálido. No
parecÃa John Lennon, aunque, al fondo del pasillo, apareció Yoko Ono. Ya no
habÃa duda.
Mientras eso sucedÃa, en la puerta del Dakota
comenzó a amontonarse gente. El agente de policÃa que llegó primero al lugar,
Steve Spiro, encontró al criminal tan sereno que, primero, pensó que era un
testigo curioso. Pero, levantó las manos y dijo: “Soy Mark David Chapman. Fui
yo quien disparó”. Quedó detenido.
La desolación de Yoko Ono al salir del hospital Roosevelt
La ultima entrevista: “Sigo creyendo en el amor”
La mañana del 8 de diciembre de 1980 comenzó como
una jornada luminosa para John Lennon. Acababa de posar para Annie
Leibovitz en una sesión que ya intuÃa histórica y, sin saberlo, se
preparaba para el último registro público de su voz, su pensamiento y su
humanidad. Esa tarde, unas horas antes de su asesinato, abrió las puertas de su
casa del edificio Dakota para el equipo de la cadena RKO Radio
Network: Dave Sholin, Laurie Kaye, Ron Hummel y Bert
Keane. Junto a Yoko, recibió a los periodistas con la serenidad de un
hombre que vuelve a sentirse pleno, creador, padre y enamorado.
La entrevista —luego reproducida por Rolling
Stone y otros medios— reveló a un Lennon Ãntimo, reflexivo, dispuesto a
mirar su vida sin poses y sin el peso del mito. Habló de su crecimiento
personal, de Sean, del regreso a la música después de cinco años, de su
separación y reencuentro con Yoko, de aquel primer encuentro en 1966 y de la
campaña de amor y paz que aún defendÃa. Habló con la naturalidad que
conocen solamente quienes están viviendo una nueva etapa y no como quien estaba
despidiéndose sin saberlo.
Entre tazas de café y la luz de la tarde
neoyorquina, Lennon describió la rutina que definÃa su presente. “Me levanto
sobre las 6:00. Voy a la cocina y tomo un café. Los periódicos llegan a las
7:00. Sean se levanta a las 7:20, 7:25. Superviso su desayuno; ya no lo
preparo. ¡Me harté de eso! Pero me aseguro de saber qué está comiendo”, contó.
Tapa de "Double fantasy"
No hablaba como un Ãcono del rock, sino como un
padre orgulloso y consciente de la importancia de estar ahÃ: “Mi vida gira en
torno a Sean”, admitió. Esa presencia —decÃa— lo mantenÃa emocionalmente
estable: “Ahora tengo más motivos para mantenerme sano y brillante. Ya no puedo
revolcarme y decir: ‘Bueno, supongo que asà es como deben ser los
artistas’”.
En voz baja, casi como dando una confesión,
reconoció errores y aprendizajes. “Me considero afortunado. Pero me tomé el
tiempo. Cualquiera con una esposa trabajadora podrÃa tomarse el tiempo... No me
creo eso de ‘mi carrera es tan importante que me ocuparé de los niños
más tarde’. Lo cual ya hice con mi primer matrimonio y mi primer
hijo, y me arrepiento un poco”. John no toleraba la idea de una
disciplina rÃgida en casa y menos con su hijo. “Intento no imponer una
disciplina demasiado rÃgida sobre el comportamiento. Solo digo: ‘No
seas maleducado; no lastimes a los demás...’ Nunca le pegarÃa ni nada”. Y
no le costó reconocer que la paternidad era un camino imperfecto: “Aprendes por
defecto. Ya he cometido muchos errores, pero ¿qué le voy a hacer? Creo que es
mejor que me vea como soy”, admitió.
Cuando la conversación se volcó hacia lo musical,
se encendió una chispa reconocible en él. Habló de su regreso con la energÃa de
quien vuelve a respirar después de una larga sequÃa creativa.
“De repente tuve una especie de, si me permiten la
expresión, ‘diarrea’ de creatividad. ¡Simplemente surgió!” y reafirmó su
filosofÃa artÃstica diciendo que “las mejores canciones son las que te vienen a
la mente”. También describió su último trabajo, Double Fantasy, como
un diario compartido con Yoko: “Lo que cantamos en el disco y las canciones son
verdaderos diarios de cómo nos sentimos”.
Las ultimas fotos de sesión de Annie Leibovitz, para Rolling Stone (Annie Leibovitz)
El relato de su conexión con Yoko sumó una nota de
ternura y destino. “Solo hay dos artistas con los que he trabajado más de una
noche: Paul McCartney y Yoko Ono. Después de conocer a Yoko, tuve la misma
sensación. Era una sensación diferente, pero tenÃa la misma sensación”,
reconoció y recordó la escena fundacional en la Indica Gallery, el
catalejo, la palabra “Yes” suspendida en el techo, el mensaje que cambió su
vida.
Lennon también habló de la presión de la fama, del
peso del personaje. “Era muy incómodo cuando no sentÃa que estaba
siendo yo mismo. Cuando tenÃa que sonreÃr cuando no querÃa sonreÃr. Se
convirtió en algo asà como ser un polÃtico”. Esa etapa —dijo— habÃa quedado
atrás: “He descubierto que puedo vivir sin tener un disco exitoso. Me harÃa más
feliz, pero no voy a volver a intentar crear una imagen que no sea yo mismo”.
En un tono casi profético, reflexionó sobre el
poder y la sociedad: “Esta idea de que elegimos a estos lÃderes y luego
esperamos que hagan milagros por nosotros... No funciona, porque los ponemos en
un pedestal y luego queremos derribarlos inmediatamente”. Y propuso algo más
cercano, más humano: “La gente tiene el poder. No me refiero al poder
de las armas. Tiene el poder de crear la sociedad que desea. Todos creamos esto
juntos”.
Hablando de Imagine, el himno por la
paz, reconoció la influencia de Yoko: “‘Imagine’ fue una copia directa
de su libro Grapefruit. Hay partes que dicen: ‘Imagina
esto, imagina aquello’, asà que el crédito debió ser compartido desde el
principio”.
John y Yoko posan con el periodista Dave Sholin luego de dar la ultima entrevista
La entrevista avanzó hacia un terreno más espiritual, casi testamentario. “Sigo creyendo en el amor, en la paz; sigo creyendo en el pensamiento positivo, cuando puedo hacerlo. No siempre soy positivo, pero cuando lo soy intento proyectarlo”. Y justificó por qué seguÃa necesitando cantar: “Mi papel en la sociedad, o el papel de cualquier artista o poeta, es intentar expresar lo que todos sienten. No para decirle a la gente cómo sentirse, ni como predicador, ni como lÃder, sino como un reflejo de todos nosotros”.
A quienes habÃan crecido con él les dejó un mensaje
directo: “Visualizaba a toda la gente de mi edad, de los sesenta, ahora en sus
treinta y cuarenta, como yo. Y con esposas e hijos, y habiendo pasado por todo
juntos... Les canto”.
Ya cerca del final de la charla —y del final de su
vida— Lennon pronunció una frase que, con el paso del tiempo, adquirió un peso
casi insoportable: “Mientras haya vida, hay esperanza”. Y completó
ese pensamiento con una mirada confiada hacia el porvenir: “El mundo lleva
mucho tiempo funcionando. Probablemente seguirá funcionando mucho tiempo. Las
semillas de los sesenta florecen en la positividad, el crecimiento y la
feminización de la sociedad”. Pocas horas después, esas semillas quedarÃan
en manos del mundo.
El mundo sin Lennon
Quizá no vivirÃamos en una utopÃa, pero si no lo
hubiesen asesinado habitarÃa en el planeta una voz poderosa, lúcida y
profundamente influyente que empujarÃa siempre hacia el lado luminoso de la
historia.
Lennon habrÃa atravesado los 80s con la rebeldÃa
que ya tenÃa madura: esa mezcla de pacifismo, crÃtica al poder y vulnerabilidad
doméstica que lo hacÃa único. Probablemente hubiera sido una figura central del
activismo global: contra las guerras del Golfo, contra el apartheid,
contra la violencia de Estado en América Latina, contra el racismo estructural
e incluso contra las derechas, pero también un impulsor del naciente
ambientalismo y de los derechos de las mujeres, causas que ya intuÃa como parte
del futuro cuando hablaba de “la feminización de la sociedad”.
Quizá habrÃa sido un referente clave en la era
digital. Seguramente Lennon estarÃa opinando sobre el capitalismo de datos, las
burbujas informativas, los discursos de odio, la crisis climática, los
autoritarismos contemporáneos, los genocidios que se ocultan… y quizás las
nuevas generaciones estarÃan viéndolo como una brújula ética, una presencia
incómoda para los poderosos, alguien que no hubiera permitido que las redes
sociales devoraran por completo la conversación pública.
Un homenaje a John Lennon en Strawberry Fields, Central Park, Nueva York
Su música habrÃa seguido evolucionando. Probablemente
habrÃa colaborado con artistas de todas las épocas, manteniendo ese impulso de
“no ser un polÃtico, no interpretar un papel”. Y tal vez habrÃa ofrecido el
espejo que falta hoy: un artista mundial capaz de unir lo Ãntimo con lo
polÃtico sin cinismo y sin cálculo.
Pero, sobre todo, si Lennon viviera hoy, existirÃa
un contrapeso cultural a la época de polarización, ironÃa cruel y desencanto.
Una presencia insistente recordando que el amor, la cooperación, la imaginación
y la ternura pública también son fuerzas polÃticas.
Lennon nunca prometió salvar al mundo. Pero sÃ
creÃa, profundamente, que cada persona gente puede crear la sociedad
que desea. Y quizá, con su voz todavÃa aquÃ, el mundo serÃa un poco menos
cÃnico, un poco más valiente, menos dañado, menos ruidoso… y estarÃa un poco
más cerca de aquel “Yes” que vio colgado del techo la noche que cambió
su vida.
Como cada 8 de diciembre, miles de personas
prenderán velas en el Strawberry Fields del Central Park y
dejarán flores en el circulo central a modo de homenaje. Además, en varias
ciudades del planeta se realizará la clásica vigilia en memoria del hombre que
quiso hacer de este mundo un lugar mejor.
Fuente: Infobae
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