El detrás de escena de las finanzas globales
Historias desde la Isla de
Man, el paraÃso fiscal de Caputo
Mientras el ministro Caputo sostiene el modelo económico en favor de la
bicicleta financiera gracias a operaciones de endeudamiento cada vez más
impagables, buena parte de los dólares de "Toto" están alojados en el
exterior. La Isla de Man es uno de los destinos predilectos de los contadores
de Caputo. ¿En qué consiste el régimen ultrafavorable de este paraÃso fiscal?
Por Guido Agostinelli
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19 de octubre de 2025 - 00:01
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El ministro Caputo pide confianza a los inversores pero tiene la plata
en el exterior.. Imagen: AFP
Desde Isla de Man
El ministro de EconomÃa argentino, Luis “Toto” Caputo, puso en el mapa a
la Isla de Man al declarar que mantenÃa depósitos en esta
diminuta jurisdicción. Se trata de un enclave en el mar de Irlanda que, por su
régimen de bajos impuestos, ha sido catalogado por diversos organismos
internacionales como un paraÃso fiscal. La elección de este destino
por parte de un ministro de EconomÃa de otra nación invita a analizar qué
incentivos lo hacen tan atractivo para resguardar capitales.
El caso de Caputo encarna la paradoja polÃtica que plantean los paraÃsos
fiscales. Mientras el gobierno argentino exhorta a los ciudadanos a poner los
dólares en movimiento para financiar la economÃa doméstica y alcanza el récord
de endeudamiento externo de toda la historia del paÃs, los dólares del
propio ministro siguen fuera del mismo, a resguardo en plazas financieras como
la Isla de Man. El ministro es uno de los 3 funcionarios más ricos del
Gabinete, según los reportes oficiales.
Según su última declaración jurada, la mayor parte de su dinero lÃquido
permanece en el exterior. Optó por una guarida fiscal de la órbita británica
para custodiar una parte importante de su patrimonio. Resulta difÃcil
generar confianza si quien dirige la economÃa prefiere un refugio offshore
antes que en la economÃa que él mismo dirige.
Esta contradicción final resume el dilema que enfrentan las sociedades:
los capitales pueden cruzar océanos buscando las condiciones más ventajosas,
pero los Estados nacionales se quedan con las manos vacÃas intentando
sostener el bienestar general. En el caso argentino, refuerza una
verdad incómoda: quienes tienen la mayor capacidad contributiva suelen esquivar
el compromiso, dejando a los Estados y a los contribuyentes comunes lidiar con
las consecuencias.
Enclave y régimen fiscal
La Isla de Man no forma parte del Reino Unido ni de la Unión Europea,
pero se encuentra bajo soberanÃa del monarca británico y goza de autogobierno
en la mayorÃa de sus asuntos internos. Con una población de apenas 85 mil
habitantes y una superficie de 572 km², este pequeño territorio ostenta una
notable continuidad institucional: su parlamento, el Tynwald, se instauró en el
año 979 d.C. y es reconocido como el más antiguo en funcionamiento ininterrumpido
del mundo. La estabilidad polÃtica e histórica de la isla ha sido un
cimiento clave de su desarrollo como plaza financiera.
El principal atractivo de la Isla de Man radica en su régimen
tributario extremadamente benigno para empresas e individuos de altos
ingresos. Esta jurisdicción se promociona como una economÃa de baja
tributación, con caracterÃsticas casi únicas en el mundo desarrollado.
*Impuesto corporativo cero: la tasa general del impuesto a las
sociedades es 0% tanto para compañÃas residentes como no residentes. Existen
pocas excepciones a esta regla: los beneficios bancarios y de algunos negocios
minoristas de gran porte tributan un 10%, y las rentas por explotación de
bienes inmuebles en la isla pagan 20%. Aun asÃ, la inmensa mayorÃa de las
actividades empresariales se benefician de una tasa corporativa nula, lo que
convierte a la isla en un imán para holdings, fondos de inversión y estructuras
offshore.
*Sin impuestos al capital ni a la herencia: no existe impuesto a las ganancias de capital ni impuestos sobre el
patrimonio, sucesiones o donaciones. Las plusvalÃas obtenidas por la venta de
activos, asà como las transmisiones de bienes por fallecimiento, están
completamente exentas en suelo manés.
*Intereses no gravados a no residentes: formalmente, un no
residente deberÃa tributar un 21% sobre las rentas generadas en la isla. Sin
embargo, por concesión extraestatutaria, el fisco manés no hace efectiva la
tributación sobre los intereses bancarios ni dividendos percibidos por no
residentes. En otras palabras, un inversor extranjero que deposite
dinero en un banco de la Isla de Man no paga impuestos locales por
los intereses que gane. Esta polÃtica de hecho, sumada a la ausencia
de retención en la fuente, incentiva la llegada de grandes depósitos
internacionales.
*Tope anual a los impuestos personales: la Isla de Man implementa
un “tax cap” o lÃmite máximo anual a la carga tributaria de las personas
fÃsicas. Actualmente, ningún residente paga más de 220.000 libras de impuesto a
la renta por año, sin importar cuán elevada sea su renta global. Este tope
permite que millonarios instalados en la isla aseguren por adelantado que su
factura fiscal no excederá esa suma. En la práctica, alguien con
ingresos astronómicos termina tributando a una tasa efectiva muy baja gracias a
este lÃmite.
En cuanto a los consumidores no hay incentivos para ellos, se les cobra
IVA bajo el régimen del Reino Unido que, por lo general, aplica una alÃcuota
del 20%.
Plaza financiera
La transformación económica de la Isla de Man es un caso paradigmático
de diversificación hacia las finanzas. Hasta mediados del siglo XX, la isla
dependÃa en gran medida de la agricultura, la pesca y el turismo. De hecho,
entre fines del siglo XIX y la década de 1950 fue un popular destino vacacional
para los británicos, plagado de hoteles victorianos. Pero con el auge de los
viajes al Mediterráneo, el flujo de turistas hacia el Mar de Irlanda se
evaporó. El turismo entró en declive terminal, reduciéndose a un aporte
marginal de apenas 0,3% del ingreso nacional. En lugar de resignarse a
la decadencia, la isla reinventó su modelo.
En reemplazo del turismo emergió el sector financiero. Desde fines del siglo XX, las autoridades manesas ofrecieron incentivos para atraer bancos, aseguradoras, sociedades fiduciarias y gestores de patrimonio. Hoy, las finanzas y servicios profesionales representan cerca de la mitad de la economÃa de la isla, generando empleos de alto ingreso para la población local. Un amplio abanico de negocios –banca privada, seguros, administración de fondos, fideicomisos y asesorÃa financiera– encontró domicilio en la Isla de Man, al calor de las ventajas impositivas y de un entorno regulatorio conveniente.
No solo es una buena plaza para lo que algunos llaman la timba
financiera sino que también para la timba online. A partir de los 2000, buscó
atraer empresas de e-gaming (casinos virtuales, apuestas por internet, póker en
lÃnea, etc.) ofreciéndoles licencias ágiles, impuestos mÃnimos y un sello de
jurisdicción respetada.
Este esfuerzo rindió sus frutos: gigantes del juego online
como PokerStars o Microgaming instalaron operaciones
significativas en la isla. Hacia mediados de la década de 2010, el
e-gaming ya aportaba alrededor del 17% del PBI manés, equiparando al sector de
seguros como las mayores fuentes de ingreso nacional. La Isla de Man se
convirtió asà en uno de los polos mundiales del juego por internet. Sobrada
muestra hay de los problemas que esta industria genera en jóvenes y adultos.
Este modelo económico, centrado en servicios financieros, digitales y
corporativos, ha traÃdo una afluencia notable de capitales foráneos. Los
bancos locales administran depósitos cercanos a 43.000 millones de libras,
equivalentes a unos 55.000 millones de dólares. Para dimensionar: esa
masa de depósitos multiplica por más de cinco el PBI anual de la isla. Se trata
fundamentalmente de fondos de no residentes, una enorme liquidez internacional
atraÃda por las condiciones fiscales.
Intervención estatal
Una idea común es pensar que los paraÃsos fiscales encarnan modelos de
Estado mÃnimo, próximos al ideal libertario de nula intervención gubernamental.
Sin embargo, la realidad manesa contradice ese estereotipo. A pesar de
su baja tributación, la Isla de Man sostiene un Estado de bienestar
al estilo europeo, con un gobierno activo en la provisión de servicios
públicos y en la regulación económica cuando la situación lo amerita.
Un ejemplo elocuente ocurrió en 2018, cuando el gobierno manés decidió
nacionalizar la compañÃa naviera local para resguardar un interés público
estratégico. La empresa Isle of Man Steam Packet, encargada de las conexiones
por ferry con el Reino Unido e Irlanda, estaba en manos privadas. En mayo de
2018, tras un debate en el Tynwald, el gobierno desembolsó 124 millones de
libras para comprar el 100% de las acciones de la naviera. La operación buscó
garantizar la conectividad marÃtima de la isla a largo plazo. Desde entonces,
la Steam Packet Company opera bajo control público, y las autoridades locales
aseguran haber obtenido la estabilidad de servicio deseada. Este rescate revela
que, incluso en una jurisdicción pro-mercado, el Estado no duda en actuar
cuando se trata de asegurar infraestructuras esenciales.
La Isla de Man ofrece a sus residentes servicios sociales
comparables a los de cualquier paÃs desarrollado. Existe un sistema de salud y educación pública; se pagan pensiones
estatales y se aplican subsidios o ayudas en vivienda y desempleo. El actual
ministro del Tesoro manés, Alex Allinson, en la conversación que mantuve en
Isla de Man, se ha declarado a favor de mantener un sólido Estado de bienestar.
Es decir, la Isla de Man no es un experimento de Estado mÃnimo, sino que
intenta atraer capitales con un piso de bienestar para sus ciudadanos.
El costo global
La proliferación de jurisdicciones como la Isla de Man plantea crÃticas
por su impacto negativo en el resto del mundo. Estos refugios fiscales
erosionan la recaudación de los paÃses de origen de los capitales, facilitando
la elusión o evasión de impuestos. En esencia, permiten que las
fortunas y rentas generadas en otras jurisdicciones se reubiquen
artificialmente allà para aprovechar la tributación nula. Esto
desfinancia a los Estados donde efectivamente se produce la riqueza, mermando
los recursos disponibles para educación, salud, infraestructura y demás bienes
públicos.
El caso de la Isla de Man ilustra varias de estas prácticas. Empresas
multinacionales pueden registrar ganancias contables en filiales manesas aunque
los ingresos provengan de otros mercados. Personas de alto patrimonio pueden
esquivar impuestos a la herencia trasladando sus domicilios fiscales a la isla
antes de un traspaso generacional.
La Isla de Man, presionada por el Reino Unido y la OCDE, firmó acuerdos
de intercambio automático de información financiera con decenas de paÃses,
incluida la Argentina. Estos avances han mitigado en parte su uso para evasión
ilegal. Sin embargo, la crÃtica hacia la Isla de Man y sus
pares es que compiten fiscalmente de forma dañina para la cooperación global,
atrayendo capitales con promesas de impuestos cero que terminan socavando la
recaudación de otros paÃses y exacerbando la desigualdad.
*Economista, autor del libro Experimento Libertario y Falacias
Libertarias
Fuente: Página/12
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