DÃa de la mujer trabajadora
Un 8M que le moja la oreja
al gobierno
A poco mas de un mes del
discurso en Davos, este 8M viene con el impulso de la marcha antifascista. Un
año que en principio no parecerÃa quedarle cómodo a un gobierno que evita -al
menos momentáneamente- poner la batalla cultural en la primera linea de su narrativa.
Se espera una convocatoria masiva que desborde las calles y que pueda
transversalizar las luchas que una gran parte de la sociedad sostiene contra el
gobierno de Milei.
7 de marzo de 2025 - 01:37
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Hace poco más de un mes, Javier Milei se dio una panzada contra los feminismos y la comunidad LGTBIQ+. Estaba en Davos con el pecho inflado y la certeza de que su discurso iba a salir airoso en el uso habitual de la bravuconerÃa que viene derrochando desde el 10 de diciembre de 2023.
Pasó algo bien distinto: en
respuesta a su decálogo antifeminista, misógino y con un odio encarnizado a la
comunidad LGTBIQ+, el 1° de febrero miles salieron
a la calle para poner un lÃmite al gobierno, un lÃmite sensible
que trascendió las luchas de la comunidad LGTBIQ+ y forjó una
transversalidad que encuentra en este 8M una continuidad. Un
llamado de atención por parte de la sociedad hacia un gobierno cada vez más
envalentonado en amplificar a destajo mensajes odiantes y descartar a una parte
de la población enarbolando la lucha anti woke.
En la reciente apertura de las
sesiones legislativas, el presidente no dijo
ni la palabra “woke” ni la palabra “mujeres”, probablemente una de las primeras
veces que esquiva la batalla cultural como tópico ineludible en sus discursos.
Parado frente a un Congreso casi vacÃo, leyó un discurso en el que tampoco hizo
mención a la ideologÃa de género. HabÃa transcurrido un mes exacto de una
masiva convocatoria y puede ser que entre sus ideólogos de dios, patria
y familia haya habido un ligero warning, una mano
levantada o una frenada de pelota para recalcular el costo que puede tener
atacar tan al hueso a la lucha feminista que todavÃa saborea su momento mas
combativo de este siglo.
La convocatoria para este
sábado -en sintonÃa con el 1F- propone un paro antifascista,
antirracista, antipatriarcal y transfeminista. No solo las mujeres
salen a la calle, es un entramado social que aunque fragmentado y aun
con las luchas sectorizadas viene a proponer un lÃmite a un gobierno
que empieza a tener un peso especÃfico que no le permite un andar tan liviano
como el de un año atrás.
¿Qué se juega este 8M?
La masividad callejera es
una virtud de los transfeminismos, una de sus claves es la interpelación social
que produce transversalizar las luchas: el trabajo, los barrios, las familias,
las escuelas, los clubes y las plazas fueron y son espacios convidados a un
debate rÃspido donde se volvieron interdependientes cuestiones
económicas como las tareas de cuidado, las discusiones en torno a los modos de
reparación y de justicia frente a los abusos sexuales, formas de elaborar y
aplicar una educación sexual integral, acompañamientos en materia de salud
reproductiva y no reproductiva, estrategias frente a la violencia machista y
visibilización de la discriminación racial, entre muchas otras batallas que
el gobierno nacional decide unificar en una sola a la que llama “cultural”.
“Creo que el 1F demostró
que los feminismos y la diversidad sexual siguen siendo movimientos muy
potentes. De hecho, Milei se cuidó mucho, en su discurso a la Asamblea
Legislativa, de volver con sus discursos de odio. Hay un piso conquistado de
derechos y de sentidos comunes sobre machismo, violencia sexista y respeto a la
diversidad sexual, en los cuales la sociedad no ve con buenos ojos que se retroceda”
explica la referente del PTS Miriam Bregman.
“El Presidente hizo declaraciones
en Davos condenando polÃticas vinculadas al feminismo, el aborto, los
homosexuales, las politicas LGBTQI+, a lo que él llama “cultura woke”. ¿En
qué medida está usted de acuerdo con esto?” fue la pregunta formulada por la
consultora Hugo Haime que salió hace unos dÃas en relación a los grados de
aprobación de Milei frente a su electorado. El 36% respondió que estaba de
acuerdo y el 56% que no. La misma encuesta señala que hay un 16% de
personas que votaron a Milei en el balotaje que actualmente está en desacuerdo
con su gestión.
Para la diputada por el
Frente de Izquierda, Andrea D'Atri, al gobierno le cuesta instalar esta agenda
y asà lo demostró la masividad del 1F: “La crisis de la cripto estafa lo hará
más difÃcil aún, porque quien no lo considera un agravio, lo considera un tema
en el que no tiene por qué meterse el gobierno o, incluso, como una “cortina de
humo” que Milei utiliza para tapar los problemas económicos, financieros y
hasta judiciales en los que está envuelto. La legalización del matrimonio
igualitario, de la identidad de género y de la interrupción voluntaria del
embarazo tuvieron amplio apoyo social, más allá del activismo que se movilizó.
Milei deberÃa tenerlo en cuenta” explica en diálogo con Las12.
8M antifascista y antirracista
“Este no es un 8 de marzo
como otros porque lo antecedió un 1 de febrero” dice Georgina Orellano,
referente del AMMAR (Sindicato de Trabajdorxs Sexuales) que participó desde los
inicios de los procesos organizativos de la asamblea antifascista antirracista
y cada vez que pudo dejó claro que lo que hacÃa falta era “meter los pies en el
barro”. Orellano se vale de esa expresión para moldear colectivamente una lucha
que venga de abajo y que pueda discutir todo. “Qué Estado queremos, qué Estado
tuvimos y qué Estado no queremos volver a tener, y para eso tenemos que
construir una agenda de transfeminismo popular que se salga un poco de las
lógicas de siempre y que le ponga un freno a las polÃticas de Milei”.
“En este recorrido desde el
1F hasta acá se fueron sumando un montón de sectores: los jubilados, las
compañeras y compañeros del Hospital Laura Bonaparte y del Hospital Posadas,
las compañeras afro, y del colectivo Travesti Trans, las que perdieron su
puesto de trabajo en el Estado, las que siguen ejerciendo trabajo sexual, las
históricas que vienen luchando hace rato por una reparación, muchos
autoconvocados y autoconvocadas”, explica Orellano que espera que para este 8M
se pueda consolidar un modo de organización que se escape de los métodos mas
tradicionales.
Seguir a Trump
Javier Milei viene
siguiendo a modo bufón los lineamientos que el nuevo gobierno de Donald Trump
pone en juego para una polÃtica anti personas trans y anti migratoria. Lo hace
confiando en que el lÃder norteamericano no le soltará la mano. El movimiento
transfeminista también supo poner en común una agenda global que está
instalada, probablemente con menos fuerza que hace 8 años, pero frente a la
internacional reaccionaria hay espacios de lucha y contranarrativa, incluso de
los sectores mas inesperados. En los dÃas de asunción de Trump, Mariann Edgar Budde, una obispa de la
diócesis episcopal de Washington, le dijo en la cara al nuevo presidente
que tenga clemencia hacia las personas LGBTQ+ y los migrantes durante el sermón
en la Catedral Nacional de Washington.
Maria Luisa Peralta es
activista lesbiana y viene siguiendo muy de cerca los retrocesos que encabeza
Estados Unidos: “El 10 de marzo arranca en Nueva York la sesión sobre la CSW,
que son las siglas en inglés de la Comisión de la Condición JurÃdica y
Social de la Mujer de las Naciones Unidas. Se formó en el año 46 y
desde el 95 la misión de esta comisión es monitorear la implementación del
programa de acción de Beijing. Quienes vamos, estamos muy preocupadas porque
los decretos que fue sacando desde que asumió Trump van en contra de las
personas trans especÃficamente. Por ejemplo hizo un decreto por el cual
ordenaba borrar de todos los sitios federales de internet las referencias a las
personas trans”.
“El gobierno está alineado
a la Internacional Reaccionaria copiando todo lo que hace el gobierno de Trump
que está en la misma tónica de ataque", dice Miriam Bregman haciendo
referencia a cómo el presidente Milei mira al norte embelezado.
Mañana será un dÃa de
lucha, como vienen siendo los 8M desde que dejaron de ser dÃas para recibir
flores y piropos y se transformaron en marchas combativas: “Si Milei puede
convencer o no a la sociedad de que retroceda en materia de derechos
conquistados por los feminismos va a depender de la pelea que demos”, concluye
Bregman.
Fuente: Página/12
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