Milei, Thatcher y los sindicatos
29 de abril de 2024 - 00:01
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. Imagen: EFE
Margaret Thatcher forma
parte del panteón de próceres de Javier Milei, esos personajes que, desde su
perspectiva, cambiaron el curso de la historia para llevarla a su cúspide, a su
realización máxima, es decir, a él mismo, “el primer mandatario libertario de
la humanidad”.
Como se sabe la dama de
hierro junto a Ronald Reagan –con el antecedente del dictador Augusto Pinochet
en Chile– fue la adalid del gran giro económico global de los 80 construida
sobre un triple eje: privatización, desregulación y hegemonÃa del sector financiero.
La Ãdola de Milei no era
anarco capitalista. A nivel económico privatizó los servicios públicos y la
poderosa industria británica, bajó drásticamente los impuestos a los más ricos
y las corporaciones, desreguló el sector financiero y consolidó a Londres como
paraÃso fiscal, pero jamás se atrevió con el sistema jubilatorio, la salud o la
educación pública más allá de algunas reformas marginales.
En el Reino Unido la
variante más similar al anarco capitalismo llegó después del estallido
financiero de 2008 con Liz Truss, que pudo poner en práctica sus ideas cuando
reemplazó a Boris Johnson en septiembre de 2022. Truss no duró mucho: seis
semanas. En ese cortÃsimo perÃodo espantó a los mercados financieros y provocó
una corrida cambiaria que casi desbarranca a la sólida libra esterlina y el
sistema jubilatorio. Fue "Liz la Breve": la primer ministro que menos
duró en su cargo en la historia del reino.
Milei nunca nombra a Truss,
pero siempre enaltece a Thatcher. El foco de esta admiración suele ponerse en
la polÃtica económica, pero igualmente importante para el padre de los cuatro
mastines es el proyecto polÃtico-cultural del Thatcherismo. El objetivo de la
Dama de Hierro al asumir el poder en 1980 era el de Milei en 2023: destruir el
“colectivismo”.
En el Reino Unido la clave
de este cambio era la reforma radical o eliminación de las dos columnas que
sostenÃan el “colectivismo” británico: el laborismo y los sindicatos. En los 80
el laborismo reivindicaba el socialismo y la “nacionalización de los medios de
producción”, por más que en el gobierno adoptara una moderada polÃtica
social-demócrata. Los sindicatos, por su parte, habÃan provocado en 1974 la
humillante caÃda del predecesor conservador de Thatcher, Edward Heath, con las
huelgas de mineros que dejaron al paÃs sumido en cortes semanales de
electricidad.
El primer blanco de
Thatcher fueron los sindicatos. Los escarceos iniciales – huelgas, protestas,
amenazas - confluyeron rápidamente en una batalla decisiva a mediados de los
80: la huelga de los mineros del carbón en oposición al cierre de unas veinte
minas. La confrontación, que incluyó batallas campales con la policÃa, ollas
populares y una polarización nacional, duró un año. La Dama de Hierro logró
dividir a los trabajadores entre los que aceptaron sus propuestas y los que no
lo hicieron, dos grupos que en muchos casos aún hoy –sean los sobrevivientes o
sus hijos– no se dirigen la palabra.
Con esa victoria Thatcher
reformó la ley laboral y sindical para limitar el poder de los trabajadores e
inclinar la balanza a favor de los empresarios y el sector financiero.
Apuntalada por la mayorÃa parlamentaria absoluta que habÃa ganado gracias a la
guerra de Malvinas, privatizó los ferrocarriles, la industria siderúrgica, la
telefónica, el gas, el agua, parte de la vivienda pública y lanzó el famoso Big
Bang que desreguló los mercados financieros.
La victoria del
Thatcherismo llevó al desplazamiento de la izquierda laborista y su reemplazo
por una lÃnea pragmática, liderada por Neil Kinnock, hijo de un minero galés.
El laborismo mantuvo la simbologÃa partidaria que incluÃa cantar la
internacional, pero su plataforma programática viró hacia el centro, aceptando
como hechos consumados las transformaciones de los 80.
Este giro fue insuficiente
en las elecciones de 1987 y aún en las de 1992, cuando el proyecto Thatcherista
habÃa hecho agua y la dama de hierro habÃa sido sustituida por su ministro de
economÃa, John Major. Daba la impresión que los conservadores, que venÃan
gobernando desde 1980, lo harÃan por el resto de los tiempos. El desgaste en el
poder y el cambio radical que imprimió Tony Blair, electo lÃder laborista en
1994, cambiaron las cosas. Con su “New Labour” Blair obtuvo en 1997 una mayorÃa
parlamentaria absoluta: su partido gobernó ininterrumpidamente hasta 2010.
El “Nuevo Laborismo” no
tenÃa nada que ver con el de los 80 o con el de su origen partidario a
principios del siglo XX. Cuando a Margaret Thatcher, retirada de la polÃtica
pero aún tótem de los conservadores, le preguntaron cuál era su legado más
importante, respondió con esa sucinta acidez que caracteriza al humor inglés:
“Tony Blair”.
¿Qué tiene que ver esto con
Milei? Hoy el proyecto polÃtico del presidente argentino y de sus principales
sostenes económicos como Paolo Rocca es destruir al sindicalismo y al
peronismo. La atribulada reforma laboral y sindical va por ese camino con la
mano que aportan ese espectro de radicalismo que conforman las huestes de
Rodrigo de Loredo en diputados y gobernadores amigos del ajuste. El objetivo es
claro: neutralizar el sinuoso sindicalismo peronista que, con sus más y sus
menos, ha sido un estorbo contra el capitalismo salvaje de los hermanos Milei y
el núcleo de empresarios monopólicos que lo rodea. El paso siguiente será
eliminar al peronismo K, sea Kirchner o Kicillof, y dejar en su lugar una
vertiente domesticada neoliberal “a la Tony Blair”.
Esta variante domada
conservará sÃmbolos y rituales, cantará la marchita igual que los británicos
hacÃan con la internacional, pero se convertirá rápidamente en una sombra
equivalente a la del APRA en Perú, un movimiento popular que se diluyó arriando
sus banderas hasta desaparecer del espectro polÃtico.
Las manifestaciones del 24
de marzo y las del 23 de abril dejaron en claro que el proyecto económico-
polÃtico-cultural Milei-Thatcherista no es inevitable. La del 1 de mayo y el
paro del 9 avanzan en la misma dirección. Está en manos de los sindicatos, los
estudiantes y el despertar de otros sectores sociales que el padre de los
mastines no imponga su plan de hambre, desempleo, palos y redes sociales. Se va
a necesitar que a estos sectores se le sumen polÃticos menos centrados en
mirarse el ombligo, definir ambiciones personales o ajustar cuentas y más
enfocados en enfrentar al monstruo que tienen enfrente.
* El autor presentará su
libro de cuentos El regreso de la noche en la Feria del
Libro este jueves 2 de mayo a las 19, en el stand del Grupo Octubre (Pabellón
Azul, Stand 750).
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