Opinión
Julian
Assange: el proceso como tortura y disciplinamiento
Por Lucas
Arrimada
Imagen: Fuente WikiLeaks
“La
guerra no restaura derechos, redefine poderes”, Hannah Arendt
1. La guerra judicial contra la libertad de expresión. El
largo proceso de Julian Assange está en su momento de definiciones.
Las Altas Cortes de Inglaterra están por decidir la apelación de Assange que
puede confirmar o no su extradición, después de catorce años de persecución,
presiones diplomáticas y cacerÃa internacional. Assange es el prisionero
polÃtico más famoso en el mundo y la parcialidad judicial se ha demostrado
insensible a pruebas y argumentos categóricos que dieron expertos académicos,
la misma ONU y a la comunidad internacional de derechos humanos.
No es una cuestión técnica de abogados ni Tratados de
extradición. Se puede entender fácil: un periodista (Assange) develó la verdad, enfureció a
los poderosos e irritó a los ricos, hizo pasar vergüenza a los chupamedias que
los legitiman, crean y defienden sus mentiras públicas, entonces se lo persigue, se lo difama y se lo quiere
destruir a toda costa. Eso incluye conspirar para su asesinato, espiar las
conversaciones con sus abogados, prometerle la pena de muerte, entre otras
prácticas de vigilancia total, destrucción de reputación y humillación pública.
El proceso es una forma de castigo directo para el
fundador de WikiLeaks y un
claro mensaje para todo el periodismo, toda persona que escribe e investiga
temas de interés público. El precio que le hacen pagar por haber ejercido el
periodismo es su salud, su vida. Mientras tanto lleva años en un limbo, en el
que se lo desprestigia con mentiras, rumores y se estructura una destrucción de
su persona moral y fÃsica a través de una combinación de falsas denuncias e
injurias, intimidación y autocensura. Se estructuró con Lula y vamos a ver
muchos más casos similares en el futuro.
Buscar la verdad sobre la guerra y la destrucción del
ambiente, sobre la vigilancia permanente y las nuevas formas de gobierno
paraestatales emergentes es peligroso. Es desafiar a las corporaciones con
poderes similares o superiores a los Estados-Naciones y al remanente poder de
esos Estados y sus clases polÃticas que hoy trabajan -salvo honrosas
excepciones- para las corporaciones que los reemplazarán. Develar el negocio de
las guerras reales que sostienen complejos industriales hizo que se planifique
una guerra judicial espectacular contra la libertad de expresión para que esos
crÃmenes y las ganancias de esas múltiples masacres no se conozcan.
El proceso contra Assange es lo que podrÃamos pensar
como un proceso hÃbrido de violencia
judicial y para-judicial. Un caso precursor de “show trial”, del proceso
mediático espectacular, de la tan mentada guerra judicial o Lawfare. El proceso
desde el inicio fue un escenario donde confluyen diferentes formas de ataques:
linchamiento público, rumores, falsas denuncias, operaciones nacionales e
internacionales, presiones polÃticas, diplomáticas y corporativas.
El caso de Assange tiene mucho que ver con lo que pasa
en Argentina. El expediente como espectáculo con trascendidos judiciales y
sentencias anunciadas, guerras a través de la legislación con el megadecreto y
con las delegaciones potenciales, con los silencios supremos, odios cruzados y
economÃa de la crueldad, guerras culturales con las que la sociedad se
fragmenta y autodestruye. En definitiva, menos garantÃas y Estado de derecho,
más crueldad y Estado de naturaleza.
Para todo eso se necesita una complicidad
institucional y una persecución total, en la que acciones estatales y silencio
corporativo se alinean contra una persona como sÃmbolo. El caso ejemplar de
proceso como tortura y disciplinamiento hoy es Julian Assange. Al develar los
planes de provocar guerras y conflictos para hacer negocios con la muerte
industrial, los emprendedores de la guerra en Irak o Afganistán, reaccionan de
forma feroz impulsando una regresión feudal con un linchamiento judicial, un
“trial by combat”, una persona contra un bloque de poder corporativo-estatal.
2. Disciplinamiento y distracción. Las guerras culturales y
judiciales, la fragmentación e impotencia polÃtica, el caos económico y la
desesperación social son parte de un panorama que crece. Vemos degradar
nuestras democracias, sus instituciones, y licuar nuestros derechos y
garantÃas, y estamos en transición a un Estado más punitivo, un Estado de
vigilancia profunda.
Sin resistencia disciplinada y paciente no habrá
libertades. Sin la organización de los que defienden la democracia, los
derechos humanos y la libertad de expresión de las amenazas corporativas y
estatales, la sociedad punitiva y de la vigilancia triunfará.
El entretenimiento narcotizante puede estar jugando un
rol en la impotencia reflexiva y en la inacción polÃtica. Impulsar una
dictadura del estÃmulo que nos atrapa con dopamina puede ser una forma de
censura. Llenar todo de ruido y confusión, de un hedonismo infinito, hace que
las pantallas bloqueen las experiencias y castren la imaginación.
Criminalizar
la verdad, castigar el uso del periodismo, penalizar el
ejercicio de la libertad de expresión y la investigación periodÃstica, del uso
de las fuentes, eso está en juego con Julian Assange. Esas guerras que
criticamos y queremos evitar serán las que provocarán que nos persigan. Desde
las acusaciones originales contra Assange pasando por los diferentes estadÃos
judiciales y diplomáticos, el proceso tiene todas las caracterÃsticas de ser un
disciplinamiento ejemplar. “No lo hagas porque ya ves lo que te va a pasar”.
Se concreta el proceso como tortura, como persecución
feroz. Aturde el silencio de las corporaciones periodÃsticas, siempre más
corporaciones que periodÃsticas, frente a una amenaza real. Con Assange se hace
carne un proceso kafkiano de irracionalidad, rumores y misterio, persecuciones
espectrales de todo un bloque de poder contra una persona que representa la
posibilidad de organizarse para saber la verdad e investigar sobre los que
hacen un negocio industrial con la masacre de inocentes y la muerte de naciones
enteras.
Lucas
Arrimada es Profesor de Derecho Constitucional y Estudios CrÃticos del Derecho.
Fuente: Página/12
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