¿A contramano del mundo?
Por Pablo Vera
15 de marzo de 2024 - 21:00
En su discurso del 10 de diciembre el presidente Milei trazó el marco analÃtico con el que interpreta la realidad económica, social e histórica. Reivindica y añora el lugar que supuestamente ocupaba Argentina a finales del siglo XIX en el concierto de las Naciones, para lo que sin citarlo se refiere a las estimaciones de Angus Madison, quien señaló que en 1895 Argentina tenÃa el PBI per cápita más alto del mundo. Lo que Milei no dice, como tantos otros “soñadores húmedos”, es que el propio Madison aclaró que tuvo dificultades en la elaboración de los datos. Por lo tanto es de una honesta interpretación histórica considerarlos una “aproximación” estadÃstica, o como dirÃa con mayor agudeza Mario Rapoport, un “dibujo estadÃstico”. Sobre esto es bueno releer “Porqué es falso el mito de que Argentina fue una potencia hace cien años”, publicado en Buenos Aires 12 el 15 de diciembre.
Hoy vamos a intentar poner en crisis otro mito muy recurrente en el discurso de Milei, el de las “bondades del libre comercio” para “abrir la economÃa al mundo”. Este mito presupone que a los paÃses que se abren al mundo les lloverán riquezas y prosperidad, con el desarrollo de los paÃses centrales y su polÃtica de su comercio exterior por ejemplo. Veremos más adelante que en realidad, los paÃses centrales hicieron polÃticas diametralmente opuestas a las que Milei pregona.
No solo la historia
contradice a Milei, la evidencia empÃrica no respalda la relación entre mercado
libre y crecimiento económico. Asà lo expresó Anwar Shaikh en “La Globalización
y el Mito del Libre Comercio”-Conferencia sobre Globalización, en la New School
University, Nueva York, en abril del año pasado. Y asà lo ratifican
Agosin Manuel y Diana Tussie, quienes junto a Dani Rodrik en diversos textos
afirman que “no hay ejemplos de paÃses que hayan logrado altas tasas de
crecimiento y de exportaciones con las polÃticas de liberalización general”.
Volvamos a Milei. Cuando el
diez de diciembre dijo que “para salir adelante, hoy volvamos a abrazar las
ideas de la libertad, esas ideas que se resumen en la definición de liberalismo
de nuestro máximo prócer de las ideas de la libertad, el profesor Alberto
Benegas Lynch hijo, que dice que 'el Liberalismo es el respeto
irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no
agresión, en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad,
cuyas instituciones fundamentales son: la propiedad privada, los mercados
libres de intervención, la libre competencia …'”.
El pensamiento de Benegas
Lynch (h), continúa diciendo Milei, es la esencia del nuevo contrato social que
eligieron los argentinos.
En su discurso de Davos, el
presidente siguió insistiendo en que “si se adoptan medidas que entorpecen el
libre funcionamiento de los mercados, la libre competencia, los sistemas de
precios libres, si se entorpece el comercio, si se atenta contra la propiedad
privada, el único destino posible es la pobreza”.
En la Conferencia PolÃtica
de Acción Conservadora en Washington del 24 de febrero y citando a Frederic
Bastiat, Milei afirmó que “donde entra el comercio, no entran las balas, y
promover el libre comercio es promover la paz”. Finalmente, entre los diez
puntos que pretende imponer en su extorsivo Pacto de Mayo incluye la “apertura
del comercio internacional de manera que la Argentina vuelva a ser un
protagonista del mercado global”. Podemos agregar que en sus últimas cuatro
declaraciones públicas tal vez más relevantes, abrir la economÃa al mundo es un
objetivo inclaudicable.
En su notable trabajo “Los
mitos, su función en la sociedad y la cultura”, Juan Rivano nos explica que los
mitos pueden agruparse de acuerdo a distintos criterios. Hay mitos divinos como
la creación del mundo y los hombres, como de determinados fenómenos meteorológicos.
También hay los que tratan de ir en busca de un objetivo maravilloso con
propiedades mágicas. Se nos ocurre pensar que el mito del libre comercio, que
nos llevarÃa a un paraÃso terrenal de bonanza y riqueza, podrÃa inscribirse en
esta tipologÃa de mitos. Ya en otras oportunidades nos referimos a como los
paÃses centrales, paladines del siglo XIX del libre comercio, en su desarrollo
inicial accionaron polÃticas proteccionistas de toda Ãndole. Cuando se
transformaron en potencia al decir de Fiedrich List “patearon la escala”,
impidiendo que los paÃses periféricos adopten polÃticas similares. Conviene
releer sobre esto “El dÃa que Chang hizo un acuerdo con Saborido”, publicado
en Buenos Aires 12 el trece de septiembre pasado.
Viendo un poquito la situación
actual, algunos sugieren que el Pacto de Mayo tiene notables similitudes con el
llamado Consenso de Washington. Es probable. Pero la situación internacional es
muy diferente. En los 90, el mundo asistÃa a la consagración de la
globalización neoliberal, al derrumbe de las URSS, erigiéndose EE.UU. como
potencia hegemónica. Se consolidaba la deslocación de la actividad productiva
en busca de mano de obra más barata.
Sin embargo, desde la
crisis de 2008 y profundizándose con el covid más el conflicto Rusia-Ucrania,
el proceso de globalización comienza a estancarse. El crecimiento de los flujos
comerciales se ralentiza, sumado a que los conflictos y las tensiones
geopolÃticas entre EE.UU. y China intensifican la declarada guerra comercial.
El Informe Global Trade Update de la UNCTAD de diciembre expresa con claridad
que 2023 termino con un descenso del cinco por ciento en el comercio mundial,
siendo muy inciertas y pesimistas las proyecciones para 2024. Entre otras
razones, por un repunte de las medidas restrictivas para el comercio por parte
de los paÃses centrales, que se orientan hacia la reintroducción de fases y
procesos industriales en sus propios territorios, el llamado reshoring u
onshoring. O en su defecto, la inversión en paÃses alineados geopolÃticamente,
el nearshoring o friendshoring. Se recomienda, para una profundización
sobre el tema, el trabajo de Gabriel RÃos DÃaz “Reshoring, cadena de valor y
tendencias actuales”.
El propio Banco Mundial en
su informe del nueve de enero, Perspectivas Económicas Mundiales, reconoce que
el crecimiento del comercio mundial será solo la mitad del promedio registrado
en la década anterior a la pandemia.
Entonces, es pertinente
preguntarse hacia dónde va el mundo.
En primer lugar debemos
señalar que EE.UU. definió un Nuevo Consenso de Washington. Jake Sullivan, el
asesor de Seguridad Nacional del presidente Joe Biden, destacó en abril del año
pasado en la Brookings Institution que la globalización dejó a miles de estadounidenses
en la calle. Por ello entiende que su paÃs debe recuperar su base industrial.
Sullivan se basa en el pensamiento de Brian Deese, uno de los intelectuales más
cercanos a Biden, quien expresamente reconoce el papel impulsor de la inversión
pública y la coordinación económica vÃa el Ejecutivo.
En la misma sintonÃa, Janet
Yellen, secretaria del Tesoro, señaló que en el marco de la confrontación con
China se van a restringir las inversiones salientes de tecnologÃas sensibles a
China. Michael Roberts, en su texto La economÃa de oferta moderna y el
Nuevo Consenso de Washington, nos dice que "El libre comercio y la no
intervención gubernamental deben ser reemplazados por una estrategia industrial
en la que los gobiernos intervengan para subsidiar y gravar a las empresas
capitalistas para que cumplan los objetivos nacionales”.
Finalmente, resulta útil
conocer el pensamiento del presidente Biden, quien en su discurso sobre el
Estado de la Unión del nueve de marzo dijo que “durante mi mandato los proyectos
federales que ustedes financien (como ayudar a construir carreteras, puentes y
autopistas) se fabricarán con productos estadounidenses y serán construidos por
trabajadores estadounidenses, creando empleos estadounidenses bien
remunerados”.
Sobre los chips, pieza
central de la batalla tecnológica con China, dijo que “en lugar de tener que
importarlos, se están invirtiendo miles de millones de dólares para construir
nuevas fábricas de chips en EEUU”. Vale la pena aclara que la Ley de chips
impulsada por Biden conto con un fuerte respaldo estatal.
En sÃntesis, pretender abrirse al mundo como desea Milei va a contramano de la tendencia mundial, provocando una apertura indiscriminada que será el golpe de nocaut a la ya vapuleada industria local.
Fuente: Página/12
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