Las consecuencias de seguir las recetas del FMI
La economÃa va rumbo a una
recesión neoliberal
El modelo ortodoxo que
propone el FMI consiste en devaluar la moneda para aumentar las exportaciones y
lograr un equilibrio fiscal a través de la reducción del gasto. Se basa en
hipótesis erróneas. La experiencia del gobierno de Mauricio Macri muestra cómo
la baja del gasto público produce recesión.
Por Bruno Susani *
17 de diciembre de 2023 -
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Las polÃticas de ajuste
anunciadas por el nuevo gobierno tendrán un impacto negativo en la actividad
económica. Imagen: Bernardino Avila
Como buena parte de los
problemas económicos, el de la deuda con el FMI es de una sencillez
franciscana. Cuando era presidente, Mauricio Macri pidió un préstamo muy
importante para financiar el déficit presupuestario que tenÃa Argentina luego
de tomar medidas que produjeron una disminución abrupta de los ingresos del
Estado.
Macri habÃa bajado los
impuestos directos de los más ricos como bienes personales, una parte de las
retenciones a las exportaciones e ingresos de los aranceles aduaneros, ente
otros. Cuando en 2018 se agregaron como gasto presupuestario los pagos de la
deuda que habÃa contraÃdo con los fondos de pensión norteamericanos en 2016 y
2017, el déficit se agravó. Argentina entró en un "default técnico" y
la historia ya se hizo más conocida: fue a pedirle plata al FMI.
Las negociaciones llevadas
adelante por el gobierno de Alberto Fernández con el FMI permitieron relegar el
problema a un segundo plano de tal suerte de poder sortear el Covid,
incrementar el PIB perdido entre 2016 y 2019 y mantener el desempleo cerca de
la lÃnea roja del 6 por ciento. Hoy la recesión prometida por el nuevo
presidente Javier Milei vuelve a poner primer plano el préstamo con FMI frente
al casi certero nuevo default técnico.
La deuda contraÃda por
Macri con el FMI es equivalente a seis centrales nucleares de alta calidad, lo
que hubiera permitido poseer uno de los mejores aprovisionamientos de
electricidad del mundo. En lugar de eso, y si se agrega lo pedido a los fondos
privados en 2016 y 2017, el total emprestado solo sirvió para fugar 82 mil
millones de dólares según las cifras del Banco Central (BCRA). Después de la
renegociación del 2022, la deuda contraÃda con el FMI obliga a pagar una tasa
bruta de alrededor del 6 por ciento sobre el saldo por año, alrededor
de 3500 millones de dólares por año, y el capital a
reembolsar se eleva a 40 mil millones de dólares habida cuenta de lo
ya devuelto. Si el paÃs no prosigue en su senda de crecimiento, no se puede
pagar.
La receta del FMI
El FMI, como todo acreedor,
quiere que le devuelvan lo que prestó. El modelo económico de toma de
decisiones sobre el cual se basa el FMI para que los paÃses paguen lo que le
deben es completamente ortodoxo. El ex economista en jefe del Banco
Mundial Joseph Stiglitz denunció dicha orientación como contraria al espÃritu
que deberÃa primar en los préstamos del FMI. Con los métodos que impone el FMI,
los préstamos no se pueden devolver.
El organismo firma con el
paÃs deudor un acuerdo bastante sencillo y ultra ortodoxo que especifica el
grupo de medidas de polÃtica económica que debe aplicar para supuestamente
disponer de las sumas a reembolsar.
La teorÃa económica
demuestra que el ahorro bruto de un paÃs (que sirve para pagarle al FMI) es
igual al excedente de la balanza de pagos; que es la diferencia entre los
dólares que entran como el valor de las exportaciones más las inversiones
extranjeras, y los dólares que salen. Es decir, el pago de las
importaciones más la fuga de capitales y los pagos de la deuda a los acreedores
extranjeros.
Según ese modelo, el FMI
supone que si se devalúa el peso, las exportaciones se hacen más baratas en
dólares y por lo tanto aumentarán. Pero esta afirmación no es valida
porque, como la mayor parte de los modelos económicos ortodoxos, se basa en
hipótesis erróneas. En efecto, el precio en dólares de las exportaciones
ligadas al sector agrÃcola está fijado por los mercados internacionales de
materias primas y el volumen está acotado por la cantidad de tierra disponible,
las sequÃas, la decisiones de los terratenientes y la actitud de las cerealeras
de transformar en pesos los dólares cobrados. Eso en la medida en que no haya
subfacturación ni contrabando y que los dólares vuelvan al paÃs ya que las
exportaciones no las realiza el Estado argentino sino las empresas privadas que
son todas miembros del oligopolio internacional del comercio de cereales.
En cuanto a las
exportaciones de origen industrial, que representan, según la coyuntura, un
tercio del total, dependen de los precios de las importaciones y si estas se
encarecen debido a la devaluación no podrán incrementarse ya que necesitan
insumos importados más caros porque se pagan en dólares. Por estas razones esta
parte del modelo del FMI no funciona.
El otro punto del modelo del
FMI es fijar el déficit presupuestario. La posición oficial del FMI
es que si el Estado gasta menos y los impuestos quedan constantes entonces
habrá un excedente presupuestario que sirve para pagar la deuda. Sin embargo
esto tampoco es asà en la realidad porque el excedente presupuestario está en
pesos y al FMI hay que pagarle en dólares. Asimismo, se podrÃa pensar en una
alternativa de aumentar los impuestos de los más ricos y mantener el gasto,
pero el FMI está dirigido por economistas ortodoxos que no sugieren ese tipo de
propuesta en materia impositiva.
Un debate polÃtico
Pero además existe un
debate aparentemente técnico, pero altamente polÃtico: la baja del gasto
público tiene un efecto recesivo. Desde la crisis de la deuda griega y frente a
la hecatombe provocada por el FMI en un paÃs de la Unión Europea cuya moneda es
el Euro se analizó en detalle lo que sucede en la economÃa cuando se disminuye
el gasto público. Hasta 2013 hace se suponÃa que el multiplicador del gasto
público era de 0,5. Olivier Blanchard, ex economista en Jefe del FMI,
demostró que ese 0,5 era erróneo. Cuando hay disminución del gasto, el
multiplicador se ubica cerca de 1, y en algunos casos más de 1,2. Quiere decir
que si el coeficiente es 1, cuando se disminuye el gasto público de 1 peso el
impacto de la baja en el PIB es de 2 pesos. En claro: si el tándem
Macri-Milei decide como anunciado disminuir el presupuesto del 20 por ciento el
impacto será por lo menos del 40 por ciento.
El mito persistente que
hace desvariar a los economistas ortodoxos es afirmar que disminuyendo los
gastos en infraestructura, educación, salud o jubilaciones no genera un impacto
recesivo porque la baja del gasto será compensada por una disminución de los
impuestos que pagan los ricos y que este aumento de los ingresos de los ricos
va a ser usado para invertir.
Se trata de una suma
cero. Si se baja el gasto público el multiplicador se pone a funcionar
antes que los capitalistas imaginen en qué pueden gastar los impuestos que el
Estado no les cobra. Pero es también una farsa, ya que nadie invierte en una
economÃa que, debido a la disminución del gasto público, está en recesión.
Antes de invertir los empresarios tratarán, si la demanda se manifiesta,
incrementar la producción con la capacidad instalada ociosa y solo después
invertirán, si la demanda sigue creciendo.
La experiencia del gobierno
neoliberal de Macri muestra cómo la baja del gasto público produce
recesión: el PIB disminuyó del 4 por ciento entre 2016 y 2019, y la
inversión en 2019 era inferior del 15,6 por ciento a la de 2015. Esto muestra
que la disminución de los impuestos de los más ricos no fueron invertidos. La
baja de los impuestos que la teorÃa ortodoxa sostiene deberÃan servir para
incrementar la inversión fueron gastados haciendo shopping en Miami o confiados
a BlackRock, Blackstone, la Lazard Frères Banque, para que tengan un
rendimiento superior.
* Doctor en Ciencias
Económicas de l’Université de ParÃs. Autor de La economÃa oligárquica de Macri,
Ediciones CICCUS Buenos Aires 2019. bruno.susani@wanadoo.fr
Fuente: Página/12
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