as calles se cortaron, desbordadas por la gente
El fracaso del protocolo y
de las provocaciones de Patricia Bullrich
Como es obvio, la multitud no caminó por la vereda
en la avenida de Mayo ni en Callao ni en Entre RÃos ni en Rivadavia: el tráfico
estuvo interrumpido en casi todo el centro de la ciudad. Las fallidas
provocaciones de las fuerzas federales en el Puente Pueyrredón y en los
alrededores de la Plaza del Congreso.
25 de enero de 2024 - 11:04
Más allá del éxito de la
multitudinaria movilización de este miércoles, lo notorio fue el
estruendoso fracaso del protocolo que impulsa la ministra de Seguridad,
Patricia Bullrich. Como es obvio, la multitud no caminó por la vereda
en la avenida de Mayo ni en Callao ni en Entre RÃos ni en Rivadavia: el tráfico
estuvo interrumpido en casi todo el centro de la ciudad. Pero, tal vez, el
fracaso más estruendoso fue la intentona de Bullrich de provocar a los
manifestantes. Sin base legal alguna, los cordones de la
Prefectura impidieron que la gente pase de Avellaneda a CABA. Es
posible que la ministra haya especulado con que habrÃa un enfrentamiento -como
en la época de Maximiliano Kosteki y DarÃo Santillán-, pero la columna negoció
y negoció sin éxito, evitando la guerra. Escenas parecidas hubo en los aledaños
a la Plaza Congreso, con empujones de policÃas a manifestantes. Todo indica que
Bullrich quiso ganar protagonismo, posiblemente con la fantasÃa -parecida a la
de Victoria Villaruel- de sustituir a Javier Milei a corto o mediano plazo. En
paralelo, la PolicÃa de la Ciudad desapareció de las calles y dejó todo en
manos del operativo -ilegal- de Bullrich.
Sin jurisdicción
Las fuerzas de seguridad
federales ocuparon todos los espacios sin tener jurisdicción. Después de la
transferencia de la PolicÃa Federal a CABA, la competencia de las fuerzas
federales es únicamente de protección de los edificios que tienen que ver con
la administración nacional. Esto significa, por ejemplo, la Casa
Rosada, de la verja hacia adentro; el Congreso, de las vallas hacia adentro, lo
mismo la Catedral y los ministerios. Fuera de las verjas o vallas
defensivas en edificios nacionales, la jurisdicción es de la Ciudad de Buenos
Aires, o sea de la PolicÃa de la Ciudad. Por eso se hizo la transferencia de la
fuerza azul. De manera que fue ilegal la instalación de las columnas de
policÃas federales y gendarmes sobre Rivadavia, Hipólito Yrigoyen, Callao,
Entre RÃos y en muchÃsimas arterias de CABA.
El punto más grotesco fue
el del Puente Pueyrredón, donde directamente la orden fue impedir el paso: una violación al derecho
de tránsito y al derecho de manifestarse.
Algunos de los dirigentes
de las columnas ofrecieron pasar en fila india, pero no hubo caso. Se
ve que el objetivo era la provocación, que hubiera un choque para luego
demonizar a la movilización. No hubo heridos ni muertos gracias a la
conducta medida de los manifestantes, no por la actitud de quienes le daban
órdenes a los uniformados enviados por la ministra.
PolicÃa de la Ciudad, fuera
A los policÃas de la Ciudad
no se los vio por ninguna parte. DecÃan que iban a disponer
de 1.400 efectivos, pero no aparecieron en el operativo. Todo se lo dejaron a
Bullrich.
Este diario se comunicó con
las autoridades porteñas que en todo momento contestaron lacónicas:
-No sé. Es cosa de ella-, refiriéndose a la
ministra.
La borrada del gobierno
porteño tiene su lógica. La movilización era contra el gobierno nacional, el
DNU y la Ley Ómnibus. Por lo tanto, no les venÃa demasiado bien mezclarse o, aún
peor, pagar algún costo polÃtico por un incidente.
Fracaso y punto
Todas las amenazas y
movidas de los dÃas previos tuvieron el objetivo de debilitar la concentración
en Plaza Congreso: se habló de requisas a los micros, de sacarle
fotos a los manifestantes, de quitar planes a los que lleven chicos y, por
supuesto, de llevar detenidos a los que cortaran calles. Todo este humo previo
ya se disipó cuando Bullrich les mandó cartas documento a las centrales
sindicales y movimientos sociales con multas millonarias: como es obvio, nadie
pagó, y Seguridad tiene casi nulas chances de cobrar esas multas. Como
publicó Irina Hauser en este diario, las causas sobre supuestos aprietes de
gremios o movimientos sociales para ir a las marchas, están en cero. De
supuestas decenas de miles de llamadas, se concretaron unas pocas denuncias y
Bullrich no le entregó los audios de los denunciantes al fiscal Gerardo
Pollicita, a cargo de la causa.
Lo cierto es que Plaza
Congreso estuvo llena, la circulación se cortó y lo mismo se vio en todo el
paÃs, incluyendo Rosario, Córdoba, Comodoro Rivadavia, Bariloche y casi todas las ciudades.
El diagnóstico fue unánime: pocas veces se vio tanta gente en cada una de las
movilizaciones.
El gobierno y Bullrich
trataron de minimizar lo ocurrido, incluyendo el ridÃculo número de 40.000
personas mencionado por la ministra. El parámetro lo dieron
los medios internacionales: las imágenes fueron publicadas en todos los diarios
de las principales capitales con sorpresa por la cantidad de personas movilizadas.
El New York Times desliza una frase demoledora: “muchos
argentinos tomaron las calles para mostrar que ya tienen suficiente (del
gobierno de Milei)".
¿Serrunchando el piso?
Una mirada polÃtica sobre
lo ocurrido abre interrogantes. Bullrich parece disputar el
protagonismo del gobierno, incluso por encima de Milei. Al principio
parecÃa una competencia con la vicepresidenta, Victoria Villaruel, quien avaló
y retwiteó una nota del Finantial Times de Londres que decÃa
que “la vicepresidenta está lista para cualquier cosa”, sugiriendo que podrÃa
reemplazar a Milei.
El presidente percibió
algún tipo de complot y borró a Villaruel de los dos ministerios clave que se
le habÃan prometido: Seguridad y Defensa. Se los dio a Bullrich,
que también maneja a quien fuera su segundo en la fórmula presidencial, Luis
Petri, ministro de Defensa.
Por lo tanto, la
competencia con Villaruel parece ser cosa del pasado y Bullrich apunta a más y
más protagonismo. Es que el contexto sorprende: a 45 dÃas de haber
llegado a la Casa Rosada, hay todo tipo de peleas dentro del Ejecutivo y
parecerÃa que cada uno hace su juego. Algunos amenazan, otros negocian, las
internas son cotidianas al tiempo en que crecen los rumores de que quien toma
las decisiones no es Milei, sino su hermana, Karina.
Fuente: Página/12

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