MarÃa Eleonora Urrutia, la ultraliberal que niega la dictadura
La encargada de Javier
Milei para Educación, una nostálgica del golpe de 1976
La abogada parece ser un enlace entre Alberto Benegas Lynch (el mismo
que pidió romper relaciones con el Vaticano) y el propio Milei. Su vida en
Chile y sus lazos familiares: está casada con el ministro de Hacienda de
Augusto Pinochet. La defensa que hizo del gobierno genocida comandado por
Rafael Videla.
28 de noviembre de 2023 - 21:05
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Urrutia es la esposa de un exfuncionario pinochetista.
MarÃa Eleonora Urrutia es la elegida
por Javier
Milei para encarar la transición en el área de Educación.
Como se sabe, la cartera educativa quedará abarcada dentro de un megaministerio
de nombre empresarial, Capital Humano, donde quedaran
también Salud, Trabajo y Desarrollo Social. Sandra
Pettovello estará a cargo de este ministerio y todo apunta
a que Urrutia serÃa, como secretaria, la máxima autoridad educativa del
paÃs.
Nacida en Mendoza, como buena parte de los
cuyanos tiene vÃnculo con Chile. En su caso, familiar. Está casada con
Hernán Büchi, el ministro de EconomÃa de Chile entre 1985 y 1989 y
candidato del oficialismo en las presidenciales de ese último año. El
oficialismo era la dictadura de Augusto Pinochet.
La virtual secretaria de Educación es abogada y está vinculada a la
Universidad del Desarrollo en Chile. La UDD nació en 1990 y es una usina de
ideas neoliberales. Urrutia se ha desempeñado allà como investigadora. Además, tiene
un máster en EconomÃa y Ciencia PolÃtica de ESEADE (Escuela Superior
de EconomÃa y Administración de Empresas). Es el instituto universitario creado
en 1978 por Alberto Benegas Lynch (h), el "prócer del liberalismo"
según el próximo Presidente. Bengas Lynch (h) serÃa, pues, el nexo entre Milei
y Urrutia.
En defensa de la dictadura
Un elemento que muestra la profesión de fe de Urrutia en "las ideas
de la libertad" es su mirada abiertamente negacionista respecto del
terrorismo de Estado en la última dictadura militar. La revista chilena El
LÃbero publicó en 2018 un artÃculo firmado por ella, en ocasión del
42° aniversario del asalto al poder.
"La pacÃfica sublevación militar que destituyó al gobierno de Isabelita gozó de un apoyo irrestricto de parte de todos los partidos polÃticos, personalidades y estamentos de la sociedad civil de todas las ideologÃas". Conviene precisar que el golpe militar no fue cruento en cuando al desalojo del gobierno constitucional: apenas se desvió el rumbo del helicóptero que llevaba a MarÃa Estela MartÃnez de Perón. Pero las formas se agotaron inmediatamente y comenzó una represión que dejó 30 mil desaparecidos.
"Durante los dÃas previos al 24 de marzo, las declaraciones
de personalidades y las notas de los diarios reflejaban el clima de terror y el
pedido de cambio de gobierno", sañala en su texto, al tiempo que cita
declaraciones de dirigentes en favor del golpe, como si eso lo justificara. Más
adelante se explaya en derredor de la teorÃa de los dos demonios
respecto de una "guerra interna".
Cuando llega a la reapertura de los juicios, dice lo que sigue: "Al
asumir Néstor Kirchner decide reimpulsar estos juicios, por
venganza, por armar un relato, por un acuerdo con la extrema izquierda, da
igual. El hecho es que estos juicios que estaban cerrados, con el
problema solucionado desde punto de vista legal, institucional y constitucional y
que habÃan pacificado al paÃs —con tensiones, pero ningún paÃs sale de una
guerra civil sin tensiones— se reabren".
Urrutia llega al extremo de afirmar que la dictadura no cometió delitos
de lesa humanidad, "porque no habÃan leyes vigentes al momento de los
hechos que contemplaran el crimen de lesa humanidad". En rigor, puede referirse al derecho interno argentino, que adoptó los
tratados internacionales con rango constitucional en la reforma de 1994. Pero
en los hechos, ya habÃa jurisprudencia en la materia desde el fin de la
Segunda Guerra para referirse a los crÃmenes del nazismo. Para entonces, y
en base a la lucha contra la impunidad
turca en la masacre de armenios de 1915 a 1923, Raphael Lemkin ya habÃa acuñado
el término "genocidio".
La funcionaria mileista considera que en los 70 hubo "un ataque
deliberado y sistemático a Montoneros, al ERP y a organizaciones de menor
envergadura" sin considerar a la población civil, y que "ese ataque
estuvo mal llevado, con irregularidades graves, con procedimientos
inaceptables" que no constituyen delitos de lesa humanidad
"porque no fue ataque a población civil sino a población combatiente".
"Aborrecible revancha"
Acto seguido, asegura que "el gobierno militar del Proceso de
Reorganización Nacional cometió errores y horrores en el marco de la guerra
civil desatada por el terrorismo marxista, pero en absoluto estos fueron en la
proporción ni en la dimensión que pretenden endilgarles sus enemigos". No
habla de dictadura, niega la magnitud del horror y desprecia los
avances jurÃdicos en base a "que debe prevalecer la norma que le
resulte más benigna (se refiere al reo), como también que nadie podrá ser
juzgado dos veces por un mismo crimen y el de la irretroactividad de las
leyes". Todo en defensa de quienes violentaron el orden jurÃdico,
y que ahora, según ella, sufren "la paradoja de convertir esa categorÃa de
delitos de indudable progreso humanitario en mero instrumento de persecución
ideológica, de arbitraria discriminación y hasta de aborrecible revancha".
Sobre la base del apoyo civil menciona a embajadores de origen polÃtico
como "el radical Héctor Hidalgo Solá" en Venezuela, sin aclarar que
el diplomático está desaparecido. Y añade eso: "Asimismo, el Partido
Comunista emitió proclamas de apoyo al gobierno. Tan asà que ésta fue
la primera gestión cÃvico-militar que no prohibió ni declaró ilegal al polémico
partido". Tan cierto como la postura del PC hacia Videla (al que no
consideraban un general del ala dura) es el hecho de que no se permitÃa la actividad
polÃtica de ningún partido polÃtico durante la "gestión
cÃvico-militar" y que también hay desaparecidos del "polémico
partido".
El artÃculo se titula "La verdad oficial sobre la última dictadura
militar argentina" y parece dudoso que haya sido Urrutia quien usara la
expresión "dictadura militar", en un texto en el que no aparece la
palabra "dictadura" y en el que habla de "la gestión del
Presidente Videla". La edición no habrÃa impedido que se trate de una
pieza negacionista de punta a punta.
Fuente: Página/12
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