Los escenarios que se le abren al peronista con mayor función ejecutiva
¿Qué tiene Kicillof en la
cabeza?
Massa ganó en la Provincia
por una diferencia de solo 1,7 por ciento de los votos. Incluso en los
distritos donde el peronismo creció, también subió Milei con el aporte del PRO.
El futuro. Los intendentes. Las obras públicas. La puja que se viene.
19 de noviembre de 2023 -
23:01
·
Axel Kicillof, el principal
sobreviviente en el peronismo.
El peronismo subió 8 puntos
respecto de la primera vuelta en la provincia de Buenos Aires, pero
esa diferencia no fue suficiente. Más aún: el hecho notable del balotaje es
que Javier Milei subió 23,4 puntos. Por eso para la Presidencia la
diferencia entre Sergio
Massa y Javier Milei en la Provincia terminó siendo exigua: el
50,85 por ciento para Unión por la Patria y el 49,15 para Javier
Milei. Massa triunfó en el principal distrito del paÃs, y principal
distrito del peronismo, por solo un 1,7 por ciento. Eso, y las derrotas
terminantes en Mendoza y Córdoba, explican el aluvión de Milei.
La cifra se dio a pesar de
que en el mayor distrito de la Provincia, La Matanza, el peronismo
y sus aliados obtuvieron un resultado similar al de 2019: subieron 8 puntos
respecto de la primera vuelta y sacaron el 61,20 por ciento frente al 38,80 por
ciento de Milei, que subió 16 puntos desde el 22 de octubre. Allà hay una
diferencia con el 2019, porque entonces la brecha entre el peronismo y la
segunda fuerza osciló en el 40 por ciento y no en el 23 por ciento como en esta
segunda vuelta. Para quienes, en polÃtica, se dedican a subestimar a los
adversarios, el aporte de Mauricio Macri con dinero, fiscales
y entusiasmo antiperonista fue básico.
También en Lomas de Zamora,
el segundo distrito del conurbano en cantidad de electores, Unión por
la Patria subió 8 puntos y llegó a 58,55 por ciento. Pero La
Libertad Avanza aumentó casi 20 puntos y llegó al 41,45 por ciento.
El tercer distrito es La
Plata. La tendencia fue la inversa. Milei subió tantos puntos (un 27,9 por
ciento) que llegó al 50,54 por ciento y quedó primero en la capital de la
Provincia. También allà Massa obtuvo casi diez puntos más que en la primera
vuelta, pero su 49,46 por ciento quedó detrás de los números del candidato de
la extrema derecha ultraliberal.
En BahÃa Blanca, donde el
peronismo recuperó la intendencia el 22 de octubre, Milei se impuso por 63,39
por ciento frente al 36,61 por ciento. Milei avanzó nada menos que 30,4 por
ciento. Massa avanzó solamente el 8 por ciento, una cifra similar al promedio
de la Provincia. La ola nacional fue un tsunami.
Distritos como Avellaneda
cumplieron con el objetivo fijado por Massa, de aumentar la diferencia en su
favor. La cifra llegó al 57,54 por ciento, es decir un 8,5 por ciento más que
en la primera vuelta. Pero Milei creció 22 puntos y alcanzó el 42,46 por
ciento.
Durante toda la campaña el
gobernador Axel Kicillof insistió en que su objetivo no era
convertir la provincia de Buenos Aires en un refugio del peronismo sino lograr
que el distrito fuese la palanca para un triunfo de Sergio Massa. En privado
los dirigentes peronistas dijeron a este diario que eso significaba llegar,
como cifra ideal, a un 60 por ciento de los votos. La cifra alcanzada fue de 10
puntos, con el dato añadido de que Milei logró capitalizar buena parte de los
votos de Juntos por el Cambio y, aun sin ganar, completó la
ola de la Región Centro del paÃs.
La futura relación con Milei
Lo cierto es que el
balotaje convirtió el refugio no buscado en un refugio alcanzado. Con todas sus
dificultades, claro. Es verdad que la Provincia aporta alrededor del 40 por
ciento de los recursos coparticipables de la Argentina y recibe alrededor de la
mitad. Pero también fue verdad, con el gobierno de Alberto Fernández,
que el presupuesto bonaerense fue engrosado con aportes del Tesoro nacional más
allá de ese 22 por ciento de los papeles.
La pregunta es si un
gobierno de Milei Presidente mantendrá esa cifra o tratará de ahogar a la
Provincia de Buenos Aires. Una respuesta inicial dirÃa que optarÃa por el
segundo camino. Pero aquà aparece la historia: ¿un gobierno nacional puede
asfixiar no solo a la Provincia sino al Gran Buenos Aires sin que explote, y
sin que esa explosión salpique con sus esquirlas la estabilidad general? No se
trata de conspiraciones encabezadas por supuestos complotadores peronistas, y
ni siquiera del ejercicio liso y llano de la oposición. Es un proceso natural
que nunca tuvo excepciones. Ni en el siglo XX ni en el siglo XXI.
Más aún. Al revés de 2015,
cuando Mauricio Macri ganó la Presidencia y MarÃa
Eugenia Vidal la gobernación de Buenos Aires, esta vez no hay
simultaneidad alguna. Kicillof triunfó sin vueltas el 22 de octubre, con 19
puntos de diferencia sobre el segundo, Néstor Grindetti de Juntos por el
Cambio. Ese triunfo inapelable le permitió la reelección y ahora, a la vista de
los resultados del balotaje, lo convierte en dos cosas al mismo tiempo. Por un
lado, una rara avis nacional nada menos que a la cabeza de la provincia más
grande la Argentina: el 50 por ciento del Producto Bruto Interno, casi el 40
por ciento de la población, el 37 por ciento de los electores. Por otro lado,
un posible portador de efecto demostración sobre cómo se pueden ganar
elecciones con una visión concreta que atiende la inversión social en
educación, salud infraestructura y modernización penitenciaria. A lo cual debe
sumarse, además, una polÃtica pública de acercamiento a los productores rurales
que consiguió superar la barrera creada con la resolución 125 de 2008.
Los caminos de Kicillof
¿Cuál será el plan polÃtico
de Kicillof? Cualquiera es libre de especular lo que se le antoje. Por lo
pronto, Kicillof es la máxima referencia ejecutiva del peronismo, y encima en
la provincia de Buenos Aires. Es decir que es la máxima referencia en medio de
un páramo casi absoluto. Pero al mismo tiempo conviene rastrear su forma de
construcción:
·
Sin despegarse de la referencia de Cristina
Fernández de Kirchner, a quien al menos hasta ahora sigue reivindicando como
jefa, hizo un trazado propio, que incluyó la candidatura a la reelección como
gobernador contra la opinión de Máximo Kirchner, el lÃder de La Cámpora, una
agrupación que de todos modos avanzó y quedó al frente de 13 municipios, entre
ellos Lanús y Quilmes. Las obligaciones de la gobernabilidad, presupuesto
incluido, pueden llegar a limar asperezas en lugar de agudizarlas.
·
Ese trazado abarcó un abanico de alianzas. Primero
con una parte de los intendentes, empezando por Mario Secco de Ensenada, Jorge
Ferraresi de Avellaneda y Fernando Espinoza de La Matanza. Luego con los
gremios más afines, como el Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación
de Buenos Aires. Más tarde con un anillo de gremios industriales que incluyó a
la Unión Obrera Metalúrgica y al Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte
Automotor. En otro paso más se incorporaron a la campaña de reelección los
movimientos sociales, el Evita incluido.
·
Una especulación habitual es si Kicillof le
disputará a Máximo la presidencia del Partido Justicialista bonaerense. Quienes
especulan con esa eventualidad parecen no haber leÃdo a Juan Perón: el PJ
importa cuando hay elecciones. Fuera de elecciones lo único que vale es el
Movimiento. Entonces, ¿para qué emprender una batalla sin sentido práctico?
·
Al margen de mejorar la relación con los
intendentes (y no solo con el tridente más afÃn), Kicillof en la campaña
nacional de Massa trabajó a la par de otros gobernadores como los de Formosa,
Tucumán, La Rioja y Catamarca. Si se lanzará ahora a una proyección nacional,
teniendo en cuenta que su mandato termina en 2027 y no tiene reelección, es una
incógnita. A la vista de su estilo de construcción una apuesta ganadora dirÃa
que no. O al menos no tendrá ningún apuro por hacerlo.
·
Otra duda es cómo queda, después de esta derrota,
el liderazgo relativo de Cristina Fernández de Kirchner, que jugó un rol
testimonial al no poder liderar polÃticamente la marcha del gobierno. Es una
duda doble: si quiere y, si queriendo, podrá. Aunque nada debe darse por seguro
cuando se trata del futuro, Kicillof podrÃa encontrarse con un vacÃo a llenar
más allá de su voluntad de hacerlo. Fenómeno que podrÃa acentuarse porque serÃa
el funcionario peronista de más rango para discutirle a Milei no quién tiene
razón, cosa tan inútil en polÃtica como en la pareja, sino quién es capaz de
resolver mejor las urgencias populares.
Fuente: Página/12
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